Manuela Maturana, TUCASAOK

Con todo el superpower

Esta arquitecto de la UDD, apostó hace 3 años por el emprendimiento y lo logró en compañía de su gran amiga, Paulina Salas. Ambas están en la ardua tarea de posicionar a TUCASAOK en el mercado inmobiliario de Concepción. Aparte de esa labor, Manu está en constante búsqueda de la tranquilidad de su familia, que tiene junto a su hija Maite de 8 años. Disfruta de su vida, de los fines de semana en la playa y le encanta su trabajo. Es una penquista que, definitivamente, se la ha jugado para lograr sus sueños.

Por Catalina Morgado C.

 

A sus 35 años, Manuela Ignacia Maturana Streeter, se siente plena y feliz con lo que hace y con su familia. Actualmente vive en Santiago, pero gran parte de su vida se forjó en la región del Biobío, y por lo mismo nos relató que tiene recuerdos colmados de cariño y felicidad en esta zona, la que visita constantemente ya que se instaló con una sucursal de su emprendimiento, TUCASAOK.

Nos juntamos con esta arquitecto en Alcatorce restaurant y conversamos de su vida, de sus anhelos, y de sus proyectos futuros, de cómo está forjando su camino y de sus recuerdos en Concepción.

Pura risa, eso es la Manu, su rostro y sus facciones reflejan una mujer que se siente plena y que está confiada de sus logros. Una mujer espontánea y canapé, porque quiere estar en todas. Nos cuenta que nació hace 35 años en la clínica Francesa de Concepción y que junto a su hermana, María José, fueron las primeras mellizas en venir al mundo en ese centro asistencial (sonríe).

Hija del ingerniero forestal, Marcelo Maturana, y Mónica Streeter, y hermana de Andrea, María José, Diego, José Ignacio y Benjamín. Una familia numerosa que ha sido el pilar fundamental de su desarrollo. La Manu los define como incondicionales y muy unidos.

En familia

Su vida comenzó en la comuna costera de Arauco, donde vivió hasta los 11 años, siempre en compañía de sus hermanos y amigos, que ya en esa etapa, eran muchos. “Mis recuerdos de chica son sólo felicidad, mis papás eran bacanes y lo siguen siendo, somos una familia muy unida”.

Su papá tenía varios amigos en esa comuna y sus respectivos hijos se hicieron amigos de Manuela y sus hermanos, y juntos conformaron el grupo “los hermanos del lago”. Con una gran sonrisa recuerda este episodio de su vida, se denominaron así porque la familia de ella y de los amigos de su papá, iban a una casa en el lago Lleu Lleu y disfrutaban de todo el verano en ese fantástico lugar, “hasta el día de hoy nos juntamos, de verdad los consideraba como mis hermanos, éramos como 10 de la misma edad, y como mis primos estaban lejos, ellos los sustituían”.

A la Manu le encantaba su vida en esta comuna, irse caminando o en bici al Colegio Arauco, estar a metros de la playa y disfrutar de la libertad. “Era tan bacán, libre, siento que esa época fue de pura felicidad”, cuenta entusiasmada esta arquitecto.

En 4º básico se vino a Concepción con toda su familia, “nos fuimos porque mi mamá hinchó mucho a mi papá para venirse, estábamos todos más grandes, mi hermana mayor era una adolescente”. Aterrizó en el colegio Itahue de esta ciudad, y tuvo que repetir el curso, “¡fue horrible para mí! Pero en verdad no era nada, lo que pasa es que el colegio iba creciendo lentamente y cuando yo llegué tenía hasta 4º no más. Recuerdo que lloraba y le decía a mi mamá: ¿por qué? Pero era una tontera”, comenta muerta de la risa.

Me cuenta que sus papás eran bacanes y apoyadores, siempre les dieron a todos sus hijos la libertad de tomar decisiones, pero también los hicieron responsables, “eso nos ayudó a nosotros a ser superindependientes, todos somos así. Esa parte de la crianza de ellos, de que nos dieran responsabilidades, me ha servido harto, no he tenido que necesitar un guía para poder tomar decisiones”.

Rememora que con su hermana melliza, la Coté, fueron compañeras hasta 8º y después, cuando se cambiaron al colegio de los Sagrados Corazones de Concepción (SS.CC), ya no lo fueron más, cada una fue independiente de la otra. Eso sí, su relación siempre ha sido muy cercana y de amistad, “nos llevamos excelente hasta el día de hoy, ahora vive incluso en el mismo condominio. Somos superamigas y me ayuda ene con la Maite. Cuento con ella 100%, si me pasa cualquier cosa la llamo al tiro y sé que va a estar ahí, y eso me pasa con todos mis hermanos”, relata emocionada Manu.

Cuenta que su mamá siempre estuvo en la casa realizando un sinfín de cosas, era una pequeña emprendedora. Hacía galletas, pan de pascua y chocolates para vender, y obviamente preocupada de la crianza de sus 6 hijos. Manuela cree que ese fue uno de los aprendizajes que, más tarde, la llevaron a emprender.

“Cocina muy rico. Todos los días hacía un postre para que disfrutáramos en la noche. Incluso, mis amigos querían ir a mi casa, porque regularmente preparaba algo delicioso. No se perdonaba que no hubiese un postre”, dice con sonrisa picarona.

Lo que más rescata de su vida es su familia, cuenta que se siente orgullosa y favorecida por sus padres y hermanos, los que se han convertido en un pilar fundamental de su vida, y a quienes constantemente les agradece el rol que cumplen en ella, “son de apoyo incondicional, ¡tengo esa suerte! Es como afortunado sentir que tienes a alguien detrás, tus papás y hermanos, por eso me atrevo a hacer cosas, sería distinto si fuera hija única o me llevara mal con ellos. Sé que van a estar ahí pase lo que pase, igual cuando la cago me dicen, ¡que ha pasado mucho! (Ríe). Somos una familia bacán, no podría haber tenido una mejor”.

El cole y la U

Era una buena alumna, se destacó en toda su enseñanza, y era de muchos amigos. Recuerda que en aquella época el Itahue era muy estricto y religioso, “nos decían (en 7º) que no nos pusiéramos bikini ni polera con tiritas. Eran muy exageradas (las profesoras) y categóricas, por lo mismo le pedimos a mi mamá (con la Coté) que nos cambiara al SS.CC”.

Manu era buena para las Matemáticas y Arte, resaltó en ambas materias, y tomaba actividades extraprogramáticas, que le servían para relevar su sentido artístico. “Siempre tuve un lado muy ligado a las artes, pintaba y dibujaba mucho. Cuando era chica era media hippie, siempre andaba con la mochila con miles de dibujos. En el lago siempre tenía una croquera, y era famosa porque escribía todo y le hacía dibujos a todo el mundo. Era la croquera del verano”.

Esta arquitecto era media hippienta, desastrada, andaba con los pantalones medios rotos, poleras de la feria y siempre con zapatillas, pero ahora ya no es así, “he cambiado”, cuenta riéndose y añorando el pasado.

En 1º medio llegó a los SS.CC y fue separada de su melliza, desde ese entonces nunca más fueron compañeras de curso, igualmente a Manu le gustó esta época, dice que le abrió el horizonte estar en ese colegio, “en el Itahue éramos 14 alumnas y llegué a los Sagrados y eran 40. Pensé que me iba costar hacer amigos, pero una de mis compañeras era una de “los hermanos del lago” y ella me integró, y lo pasé muy bien”.

Recuerda que era bien canapé, andaba en todas, le gustaba ayudar a organizar actividades, participaba del Centro de Alumnos y no se perdía los campamentos de verano.

En ese tiempo nació otro de sus apodos, Negra. Tenía como 14 años y la molestaban un poco con su nombre, así que pensó, inmediatamente, en un sobrenombre con el cual todos la conocieran y así nació Negra. Sus amigos y compañeros la empezaron a llamar así.

¿Cuándo decidiste apostar por Arquitectura?

¡Siempre! Nunca tuve otra opción, desde 6º que supe que quería estudiar esa carrera. Me gustaba porque tenía ese lado medio volado, pero también era más aterrizado, como que tenía un aspecto más sólido. En esa época era más volada, pero nunca tanto. Igual, en 4º medio, me dio con estudiar Arte y le dije a mi mamá, ella me decía: ¿por qué?, que podía ser mi hobbie más adelante, pero que era difícil para trabajar y no sé qué. Yo insistí, pero me convenció, me lavó la cabeza (sonríe) y estudié Arquitectura, ¡por suerte le hice caso! Fue una volada media rebelde, como de cambiar el mundo, media setentera, mis papás no me prohibieron estudiar Arte, pero me dijeron que tenía que tener claro de que tenía que vivir de ello y les hice caso.

Finalmente, Manu se decidió a estudiar en la Universidad del Desarrollo, después de que sus papás no quisieran que lo hiciera en la UBB, porque según ellos vivía en paralizaciones, igualmente Manuela fue feliz en la UDD, simplemente le encantó la carrera y además tuvo un excelente desempeño, como en un principio estudiaba con beca, tuvo que esforzarse al máximo. Lo que más le gustó fue Taller, que según ella es el ramo más relevante de la carrera.

En la universidad continuó estando en todas, fue parte del Centro de Alumnos, participaba de los trabajos de verano y también vacacionaba con sus amigos en Pucón. Para esto último siempre tenía alguna que otra tarea con la que obtenía ingresos, fue babysitter, mesera en un restorán camino a Santa Juana y hacía cualquier iniciativa que se le ocurría.

Tras terminar la UDD, la Negra quería irse a estudiar a Australia, le gustaba mucho la playa y buscó algunas casas de estudios que cumplieran con ese requisito. Pero sabía que para ello tenía que juntar plata, así que apenas culminó en la U, se puso a trabajar. Comenzó atendiendo en una sala de ventas y después se desempeñó en el estudio de Armstrong-Spoerer en Concepción. Pero algo inesperado interrumpió sus proyectos…en el 2008 quedó embarazada y sus planes cambiaron rotundamente.

“Fue sorpresivo para mí y mis papás, era su primera nieta. En ese momento le dije chao a Australia, y me concentré en otras cosas. Mientras estaba embarazada, trabajé con una amiga e hicimos una casa en Talca. Después hice distintas cosas, como remodelaciones y regularizaciones. Cuando la Maite cumplió 1 año me fui a trabajar a Santiago”, comenta pensativa Manu.

¿Cómo es tu relación con ella?

¡Es mi partner! Me acompaña a todo, lo pasamos muy bien juntas, trato de formarla para que sea una mujer buena, feliz e independiente. Es una niña deliciosa, preocupada por los demás, cariñosa y alegre, un poco dispersa pero lo que se hereda no se hurta (se ríe). Le encanta salir de paseo, ir a la playa y plazas, siempre anda buscando panoramas, ahora ya está más grande, es bien independiente pero ultra regalona, necesita que le dé besos y abrazos todo el día.

En Santiago, esta arquitecto trabajó 100% en obra, para la constructora Sigro, oportunidad llena de aprendizajes y gracias a la cual se independizó y vivió sola con su pequeña. “Trabajé como 3 años ahí, aprendí un montón, el maestro don José me enseñó todo, yo estaba encargada de recibir por parte de la ITO”. Tras esto, y gracias a su personalidad amable y paciente, la eligieron para trabajar en el área de posventa de esta empresa, “era la encargada de recibir todas las quejas”, así estuvo más de 2 años, hasta que se aburrió de los reclamos y decidió emprender en otro lugar, pero gracias a su trabajo en Sigro, se empezó a gestar en su cabeza una idea que desarrollaría más adelante.

Después de esa experiencia, Manuela buscó trabajo y encontró en una oficina de arquitectos, pero no estuvo exenta de situaciones. “Recuerdo que ellos me llamaron cuando recién estaba saliendo de Sigro y me encontraba cansada, no me había tomado vacaciones, y ellos necesitaban una persona inmediatamente y yo no quería, les dije que descansaría primero. Menos mal me llamaron nuevamente en febrero, yo les dije que si al tiro, que estaba completamente disponible”, cuenta riéndose.

“Era un trabajo bacán. Era una oficina de arquitectura y era jefe de proyectos, tenía que estar a cargo, era arquitectura pura y cálculo, me encantaba”.

Lo mejor de todo, comenta Manu, es que le quedaba cerca de su casa y al lado del jardín de su hija, “en Santiago nunca he sufrido eso de los tacos, siempre me las he arreglado para tener todo cerca, que encuentro, que es la opción para vivir allá”.

El emprendimiento

En ese lugar conoció a la que sería su socia en TUCASAOK, Paulina Salas. “Fue como amor a primera vista, nos hicimos amigas al tiro”, sonríe.

En medio del trabajo y los proyectos, se creó la amistad entre Manu y Pauli. Un día en que volvían de un almuerzo, Manuela le comenta a su amiga que siempre había tenido la idea de hacer un servicio para la pre entrega de una propiedad, de revisar todo y así evitar la posventa. “El objetivo era inspeccionar todo antes, sistema eléctrico, terminaciones e instalaciones, y Pauli me contesta, ¡qué buena idea! ¡Hagámoslo! Eso me gusta de ella, tiene la virtud de concretar las cosas”.

¿Habías pensado en tener tu emprendimiento?

El sueño de todo el mundo es ser su propio jefe. Siempre estaba pensando en qué hacer, en verdad era para tener más tiempo, la oficina era bacán, pero era muy de horario, quería más libertad, no sé si trabajar menos, pero si más libertad de manejar mi tiempo.

Tras la formulación de la idea, ambas arquitectos comenzaron a juntarse al menos una vez por semana para planificar su negocio, sabían perfectamente el servicio que querían entregar, pero tenían que estudiar punto por punto. “Mi hermana Coté nos ayudó, porque es ingeniero comercial. Empezamos a armar la página y teníamos más o menos claro lo que debíamos hacer. Recuerdo que mandamos un mail a todos nuestros amigos. Así partimos, eso fue en mayo, hicimos la sociedad y pensamos en el nombre”.

¿Por qué TUCASAOK?

El nombre es porque queríamos que identificara (el cliente) la casa como algo propio, el adjetivo TU inmediatamente se refiere a algo que te pertenece y lo sientes más personal, y el OK representa que está bien. Y ese es el resultado que queremos, que las personas se sientan tranquilas y seguras de su inversión.

Mientras estaban iniciando su proyecto, continuaban su trabajo en el estudio de arquitectos, esta jornada maratónica las tenía bastante cansadas, pero de a poco iban generando frutos. “Ninguna de las dos podía darse el lujo de no trabajar, ¡no podíamos! Los primeros 5 meses no había ni uno, trabajábamos en la noche, después de la pega, tratamos de no hacer nunca cosas los fines de semana, porque considerábamos que eran supersagrados para los tuyos”.

Durante ese período, Maite odiaba un poco a Paulina, porque el tan solo verla ingresar al departamento lo asociaba con que su mamá tenía que trabajar, “veía a la Paulina y decía ¡que se vaya, noo! Y era porque yo la iba a dejar media botada, pero después se le pasó y ahora la adora”.

A los meses, ambas se cambiaron de pega y tuvieron más tiempo para desarrollar TUCASAOK, ir a las inspecciones y todo el trabajo que conllevaba su emprendimiento, “Ahí empezamos a crecer más, a tener más clientes, contratamos a una niña freelance, y ese año postulamos a Start Up Chile”.

Se ganaron ese fondo y pudieron desarrollar al máximo su emprendimiento, además fueron asesoradas para que su negocio fuera mejor y de calidad, “nos ganamos 20 millones, el 2016, e hicimos como un magíster. Ellos te enseñan a mirar más allá para plantear tu negocio, te incentivan para hacerlo”, gracias a ello pudieron instalarse en Viña del Mar y Concepción.

Cuéntame Manu, ¿cómo ha sido tu experiencia de ser emprendedora?

Es bacán, jaja, ¡es difícil!, la gente piensa que siendo tu propio jefe no trabajas tanto, pero no es así. Nosotras como somos muy ordenadas, con Pauli, siempre nos hemos hecho horarios fijos y normales.

Una de las claves como para que te vaya bien, para poder sacar adelante el negocio es tener un buen socio, yo siento que es primordial. Con la Pauli el universo nos juntó para hacer esta cuestión, somos muy amigas, nos queremos ene, somos muy profesionales, honestas, cero minas, en ese sentido nos podemos decir las cosas directamente, y si me dice que hice algo mal, lo acepto. Y eso nos ayuda. Además, hacemos muy bien la pega juntas, queremos lo mismo.

Me despierto feliz a trabajar, igual cuando tengo que hacer boletas es un cacho, da lata, pero en general lo paso bien, disfruto yendo a la pega, todas nos llevamos superbién, y creo que esa es la forma de trabajar, que te levantes en la mañana y seas feliz, aunque está en cada uno.

¿Qué desafíos tienes planificados?

Para mí lo más importante es ser feliz, ¡te juro que sí!, encuentro que siempre he buscado calidad de vida, quiero vivir tranquila, vivo como en una comunidad, donde hay un patio grande y todos juegan, está lleno de bicicletas, la Maite está contenta, estas cosas arman mi vida. Me encantaría tener un terrenito en la playa donde poder arrancarme los fines de semana. Viajar, mi hermana mayor siempre está en otros lugares, como Dubai y París, quiero ir a verla. Me gustaría tener más hijos, 2 más. Quiero vivir feliz.

Viví una infancia en la que siempre íbamos de paseo, al lago o al río, y quiero que la Maite tenga eso también, quiero que crezca pasándolo bien, con una infancia feliz.

¿Qué tal tu vida?

¡Me encanta! ¡Soy muy feliz!