Tenía 8 años y vivía en una casa que crujía mucho. “Era bien tenebrosa”, recuerda Denise Laval, más conocida como Nicole. Como casi todos los niños, pensaba que compartía techo con espectros, un temor que crecía de noche y que solo desaparecía cuando, de madrugada, se iba desde su pieza hasta la de sus papás.

“Estaba en ese momento en que uno tiene que decidir si sigue yendo a la cama de la mamá o no. Y un día yo me dije ‘no, ya estoy grande’, y como a las cuatro de la mañana fui al living, que era el lugar más tenebroso de la casa, y me puse bailar en la oscuridad. Bailaba y bailaba y bailaba. Miraba alrededor a todos los fantasmas, cantaba, y después volvía a mi cama. Lo hice varias veces; fue como un proceso para decir ‘estoy más grande’. Desde entonces, en momentos de profundo temor, inseguridad o pena, la música siempre me ha sacado adelante”, dice la cantante y cuenta que, cuando su hijo estaba pasando por una etapa similar, recordó su experiencia y así nació la canción Baila, de su disco Panal.

Nicole debutó como cantante a los 12 años, siempre apoyada por su familia, especialmente por su madre, quien murió en 2012 a causa de un cáncer. “Panal fue el único disco que ella no alcanzó a escuchar”, dice la artista. Un amigo de Nicole había registrado el proceso creativo de esa producción y, para celebrar los 30 años de carrera que cumple este año, prepararon un documental. En medio de ese trabajo, la artista digitalizó los VHS y mini disc que su madre le había dejado en unas cajas, un gran registro de diferentes etapas de su carrera. De esa forma Panal vivo muestra el proceso creativo de su disco y resume su vida artística. Nicole le dedica este trabajo a su mamá.

“Mi vida en general está relacionada con la música y mi mamá lo fue todo, todo, todo. Tengo amigas que me dicen ‘qué increíble la relación con tu mamá’, porque no todo el mundo tiene esa afinidad, esa conexión, es como de otro tiempo, más allá de madre e hija”, dice y cuenta una de las grandes enseñanzas que ella le dejó: “Mi madre siempre me decía que cuando yo tuviera ciertos miedos, escribiera lo contrario y lo leyera. Por ejemplo, en mi primer embarazo yo tenía miedo al parto y a que León no naciera sanito. Entonces yo escribía ‘León va a nacer sano y fuerte y el parto va a ser increíble. Y así fue”.

¿Y lo haces siempre?

Sí. Yo creo que cuando uno mueve ciertas energías y piensa en ello, finalmente funciona, yo me di cuenta de que sueños puntuales, que eran inalcanzables, se cumplieron tal como me decía mi mamá. Por ejemplo, mis amigas del colegio se reían porque yo les decía ‘Quiero conocer Nueva York, pero grabando un disco’. Era un deseo muy específico, porque uno puede ir a Nueva York juntando las lucas, organizándose en algún momento de la vida para pasear, pero yo fui por primera vez a grabar un disco y eso fue años después de que yo lo pensaba y lo hablaba. Nos reíamos con mi mamá y ella me decía ‘¿viste que tengo razón?’’. Yo también pensaba ‘voy a cantar en el Radio City Music Hall de Nueva York’, mi mamá me decía ‘lo vas a lograr’ y, finalmente, cante ahí con una banda increíble que es Chicago”.

Cada vez que entra a un escenario, Nicole dice ‘mamá, acá estoy, vamos’, antes le hablaba así su abuela materna, Alicia, quien falleció de cáncer a la misma edad de su mamá. “Mi mamá me hizo prometer que yo iba a romper ese ciclo y así será. Yo no me voy a morir de cáncer, lo tengo decretado”, dice.

La mamá de Nicole trabajaba en una notaría antes de convertirse en la representante de la entonces niña de 12 años. “Ella fue aprendiendo conmigo, siempre me explicaba todo tan bien y me bajaba la presión, me decía ‘están estas posibilidades de tocatas ¿las quieres hacer o prefieres tener descanso?’ Era tan organizada e iluminada, me contenía y me apoyaba, viajamos mucho, al principio íbamos en tren a Linares, Talca, Chillán. Otras veces viajábamos en bus y después (a medida que iba consolidando su carrera) en avión. Cuando fuimos a España a grabar Esperando Nada, nos creíamos la muerte. Llegamos a Madrid y gritábamos de emoción. Mi madre fue fundamental y mi viejo también ha sido muy importante”.

Estos meses de introspección le han traído importantes recuerdos a su memoria. Como, por ejemplo, esa vez que la gran agencia norteamericana William Morris le ofreció irse a vivir con su mamá a Los Angeles para potenciar su talento. Tenía solamente 13 años. “Mi papá me dijo ‘hija esto es una posibilidad super importante y, claro, implica separarnos por un tiempo, mientras tanto yo puedo empezar a buscar un trabajo en Los Angeles. Pero queremos que tú decidas’. Y yo tomé la decisión de no separar a mis papás ni a mi hermano, porque podían pasar meses o años sin vernos”.

¿Y no te arrepientes?

No. Todo lo que he vivido después tiene mucho que ver con la fuerza, el cariño y contención que hemos vivido como familia. Siempre le agradezco a mi padre haberme dado una responsabilidad y una confianza en esa decisión.

¿Hoy tienes temores?

Yo creo que cuando uno teme mucho y se queda pegado en ese temor, sucede, entonces hay que romper ese pensamiento, si uno tiene ciertos miedos, debe pensar lo contrario y obligarse eso, a mí me resulta, pero obviamente soy tan humana que sigo teniendo muchos miedos con mis hijos, pero estoy en una etapa en que he bajado la ansiedad en muchas cosas (…) Cuando eres más grande y tienes hijos, son otras tus prioridades, y con los niños tengo que trabajar la ansiedad. Siento que Sergio (Lagos) me equilibra porque él es más relajado, y yo soy un poco aprensiva. Aunque me cueste, debo dejar que mis hijos se caigan, que se equivoquen más, soy super consciente de eso.

A propósito de la importancia de tu mamá en tu vida ¿Crees en la vida después de la muerte?


León me preguntaba eso mismo el otro día porque yo siempre hablo de mi mamá. Le respondí que es un misterio que nunca vamos a resolver, pero también le dije que hay cosas que uno siente y que, a través del sentir, se producen ciertas certezas. Nadie te puede decir qué sentir. Sólo uno lo sabe. Y yo siento a mi mamá viva, dentro de mí, me habla, siento su aroma, y cada vez que le pregunto algo, tengo una respuesta. Como siento tan fuerte su presencia, creo que hay otra etapa que viene después, no sé de que forma ni nada, pero que uno sigue existiendo de otra manera

¿En otra dimensión?

Sí, en otra dimensión. Tal como mi madre, no tengo miedo a la muerte, solo espero que me vaya en el momento adecuado, lo digo pensando en mis hijos. Si todo el mundo supiera el misterio de la vida, quizás todos quisiéramos irnos antes al otro lado, pero hay que vivir, aprender muchas cosas (…) No me quiero ir antes de tiempo, pero como ya decreté que no me voy a morir de cáncer…(sonríe) Yo tengo una abuela de 102 años, la mamá de mi papá, y tengo la bendición de poder cuidarla y ayudar a mi viejo. Todavía me reconoce, aunque a veces se pierde harto, ¡tiene tantas historias!, pero no sé si quiero vivir tanto como ella, aunque ese lado de mi familia es bien longevo y ella es muy fuerte.

DE DENISSE A NICOLE

Cuando Denisse Laval empezó su carrera, en Chile ya había una importante tocaya en el ámbito musical: Denisse, la cantante del grupo Agua Turbia. Por eso surgió el nombre Nicole.

¿Conocías a Denisse en ese entonces?

No. No conocía a Denisse y cuando me hablaron de ella, al tiro fui a escuchar la música de Agua Turbia y me encantó. Obviamente a mí me gustaba Debbie Gibson, Cindy Lauper y Madonna, pero gracias a mi hermano, que es 4 o 5 años mayor que yo, también escuchaba a The Cure, David Bowie, Led Zeppelin, Viena, Charly Garcia, Spinetta, Soda Stereo… Tenía un mundo musical bien amplio y, cuando escuché a Agua Turbia y vi que Denisse era muy sicodélica y power, me encantó. Aparte había una portada de ella como medio desnuda y yo no podía creer lo bacán que era, entonces ahí yo dije ‘claro, cómo me voy a llamar Denisse’, pero nunca pensé que iba a ser ‘Nicole’ toda la vida, lo vi como un juego.

¿Y ahora nadie te dice Denisse?

¡Mucha gente me dice Denisse! Cuando nos hemos juntado con Denisse Malebrán y Denisse Rosenthal o con la Denisse de Agua turbia, de repente alguien dice ‘Denisse’ y todas nos damos vuelta y yo soy la primera en hacerlo. Y si llaman a una ‘Nicole’, también. Desde los 13 años me dicen Nicole, es como tener doble nombre.

¿Es verdad que cuando empezaste a ser conocida algunas amigas se alejaron de ti?


Sí. Fue triste, pero uno de grande entiende ciertas reacciones. En cuarto medio algunas de ellas me pidieron disculpas, fue bien bonito eso, porque yo, en primero y segundo medio, siempre estaba pegada a mi Personal Stereo y los niños de cursos mayores me molestaban y, claro, mis amigas no querían estar con la niña a la que molestaban. Fue un poco duro, pero igual tuve mi revancha; un día me dijeron si quería cantar para el aniversario del colegio con un chico que iba en cuarto medio y que tocaba muy lindo la guitarra. Dije que sí y fuimos pololos durante tres años, entonces después yo me relacionaba con los grandes y más encima tenía pololo. Y miraba a mis amigas que no quisieron estar conmigo, fue una pequeña revancha, jaja. Pero en realidad después estaba tan contenta con todo lo que estaba viviendo y cantando, que no lo sentí como venganza.

La artista dice que, pese a estos 30 años de experiencia, se mantiene la inquietud de siempre previa a una presentación. “Uno nunca deja de sentirse nerviosa, yo hasta el día de hoy, sea en un escenario chico o grande, me pongo igual de nerviosa y mi corazón late a mil antes de salir a cantar. Entonces respiro profundo y salgo. Y cuando suena la primera nota digo ‘ah, por eso estoy aquí’. Siento esa energía que se produce cuando uno comparte con alguien. Cuando yo canto, siento que el agua de mi cuerpo está vibrando y lo siento en la piel.

¿Vas a lanzar un disco el próximo año?

Espero que sí. Por ahora estoy concentrada en los recitales que daré pronto (el 24 de noviembre en el Teatro Universidad de Concepción y el 7 de diciembre en el Caupolicán) y quiero que sean especiales, por eso he trabajado harto en arreglos y visuales. Si no puedo lanzar un nuevo disco el 2020, me gustaría presentar algunas nuevas canciones. Yo soy full mamá también. Y tal como mi madre y mi padre me apoyaron, yo apoyo a mis hijos, voy a todos lados con ellos, y si eso hace que se demore más el disco, es parte de la vida. Estoy componiendo y me tiene contenta porque hace tiempo que no lograba fluir con nuevas composiciones. Hay que tener disciplina y rigor a la hora de componer. Gustavo Cerati me enseñó eso, me decía que uno no podía esperar que la inspiración divina llegara, y que, cuando llega, hay que atesorarla para que no se vaya, pero hay que levantarse todos los días e intentar componer. Como yo sé que las canciones las cantaré por muchos años, soy exigente y quiero que me encanten, yo no voy a cantar ni grabar una canción que no me encante, ¿cachái? Por eso me tomo mi tiempo.