Esta especialista en salud sexual infanto-juvenil integra el staff de la Unidad de Adolescencia de Clínica Universitaria de Concepción. En su consulta orienta a los jóvenes para que puedan ejercer una sexualidad sana y responsable.

Por Gisella Campos. Fotografías: Estudio Cartel

Desde niña Marcela Parra Vásquez se sintió atraída por el servicio a los demás, ya que le encantaba escuchar y aconsejar a las personas. Hoy, tras 23 años como matrona dedicada exclusivamente a la salud sexual infanto-juvenil, reconoce que su mejor escuela han sido los adolescentes. Antes de ingresar a la Clínica Universitaria trabajó 16 años en el Hospital de Lirquén, cuya localidad la mantiene vinculada afectiva y profesionalmente, pues en la actualidad atiende a varios de los hijos de sus ex pacientes.

Posteriormente trabajó en la Unidad de Salud Estudiantil de la Universidad de Concepción, siendo la primera matrona del equipo de profesionales que allí se desempeñan.  Pocos meses después Clínica Universitaria la invitó a formar parte de la Unidad de Adolescencia, área desde donde desarrolla distintas actividades relacionadas con la salud y la educación sexual.

“Siempre quise dedicarme a ayudar a niños y jóvenes, incluso mientras estudiaba la carrera me sentía interesada por la etapa de la adolescencia, por su complejidad en el aspecto sexual, reproductivo y sobre todo en el afectivo. Todas áreas un tanto complejas, críticas y profundas  del ciclo vital”, declara Marcela Parra desde su consulta en la clínica,  lugar donde atiende y da orientación sobre sexualidad y métodos anticonceptivos a jóvenes de hasta 29 años.

¿Cuándo nace tu interés por un tema un tanto tabú para la época?

En tercer año de Obstetricia y Puericultura en la Universidad de Concepción, debíamos desarrollar  actividades  comunitarias  educativas.  Ocasión en que fui al Liceo Enrique Molina a hablar de sexualidad. Fue caótico, ya que al ingresar al establecimiento se armó un alboroto. Tuvieron casi que escoltarme entre inspectores y profesores y armar un plan de seguridad. Aún así disfruté mucho la experiencia de compartir directamente con los jóvenes. foto-1si

Mi primer trabajo en el área fue en un proyecto de salud  psicosocial para adolescentes de media jornada en el Hospital de Tomé. A los meses me ofrecieron el traslado al Hospital de Lirquén,  allí  diseñé un programa de sexualidad que abordaba tanto la prevención del embarazo adolescente como  la  promoción de salud sexual escolar. Sin embargo, así como crecía mi entusiasmo en el trabajo, también comencé a ver una realidad cruda, donde los casos se violaciones y abuso sexual se hicieron presente. El trabajo era un proyecto algo inestable, pero pese a ello me apasionó tanto que terminé trabajando ahí 16 años.

¿Cómo fue el apoyo recibido por sus más cercanos al especializarse en esta área?

Mi  familia me ha apoyado muy bien, aunque no han faltado quienes han dicho bromeando que mi trabajo parece un “apostolado” o que a veces “predico en el desierto”. La salud sexual como área está llena de obstáculos, tales como: limitaciones culturales,  prejuicios sociales o falta de medios para acceder a consultas médicas.

Dichos factores se unen al desconocimiento del tema que en conjunto dificultan el trabajo, pese a eso reconozco que ha sido un desafío lleno de aprendizajes y gratificaciones.  Para crecer en el área,  he continuado mi formación a través de algunos programas de postgrados: Diplomado en  Sexualidad Humana y otro de  Salud Familiar en  la Universidad  de Concepción y un  Magíster en Afectividad y Sexualidad en la Universidad de Santiago.

¿Qué es lo que más te  apasiona de tu trabajo?

Que me ha permitido ser parte de los distintos roles en la vida de los jóvenes. El trabajo es muy dinámico, ya que como matrona clínica hago evaluaciones del desarrollo puberal, tarea que me permite orientar a las menores en sus diferentes etapas de crecimiento.

Asimismo, puedo orientar en la prevención y  atención  de embarazos no planificados, tratar   infecciones relacionadas con el área y guiar en otras materias como por ejemplo: adolescentes con dudas sobre su orientación sexual, problemas afectivos y emocionales, disfunciones y traumas. Me apasiona escucharlos en ese sentido, acompañarlos y orientarlos en la búsqueda de una respuesta. Siempre digo que desde la pelvis he podido llegar a la psiquis de los jóvenes” (ríe).

Atreverse a amar

La juventud está en constante cambio, y algo que ha notado Marcela en los jóvenes es que estos le tienen miedo a enamorarse, razón por lo cual prefieren practicar el sexo de manera superficial evitando así compromisos futuros.

“Aquí el tipo de apego presente en sus familias, particularmente con sus padres, y la autoimagen que tengan de sí mismos cobran un valor importante. Si bien una relación afectiva te vuelve más vulnerable, considero que este tipo de experiencias de vida son necesarias en la juventud. Por eso, invito a mis pacientes a que se atrevan a amar, incluso a equivocarse. A vivir  la aventura de sentir  amor  de manera  consciente y responsable  con su propia sexualidad” confiesa.