Edda, Andrea y Alejandra son de edades diferentes y no se conocieron hasta el día en que se realizó esta sesión. ¿Qué las une? Las tres viven en Concepción y están enamoradas de sus hijos, además sus historias son representativas de cada generación. Aquí cuentan sus luchas, preocupaciones y sueños.

Por Alejandra Jara / Fotos Patricio Barría

Alejandra Matthei: “Vivo mi maternidad como una persona de 20 años”

Ninguno de los conceptos con los que se asocia tradicionalmente el apellido Matthei son característicos de la forma de ser y pensar de Alejandra. Con 21 años trajo al mundo a Tomás, quien pronto cumplirá dos meses. Si hay algo que tiene claro es que su hijo será el mejor aliado cuando busque cumplir sus sueños.

Alejandra Matthei

“No vas a contar que estás esperando un hijo como si fuera una tragedia”. Estas fueron las primeras palabras que Alejandra Matthei Valck escuchó de la boca de su madre cuando le contó de sus tres meses de embarazo.

Y es que, de alguna manera, la joven repetía –aunque un poco más adulta- la historia de su progenitora que la había concebido con sólo 17 años. Siempre supo -de primera fuente- que traer un hijo al mundo no era una tarea sencilla, y que por sobre todo conllevaba una gran responsabilidad.

“Pese a que mis circunstancias son totalmente diferentes a las de mis padres, el consejo me sirvió para entender que si yo aceptaba la noticia con felicidad todo mi entorno se lo tomaría de igual manera”, explica la estudiante.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando supiste que estabas embarazada?

En mis papás. Durante toda mi vida fui advertida de no repetir la misma historia y tenía miedo de su reacción. Pero mi caso era totalmente distinto al de ellos, yo vivía sola, trabajaba para costearme mis gastos y ya llevaba dos años con el papá de Tomás (Rodrigo Gatica).

Por eso agradezco la frase que me dijo mi mamá cuando le conté la noticia, entendí que el juicio personal es lo más fuerte, era importante que primero yo aceptara la llegada de Tomás.

Tu familia tiene fama de conservadora, ¿cómo se tomaron el anuncio?

Cuando se enteró mi bisabuela, Erika Muñoz, se espantó con la idea de que se convertiría en tatarabuela tan joven, eso fue lo que más le indignó (ríe). Me imagino que al principio les sorprendió, pero hoy están todos muy contentos y nos apoyan mucho. Mi mamá fue clave en reforzar la idea de que un hijo es siempre un regalo.

¿Cómo vives la maternidad a los 22 años?

Estoy enamorada de mi Tomás y espero ser la mejor mamá del mundo. Desde que nació es mi prioridad y me emociono al soñar con que en unos años más podremos ser partners.

Con Rodrigo creemos que si somos papás jóvenes viviremos nuestro rol como personas de 20 años. Cuando crezca lo llevaremos a los conciertos, o se irá con nosotros a estudiar al extranjero. Además decidimos que no lo bautizaremos.

¿Cómo es el hogar en que hoy vive Tomás?

Hoy vivimos los tres en un departamento sólo para nosotros, el que elegimos con mucho cuidado y siempre pensando en que fuera un lugar apto para su crianza.

¿Cuál es tu mayor temor como madre?

Fallarle y que el resto se dé cuenta que no me la puedo. Por ejemplo, el otro día fuimos a una reunión familiar y se me quedó el bolsito en que llevaba sus mamaderas, pañales, etc. Recién me di cuenta quise mudarlo. Me desesperé mucho, me sentía la peor mamá del mundo.

Entonces mis tías me calmaron y me contaron que a más de una le pasó algo similar. Y me las arreglé. Tomé un pedazo de género y le puse un pañal a la antigua. Me di cuenta que nada era tan terrible. Sé que aún me queda mucho por aprender.

Andrea Bello: “Sueño con que la Sofía algún día me diga mamá”

Cada mañana, la peluquera Andrea Bello debe enfrentarse a distintos obstáculos que dificultan la vida de su hija que padece parálisis cerebral. Y es que manejar la silla de ruedas de Sofía por las calles de Concepción es una odisea. ¿Cómo lo enfrenta? El optimismo es su mejor arma.

Andrea Bello

A los 33 años Andrea Bello se enteró de su embarazo y la noticia la tomó por sorpresa. Sin embargo, asumió muy segura la decisión criar ella sola a su hija, tras no contar con el apoyo de su pareja de ese entonces.

Quienes sí reaccionaron emocionados fueron sus padres. El nacimiento de un nieto los alegraba, y sin imaginarlo esa personita los llenaría de esperanzas en el difícil momento que pasaría la familia.

“Mi papá enfermó de cáncer y paradójicamente me estaba enfrentando a la vida y la muerte. Así entendí que la llegada de Sofía era una bendición en esta compleja situación”, relata la peluquera.

Aún faltaba otra dura noticia, ¿cuándo te enteraste del diagnóstico de Sofía?

Tenía 28 semanas de gestación y el médico me da un anuncio lapidario: Sofía presentaba una malformación cerebral.

Nadie sabía si sobreviviría después del nacimiento, entonces la única opción que me quedaba era amarla mucho y aprovecharla dentro de mi guatita. La única certeza que tenía era que dentro de mí estaba segura.

¿Cómo lo afrontaste?

Fue fundamental mi grupo de contención formado por el apoyo incondicional de mi familia y amigos, y por sobre todo mi fe en Dios. Lo único que me quedaba era esperar su llegada.

La iba amar incondicionalmente y no me cuestioné nunca por qué me tocaba a mí vivir esto.

Hoy tu hija tiene 5 años, ¿cómo vives la maternidad al tener una niña con capacidades diferentes?

Que la Sofi sobreviviera ya es un milagro, así que me preocupo de disfrutar y vivir intensamente el día a día con ella. Soy una mamá fuerte y  “aperrada”. Nuestras metas son a corto plazo, por ejemplo ahora nos enfocamos en que pueda caminar sin ayuda del andador. Y yo sé que ella va a ser capaz de lograrlo.

¿Cómo definirías tu relación con ella?

Somos inseparables. Ella es muy cariñosa conmigo y me ha enseñado a ser mamá. Aunque Sofía no se comunica con palabras, sé interpretar sus llantos, risas y balbuceos. Me paso todo el día entreteniéndola, a veces creo que en su mente me ve como un payaso.

Hace un año te casaste, ¿no se puso celosa de tu marido?

¡Al contrario! Con mi marido se llevan increíble, de hecho fue ella la que me ayudó a enamorarme de él. Él asumió su rol de papá a la altura. Por ejemplo, hay ciertos exámenes que requieren que la Sofi se duerma y el único que lo logra es Ignacio (Fritz).

¿Cómo es un día normal de tu vida?

Corro todo el día. Nos despertamos temprano, la Sofi me acompaña a trabajar a la peluquería (salón Mirtha) y allí se queda durante la mañana. A ella le encanta, e incluso le ha servido para descubrir su lado femenino.

En las tardes tengo dividir mi tiempo entre mi trabajo, su vida escolar, la  terapia en la Teletón o las clases de Hipoterapia. Aquí es vital la ayuda de la extensa red de apoyo con la que contamos (conformada por la familia y amigos) para que nos trasladen o la acompañen si no puedo ir con ella.

¿Tienes algún sueño para Sofía?

La verdad es que anhelo en el fondo de mi corazón que algún día pueda decirme con palabras “mamá”.

Edda Gasparini: “Me preocupa que los niños no reciban una crianza valórica y religiosa”

Hijos que daban el asiento a los mayores y que respetaban a los profesores. Ésta fue la realidad que conoció la egresada de Derecho durante gran parte de su vida. Hoy le duele ver a una nueva generación que no tiene modales. En su opinión, esto se debe a la ausencia de valores en la crianza.

Edda Gasparini

A sus 80 años, Edda Gasparini disfruta feliz de la compañía de sus 14 nietos y el cariño incondicional de sus 4 hijos (María Verónica, Carla, Alejandro y Renzo). A los 23 se convirtió por primera vez en madre, y desde ese entonces su vida por completo ha estado dedicada a su familia.

Alguna vez tuvo el sueño de convertirse en diplomática, pero abandonó su aspiración para casarse. Con su fallecido marido, Alejandro Gutiérrez, alcanzó a cumplir 53 años de matrimonio y asegura fue una esposa muy afortunada.

Hoy pasa sus tardes visitando amistades, y participando en la Asociación de Mujeres de Acción Católica. La religión es muy importante en su vida, y cree que las abuelas deben reforzar estos valores en la crianza de los niños.

¿Qué rol deberían tener las abuelas en la formación de los nietos?

Hoy en día las madres pasan muy poco tiempo con los niños, porque buscan desarrollarse laboralmente. Entonces las abuelas tenemos que ser un apoyo en su proceso de crianza valórica y religiosa, aspectos que cada día son dejados muy de lado por parte de los papás.

¿Cómo define el rol de las mamás actuales?

Creo que para las mamás debe ser muy difícil dejar a sus niños solos en la casa o al cuidado de otra persona por salir a trabajar. Pese a que cuentan con facilidades que no existían en mi época, como los pañales desechables o los colados, me da la impresión que por falta de tiempo les cuesta vivir su maternidad.

¿Y está de acuerdo con que se compartan los roles entre padres y madres?

Sí. Los tiempos han cambiado y por ejemplo mis hijos no tienen ningún problema en mudar a los niños o cuidarlos cuando sus señoras no están presentes. Además, hay que considerar que ya casi no existen las nanas, por lo que esa ayuda es importante. Por ejemplo, me gusta que los hombres se involucren en las actividades escolares.

¿Cómo impartió la disciplina en su época?

Cuando yo crié a mis hijos era algo obvio que se debía respetar a los mayores, diría que casi se llevaba en los genes. El papá, la mamá, el carabinero, el profesor eran autoridades y eso se enseñaba en la casa.

Muchos niños de hoy no tienen modales. Nadie te ayuda a cruzar la calle, ni menos te ceden el asiento en la micro. Y lo peor es que los adultos no los corrigen.

¿Usted opina en la crianza de sus nietos?

Poco. Y eso que tengo una excelente relación con mis dos nueras. Hay un dicho que siempre escuché de una amiga italiana de mi mamá y me quedó grabado para siempre: “La buena suegra es la que tiene la boca cerrada y la cartera abierta”.

Yo trato de quedarme callada lo más posible (ríe). De todas maneras soy una bendecida, mis hijos son excepcionales y veo que aplican lo que les enseñé en los suyos.