Maternidad: Las nuevas formas de nacer

Casi la mitad de los nacimientos en el país son a través de cesárea, sin embargo, cada día son más las mujeres que quieren ser protagonistas de sus partos y tener a sus hijos en cuclillas, sin anestesia, lo más natural posible e  incentivando el apego. Leen, van a cursos, comparten sus experiencias con otras madres y deciden de manera informada la mejor forma de tener sus partos.

Por Daniela Soto Vásquez

Dar a luz es uno de los momentos más especiales e indescriptibles que puede vivir una mujer. Es la culminación de una etapa en donde madre e hijo fueron uno solo y se verán por primera vez.

Existen diferentes formas de enfrentar este proceso para el cual cada día son más las mujeres que buscan tener un parto diferente, volver a la esencia y conectarse con sus cuerpos a través de un nacimiento lo más natural posible, en algunos casos en la privacidad de sus hogares, o incorporando aromaterapia y música, incluso optando por clínicas que promuevan los nacimientos respetados y el apego familiar.

Dejar de lado la farmacología y dejar de ver al parto como un problema médico, que requiere una solución médica para dar paso a un proceso natural de la vida en el cual culmina la gestación, etapa en la que el cuerpo habla e indica sus tiempos. Controlar el dolor con agua temperada, escuchar música relajante, masajes y realizar ejercicios que faciliten el trabajo de parto, son algunas de las actividades que cada día incorporan más embarazadas para facilitar el proceso y dar la bienvenida de sus hijos.

Estos métodos presentan varias ventajas principalmente por la baja invasión que sufren los organismos de las mujeres, las probabilidades de sufrir desgarros y lesiones son menores debido a que en la mayoría de los casos, han tomado los resguardos pertinentes para preparar sus cuerpos emocional y físicamente a través de ejercicios.

Conversamos con tres mujeres quienes nos contaron como vieron este proceso, sus matices y los motivos que marcaron el inicio de esta nueva etapa en la que se convirtieron en mamás.

De lo tradicional a lo natural

Carmen Gloria Burdiles tiene dos hijos, el primero nació hace 26 años de manera más tradicional en la que vivió el parto como una experiencia bastante negativa, según recuerda.

“Fue muy traumático, me produjo rechazo el cómo se abordaba el parto en el sistema de salud, en el que tu desaparecías de ese proceso y era súper patologizado. Tiene que ver con el trato, es como que tú te entregas a los médicos para ver qué es lo que hacen contigo. Esa fue mi primera experiencia y no me gustó nada”, relata.

8 años después con su segundo hijo comenzó el proceso de búsqueda hasta encontrar otras opciones que le permitieran dar a luz de manera más natural. “Encontré un par de personas que habían tenido un parto en la casa y a unas matronas que estuvieran dispuestas y disponibles a asistir un parto, cosa de tomar todos los resguardos necesarios”.

La decisión fue tomada junto a su pareja. “Fue una decisión súper consciente para la cual nos preparamos los dos, estábamos convencidos de que era lo correcto. Primero bajamos el estrés y controlamos los posibles riesgos, como teníamos que prepararnos y acondicionar el espacio. Las matronas conversaron con él, le preguntaron muchas cosas a mi pareja para que él tuviera claro que era un proceso que viviríamos los dos y que él tenía que participar en todo momento”.

Algunos de los resguardos que se tomaron fue que todo estuviera bien limpio, que la casa estuviera temperada especialmente considerando que el parto de Carmen Gloria fue en invierno, un plástico para los desechos y mantitas limpias, además las matronas llevaron unos equipos y una manta verde esterilizada para recibir al bebé.

Confianza y autoconocimiento

“Antes de comenzar con el parto estuve en la tina del baño para relajarme, yo había entrenado la  respiración. Uno debe conocer su cuerpo y tener dominio de él, hay que saber gestionarse entre el dolor y el temor, durante el proceso uno necesita la capacidad de administrar todo eso”, comenta.

“Lo tuve en cuclillas, mi marido estaba sentado en la cama y yo me sujetaba de él, fue todo más fácil, recuerdo que cuando nació su carita transmitía paz, comía bien, relajado y  todo muy placido.  Había tenido la posibilidad de entrar a un parto antes e igual me sorprendió todo lo que se le hace a las pobres guaguas, le meten tubos y los aspiran, los colocan en una pesa fría, la luz es muy fuerte. En mi caso a mi pequeño nadie lo tocó demás, no lo aspiraron, no hubo nada innecesario”, nos comenta.

“Las matronas me dieron instrucciones pero muy pocas, era yo la que guiaba el proceso, no fue forzado. Fue algo totalmente distinto a como nació mi primer hijo, en donde tuve una matrona sobre mí empujándome y diciéndome que si no pujaba más fuerte lo sacarían son fórceps”, recuerda.

“Fue una muy bonita experiencia, conté con el apoyo de dos profesionales, estuve rodeada por toda mi familia y un par de amigos, mi hijo más grande estaba durmiendo en otra habitación. En mi pieza sólo estuvo mi pareja y las dos matronas”.

“Mi primer hijo tenía miedo de que me pasara algo durante el parto, pero ese miedo tiene que ver con toda una construcción social en las que las mujeres van a mejorar al hospital, que es un proceso con dolor, etc. En todo momento teníamos claro que si algo salía mal o si yo hubiese tenido alguna complicación durante el embarazo la opción era en un hospital o clínica, no íbamos a correr ningún riesgo, por algo nosotros conocimos a las matronas antes. Iban seguido a controlarme, e incluso creo que una había estado, el mismo día del nacimiento, durante la mañana revisándome”, indica.

El nacimiento como un proceso vivido de a tres “Mi marido estaba súper compenetrado con el contexto, me hacía masajes donde tenía que hacerlo, él estaba igual de agotado que yo. Existe una visión negativa como de película, que el parto debe ser con gritos y demasiado dolor, yo no viví eso en ningún momento estuve concentrada en el dolor, estaba enfocada en el nacimiento”, sentencia.

“Con mi marido recordamos el nacimiento como un momento muy feliz, con una compenetración muy grande de ambos. Es una persona con la cual ante cualquier riesgo confiaría en él y es algo que nos ha marcado como padres”, agrega.

Para la inscripción del nacimiento en el registro civil se requirió la presencia de dos testigos, además presentaron un documento emitido por las matronas acreditando el nacimiento.

La compañía de una doula

María Paz Faúndez tuvo a su primer hijo en octubre de 2017, fue un proceso planificado tras un viaje a Australia,  al regresar al país comenzó con su pareja a trabajar para consolidar todo lo que querían y formar una familia.

“Siempre quise vivir ese momento lo más naturalmente posible, sabía que nada saldría mal porque no tenía ningún antecedente familiar así que comencé a investigar sobre doctores pro parto natural hasta que llegué a uno tras leer sobre él en una revista, de forma paralela tomé contacto con una doula que conocía desde el colegio, la cual me ha acompañado durante todo este proceso”, comenta.

El rol de las doulas consiste en una compañía a la mujer gestante durante el periodo de embarazo, parto y puerperio, para el cual hacen cursos de doulas. Poseen conocimientos sobre como manejar el dolor, lactancia y los cuidados para los bebés y sus madres, ofrecen un apoyo a través de algunas reuniones y una comunicación fluida permanente sin importar los horarios. “Fue súper bueno, ya que a mi pololo le costaba entender el concepto de parto natural, él era mucho más práctico pero se incorporó en el proceso y entendió su importancia”.

“Cuando comenzaron las contracciones la llamé durante la madrugada, ella estuvo ahí apoyándonos, nos fue entregando recomendaciones, que contáramos las contracciones por ejemplo y eso nos hizo sentir mucho más tranquilos”, agrega.

Ser parte del proceso

“Participé en algunos talleres kinesiológicos en la clínica y ahí pude conocer la sala Acuario del Sanatorio Alemán en la cual trabaja el ginecólogo que me atiende. Es un espacio adaptado para partos naturales los que se pueden tener en diferentes posiciones. Se puede colocar música y tener aromaterapia, nosotros estábamos preparados para eso y  llevábamos música”.

A las 40 semanas nació el bebé de María Paz. “Cuando llegué a la clínica tenía contracciones seguidas pero poca dilatación por lo que estuve en la sala de preparto con una pelota de pilates y durante el trabajo de parto me acompañó mi mamá y mi pareja en todo momento. Luego pasé a la sala Acuario, la idea era vivir el parto sin anestesia pero no sabía cunto iba a ser el dolor que podía soportar, cuando se tornó insoportable pedí anestesia pero fue poquito, eso implicó salir de la sala ya que necesitaba estar en una camilla. Seguí sintiendo algo de dolor porque la anestesia fue poco invasiva”, indica.

“Nuestro doctor fue súper respetuoso y no pasaron cosas que yo no quería que pasaran. Nuestra doula nos hizo un plan de parto lo que nos permitió ordenarnos y tener claridad en muchos detalles, por ejemplo si queríamos que nuestro bebé fuera bañado al nacer, acompañar a nuestro hijo en todo momento”.

“Mientras yo pujaba había una chica con un espejo frente a mí y podía ver como se iba asomando, luego lo sacaron y colocaron a mi bebé en mi pecho, después me enteré que el doctor le había pedido a mi pololo que lo sacara él. El doctor me pidió que sujetara el cordón hasta que dejara de latir, lo cortaron y me mostraron la placenta, fue un proceso súper bonito y natural. No me sentí en una operación en ningún momento, como familia fuimos parte de este proceso en todo instante”, recuerda.

“Valió la pena todo lo que trabajamos para que su llegada fuera la mejor posible, hoy estamos disfrutando de un niño muy feliz, tuvimos un embarazo, parto y puerperio informados, acompañados y juntos, lo que nos permite tener una familia muy unida. Tenemos un chiquitito que es un amor, se nota su apego seguro con la vida,” concluye María Paz.

Una cesárea respetada

La Organización Mundial de la Salud recomienda un máximo de 15% de intervenciones quirúrgicas en los partos. Nuestro país está muy lejos de esta cifra, según la OCDE la mitad de los niños llegan al mundo a través de una cesárea tanto en el sistema público como privado de salud.

Son diferentes los motivos por los cuales los padres optan por este método, el cual se justifica cuando el parto vaginal implica riesgo para la madre o el niño. Este es el caso de Camila Tapia, quien tuvo a su pequeña el 2014 y reconoce que nunca quiso una cesárea.

“Durante todo el embarazo estuve bien y sin complicaciones pero llegamos a un punto en donde el doctor comenzó a comentarnos que estaba mi bebida estaba grandecita, que estaba larguirucha, así seguíamos control tras control hasta que el mismo doctor nos dijo que fuéramos pensando que sería necesaria una cesaría para evitar complicaciones”, comenta.

Elegir una fecha especial, planificación familiar, tener el control casi total del parto y menor estrés, además de razones médicas, son algunos de los motivos por los cuales algunas mujeres optan por este procedimiento. “Me costó un poco asimilar la idea pero comencé a investigar en Internet y era lo mejor en nuestro caso. Tras leer llegué al concepto de cesárea respetuosa, yo tenía la visión de un procedimiento frio, impersonal e incluso superficial, casi eligiendo a nuestro criterio que día querríamos cantarle cumpleaños feliz, y no queríamos eso. Conversamos con nuestro doctor  para que él nos ayudara a tomar una serie de resguardos durante el parto y así fue”, agrega Camila.

La elección del doctor

Dejar que el cuerpo hable e indique sus tiempos, bajo esta premisa esperaron el inicio de las contracciones. “No elegimos un día, esperamos que nuestra pequeña nos dijera que quería nacer porque estábamos medicamente en condiciones de esperar esa fecha, sin apurar el proceso, nació a las 39 semanas”.

Llegó el gran día y comenzaron las contracciones, “nunca llegamos a un punto de tanta intensidad porque sabíamos que nacería por cesárea. Estuve con mi pareja durante toda la etapa previa, él fue la  primera persona en tomar a nuestra pequeña, estuvo cada segundo a su lado y eso me daba mucha tranquilidad, ayudó a cortar el cordón umbilical, a que la pesaran y midieran. Realmente nos sentimos parte del nacimiento y en gran medida eso fue posible gracias a nuestro doctor que en todo momento nos iba diciendo lo que pasaba, además previamente nos había contado paso a paso como sería el procedimiento, no habría ninguna sorpresa”, indica.

“Debo reconocer que nunca dimensioné lo importante que fue la elección de nuestro doctor hasta que compartí mi experiencia con amigas, algunas habían tenido partos vaginales o cesáreas pero en sus casos no se habían tomado algunos resguardos asociados a respetar el proceso, el trato,  los tiempos e incentivar un apego familiar”.

“Nuestro doctor nos dio confianza, tranquilidad y nos cuidó como familia, en todo momento nos transmitió que no era un proceso que yo viviría sola, que era algo de equipo y ese equipo era mi familia, nos entregó mucha seguridad justo en el momento en que uno más lo necesita y eso marca la diferencia”, finaliza Camila.

Pese a que aún no son tan masivos algunos métodos alternativos para dar a luz, en todos los casos la clave es la elección de un procedimiento informado y seguro, contemplando todas las variables posibles. No quedarse con la experiencia de un familiar o amiga, es necesario entender que cada cuerpo es distinto y el autoconocimiento es vital al momento de elegir la mejor forma de traeral mundo a nuestros pequeños.  Al momento de cotizar en los recintos asistenciales lo mejor es preguntar y pedir conocer las salas de manera previa a los nacimientos, son algunos detalles que pueden entregar una mayor tranquilidad a las familias y a las mujeres en la maravillosa experiencia de ser madres.