chef listaViajó desde Francia movido por su espíritu aventurero y encontró la emoción que buscaba: se enamoró de una chilena y también del país. Formó familia muy lejos de su tierra natal y está entusiasmado con trabajar en el rubro que le fascina. A sus 30 años reconoce que en la cocina la pasión es el ingrediente clave de cualquier plato.

Estudió gastronomía durante seis años en el norte de Francia y a los 24 decidió buscar un nuevo rumbo. Fue entonces cuando Chile apareció como un destino atractivo y desafiante para continuar moldeando su incipiente carrera de chef. Del inicio de ese itinerario por encontrar su lugar han pasado seis años, y ya recogió los primeros frutos. Es el dueño de la cafetería Bon Appétit Chile (BAC), con sucursales en Concepción y San Pedro de la Paz, rincones donde el encanto francés es sello indiscutido.

¿Por qué viniste a vivir a Chile?

Como todos los jóvenes, soñaba con viajes y aventuras. Había trabajado cinco años en Francia y decidí irme de mi país, porque hice todo lo que quería, trabajé en todas las empresas que había deseado, entonces, quise venir a Chile, porque ya lo conocía por un primer viaje en que estuve “mochileando” a los 18 años. Primero llegué a Las Trancas y las Termas de Chillán, donde trabajé durante dos años para una empresa de unos franceses, y luego conocí a mi esposa. Me vine por aventura y me enamoré de ella acá.

Llegué sin tener trabajo. Eso sí, la suerte que tenemos los que estudiamos cocina es que puedes encontrarlo en cualquier lugar.

Muchos sueñan con Europa y tú tomaste el camino inverso.

Hay que viajar, abrirse a otras culturas para darse cuenta que cada país tiene un encanto y que la felicidad la haces tú mismo, no importa el lugar. Si estás feliz contigo mismo, no interesa dónde estés. Hay mucha gente aquí que me pregunta por qué me vine a Chile y por qué me quedé, eso ocurre porque ven Francia como una postal, pero vivir en Francia es igual que acá, tiene cosas buenas y malas.

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