Paulina Romagnoli directora del Sanatorio

Corriendo por sus sueños

Esta amante de la música celta y clásica, de la comida extravagante y del running, está llena de desafíos permanentes, pero siempre con una sonrisa y amabilidad a flor de piel. Una persona atenta y cordial, así es la nueva director médico de la Clínica Sanatorio Alemán, una profesional preocupada de sus pacientes y de lo que ocurre en el centro médico, y obviamente de su familia. Una sagitariana que le fascina estar al aire libre y que trabaja día a día para cumplir todos sus compromisos de la vida y los que conllevan su cargo.

Por Catalina Morgado C.

Hace más de 22 años que pisó tierras penquistas y se siente de Concepción, casi la mitad de su existencia la ha pasado en esta zona y no cambiaría por nada su vida acá, la terraza de su casa en Villuco es su lugar favorito y su trabajo le encanta. Una mujer que divide su tiempo entre su trabajo como director médico de la Clínica Sanatorio Alemán de Concepción, su labor como madre y esposa, y sus ansías de correr por el mundo, todo esto define a la doctora, especialista en Obstetricia, Paulina Lucía Romagnoli Pfenniger.

Con una sonrisa de oreja a oreja nos recibe la mandamás de este centro médico penquista, Patricia Romagnoli, y nos cuenta sobre su vida en esta ciudad, sus desafíos personales y profesionales; y el arduo trabajo que está llevando a cabo en esta clínica.

Los cargos de jefatura han sido parte de su vida profesional, fue durante 8 años jefa del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Sanatorio, y hace algunos meses asumió este desafío de ser la director médico de este centro, todo con buena disposición y ganas de hacer las cosas bien, de dar lo mejor de sí.

“Soy una persona afectuosa, pero con una capacidad importante de actuar a pesar de los afectos. En general, pienso siempre bien de las personas, y trato de hacer el bien. Soy exigente en el aspecto laboral, siempre hay que dar el 100%, soy empática. Genero proximidad con mis pacientes. Soy cercana”. Así se define la doctora.

Nació hace 51 años en Santiago, ciudad que la vio crecer al alero de sus padres, y junto a sus hermanas María Angélica y Verónica. Sus padres se separaron y a los 8 años se fue a vivir con su papá. Estudió en el Rendland School y era una estudiante destacada. “Era buena alumna y por lo mismo, me gané varios premios. Me querían mucho los profes”.

Paulina estudió Medicina en la Universidad de Chile y su beca la realizó en el hospital San Juan de Dios, “me tocó toda la época de la campaña del Plebiscito, con mucha actividad política, pero en general el centro asistencial era tranquilo y yo también. Yo creía que uno tenía que estudiar y que el mundo se iba a arreglar después cuando fuéramos adultos”.

¿Por qué decidiste estudiar Medicina?

Cuando te va súper bien en el colegio, tienes un súper buen puntaje, piensas en esa carrera. Yo creo que fue la evolución natural de la mayoría de los estudiantes, ya que es súper atractivo pensar que uno puede ayudar y sanar gente.

Después de terminar su carrera llegó el momento de tomar una decisión, ser general de zona o elegir su especialidad y Paulina optó por lo segundo. “Al principio me gané la beca de Cirugía en el hospital Barros Luco, pero yo quería Obstetricia. Pensé en Anestesiología, pero no atendería, es muy impersonal, no cumplía con la parte que tenía que ver con la relación afectiva con los pacientes, en cambio, Obstetricia si lo hacía, tenía resolución quirúrgica y la parte afectiva que hay en el momento, no todo son buenas noticias, pero la relación es súper intensa”.

Muy entusiasmada cuenta lo que significó elegir esa ocupación, “era una especialidad que me podría dar la oportunidad de trabajar en cualquier lado de Chile, porque mi marido trabajaba fuera de Santiago. Así que Obstetricia me ha dado todo lo que he querido, o sea, me ha permitido proyectar una visión que tengo con respecto de la forma de hacer las cosas, y yo diría que eso es lo más importante”.

En familia

Paulina comenzó el pololeo con el ingeniero Rodrigo Correa, mientras estudiaba Medicina en la Chile, aunque lo conocía casi de toda la vida, después de muchos años comenzó su historia de amor. “Nuestros padres eran amigos del tiempo del colegio. Nos conocimos de chicos, más de alguna vez me quitó la pelota (cuenta muerta de la risa). Después cuando estábamos en la U nos fuimos a una parcela cerca de Puerto Montt (era del papá de Rodrigo), y ahí nos conocimos y yo estaba como en tercero de medicina, nos demoramos si, nos dimos varias vueltas. Como 1 año después empezamos a pololear, así que juntos son como 30 años. Siempre me dice que él tiene paciencia, pero yo también la tengo. Es un diálogo ridículo”.

Cuando terminó su beca de especialidad, Paulina y Rodrigo se fueron a vivir a Constitución, ciudad donde estuvieron cerca de 3 años, y tras esto se instalaron definitivamente en Concepción, “le dije a mi marido, lo siento, pero no te sigo más, llevamos 2 cambios de ciudad, para mí era difícil empezar a hacer la vida en otro lado, así que me quedé en Conce”.

Paulina, ¿cómo es tu marido Rodrigo?

Es divertido, es buen compañero, es bueno para conversar, se ríe de él y del resto, muy autoexigente, un ejemplo a seguir en cuanto a disciplina y orden. El fin de semana me decía que es mi partner ideal porque come todas las tonteras que yo le cocino. Me gusta cocinar cosas extrañas, me encanta la comida hindú, le meto a todo mango, y maracuyá y ceviches, y exploro en las artes culinarias, bien desordenado si, tipo Jamie Oliver, pico las cosas al lote y voy inventando, y me aguanta que le ponga cualquier cosa a mis preparaciones. Estamos ahora caídos a la comida oriental, cocinamos juntos, así que entretenido”.

¿Cuál es la receta de su matrimonio, porque más de 25 años juntos no es menor?

Como todo el mundo, con todos los dimes y diretes, y subidas y bajadas. Pero yo creo que proteger una relación y querer a alguien es una decisión, no es como que a uno le cae un rayo de amor del infinito, se construye en el día a día, y todos los días uno toma la decisión si va a invertir en esa relación o no, y uno se enfoca en las cosas positivas, y en lo que te hace feliz. A todos nos han pasado cosas fuertes y lo importante es el apoyo y mirar el lado del complemento y las cosas entretenidas. Son pocas las personas con las que te entiendes, la conversación es fluida, se escuchan, y él es la persona con la que me entretengo y me acompaña, así que bien.

De este matrimonio nacieron 2 hijos, uno de ellos es Nicolás de 22 años, que estudia Ingeniería en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Valentina de 20 años, quien es alumna de Diseño en la misma entidad que su hermano. Ambos viven en Santiago y son los regalones de esta obstetra. “Soy regalona con mis hijos, se desesperan un poco, pero ellos también son así. Se cuelgan del cogote, andamos tomados de la mano, son de contacto”.

Cuenta que ambos viven en Santiago por sus estudios, “Los 2 viven en un depa. Los veo 1 vez al mes, viajamos nosotros a verlos. Desordenados no son, hacen lo que pueden, no se lucen en la economía doméstica, pero bien. A la llegada los reto, pero después ordeno, y seguimos felices para siempre”.

Vida al aire libre

A esta doctora, casi penquista, le encanta la vida al aire libre. Nos contó que le gustaría disfrutar más de esto pero que en el último tiempo ha estado más dedicada a trabajar de lo que quisiera, por lo mismo, su hogar se ha convertido en su lugar favorito, los jardines y su terraza son sus zonas de confort.

“En mi casa tenemos desarrollado un oasis, con jardines y con quincho, con la piscina y con vista al río, de manera de poder disfrutar al aire libre. Durante muchos años, sobre todo los primeros 10 años de matrimonio, salíamos de camping, carpa y mochila. Caminábamos para todos lados, donde no anda gente, por eso es que nos quedan pocos parques nacionales sin conocer. Íbamos con todo el equipamiento, después estuvimos un tiempo haciendo travesías en kayak, hicimos hartas cosas entretenidas con unos amigos de Valdivia. Y después mi marido se dedicó al triatlón así que yo opté por hacer la única parte que podía, que es correr, porque andar en bicicleta me da miedo”.

¿Qué lugares te gustaron en esas travesías?

Muchos, pero en kayak todo el sector de Pirihueico, bajamos el rio Enco, hicimos desde San Martín de los Andes a Chile, cruzamos la cordillera en kayak por un río, así que hartas cosas entretenidas.

Hace 1 año que Paulina empezó a correr, su gusto por la vida al aire libre y animada por su marido y amigos fueron los factores definitorios, para sumergirse en el mundo del running, actividad donde ha tenido diversos logros e incluso está programando desafíos para el 2018.

Cuéntanos, ¿cómo comenzaste a correr?

De joven jugué un poco de hockey por el colegio, pero todo lo que son disciplinas con horario no me resultan, porque tengo pacientes. Entonces tenía que hacer algo que pudiera hacer sola, algún día, en cualquier momento, así que como mi marido siempre ha hecho deporte, y nuestros amigos más cercanos son todos corredores, fui reclutada por ellos, eso fue. Sin embargo, no me gusta correr acompañada, porque todos lo hacen más rápido que yo.

A pesar de llevar tan sólo 1 año en esta actividad deportiva, Paulina ya ha logrado muchos avances, “hice primero los 10 kilómetros en Santiago, después los 15K del Scotiabank; 21K en Buenos Aires, y ahora tratando de mejorar el tiempo para hacer 21K en Santiago, y yo creo que en 1 año más, en noviembre de 2018, si no me he muerto, voy a tratar de correr la maratón de Nueva York, pero esos son 42K, y si no seguiremos con los 21K”.

¿Cómo has logrado todos esos resultados en 1 sólo año?

Es pura perseverancia, claro que con este calor nadie puede correr, ha sido súper desagradable.

Aunque esta obstetra tenga mucho trabajo, igualmente aprovecha de hacer running después de terminar sus compromisos laborales, no hay cansancio que le impida seguir y disfrutar de la vida al aire libre. “De acuerdo a mi plan estoy corriendo como 25 a 30 kilómetros a la semana, puedo correr 3 veces a la semana, 4 ya me cuesta. Corro entre 30 minutos, lo más que me ha tocado ahora último son 2 horas con 10 minutos, pero he terminado muerta con este calor, y así cuesta cumplir con el plan”.

Cuenta que lo que más ha corrido en 1 día son 21K, pero por lo general son de 5 a 7 kilómetros. Dentro de su recorrido se encuentra el parque Ecuador, los puentes Llacolén y Chacabuco y de vuelta a Concepción, con eso llega a los 6 kilómetros.

Además del trote, se declara seca para las paletas de playa por lo que disfruta a concho la temporada estival, “el verano es corto y tengo pocas oportunidades. Compito con el mejor que se pueda y los voy cansando. ¡Me encanta! Asimismo, es adepta a la lectura. Es una de sus actividades junto con el running las que la ayudan a salir de la rutina, según ella son sus evasiones.

“Me gusta la historia novelada, con relato entremedio. Me agrada leer a Taylor Caldwell, y me fascinó Juego de Tronos, ¡estoy esperando la continuación! Además, me gustan los escritores suecos, estos libros negros de crímenes y cosas, están entretenidos, como: Los hombres que no amaban a las mujeres.

¿En qué momento lees?

Leo casi todos los días en la casa. Lo que no hago mucho es ver TV, mientras mi marido ve las carreras de autos yo leo. En la lectura estás en otro mundo, te puedes desconectar, así que he leído cosas bien entretenidas.

Y aparte de todo esto, a Paulina le encanta cocinar, es uno de sus placeres. Los fines de semana los pasa inventando y creando recetas nuevas, sabores distintos y mezclas diferentes son los protagonistas de sus preparaciones. “En general me gustan las cosas exóticas. Cocino los fines de semana y si es necesario cocino también en la semana. Encuentro que me quedan las cosas entretenidas. ¡Lo disfruto!”

100% doctora

Es una profesional dedicada, preocupada por sus pacientes y su cargo, según ella siempre con amabilidad y respeto por los demás. Una de las mayores satisfacciones de su profesión son los partos, se emociona al máximo con el nacimiento de un bebé.

“Yo he llorado con mis pacientes adentro del pabellón, y otras veces me he podido aguantar, igual hay situaciones en las que no pude estar como quisiera. Hay momentos en que las cosas salen mal, pero tengo la sensación que, haber estado ahí, fue para mis pacientes un poco menos difícil”.

Esta profesional de la Salud nos cuenta que sus mayores logros tienen relación con hacer las cosas bien, de buena forma, tomando decisiones de jefatura y siempre atenta a los requerimientos de los pacientes.

Paulina, ¿qué crees que han visto en ti para que seas jefa?

Creo que han visualizado que soy una persona correcta, decente, y que en general soy optimista. Creo tener visión, tengo proyectos, estoy mirando qué oportunidades tenemos y qué podríamos mejorar. Como tengo esas ideas cateteo para que se cumplan, y creo que la mayoría de los jefes que tenemos ahora en la clínica son de la misma línea, y ha sido porque he buscado eso mismo en otras personas. Soy una “supervisora patológica”, estoy operando, y me fijo en el suero, que el arsenalero y todos los detalles hasta los más mínimos. Mi visión periférica siempre está funcionando, yo supongo que es eso lo que vieron. Yo creo que tengo esa capacidad de convocar las cosas buenas de la gente, de la forma que usted pide las cosas no se le puede decir que no (eso me dicen), eso lo encuentro importante.

Nunca ha postulado a cargos de jefatura, cree que por sus mismas aptitudes y características la han elegido para este tipo de desafíos, su último puesto es el de director médico, cargo que ha tomado con mucha responsabilidad y ánimo de hacer, como siempre, las cosas bien. “Veo soluciones como para dónde vamos y eso es lo que hace la diferencia”.

¿Qué desafíos tiene en su nuevo puesto?

Después de una situación de crisis de la Clínica había muchos problemas que solucionar, pero yo creo que estamos en el punto de inflexión donde podemos ver qué queremos para el futuro. Y tenemos que seguir trabajando en eso. Ya no es tanto el número de cirugías sino qué tipo, estamos llegando a un punto de comodidad en el que estamos como institución bien afiatados, y, por lo tanto, hay ciertos otros controles de calidad que tienen que ver con un trato respetuoso, con cumplimientos de protocolo, con incorporación de prestaciones que no teníamos, la idea es que lleguemos a ser un centro integral y no nos falte nada. Que tengamos de todo para disposición del paciente.

Cuenta además que hay muchas tareas que realizar pero que están atentos a todos los cambios que se avecinan, porque la Clínica está creciendo constantemente.

Y en tu vida, ¿qué desafíos tienes?

Tenemos planificado ir a caminar a Nepal y Katmandú en septiembre. Es un viaje de 10 días caminando entremedio de monasterios, así que si me convierto al budismo te cuento (cuenta muy alegre). Vamos con mi marido y con otras parejas. Es un tremendo proyecto que cada vez que me acuerdo me sonrío.

Comenta que este viaje salió de la nada, no tenían planificado con Rodrigo visitar esas tierras, pero un día una amiga le contó que irían al Sudeste Asiático. “Me dijo que iba a ir a Nepal con su marido y yo le dije que había visto ese viaje en un programa, y era maravilloso. Así que le pregunté si podíamos ir y me dijo que sí (detalla con mucho entusiasmo). Todos hacemos deporte así que con eso debiera bastar para hacer todo el recorrido”.

¿Cuáles son tus sueños?

Más que sueños hablo de mis compromisos, uno de ellos es tratar de mantener mayor presencia con mis hijos, ir a verlos más, aunque eso implica tener que estar menos acá, de alguna forma eso es algo que tengo como tarea y tengo que trabajarlo. Tengo el viaje este año, la maratón de Nueva York, esos son mis sueños. Mis sueños se van cumpliendo en el día a día.

¿Qué te gusta de tu vida?

“Me gusta mi casa, mi trabajo, mis hijos, ¡tengo todo!, quiero estar aquí”.