Migración, arte y políticas públicas: el racismo opera así, “si no hay negro se lo inventa”.

Un tema en auge a nivel mundial y nacional, es el de los procesos migratorios y de adaptación que traen consigo. Esta es el área de especialización de la académica Fernanda Stang, quien visitó Concepción en el marco del Ciclo de Pensamiento Crítico, “En los Márgenes del Arte Contemporáneo”, que se dicta en Balmaceda Arte Joven.

En esta instancia conversamos con ella sobre migración y sus cruces con el arte, la educación y las políticas que se construyen al respecto.

Por: Camila Mellado

¿Qué opinión te merece el hecho de que desde el arte se intente observar este fenómeno?

Creo que es una entrada poco convencional, pero que nos puede permitir ver cosas que no vemos desde la contingencia y desde la urgencia de las migraciones y del modo en que se han esquematizado actualmente, que es para bien o para mal, del lado de los que están en contra de los procesos migratorios. Se ve al migrante cómo un sujeto vulnerable o cómo una amenaza. Creo que mirar las migraciones desde el arte nos permite ver al migrante como un agente político. Yo pienso, esta es mi propuesta, que migrar es un gesto de búsqueda de autonomía, es como un movimiento hacia un horizonte emancipatorio y creo que el arte es también eso. La mirada desde el arte puede permitirnos ver ese tipo de cosas que no nos dejan ver otras aproximaciones.

Como especialista en esta temática, ¿Qué te parece la forma en que se ha abordado la migración en los medios de comunicación?

Bueno. Es complejo. Es bien complejo. En general las aproximaciones que tú ves son aproximaciones estigmatizantes, al principio solo eran así, de hecho, salieron algunos programas al aire muy complicados que incluso fueron penados por el CNTV, como “En la mira” de Chilevisión, en los que se hacía una asociación directa y sin ninguna mediación entre delincuencia y migración. Ese es uno de los registros, que creo que es el que prima. Pero en el último tiempo y a raíz de una lucha desde organizaciones de migrantes o para migrantes, ha surgido una voz de reclamo por esa forma de construcción de la información desde los medios, ha habido intentos de cambiar esa mirada, pero esos intentos igual cambian estereotipos desde el otro lado, que es precisamente esta mirada del migrante vulnerable, del migrante pobrecito, que tampoco ayuda, no es el lugar desde donde esperamos que se piense la migración.

En general los medios han construido, han contribuido o han reproducido una manera de construcción del otro en la sociedad. Hablo de la sociedad chilena, porque es la sociedad en la que vivo y en la que me siento parte – como migrante tengo la incomodidad de siempre tener que explicar esto, porque uno siente que tiene que pedir permiso en la sociedad en la que está, porque siente que está de prestado en la sociedad en la que está y eso es transversal, no tiene que ver ni con clase, ni con formación ni con nada, esta aproximación ha contribuido en la manera en la que en la sociedad chilena ha tendido a construirse al otro como una amenaza.

¿Qué crees que puede influenciar eso, esa manera de ver al otro?

Creo que estos procesos requieren un largo aliento para ver en qué van a terminar. Hay días en los que estoy angustiada y preocupada, porque además trabajo en proyecto de investigación de los últimos años en escuelas, viendo que está pasando con la migración, con el abordaje que la migración supone en las aulas, entonces hay días en que me devuelven un poco la esperanza y hay otros días en los que digo “no sé qué va a pasar con esto a largo plazo”. Hace falta tener una mirada de la heterogeneidad de lo que es Chile, porque uno tiende a hablar desde Santiago. La autora Menara Lube Guizaldi habla del “Santiaguismo metodológico” que es esto de elegir hablar desde Santiago por todo Chile. Entonces creo que hay que mirar, hay que estar atento a los procesos. Pero creo hay muchas cosas que no se están haciendo bien, en el dejar hacer. No hacer también puede tener consecuencias graves.

No ha habido una política educativa definitiva y clara, que baje desde el nivel central, para ver cómo abordar. Los profesores están haciendo lo que pueden, como pueden y como creen que pueden, lo que quieren hacer. Hay otros que simplemente reproducen prejuicios en el proceso, entonces no sé a dónde va a ir a parar esto. Creo que es bueno que al menos se esté tematizando, que se esté hablando del tema. Yo vengo investigando estos temas hace mucho rato sistemáticamente. Acá en Chile como desde 2005. Y cuando yo preguntaba me decían “eso no es tema” y ahora yo pienso, si hubiera sido tema cuando nosotros preguntábamos, no habría explotado como explotó.

No sé cómo va a ir, pero tiendo a ver las cosas con esperanza. Ese encuentro que tu vez en las aulas, de eso va a salir algo muy potente. Hay un encuentro de niños indígenas, de niños migrantes y de niños migrantes indígenas, o de niños indígenas migrantes, de afrodescendientes. La diversidad sexual se ha transformado en un tema en las aulas, y creo que esas generaciones que van a surgir de eso que está pasando en las escuelas van a implicar un cambio importante y espero que sea para bien. Eso implica también hacer cosas para que esto ocurra. Por ejemplo, las cosas que están pasando ahora respecto a las medidas que se han presentado recientemente, el proyecto de ley que se presentó, estas visas especiales que se han presentado, que en el caso de los haitianos es una manera de institucionalizar el racismo de estado, no son el camino apropiado.

Por eso pienso que el arte es tan importante para ver el potencial político que hay en los movimientos migratorios y permite ver acciones micropolíticas que ojalá pudieran generar algunas articulaciones de movimiento. También pasa que los migrantes en general no son personas que se organizan o que se movilizan, el migrante en general tiene todo el día ocupado en trabajar y es muy poco el tiempo que le queda para organizarse. Trabajan en jornadas que son muy extensas, entonces la organización política no es prioridad, por eso es un sujeto no político, tiene un status de ciudadano diferente y eso por supuesto que influye también en las posibilidades de poner sus demandas. Para mí el camino es la articulación de todas estas diferencias.

Se está construyendo también

Si, se está construyendo. Yo creo que hay conatos de organización migratoria. Hay algunas organizaciones potentes de migrantes en Santiago, también en regiones, por lo menos en el norte donde hay mayor presencia. El problema es que para articular con otros movimientos sociales hay una barrera que es la xenofobia y está la otra barrera que es el racismo. Tu vez, yo también trabajo con niños indígenas en este proyecto en este proyecto que contaba, entonces también hay una resistencia entre la población indígena, que siente que lleva muchos años reclamando por cosas que no se les han reconocido, como el territorio, además con una mirada desde el territorio muy potente y llegan los migrantes, también con sus demandas y todo se vive desde el territorio y desde la mirada del Estado, que es el gran problema para la organización política de los migrantes.

Yo creo que hay que correr la mirada desde el estado, porque unos no tienen derechos porque llegaron después, los otros porque estaban antes y el Estado les negó esos derechos y hay resistencias. Entonces una articulación que sería completamente posible entre el mundo indígena y el mundo migrante, cuando estás con los movimientos te das cuenta que es bien difícil que ocurra, al menos como están dadas las cosas ahora. Creo que es un dilema político que obviamente yo no voy a resolver. Depende de dónde te pares es la mirada que puedas tener, no solo en Chile, porque esto es un proceso mundial.

Concepción es una ciudad que es muy nueva en la migración, al menos en los últimos 5 años podemos verlo como un fenómeno ¿Qué iniciativas has visto tu que puedan servir para generar un proceso más sano, para todos y todas las que nos estamos adaptando a estos cambios?, ¿Cuál es la forma?

La migración en Santiago lleva más tiempo, pero hay miradas que se van transformando. Primero la amenaza eran los peruanos, y ahí aparecen las figuras estereotípicas, como la de que invadieron la Plaza de Armas, después el malo pasó a ser el colombiano, y hasta hace poquito el haitiano era el migrante bueno. Porque era callado, no reclamaba. En algún momento el haitiano pasó a ser el migrante malo también. Eso es súper dinámico. Hay un autor que explica que el racismo opera así, “si no hay negro se lo inventa”. Es una metáfora claro, pueden no ser negros.

En experiencias, yo he visto buenas experiencias trabajando en un proyecto de investigación sobre cómo lo estaban abordando las municipalidades en la Provincia de Santiago. No es que sean grandes iniciativas, pero había algunos intentos de abordaje que estaban funcionando. El de Recoleta, el de Independencia. Está la idea de transversalizar el tema migratorio, o sea no transformar a la migración en un tema específico de atención si no establecer una mirada transversal.

En Antofagasta hay una mesa migrante, donde hay varias organizaciones convocadas, de y para migrantes, también es una experiencia interesante. La del MAM en Santiago el Movimiento de Acción Migrante, como experiencia desde la sociedad civil en organización y lucha. En escuelas yo veo experiencias de profesores que se enfrentan a aulas o escuelas donde el 50% de los niños son migrantes, la mayoría son peruanos, entonces ¿cómo abordas el tema de la Guerra del pacífico en un espacio así, en donde cuando trabajas el tema del aula la guerra se traslada al recreo? Hay profesores que están dándole la vuelta y desde sus posibilidades en el aula están dándole la vuelta al tema.

Pensándolo en tema de respuesta del Estado, hace falta una política migratoria y una ley, pero no la que se presentó ahora. Hace falta pensar las migraciones como un proceso social complejo y este proyecto de ley que se pensó ahora se pensó como un proceso económico y las migraciones no se pueden reducir a la mirada económica. Es cierto que la gente migra con un horizonte de mejora, pero no todas las migraciones. Y además esas migraciones que leemos como migraciones económicas no son sólo eso, entonces creo que hace falta una mirada más compleja. Falta un nuevo marco normativo, porque el que tenemos es del año ‘75, de la primera dictadura, y hace falta una política migratoria que sea capaz de articular y que no sea una política de seguridad.

La lógica en la que está parada actualmente, es una lógica de seguridad, es el ministerio del interior el que regula, el eje de la política migratoria. El control de las fronteras está en manos de la policía. Hay que darle la vuelta y pensarlo como un proceso social, no como un fenómeno económico ni de control de fronteras.

Esto es un proceso que es parte de la realidad a nivel mundial y que no va a desaparecer. Son cambiantes los flujos, puede que disminuyan en Chile y se desplacen hacia otros países, pero esto no es pasajero.

Por último, me gustaría preguntar qué ocurre cuando esta situación de migrante se cruza con otras condiciones, como la extrema pobreza, el género, la diversidad sexual ¿qué has observado al respecto?

En verdad todos los procesos sociales están cruzados por todas estas diferentes dimensiones. En el tema del que voy a hablar hay un cruce de la diversidad sexual, de la dimensión sexo genérica, la extranjeridad, la clase. La imbricación de todas estas cosas permite ver la complejidad de estos temas. Es cierto que muchos de los temas que afectan a la población migrante también le pasa a la población chilena y la cosa no es decir quién es más pobrecito, quien es más vulnerable o está siendo más vulnerado, si no entender la especificidad de esas vulneraciones o de esa falta de garantía de derecho.

Un niño pobre, en una escuela pobre chilena, enfrenta muchos problemas. Un niño pobre migrante enfrenta muchos muy semejantes y otros muy específicos que tienen que ver con la extranjeridad y con el hecho de no tener un Rut, por ejemplo. No tener un Rut implica que tenga vedados muchos derechos que el otro niño si tiene y si nos atenemos al marco de los derechos humanos, ambos niños tienen el mismo derecho a la educación, y eso no está garantizado para el niño migrante. Igual con el tema del género. Las mujeres migrantes enfrentan problemas también específicos, como la maternidad trasnacional, o la maternidad a distancia, que enfrentan por ser mujeres, pobres y migrantes. No se trata de poner en competencia calamidades, si no observar las especificidades para saber cómo responder.