Verónica Zarate, emprendedora local, relata cómo han sido sus 12 años de trayectoria y los altos y bajos que ha tenido en el camino.

Por Consuelo Ruiz / Fotos Patricio Barría

En su tienda del Mall Plaza Mirador Biobío, muy concentrada en su trabajo y con una sonrisa, nos recibió cálidamente Verónica Zárate, luciendo un vestido largo color damasco y un toque de exclusividad característico de su persona. Al entrar a cada boutique de esta conocida emprendedora penquista, se percibe un ambiente acogedor y colorido en sintonía con diversas prendas de vestir y accesorios que te invitan a pasar un grato momento.

Verónica está casada con Federico Espinoza (abogado) y es madre de cuatro hijos: Raimundo (7), Josefina (5), Antonia (4) y Samuel (1 año y 7 meses). Su conexión con el mundo de la moda comenzó a sus 18 años cuando estudió Diseño de Vestuario en la Academia de Andrea Moundrus, especializándose en corte y  confección de lencería y trajes de baño.

Su emprendimiento comenzó en su casa con una máquina de coser,  realizando costuras y arreglos para una conocida boutique de Concepción. Con el pasar del tiempo, se le presentó la posibilidad de ampliarse y abrió su mi primer taller con una operaria en Maipú con Caupolicán.

Como fue creciendo su negocio, Verónica se trasladó a un lugar más cómodo y se instaló en Rengo con Barros Arana. “En ese entonces ya tenía 6 operarias, confeccionaba vestidos de graduación y todo tipo de ropa a medida. Por muchos años me dediqué a eso, hasta que decidí también vender ropa traída de otros países”, recuerda con entusiasmo.

Color favorito

La marca AZUL 1010, nació en el Small de Pedro de Valdivia. “Mi boutique se llama así porque además de ser mi color favorito, comencé a traer ropa de Argentina y compraba prendas de hombre y de mujer (era un tienda unisex). Como es un color neutro, pensé que si un hombre veía un letrero que decía Azul, le iba a llamar la atención para entrar a vitrinear y 1010 porque era el número del local”, cuenta Verónica, quien luego decidió dedicarse únicamente al público femenino.

Las mujeres que van a comprar a Azul, pueden encontrar diversos artículos de vestir de marcas alemanas e inglesas y también una línea más económica que se trae de Santiago. Para asegurarle la exclusividad a sus clientas, Verónica se preocupa de traer seis unidades de cada prenda y distribuir dos por local. “A veces traemos un artículo por talla y eso te asegura que tu ropa no se repita y sea única”.

Empezar de cero

Para el terremoto del 27 de febrero de 2010, todas las tiendas del Small de Pedro de Valdivia fueron saqueadas. “Fue bien impactante esta situación, porque yo fui al día siguiente del terremoto y me encontré con los delincuentes corriendo en la calle llevándose mi ropa y mi esfuerzo de años. Tuvimos que empezar de cero porque el centro comercial cerró y vendieron la propiedad”, relata la emprendedora penquista.

A raíz de este episodio, se cerró el taller y el negocio se dedicó exclusivamente a la venta de ropa. Para volver a empezar abrió un local arriba del Sur House y luego de un tiempo se instaló en el centro comercial Soho. En la actualidad, cuenta con tres locales, uno en Pedro de Valdivia y los otros dos en el Mall Plaza Mirador Biobío y Plaza del Trébol.

Públicos diversos

Su primer local fue en un barrio residencial en Pedro de Valdivia donde tenía clientas de Lonco, Villuco, Chiguayante y del centro de Concepción. Ahora al estar en los malls tiene todo tipo de público. “En Pedro de Valdivia era más familiar, en cambio acá viene gente que no he visto nunca. No ha sido fácil armar una cartera de clientas y hemos tenido que aprender a saber qué les gusta”, asegura la dueña de Azul.

“He tenido que estudiar a este nuevo público y siento que ha sido una  experiencia súper buena. Ya tenemos clientas que nos conocen y nos prefieren por una ser boutique exclusiva”, cuenta muy contenta.

Si bien, tiene claro que en el Mall Plaza del Trébol es más grande la competencia, ha sabido canalizar bien a sus clientas y ofrecerles precios más amigables. “Como la marca ya estaba posicionada en Concepción, se me dio la posibilidad de orientarme también al público de los malls  y ha sido una grata experiencia”.