Vive hace más de medio siglo, pero su existencia aún es sinónimo de controversia y alta carga sexual. Hija del Swinging London, la minifalda sigue dominando en las principales fashion weeks, aunque en este lado del globo su utilización está llena de tabúes y prejuicios que sólo fomentan la mala fama de este básico del clóset femenino.

Por Jaime Jiménez P.

Si en los 20s la consigna era llevar vestidos que casi rozaran el suelo, en los 60s se desechó esa visión de mundo y se concretó lo impensado: mostrar las piernas. ¿La culpable? La minifalda.

Si hay una prenda que sabe de polémicas y censura, la mini skirt se corona como reina indiscutida. Desde sus orígenes en los revolucionarios años 60s, su omnipresente presencia en revistas, pasarelas y en las principales avenidas de Londres,  cautiva a las mujeres más osadas y enfurece a la clase conservadora de la época, la que rechaza rotundamente esta nueva invención de moda.

Sí, muchas mujeres se podrían haber negado a lucir la mini, pero cuando figuras como Jane Shrimpton, Charlotte Rampling y la icónica Twiggy brillan cuando llevan la pieza, ¿cómo resistirse a la tentación de comprar una?

Aunque aún no hay consenso respecto a quien fue el artífice de la mini, la mayoría de los dardos apuntan a un nombre: Mary Quant. La primera mitad de la década de 1960, en pleno Swinging London, fue la época en que la modista concreta una lluvia de ideas que reflejaban su espíritu joven e inconformista. Una de esas genialidades fue la minifalda, su mayor hit y el que la catapultó como personaje clave en la historia de la moda mundial. Según el clarín.com, el 10 de julio de 1964, Mary apostó por su creación y la mostró al planeta, a pesar de la oposición de autoridades eclesiásticas y de otros campos.

La creación de esta falda está repleta de curiosidades: la primera de ellas es que Quant habría tomado el nombre del famoso modelo de auto MINI Cooper, epítome de lo british y muy popular en la década de 1960, para bautizar su nuevo producto, ya que según ella ambos compartían varias características, como ser jóvenes, optimistas y coquetos; mientras que la segunda guarda relación con la persona que habría inspirado esta masterpiece, una bailarina mayor que la impactó por la belleza de sus piernas, las que lucían perfectamente gracias a una corta falda plisada. Así nació todo…

louis-vuitton-spring-summer-2015-ready-to-wear-primavera-verano-como-combinar-vestidos-a-rayasSe cree que la minifalda original tenía una longitud de 5 centímetros sobre la rodilla, medida que fue mutando con el paso de los años hasta “cortos” insospechados.

Además de lucir súper bien en jóvenes de todas las razas, estaturas y edades, incluir esta falda versión XS en el look conllevaba una auténtica declaración de intenciones, en tiempos donde la liberación sexual de la mujer era tópico obligado. Fue así como su boutique, ubicada en King’s Road y bautizada como “Bazaar”, se convirtió en el hot spot de la pollera extra corta, el paraíso para aquellas chicas que soñaban con adquirir la pieza it del momento.

A tanto llegó el fervor y la fama de la diseñadora, que en 1966 la mismísima Reina Isabel le entregó una medalla con la que pasó a ser Oficial de la Orden del Imperio Británico, todo por contribuir a la buena fama de Inglaterra en el mapa mundi. Ella, fiel a su espíritu, recibió esta condecoración ataviada con una mini de su firma, revelándose contra toda persona que tildara de non grata su prenda, como Coco Chanel que la tildó de “horrenda”.

Con el permiso de Chanel, medio mundo reconoce que nadie supo interpretar mejor el zeitgeist sesentero que Mary Quant, una creativa avant garde, rebelde y que sacó partido a los polémicos temas que marcaron dicha época, además de conquistar a la cultura juvenil de aquel entonces que luchaba contra todo lo establecido.

Muchas celebridades se sintieron identificadas con la filosofía de la mini. En 1968, Jacqueline Kennedy contraía matrimonio con Aristóteles Onassis enfundada en una nívea creación de Valentino, cuyo plus era precisamente el dejar las piernas al descubierto, una idea que también fue replicada, entre otras, por Yoko Ono en su unión con John Lennon (1969).

Su salto al mundo de la música y el séptimo arte, fue cosa de segundos: Madonna y Debbie Harry dictaron cátedra con la mini en recitales de los 80s,  la taquillera película “Clueless” marcó pauta con varias polleras XS, y el 2000 Carrie Bradshaw eclipsó a sus co-protagonistas en “Sex & the city” cuando de vez en cuando recurría a la libertad y osadía de una estilosa mini skirt de diseñador.

Justamente algunos de los mejores creativos del fashion design de hoy siguen apostando por el allure de la mini. La casa italiana Versace se distingue por acudir a la sensualidad y a lo salvaje, por eso en su colección primavera-verano 2015 subió a la pasarela decenas de conjuntos arriba de la rodilla, una tendencia que se repitió en las propuestas estivales de maisons como Dolce & Gabbana y Louis Vuitton.

Más de 50 años tras su creación, la pieza en clave short aún reviste debate. De hecho, en países como Uganda existen leyes que prohíben a las mujeres lucir prendas muy provocativas, entre ellas la minifalda, lo que atenta contra la libertad de expresión de todas ellas.

Pues ahora la decisión es tuya: vestir una minifalda no sólo es sinónimo de sensualidad y estilo, también tiene una alta carga histórica y conceptual, ya que el período posterior a las guerras y el auge de la liberación femenina fueron los testigos claves del nacimiento de esta pieza, un auténtico ícono de culto…