Desde que se reunieron para ser entrevistadas en un colegio de Concepción, no estuvieron un solo segundo separadas. Se miraban, conversaban, sonreían. Una complicidad única es la que tienen Marcela Escobar y Carmen Villarroel. Mujeres unidas por la práctica de un deporte, pero también por una dificultad física con la que han debido vivir desde muy pequeñas.

Marcela Escobar es casada y tiene tres hijos. Ella nació con una displasia en la cadera y a los nueve años de edad sufrió una luxación en la misma zona, tras un infortunio en su propio hogar. Tiempo después de someterse a procesos de rehabilitación, una artrosis le impide realizar deportes de pie, para protegerse aquella zona afectada.

Para Carmen Villarroel, que también tiene tres hijos y vive junto a su pareja, un accidente automovilístico le cambió su vida por completo. En ese lamentable incidente que sufrió a los 17 años de edad, le diagnosticaron una paraplejia nivel 10, 11 y 12. Un triste episodio que marcó su juventud y la dejó unida para siempre a su silla de ruedas.

No existe un límite

Pese a que debe desplazarse a su fiel compañera de dos ruedas, Marcela Escobar advierte que realiza una vida muy cerca de lo que puede calificarse como normal. En la comuna de Coronel se desempeña en un jardín infantil como personal de apoyo y a diario cumple con los desafíos que implica ser dueña de casa.

Ambas actividades las vincula con el deporte. Esto porque hace cinco años se unió a una agrupación que practicaba semanalmente básquetbol. “El deporte forma parte importante de mi vida. Me sirve para liberar tensiones y para recargar baterías con el fin de estar bien toda la semana. Además, con esto me doy cuenta que me puedo desarrollar más allá de mis limitaciones”, confiesa Marcela.

Este esfuerzo que destaca la deportista, le ha valido ser considerada como una jugadora de elite. Esto, porque fue nominada a la selección nacional de básquetbol. Instancia donde entrena una vez al mes en Santiago junto a un grupo que se alista para competir a nivel internacional. “Soy una de las seis nominadas y tengo que luchar para ganar un puesto en el equipo que va a competir en el extranjero. Me gustaría salir fuera del país a disputar este deporte que me apasiona y seguir luchando por mis logros”, añade con optimismo.

El básquetbol se ha transformado en una importante motivación para Marcela, pese a sus dificultades por ser una mujer con capacidades diferentes. Sin embargo, eso no ha sido un obstáculo. De hecho, también practica hándbol junto a sus compañeras del Club Concepción, en donde el mes de mayo consiguieron el segundo lugar a nivel nacional. Ella, fue condecorada como máxima anotadora del certamen.

Un premio que matiza esos problemas con los cuales debe combatir a diario. “Trasladarse para llegar al lugar de entrenamiento es una odisea. Los choferes de buses y colectivos no nos llevan, no les gusta que nos subamos porque nos movemos en una silla de ruedas”, se lamenta Marcela Escobar.

Una chilena en tierras ajenas

El trabajo como bibliotecaria en un colegio de Talcahuano, es la actividad laboral que desarrolla actualmente Carmen Villarroel fuera del deporte y su vida familiar. Un esforzado camino que ha trazado con el paso de los años, luego de un cambio rotundo que tuvo su vida tras ese lamentable accidente cuando recién tenía 17 años de edad.

“Después del accidente yo pensé que nunca más iba a poder practicar algún deporte por estar en una silla de ruedas, pero con el tiempo me di cuenta que me equivoqué. La realidad es que sí se podía y al final esto para mí es una terapia”, recuerda Carmen.

Y este especial tratamiento, al cual alude, comenzó oficialmente el año 2012 cuando inició sus prácticas de hándbol. Desde ese momento, los logros han llegado gracias a su esfuerzo personal y al apoyo de un grupo de entrenadores y profesionales de la salud que han estado junto a esta madre de tres hijos.

“Me ha tocado competir dos veces en Brasil y una en Argentina. Eso para mí ha sido lo máximo, ya que jamás pensé en viajar fuera del país representando a Chile por practicar un deporte”, cuenta orgullosa Carmen Villarroel, que fue partícipe de la selección de hándbol que se lució fuera de las fronteras locales.

Ya son tres años los que acumula esta deportista formando parte de la selección nacional de esta especialidad. “He conocido personas con discapacidades distintas y es reconfortante compartir con ellos. Te vas haciendo más fuerte al ver que puedes conseguir logros y dejar los límites al lado”, añade.

Además, esta luchadora revela que gracias al hándbol, ha adquirido una fortaleza increíble que le ayuda en su vida diaria. “Con este deporte acumulas habilidades que sirven para superar complejidades día a día. Yo puedo salir sola y desplazarme por cualquier parte, lo que me ha ayudado a ser más independiente y más fuerte ante mi discapacidad física”, explica Carmen.

Tanto Marcela como Carmen son un ejemplo para superar esas adversidades del destino, en donde una dificultad física les puso una compleja barrera para llevar una vida normal, pero que con esfuerzo y sacrificio han podido derribar. Para ambas, no hay un límite que las detenga.