Aunque no puede definir con exactitud a qué edad comenzó su interés por este rubro, sí tiene claro que fue durante la niñez, cuando además de ocupar el tiempo jugando en el bosque que estaba tras su casa se sentía completamente atraída por el cosmetiquero de su mamá.

Los gatillantes de este interés eran los colores y texturas que la fascinaban, más la experiencia de sus padres en el área. “Ellos han tenido peluquería toda la vida, incluso desde antes que yo naciera. Por lo mismo siempre han participado de desfiles de moda, workshop, eventos como el Cosmosalón en Santiago y Buenos Aires. En definitiva en actividades donde se mostraban peinados, cortes de pelo, tendencias, maquillaje de fantasía, y estética en general”, cuenta.

Para Daniela “belleza” es simplemente el placer de encontrar la esencia de las personas. “Para mí es eso, ser único, tener una forma auténtica de llevar la vida y expresarte. Veo por ejemplo, mucha belleza en la forma en que cada cual cuenta sus historias”, relata.

Pese a su corta edad, cuenta con una vasta experiencia. Aunque en un comienzo, cuando tenía alrededor de 15 años, solo se dedicaba a hacer manicure o aplicar pestañas, creció rápidamente en lo profesional y, sin darse cuenta, al cumplir 18 ya maquillaba. “Ahí ya trabajaba, y aunque no lo hacía profesionalmente, tenía habilidades que provocaban que la gente confiara y se atreviera a contratar mis servicios”, sostiene.

Si bien hasta ese momento todo marchaba a la perfección, surgió la oportunidad de mudarse a Nueva Zelanda para estudiar inglés. La tomó sin pensarlo, y fue decidida a ejercer la misma disciplina que venía desempeñando en Chile, pero allá le cerraron las puertas rotundamente por no tener un certificado de título. “Me frustró mucho, así que apenas volví (a Chile), me enfoqué en certificar todos mis conocimientos. Comencé a profesionalizar todos los servicios que prestaba, y antes de salir del Beauty Art Studio (BAS) en Concepción, ya tenía propuestas de producciones de moda”, cuenta.

Fue así como entró de lleno al makeup, ahora sí de manera profesional, y continuó perfeccionándose en talleres, workshop y capacitaciones en Chile y Canadá. “Me gusta mucho lo que hago, me motiva la expresión artística que hay detrás, poder mostrar nuevas creaciones e influir en la autoestima de una mujer, que es lo que se hace en los maquillajes sociales o en los de novia. Cuando podemos contribuir de manera positiva a la vida de otras personas significa que estamos haciendo las cosas bien”, afirma la maquilladora que a diario atiende a diferentes tipos de clientas. “Honestamente, no podría hablar de un público específico, porque acuden a mí mujeres con características distintas, de diferentes estratos sociales, aunque debo reconocer que la mayoría de las chilenas siempre busca un maquillaje natural. Sin embargo, con el tiempo, he notado que se están atreviendo a probar otras tendencias”.

Daniela está preparándose constantemente para entregar un servicio lo más acorde posible a las nuevas necesidades. Una de sus especialidades son las pestañas y cejas, hizo un curso de extensión y microblading en la PhiAcademy, reconocida internacionalmente. “La mirada en general es muy importante, porque, por ejemplo, tener cejas bien hechas y pobladas es un sinónimo de juventud que ayuda a resaltar todos los ángulos del rostro y genera un marco. Un perfilado bien hecho puede quitarle 5 años de encima a una mujer adulta. Por eso, preocuparse por ellas es fundamental para quienes no quieren maquillarse mucho, pero sí verse bien de manera natural”, recomienda.

Lo que más le gusta hacer son producciones de moda y editoriales, que le permiten expresar su lado más creativo y jugar con diferentes materiales y productos. “Me fascina además compartir con un equipo de trabajo con diferentes opiniones y puntos de vista. Ese tipo de actividades me encanta, aunque ya en un ámbito más personalizado, me gustan mucho los maquillajes sociales, en los que puedo conocer a mi clienta, ver cómo se siente, conocer sus fortalezas y debilidades, o lo que la hace sentir segura o insegura y, en base a eso, trabajar en un resultado que le otorgue todo el empoderamiento que necesita”, explica.

Quiere expandirse de manera paulatina, aunque reconoce que disfruta mucho la vida que lleva en Concepción. “Soy nacida y criada acá, y aunque he tenido la posibilidad de vivir en el extran- jero, esta sigue siendo una de las ciudades más hermosas que he visto. Disfruto la naturaleza, o estar cerca de la playa. Además, como vivo en Chiguayante, cada vez que voy a Concepción tengo como vista obligada el río. Esas hermosas puestas de sol son parte de una rutina que nunca me aburriría”, confiesa.

En el largo plazo su objetivo es seguir viajando y enriqueciéndose de otras culturas. “Me encanta conocer diferentes bellezas alrededor del mundo, nutrirme de otras mujeres. Eso me ha entregado herramientas súper importantes como maquilladora. He aprendido a escuchar y adaptarme a cada persona. Es lo que más rescato de viajar y trabajar, poder tomar cursos, pero también hacer arte”. Porque el arte es parte importante de su vida. Además de aplicarlo en cada una de sus sesiones, en sus tiempos libres mediantepinta cuadros al óleo. “Es algo que me gusta y relaja muchísimo, un hobbie que mantengo desde el colegio, y que hoy puedo mezclar incluso con algunas técnicas adquiridas en el makeup. Eso y disfrutar de largas y buenas conversaciones con amigos o familiares son, sin duda, mis pasatiempos preferidos”, dice.

– Película: Matrix

– Serie: No veo series

– Comida: India

– Destino: Cabo Polonio, Uruguay

– Moda: Alexander McQueen, Balmain, Sportmax, Chanel

– Libro: El profeta, Kahlil Gibrán

– Música o canción: Amo todas las canciones de Erykah Badu

Deporte: Yoga

– Placer culpable: Helado de chocolate amargo

– Objeto infaltable: Bálsamo labial, y mis piedras como amuleto (diferentes tipos de cuarzo, lapislázuli, moldavita).

– Mascotas: Gatos, soy cat lover

– Inspiración: En maquillaje Pat McGrath, Lucia Pica, Chiao Li Hsu

– Perfume: Chance de Chanel, infaltable desde que tengo 15 años