Los Millennial

Una polémica generación

Los adjetivos para describir a quienes tienen entre 17 y 37 años hoy, son tan interminables como diversos. Pero, ¿qué tiene este grupo que es capaz de captar el interés social y económico a nivel mundial? La siguiente, es una invitación a descubrir por qué los pertenecientes a un rango etario tan extenso, tienen características similares, y más allá de eso, por qué de un tiempo a esta parte, a todos parecen importarles.

Por Gabriela Bustos

Las etiquetas que cuelgan sobre los jóvenes nacidos cerca del cambio de milenio, son extensas y están directamente relacionadas con sus motivaciones, decisiones familiares, y por sobre todo, laborales. De allí surgen una serie de prejuicios, que para muchos especialistas están bastante alejados de la realidad.

Si bien el fenómeno es conocido a nivel mundial, surge con mayor fuerza en Estados Unidos, donde incluso el empresariado ha modificado muchas de sus estrategias, para adaptarlas a los requerimientos y formas de ser de este nuevo grupo en potencia, que se piensa ha venido a revolucionar lo establecido. Entre las características que se le atribuyen al Millenial norteamericano está el consumismo, el emprendimiento, el deseo de sentirse valorado, la búsqueda del buen vivir, su poca sumisión ante el poder, un fuerte sentido social y sustentable, entre muchas otras particularidades de un grupo fuertemente influenciado por la crisis económica de 2008 a 2014, que generó altas tasas de desempleo juvenil.

En Chile en cambio, no se pueden determinar con tanta precisión aspectos generalizadores, puesto que el contexto en el que se criaron los jóvenes nacidos entre los años 1980 y 2000, pudo ser muy distinto de acuerdo a su procedencia. Respecto a este último punto, para la psicóloga Bárbara Pereira, el entorno es determinante en la formación del ser. “La personalidad se conforma en una mayor medida por la influencia del entorno o ambiente, que por el temperamento o carácter innato de la persona. Conocer de dónde viene, y bajo qué situaciones o estilos de crianza creció, explica mucho sobre las razones de su comportamiento”, señala.

Para la profesional,  si hay un periodo clave en la definición del estilo u opciones futuras que se quieren tomar, es la adolescencia. “En esta etapa es muy común que los jóvenes brinden mayor relevancia a los pares, por sobre los propios padres, bajo un deseo de aceptación, sumado a una necesidad de pertenencia, que si bien está presente durante todas las etapas del desarrollo humano, en la que está más marcado es en la adolescencia”, explica Bárbara.

Para la psicóloga, lo anterior explica en profundidad un aspecto común entre los Millenial, que tiene que ver con el periodo histórico que les tocó vivir, marcado por cambios y avances que ofrecen tantas oportunidades como facilidades. Ello, sumado a la necesidad esencial del ser humano actual por mostrar su valor agregado en distintos ámbitos, ha marcado a una generación que, tal como los jóvenes de los 80’ y 90’, pero con mayor énfasis, buscan proyección y deleite en todas las actividades que realizan, sin discriminar las laborales; siendo este el principal punto diferenciador.

El cambio en la mentalidad y forma de ser de los adultos jóvenes, ha llevado al comercio y a la industria internacional, a volcar sus estrategias a la atracción y retención del talento actual. Por ello surgen alternativas flexibles, jornadas laborales distintas, empresas con estructuras horizontales y muchas veces, más conscientes con el ambiente o motivadas por la sustentabilidad. En definitiva, la lucha por fortalecer los niveles de productividad y eficiencia en países como Estados Unidos o Nueva Zelanda, ha sido capaz de adaptar sus políticas a la retención de un nuevo perfil de profesionales.

Pese a que se habla siempre de una misma generación, resulta necesario guardar diferencias y proporciones, puesto que en Chile el fenómeno puede no darse a cabalidad, por lo que la especialista recomienda no estigmatizar. Lo que sí considera fundamental en la formación de este grupo etario, es el haber estado fuertemente ligado a la era digital, siendo criados en un contexto de desarrollo tecnológico constante, derivando de él la apertura y acceso total a la información, las redes sociales que se conforman en el ciberespacio, y una serie de cambios que, desde el modo de comprar un producto, hasta la sensación de estar presente o no, condicionan involuntariamente su forma de ser.

“Esta nueva generación, también llamada ‘Y’, nace bajo un contexto histórico particular, criados por padres que crecieron en una era distinta, y que por lo tanto, tienen distintos ideales para sus hijos. Esto provoca que se mezcle un poco el querer darles lo mejor, porque bajo ese amparo ideológicamente bueno a su parecer, ellos estarán felices; con olvidarse un poco de lo importante que es para un niño algo tan simple como aburrirse, y con ello expandir su curiosidad, por dar un ejemplo,”, explica Bárbara, mientras relaciona esta concepción con la dificultad actual que tienen algunos para comprender estas diferencias, pues lo que ocurre a su juicio es más bien un cambio generacional habitual, que simplemente le tocó a esta era. “Sin embargo, me parece importante destacar que esta formación dependerá mucho de la solidez que hubo en la crianza, y en el que los padres puedan ser representados por el adolescente como una figura significativa y protectora, que permita que ese explorar, y esos deseos de ser aceptado, no conlleven a conductas de riesgo por ser parte de un grupo”, puntualiza.

Al hablar de rasgos específicos en la formación y definición de personalidad, para la profesional la revolución digital es clave. “Cualquier aspecto individual que pueda haber marcado a un adolescente o joven, al que se le sume la irrupción de las tecnologías, determinará mucho su forma de ser como individuo, y a la vez al ser social que, mediante el acceso a distintas redes, conocerá realidades similares en sus pares, potenciándose inmediatamente entre sí”, cuenta la psicóloga.

El que haya cambiado la forma en que el ser humano actual se comunica, se educa, se relaciona, adquiere sus bienes, o conoce y experimenta otras realidades, sin duda ha despertado la atención a nivel mundial, pero ¿qué pasa en Chile? Para los especialistas, pese a que existe una serie de similitudes con las definiciones de este grupo conocido mundialmente, hablar de toda una generación, es estigmatizar.

«Millenials» chilenos

Si hay un concepto que surge con fuerza al hablar de este cambio cultural, es el de “nativo digital”, y es que esa parece ser la principal similitud que tiene el joven chileno con sus pares en el mundo. De la mano con esta virtud, muchos de ellos han sido capaces de transformar modelos de negocio, aunque quienes se la juegan a un 100% por esta opción, siguen siendo una minoría, mientras el resto continúa optando por una fuente más estable de ingresos.

Para la ingeniero comercial, Katherine Santos, considerando este vuelco paulatino hacia nuevos desafíos, la empresa debe jugar un rol clave en la búsqueda de nuevos enfoques. “El gran desafío de la industria Chilena es cambiar su esqueleto y bases, de una forma, rígida, formal y tradicional, a una flexible, con espacios y manejable. La industria debe entender que el mismo trabajo se puede hacer desde otros puntos y no necesariamente desde una oficina cumpliendo un horario. Hoy en día, el tiempo es más valioso que el propio dinero. Si las empresas entienden este concepto, ganarían muchos colaboradores eficientes y leales”, sostiene.
El chileno, en su opinión, busca desarrollar su carrera con el objetivo de tener un mejor pasar, por ello universidades e institutos de formación, estimulan la innovación y el emprendimiento. “Respecto al ámbito profesional, una característica típica de los Millenials es el tiempo que se mantienen en los trabajos. No tenemos miedo a cambiarnos por algo que no necesariamente sea mejor desde el punto de vista económico, pero sí que nos guste y nos apasione. La idea no es vivir para trabajar y ese concepto de trabajo lo tenemos muy interiorizado”, explica Katherine, que asume pertenecer a este grupo. “Me considero Millenial ya que me gusta estar informándome en tiempo real de las cosas, además nos caracterizamos porque queremos respuestas inmediatas y para eso nos apoyamos mucho de la tecnología. Yo siempre ando con mi smartphone para todos lados y muchas veces también con mi computador. Además, comparando con las generaciones anteriores, a los 30 años la mayoría de las personas se encontraban casados y con hijos, este no es mi caso hoy, ni el de la mayoría de mis cercanos”, cuenta.

Un factor relevante es fortalecer los niveles de productividad y eficiencia, pero considerando siempre que en Chile aún no pueden aplicarse medidas a cabalidad, puesto que generalizar sigue resultando poco preciso. Para la ingeniero comercial, lo que sucede en el país tiene que ver con aspiraciones personales, cada día más comunes y latentes. Además de la irrupción de la tecnología, la generación de hoy tiene también mayor acceso a las deudas. La mezcla de todas esas características, conlleva a personas con inquietudes constantes por vivenciar cambios, que no se compenetran muy bien con empleos estáticos o rutinas. En este sentido, un gran desafío para quienes, sin pertenecer a esta grupo, conviven con ellos, es retener la atención de los Millenials, y buscar cómo satisfacerlos, más allá de mediante la oferta de una buena remuneración.

En el caso de Chile, estudios locales destacan el acceso a la educación como un factor que marcó a la población, pero no solo de manera positiva. Los créditos universitarios, parecen ser el inicio de una serie de deudas a las que el joven chileno asumió que debía acogerse, en su compromiso por alcanzar la educación superior. Considerando este y otros puntos, la diferencia con la generación antecesora, es abismal. “Yo siento que está cambiando la concepción del ‘ciclo de la vida’, porque los Millenials lo alteramos un poco. Por lo general el orden siempre fue ser adolecente, casarse, estudiar, tener, hijos y trabajar. Ahora el orden es: ser adolecente, estudiar, trabajar, viajar, casarse y tener hijos; por lo mismo muchas tratamos de postergar lo más que podemos la maternidad”, confiesa Katherine. “Otra característica importante en la que nos diferenciamos es a la hora de buscar trabajo. Mis padres siempre priorizan la estabilidad y yo en cambio siempre busco trabajo en algo que me guste, que aporte a mi vida profesional y no tengo miedo en que si un día me deja de gustar, poder ver otras opciones como algún emprendimiento propio u otro proyecto que realmente me apasione. Tampoco considero fundamental dentro de la trayectoria de las personas el ahorro y el patrimonio, ya que si bien es importante, no es algo fundamental. Me gusta mucho vivir, ir a conciertos, me encanta viajar, comer bien, conocer cosas, experiencias y personas nuevas”, describe la joven que en el corto plazo, planea terminar un Magister en Innovación que acaba de iniciar, mientras en paralelo busca alternativas de emprendimiento ligadas a una de sus dos pasiones: el deporte, o la cocina.

Para la socióloga Ingrid González, el fenómeno no se asocia con tanta claridad a un territorio. “Yo creo que acá la conexión es más bien en un campo virtual. En el caso de Concepción, claro que se da en alguna medida, lo que se puede explicar por cualidades tan conocidas como su tamaño o su alta oferta universitaria, que congrega a jóvenes provenientes de distintos sectores. En este sentido, como punto de encuentro, sí puede darse por rasgos como esos, más visibilizados, pero en mi caso sigo viendo a los Millenials como un rótulo”, confiesa.

Para la profesional, el joven penquista, como todos, entra en esta casilla por su formación digital. “Esta generación está marcada por internet y las redes sociales. Un patrón de consumo  ligado al uso continuo de teléfonos inteligentes, muy apegado a la tecnología. Aunque claro, todas las generaciones han experimentado procesos similares de acuerdo a sus contextos, la diferencia es que en esas ocasiones fueron paulatinos, acá en cambio, con internet, todo ha sido inmediato y se ha tornado más visible”, explica la socióloga de la Universidad de Concepción.

Lejos de una percepción positiva o negativa, para Ingrid la denominación nace para categorizar a un grupo, que como muchos otros del pasado, es parte de un cambio de era. “Somos seres sociales, el entorno influye no solo en nuestras conductas, sino en todo en nuestras vidas, en aspectos generales, e incluso en estados de salud”, describe la profesional. Por ello, es enfática al señalar que, lejos de una mirada estigmatizadora, que resalte aspectos negativos, la invitación debería ser a analizar los contextos que involuntariamente, han influido históricamente en la conformación de las sociedades. “Jóvenes flojos, egoístas y egocéntricos”, parece ser la versión ajustada y negativa de un  fenómeno social que, tanto en Chile como en el mundo, significa mucho más que eso.