Creativa con sentido green

Creatividad es el término que mejor define a esta carismática mujer que a fines de octubre pisó San Pedro de la Paz – su comuna natal- para inaugurar “The Ropantic Show”, (www.ropantic.com) un proyecto fundado por ella en España y que funciona como perfecto híbrido para mezclar esas pasiones que la mueven a diario: la responsabilidad social, el arte y la sustentabilidad.

Por Jaime Jiménez Palma

A pesar de contar con estudios en Ilustración y Diseño Gráfico, cuando le pregunto a María José cuál es su profesión, ella responde certera: “¡Creativa!”.

Su entusiasmo, ideas vanguardistas y ansias de crear, le brotan por los poros. Esta penquista de 38 años confiesa que desde pequeña fue súper independiente y emprendedora, cualidad que hasta hoy la singulariza. Sin embargo, la Cote alcanzó el siguiente nivel al pisar el Viejo Continente, en específico España, cuna del flamenco, las paellas, el slow fashion y la sustentabilidad.

Justamente fueron estos dos últimos puntos los que Gómez Gracia explotó en el hemisferio norte, donde desarrolló todo su potencial eco-friendly con el único objeto de contagiar a la gente con su causa green.

Así nació The Ropantic Show, iniciativa que incluso fue seleccionada por la organización PechaKucha.org como una de las diez más sustentables del año que relataron sus ideas en el Global Eco Forum 2011. Este mismo emprendimiento fue el que se vivió, a fines de octubre, en Andalué, San Pedro de la Paz, donde todos quienes asistieron fueron testigos de esta revolución del consumo…

 

Cuéntame un poco de tu vida en la zona antes de emprender rumbo al extranjero.

Partiría diciendo que siempre he sido artista. Empecé pintando a los 17 años batik y, además, mi abuelo era sastre, así que el amor por los textiles y la ropa han sido siempre una cosa de familia.

Entré a estudiar Diseño de Ambientes al Duoc UC, después me gané un premio en un concurso de arte y, por lo mismo, todo el mundo me decía “busca algo mejor”. Me cambié a Diseño Gráfico y empecé a hacer prácticas en Santiago. Ahí le tomé un poco más el gustillo a lo laboral, aunque siempre he trabajado de chica, soy súper emprendedora desde pequeña, incluso armé exposiciones de batik mientras estaba en la U y vendía bastantes cuadros. Ahí supe que me iba a ir para afuera, sólo faltaba elegir dónde.

Y al final te decidiste por Barcelona, ¿por qué?

En ese tiempo estaba pololeando y le dije a mi pareja “vámonos juntos”, y entre los dos decidimos Barcelona.

¿Y qué tal tu paso por España? Me imagino que te marcó un montón, ya que viviste 11 años ahí.

La experiencia en Europa me enseñó a ser más ejecutiva, porque no es fácil estar allá. Nunca le trabajé a nadie, trabajé de forma independiente. Como siempre digo, soy 100% emprendedora, 100% social y 100% artista y eso te genera un perfil mucho más proactivo. Aparte, aprendes muchísimo de todo: gestión de proyectos, a venderte… La verdad es que yo me hice como creativa, estudié Ilustración en la escuela EINA, después Animación en la MASSANA, y hasta marketing online. Terminé trabajando en TICs y al mismo tiempo en branding, lo que me permitió hacer pegas de exploración gráfica para Nestlé, marcas potentes.

En lo personal, allá terminé con mi pololo. Yo decidí quedarme y en ese momento mi mente se expandió, como que me entregué un poco a mí misma. Me tomé un año sabático e hice una especie de reciclaje personal, porque fue un reciclaje completo, desde adentro, donde volví a retomar el arte.

Y más allá de este reciclaje personal del que hablas, ¿cuándo entra en tu vida el auténtico reciclaje, el que todos conocemos?

Entre el 2010 y 2011 digo “bueno, a ver, ¿qué pasa con el reciclaje?”. Empecé a caminar por las calles de España, a recoger telas y ver todo lo que pasaba alrededor. Me involucré con la gente, me fijé en toda la cadena de valor, conocí a todo el mundo. Llegué a relacionarme con gente del municipio de Barcelona y me propusieron impartir talleres en la Semana Europea de la Prevención de Residuos. Ahí planteé lanzar la campaña Renova la teva roba (Renueva tu ropa) y al final habían como 25 puntos en diferentes partes de Barcelona donde se unían intercambio de ropa, charlas, gestión de residuos, y más. Paralelamente, fundé The Ropantic Show. Tras eso me llaman de Procter & Gamble (P&G) y me comentan que les fascinó mi iniciativa del Ropantic, que tiene que ver mucho con su marca, con su producto (detergente Ariel), y me proponen hacer un evento privado.

Negociamos harto tiempo y creo que el 2012 ellos se decidieron bien, pero justo en esos meses fallece mi papá. Yo estaba como en la cúspide de… pero bueno, dije “¿qué hago? Me voy a Chile”.

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Entonces, The Ropantic Show es como tu hit, tu regalón. Cuéntame, ¿en qué consiste y cómo concretaste la idea acá en Chile?

Yo lo definiría como un emprendimiento social con un modelo de negocio sustentable donde todos ganan. Promovemos esta idea a través del intercambio de ropa, el que acompañamos con diversos talleres creativos, asesoría de imagen, arte textil, una correcta gestión de residuos y más.

El 2014 postulé a un Corfo con Ropantic y me lo gané. Ahí armé esta cuestión de nuevo, pero modifiqué el modelo porque este país es diferente.

Monté mi empresa Agencia CreaTIVA donde nos dedicamos a la responsabilidad social, desarrollo de marcas, un montón de cosas. Estaba en eso cuando me propuse volver nuevamente a ponerle energías a esto (Ropantic) y de eso ya han pasado 3 meses. ¡Hemos andado como máquina!

En agosto empecé a hacer intercambios en Santiago, llegaba todo el mundo y ahí dije “ya, esto tengo que lanzarlo antes de fin de año”. Ahí conversé con Pamela Maza, mi amiga y socia de Concepción, y le conté la idea del Ropantic y me apoyó al tiro. Así lanzamos,  oficialmente, The Ropantic Show en San Pedro de la Paz.

Pero si comparamos Ropantic con, por ejemplo, una americana, ¿cuáles serían las grandes diferencias entre una y otra?

En Ropantic no vendemos ropa, solo intercambiamos, es un servicio, además generamos conciencia frente al reciclaje por medio de los talleres creativos y la puesta en escena, la que está hecha con textiles reciclados y mobiliario de eco-diseño propio. Pagas una entrada de $7000 y puedes llevarte hasta 4 prendas de ropa. También gestionamos nuestros residuos y ayudamos a una fundación con parte de las ganancias. Es un evento entretenido, sustentable y creativo donde vives una experiencia de consumo diferente.

En cambio, en una americana pagas por la ropa y no hay filtros. Todo huele fatal y no hay ninguna contribución social o medioambiental. Es un negocio tradicional como cualquiera donde sólo gana el dueño.

Y después de esto, ¿qué sigue para María José? ¿Nuevos proyectos? ¿Qué pasará con “Ropantic”?

Sobre el Ropantic, estoy estudiando la franquicia para abrirlo en cada ciudad. De hecho, próximamente estaremos en Reñaca y Santiago. Por otro lado, a mí el tema de los modelos de negocios y los emprendimientos sociales, me fascina. Por ejemplo, en Conce trabajé con Fundación El Árbol, porque es esencial vincularse con gente que también esté ligado a lo sustentable.

Además, quiero lanzar mi colección de ropa unisex ensamblable (versátil y con muchas capas) y armar la primera Asociación de consumidores sustentables de Chile.