Dejando todo por sus sueños

Esta diseñadora gráfica, la vali como la llaman su familia y amigos, realizó su sueño en Concepción, creó su propia línea de juguetes con identidad chilena y ha viajado por el sur de Chile conociendo tiendas y embriagándose de la cultura de nuestro país. Una sagitariana a la que le fascina viajar y estar con los suyos, una mujer aperrada que partió de cero y luchó por sus sueños. Te contamos sobre esta Valentina Pereda que ha dado mucho que hablar y que lo seguirá haciendo.

Por Catalina Morgado C.

Tenía todo. Su vida en España era fantástica, poseía un trabajo genial, excelentes amigos, viajaba constantemente, pero eligió ir detrás de un sueño que tuvo durante gran parte de su vida: crear su línea de juguetes infantiles. Así que dejó todo y se embarcó de regreso a Concepción a dar rienda suelta a su imaginación y con ello crear su marca Meli Mari. Así es Valentina Pereda Villavicencio, una mujer aperrada y soñadora, y que con sus logros está conquistando Concepción y el país.

Conversamos con esta mujer apasionada, que pese a nacer en Montreal, Canadá, se siente tan chilena y tan penquista como los demás. Su sueño lo cumplió en Concepción y ahora va por más, incluso algunos cuentos están dentro de sus planes futuros, y todo gracias a su inacabable creatividad y persistencia.

Uno de los mayores logros profesionales de la vali fue exponer en la Bienal Iberoamericana de Diseño, que es la cita más importante del diseño contemporáneo, y que se desarrolló en Madrid, en noviembre de 2016. Una conquista que sin lugar a dudas tiene que ver con su trabajo y perseverancia.

Esta diseñadora de 42 años, se embarcó en una aventura que continua hasta el día de hoy. Con la ayuda incondicional de sus amigos y su familia logró hacer su colección infantil Meli Mari “había una vez en Chile”. Tras tocar muchas puertas e insistir obtuvo fondos de Innova Biobío y el patrocinio de Cidere Biobío, con los que pudo transformar su idea en algo concreto, y dar vida a sus personajes Renato el Gato, Ramona la Camarona y Pancho el Chancho que han encantado a niños de entre 0 a 3 años.

Nieve, Halloween, francés y celebraciones con la familia, un ambiente cálido y achoclonado, eso es lo que más recuerda Valentina de sus 11 años en Canadá. “En la casa hablábamos en castellano, pese a que el francés fue mi primer idioma, mis papás siempre nos hablaban en castellano, jugaba con mis muñecas en la cocina y de fondo escuchaba a Inti- illimani, era un mix, que me enriqueció un montón. Soy el producto de muchas culturas, me siento de diferentes partes a la vez”.

Valentina tiene 2 hermanos, Antonio de 35 que es ingeniero y tiene 2 hijos, y Javiera de 31 años quien es diseñadora gráfica al igual que vali y vive actualmente en Montreal. “Tengo una excelente relación con ellos, ambos me han ayudado mucho en mi proyecto, por ejemplo, Javiera participa en el diseño de muchas cosas de Meli Mari”.

Tuvo una infancia entretenida llena de juegos y reuniones familiares, pero siempre con la añoranza de regresar a Chile. Su padre Juan José (dentista) y su madre Cecilia (médico) siempre quisieron volver a su patria y por lo mismo inculcaron a sus hijos todo lo que pudieron de la cultura chilena. Hasta que en los 80` regresaron a instalarse definitivamente en Concepción.

“Regresamos a Conce donde estaba toda la familia. Pero fue difícil, me costó harto tiempo adaptarme, llegué a un sistema bastante estricto, me costó mucho llegar a un colegio (Alianza Francesa) con tantas normas, con uniforme, y lo que más me chocaba era la distinción entre hombres y mujeres a la hora de interactuar”.

Igualmente, vali destaca con mucha alegría que lo mejor de todo era estar con los suyos, “Era feliz porque estaba con la familia, celebrar el cumpleaños con la abuela, Navidad en verano, fui descubriendo las cosas lindas”.

¿Qué hicieron cuando llegaron a Chile?

Descubrir todos los lugares de los que nos hablaron nuestros padres mientras vivimos esos 10 años en Canadá. Mi papá me habló mucho sobre Cobquecura, porque veraneó allí durante su infancia, donde tiene miles de historias, de recuerdos, y me encantó volver a Chile y poder conocer y recorrer todos esos lugares especiales. Los primeros años fueron maratónicos porque nos llevaron a todos los sitios que eran tan simbólicos para ellos. ¡Eso fue increíble! Ellos estaban felices de poder mostrarnos sus lugares, su país, su entorno y todo. Tengo muy lindos recuerdos de esa etapa, de conocer el Chile de mis papás”.

Espíritu árabe

Además de su pasión por crear e imaginar nuevos mundos, Valentina siempre fue una viajera. Los viajes son para ella parte de su vida y de su crecimiento personal, y le han servido para intentar vivir libre de prejuicios.

“Recuerdo haber estado en un avión desde muy pequeña y te diré que a partir de ese momento nunca dejé de viajar, creo que es algo que fui adquiriendo por mi experiencia de vida. Empecé a viajar a los países árabes, porque tengo una fascinación desde muy pequeña con esa cultura y me acuerdo que cumplí mi sueño a los 20 años cuando fui por primera vez a Egipto, Jordania, Palestina y te diría que no he parado de viajar desde entonces. Creo que me gusta conocer y descubrir nuevas formas de vivir, de disfrutar la vida, me gusta intercambiar esas situaciones, impregnarme de eso, y creo que esas vivencias me permiten ampliar mi visión de la vida, y me nutre un montón el espíritu, y cuando pasa mucho tiempo sin viajar me empieza a dar un deseo loco por hacerlo”.

¿Hay algún lugar en específico que te haya encantado?

Muchos, pero hay un antes y un después de cuando fui a Jordania, a Petra exactamente en el año 1999, y estuve durmiendo en ese lugar con los beduinos y sentía que era algo que me hacía falta en mi vida, que yo sabía que iba a llegar, y me di cuenta de que se abría una nueva ventana en mi vida, de viajes, de estilos de vida completamente distintos. Parte de cómo es mi vida ahora se lo debo a ese viaje. ¡Es increíble!, sentía como que salía de una burbuja. Fue la primera cultura que conocí que era tan distinta a la mía, me di cuenta de las bondades que puede tener, como la solidaridad.


Carrera creativa

Siempre pintando y dibujando, desde pequeña desarrolló al máximo su imaginación y creatividad, “desde que tengo uso de razón estoy con un lápiz de color dibujando, tengo fotos en Montreal dibujando desde pequeña, de los 3 años, y en ese sentido mis papás estimularon y apoyaron mi veta creativa”.

Todos estos factores la llevaron a elegir la carrera de su vida, una que le dio los pilares para ser la creativa que es en la actualidad. “Me iba súper bien en Artes Plásticas, entonces mi decisión de estudiar una carrera que tuviera que ver con eso era bastante evidente”.

Valentina desconocía la profesión de Diseñador Gráfico, la oferta que existía en Concepción en aquella época no cumplía sus expectativas ni anhelos, y esa carrera simplemente no estaba dentro de su órbita. “Una amiga de Santiago me dijo: Valentina tu carrera perfecta es Diseño Gráfico, y yo dije ¿qué es eso? Viajé hacía allá, estaba en cuarto medio, y vi diferentes escuelas de esa disciplina, me informé y quedé alucinada con esa posibilidad. Volví a Conce y les dije a mis papás: encontré mi carrera, esto lo diseñaron para mí”.

A pesar de haber encontrado la carrera de sus sueños, vali no se sentía preparada para irse a Santiago, así que se quedó 1 año en Concepción para estudiar Arquitectura en la Universidad del Desarrollo, tiempo que la ayudó a desarrollar más seguridad y adquirir conocimientos en el área. “Le saqué el jugo y me encantó esa experiencia, siento que aprendí mucho a observar y de ahí saqué muchos recursos para estudiar Diseño Gráfico. Aproveché a concho, me hice súper buenos amigos, pero yo a los 6 meses, sabía que tenía que estudiar la carrera que me haría feliz”.

¿Cómo fue esa transición en Santiago?

Aperré y me fui a Santiago a estudiar. Me inscribí y elegí la Universidad del Pacífico porque en ese momento era la entidad en diseño que me parecía más top. Te diría que era una de las pioneras de esa disciplina en Chile.

¡Me saqué la cresta! Económicamente para mis papás fue un esfuerzo enorme, y creo que el haber aperrado con poca plata al principio, en otra ciudad, viviendo a 1 hora y media de la escuela, me hizo aumentar el umbral del aperramiento. Además, en esa ciudad me encontré con mis amigas del alma, íbamos a conciertos y a todo lo que me gustaba.

¿Por qué ilustración infantil?

Mi estilo fue siempre muy Naíf, la ilustración infantil se me dio como algo muy natural, creo que por eso me especialicé en esa área. Incluso mi proyecto de título fue relacionado con ese tema.

¿Qué hiciste después de la universidad?

Me puse a trabajar en la agencia de diseño Árbol de Color. Fue maravilloso porque conocí a uno de los maestros de mi vida, Andrés Martínez, quien me enseñó las cosas que sigo aplicando hasta el día de hoy. Me enseñó a observar, a ver, a reconstruir. Ahí estuve 2 años y medio y empecé a sentir que era necesario un nuevo paso.

¿Cuál fue tu siguiente paso, la inquieta Valentina quería viajar?

Sii, yo me quería ir a vivir al Líbano, mi amigo Bechara me podía recibir, pero la situación política era bastante delicada. Lo reconsideré y lo dejé en la espera. Y conversando con mis papás me dieron el plan B. Me dijeron que por qué no me iba a Europa a conocer, a experimentar, y eso hice. Mi intuición me decía que iba a ser maravilloso. Y así llegué a España.

¿Cómo fue tu vida en España?

Me fui a vivir la vida. Mi plan era no tener plan. Y a medida que fue pasando el tiempo empecé a hacer ilustración infantil freelance. Hice varios cursos en esa área. Un día (después de 2 años en ese país) mis ilustraciones llegaron a manos de la directora de marketing de la empresa de juguetes española Saro. Le gustó mi estilo, me contactó y fui a una entrevista de trabajo, y me pareció que me había ganado la lotería (cuenta con la emoción a flor de piel).

A los de Saro les encanté y necesitaban a alguien que supiera hablar otros idiomas porque el trabajo contemplaba muchos viajes, como ir a la feria de juguetes de Alemania. ¡Yo no lo podía creer!, y más encima diseñando juguetes, sentí que me había ganado el premio de mi vida.

No podía creer que mi trabajo consistiera en pasarlo increíble todo el tiempo. Se convirtieron en una de mis familias de allá y fue uno de los motivos que hicieron muy difícil mi decisión de volver y renunciar voluntariamente a mi trabajo.

Yo implementé un equipo de diseño, era la directora de ese equipo. Lo que creaba eran las líneas temáticas, los personajes anuales de los cuales se sacaban diferentes colecciones o productos, diseñaba unos 350 productos (juguetes) todos los años, generamos desde la idea hasta el packaging, incluso yo viajaba a China a ver los prototipos.

Todo por Meli Mari

¿Cómo se te ocurrió hacer tu propia línea juguetes?

Hice cursos de Coolhunting, para ver el tema de tendencias, pero me aboqué al tema de tecnología, de los modelos de uso, administración de equipos de trabajo. Complementé mi trabajo de diseñadora con el trabajo de equipos. Yo intuía que en algún momento tenía que desarrollar mí propia línea, pero no imaginaba volver a Chile.

Cuando pensé en volver a Chile fue para el terremoto, se me sacudió algo y por primera vez pensé en regresar. Me asusté y fui consciente de lo lejos que estaba de mi familia.

¿Qué fue lo que gatilló que regresaras a Chile?

Cuando venía a Chile le quería llevar regalitos a mis amigas de España y no encontraba juguetes para llevarles a sus guagüitas, eran cosas sin identidad chilena. Y me pregunté: ¿con qué juegan los niños de 0 a 3 años? Y fue así como empecé a hacer un estudio de la situación, mis viajes eran cada vez más investigativos.

Recuerdo un momento específico que me ayudó a tomar la decisión de volver. Estaba en una piscina con mi amiga Bea, que estaba embarazada de mi sobrino Omar, estaba toda su familia allí. Y tuve una sensación muy potente de querer estar con mi propia familia, y pensé ¡eso es lo que voy a hacer! Y ahí empezó todo. Comencé a mover hilos, a evaluar, cotizar envío de cosas. Tenía súper claro que quería diseñar una línea de juguetes con identidad chilena. Me demoré 3 años en procesar todo, 8 meses antes de venirme le dije a mi jefa de Saro, eso fue a mediados del 2012. Ahí empezó la logística, la locura. Fue heavy, fue muy complicado para mí.

Después de todo este proceso, Valentina llegó finalmente a Chile en enero de 2013, aterrizó en nuestro país con 10 maletas, 1 gata (Susanita) y el corazón con sentimientos encontrados. Se dio unos meses para aclimatarse y en 2014 empezó con todo. Tocó puertas de empresas porque su plan inicial era proponer desarrollar una línea de juguetes con identidad chilena pero dentro de una empresa del rubro. “No me pescaron, no entendían esa combinación de un juguete industrial con identidad chilena, me decían: nosotros queremos inspirarnos en la tendencia europea”. Tras esto, inició el plan B: crear su propia empresa.

En ese momento empezó un complicado camino, pero que la ha llenado de éxitos profesionales y personales. “Me tiré al agua, postulé a un fondo de Innova Biobío, la peleé heavy en enero del 2015. No me fue bien al principio, porque me pusieron muchas trabas, pero eso me ayudó a perfeccionar mi proyecto. Nunca me di por vencida, incluso me llaman “la niña símbolo de la persistencia” en Innova. En junio, di la ponencia ante el jurado y el comité de evaluación, y me dieron el fondo, y me dijeron: Valentina ponte a producir tu colección antes de la pascua, ¡sólo tienes 6 meses! Y yo pensé: sólo en fabricar se demoran 45 días y el barco 1 mes. O sea, desde el 1 de junio en adelante fueron meses caóticos”.

¿Por qué Meli Mari?

Porque significa 40 en mapudungun, y lo puse como cábala por el día en que cumplí mis 40 años.

¿Los personajes de dónde salieron?

Antes de hacer el prototipado (que mandé a fabricar a los contactos que tenía en China por mi anterior trabajo) tenía que diseñar una colección con identidad chilena, como cool hunter mi trabajo en la vida es inspirarme en todo. Cuando llegué de España usaba muchos refranes de allá, y me decían ya pues Valentina empieza a usar los refranes chilenos. Eso me parecía curioso, empecé a investigar sobre refranes chilenos que tenían que ver con animales. Mi primera colección está inspirada en refranes y expresiones populares. A todo chancho, pancho el chancho, motorista y aviador, y así empecé a crear.

¿Cuál es tu logro más importante?

La Bienal de Madrid a nivel profesional marca un hito en mi carrera, es un reconocimiento objetivo sobre la manera en que diseño, es un reconocimiento a la capacidad de poder comunicar algo a través del diseño de un objeto. Para mí eso es decir que no estoy haciendo cosas tan locas y me dan más ganas de seguir haciendo más.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Una de las cosas que me tiene entusiasmada es una línea de cuentos de Meli Mari, tengo listo el primer cuento (que hice junto a Bernardita Neira), que yo creo que el lanzamiento será después del verano, en el cual los papás podrán transmitirles cómo es el universo Meli Mari a sus hijos. Cuando me inspiro en los personajes ellos tienen su vida, sus sueños, por ejemplo, Pancho tiene el sueño de poder volar. También sacaré nuevos productos de la misma línea (Había una vez en Chile) existente.

¿Meli mari es tu sueño hecho realidad?

Si, lo está siendo. Cada día descubro nuevas satisfacciones que no tenía ni remota sospecha en mi cabeza.