Ley Antonia

Una lucha contra la violencia

Más de 11 mil delitos de violencia intrafamiliar (VIF) se cometieron durante el 2016 en la región del Biobío, de ellos más del 48% fueron lesiones, el 38% amenazas y cerca del 9% maltrato habitual. Y esto es algo cotidiano, el Sernameg (Servicio Nacional de la mujer y equidad de género) durante el 2016 atendió a más de 5.622 mujeres, pero muchas de ellas no denuncian. Y lo peor es que la ley de violencia intrafamiliar no castiga las agresiones en el pololeo, razón por la que muchas no interponen denuncias o se exponen a distintas situaciones como la de Antonia Garros, de 23 años, quien cayó desde el 13 piso el martes 7 de febrero, tras vivir atormentada por su pololo.

Por Catalina Morgado C.

Por primera vez sentí miedo de verdad. Me encerré en la pieza de al lado, ¡aterrorizada!, mientras él (mi ex) gritaba que si no abría la puerta me iba a matar. Lloré desconsoladamente, no sabía qué hacer, pensé en salir por la ventana, pero era alta. Seguía gritando como loco y golpeando la puerta descontroladamente, en cualquier momento iba a romperla. Fue entonces cuando me atreví a llamar a Carabineros y ellos ingresaron a la casa y se lo llevaron, no sin antes soportar el show que él les dio. En ese momento temí por mi vida y por lo que vendría. Con lágrimas en los ojos cuenta este relato Carla M. de 32 años, quien vivió durante 8 años violencia intrafamiliar.

Estas situaciones de agresión, acoso sicológico y violencia son las que viven muchas jóvenes durante el pololeo, y cuyas parejas con la actual ley de violencia intrafamiliar (VIF) son impunes. “Andrés Larraín (su pololo) la dejó más de 2 horas bajo la lluvia, en pura polera, sin celular, sin nada, ella no se podía ir, se sentía completamente humillada. Pero lo peor fue cuando para el 18, la golpeó, le rompió su ropa y la dejó desnuda afuera de la puerta de su departamento”, detalla Rosario Cáceres, hermana de Antonia Garros.

Otro claro ejemplo de la impunidad es el que vive Pamela M, de 28 años, quien ha denunciado en reiteradas ocasiones y cuenta que no ha pasado nada. “Mi pololo me ha tirado cosas, me ha dejado encerrada, una vez me tiró un fósforo prendido mientras estaba descansando, mi auto lo ha chocado en varias partes y en reiteradas ocasiones. Si no tienes marcas de agresión no sacas nada con denunciar y él no me ha dejado ninguna, excepto una vez que me agarró la cara y me dejó marcado los dedos”.

Este mismo tipo de humillaciones reiteradas fue las que sufrió Antonia, su madre Consuelo Hermosilla nos contó sobre la violencia que ejercía su pololo sobre ella, que terminó finalmente el martes 7 de febrero, cuando cayó del 13 piso del departamento de su ex. Hecho que ha motivado a su familia a movilizarse y pedir un cambio en la ley, donde se reconozca y penalice la violencia en el pololeo y donde también se castigue el homicidio por inducción al suicidio. Y aquí es donde nace la ley Antonia.

“Cuando me empecé a dar cuenta de la situación, lo único que recibía eran negativas de parte de Antonia, ella tenía siempre una postura de ultra protección con este personaje. Teníamos mucha confianza, y por eso es que me contó cuando empezó a andar con Andrés y yo le di mi punto de vista, que encontraba que era una persona que no me parecía normal, tenían 10 años de diferencia, además recordaba la primera impresión que tuvo ella cuando lo conoció. Fue un día que las fui a buscar a una previa, andaba Antonia y su hermana Rosario, cuando se subieron, venían riéndose de un huevón raro, y les empiezo a preguntar, pero raro ¿cómo? ¿tonto, pavo?, entonces la Antonia me dijo, no mamá tenía cara de hombre sin alma. Esa fue su descripción, que nunca se me olvidó porque cuando ella me dijo que había empezado a salir con él, le dije, pero ¿cómo vas a salir con él si tu primera descripción fue esa? No mamá, porque lo he ido conociendo y en verdad lo que tiene es que es súper tímido”, cuenta Consuelo.

Después de 1 año y medio de relación, puntualmente el viernes 9 de diciembre de 2016, la familia de Antonia se enteró de que su pololo Andrés la golpeaba y que esa no había sido la primera vez. “Yo lo había escuchado decirle hueona, y vi algunos moretones en su cuerpo, pero recién el 9 de diciembre supimos lo que pasaba. Cuando hace la denuncia (en Carabineros) ella cuenta, y empieza a decir: se acuerdan cuando me preguntaron esta cuestión, bueno él me pegó, se acuerdan cuando llegaba mojada, él me mojó”.

La familia se enteró porque Antonia, tras ser golpeada ese 9 de diciembre, llamó a su tío y le contó lo que estaba ocurriendo. “Los conserjes vieron la agresión, hay una cámara justo afuera del depto de Andrés, y ellos vieron que la estaba golpeando, le pegó una patada y mi hermana voló y chocó contra una puerta. Salieron unos auxiliares y cuando ven todo eso llaman a Carabineros. Al llegar ellos, la Antonia llamó a mi tío Rodrigo, y él se comunicó con mi mamá. Eso fue como a las 1 de la tarde, y ahí le dice: parece que no sabes que el Andrés le sacó la mierda a la Antonia. Mi mamá partió donde la Anto y fueron a la comisaría”, relata con tristeza Rosario. Añadió, “ella mandó un WhatsApp a la familia contándole que él le sacaba la cresta, la arrastraba por el piso y le pegaba en la cabeza”.

  

“¿Alguna vez han sentido miedo? Imagina aquello pero a un nivel superior, sentir terror, pavor y quedar paralizado/a ante una situación, no poder pensar o actuar porque esta emoción te domina. Si a eso sumamos la variable de que quien te provoca ese miedo intenso es el objeto de tu afecto, quien supuestamente está contigo por amor, pero a la vez es quien provoca mayor dolor, llegamos a sentir desesperanza y desesperación, un callejón sin salida dominado por el temor y el sufrimiento”, así explica la psicóloga del Cosam Concepción; Magíster en Terapia Familiar y de parejas de la Universidad de Salamanca, España, Renata Marchant, lo que significa ser víctimas de esta triste realidad.

Esta temible situación que vive el país se vio reflejada en el sondeo del Injuv, “Percepciones sobre la violencia en el pololeo”, que dio como resultado que un 51% de la población joven conoce a alguna persona víctima de violencia en el pololeo. De ese porcentaje, un 88% de los entrevistados dice saber de insultos, humillaciones y/o gritos en parejas; y un 54% de empujones o de arrojar cosas.

Asimismo, este estudio destaca que un 49% de los encuestados opina que la principal causa de violencia dentro del pololeo, entre la gente de su misma edad, son los celos y en menor medida el machismo existente en la sociedad chilena.

Legislación actual

Según la ley 20.066, violencia intrafamiliar es todo maltrato que afecte la vida o la integridad física o síquica de quien tenga o haya tenido la calidad de cónyuge del ofensor o una relación de convivencia con él; o sea, pariente por consanguinidad o por afinidad en toda la línea recta o en la colateral hasta el tercer grado inclusive del ofensor, su cónyuge o su actual conviviente, o bien, cuando esta conducta ocurre entre los padres de un hijo común, o sobre un menor de edad, adulto mayor o discapacitado que se encuentre bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los integrantes del grupo familiar.

La abogada regional de femicidios y causas de connotación del Sernameg Biobío, Alejandra Espinoza, detalla lo que contempla esta ley de VIF, “La legislación hoy día le da un contexto más privado a estos hechos de violencia, es decir aquellos que se realizan en este contexto de familia. El legislador no establece qué es familia, y doctrinariamente se utiliza esta enumeración de parientes para poder establecer este rango familiar, sin que haya una legislación o una definición propia”. Además, explica que no está reconocida la relación de pololeo en ella, “no incluye las relaciones que no tienen convivencia o que no son conyugales, por eso es que nos encontramos con esa dificultad hoy en día, de cómo tratamos la violencia en el pololeo, porque son relaciones que en teoría o doctrinariamente, son transitorias y que no tienen una continuidad o un proyecto. El pololeo es una situación más bien informal y por lo tanto no tiene este resguardo (que tienen las contempladas en VIF) en el caso que hubiera lesiones”.

Este vacío legal es el que quieren llenar los familiares de Antonia, quienes esperan que la ley salga a flote y que puedan tener justicia, aunque por el momento, Consuelo quiere saber qué ocurrió esa noche del 7 de febrero en el departamento de Andrés. “Quiero esclarecer qué pasó, hay muchos vacíos, ¿estaban los Carabineros?, tengo muchas dudas. Desaparecieron las grabaciones de ese piso y de esa hora, están todas las demás, hay obstrucción a la justicia. Yo quiero que todo coincida minuto a minuto”.

Consuelo comenta que no descansará hasta que esta ley se promulgue, “tiene que existir un castigo, que sancione el homicidio por inducción al suicidio, porque no me cabe la menor duda de que esto fue alentado. En alguna ocasión le dijo (a Antonia) tírate pus loca de mierda, no sirves para nada, maraca; gorda, fea, todo lo que se le ocurría”.

A pesar de que la VIF contempla sanciones en contra del agresor, son muchas las que tienen miedo a denunciar o cuando lo hacen temen por las consecuencias. “Lo denuncié y toda su familia me buscó, ¡fue denigrante!, qué cómo lo había metido preso y que todo se arreglaba conversando, que él había sufrido mucho. Con tanta presión desistí de la denuncia y lo dejé regresar, ahí comenzó una nueva pesadilla, escándalos porque los pacos lo habían golpeado, y así continuó la violencia psicológica. En el tribunal le dieron una orden de alejamiento y nunca fueron a ver si se cumplía y ningún otro organismo se acercó a mí como para brindarme apoyo”, relata conmocionada Carla.

“Las políticas públicas en Chile están diseñadas para algunas personas y no para la generalidad. Contamos con una ley de violencia Intrafamiliar, pero ahora nos damos cuenta que no sólo somos violentadas en el contexto de familia, sino que nos olvidamos del simbolismo, del acoso callejero y de lo que no está en el contexto de familia”, detalla la trabajadora social, encargada del Programa de Violencia contra la mujer en Sedec (Servicio para el Desarrollo y la Educación Comunitaria) Concepción, Mauda Cuminao.

Ante los reiterados abusos que la madre de Antonia sospechaba, fue a Carabineros a consultar los procedimientos, una forma de tomar cartas en el asunto, pero no obtuvo una respuesta satisfactoria, “ellos me dijeron que si ella no ratificaba la denuncia no quedaba en nada, da exactamente lo mismo. No es posible que un testigo no pueda hacer algo, porque la persona que está siendo agredida no está bien. No pueden pretender que alguien enfermo vaya a ratificar una denuncia. Además, el agresor es informado de esta denuncia, lo que se convierte en un doble castigo para la víctima. Más encima tú haces la denuncia y es en un módulo donde todos te escuchan, no es algo privado. Cuando estábamos allí a mi hija le daba mucha vergüenza que todos la miraran y le dijeran cosas. Lo peor es que todo es válido después de la tercera denuncia. La Antonia no llegó a eso”, cuenta con una mezcla de rabia y desesperanza Consuelo.

Mauna Cuminao sabe cómo funciona el sistema, trabaja desde el 2000 en Sedec, organización donde capacitan en formación de monitoras en violencia contra la mujer, realizan atención y derivación a mujeres que sufren violencia, y por esta razón es que señala, con propiedad, que existen diversas carencias. “No existe un sistema de protección a víctimas. Las políticas públicas no se basan en una política social, sino que están diseñadas para una realidad que no existe. Las medidas de protección no se cumplen. En un sector de San Pedro de la Paz existen más de 200 (medidas) y la sexta comisaría de San Pedro de la Costa sólo cuenta con 1 Carabinero para esto. ¿Me puedo sentir protegida si la ley dice que así es? La realidad está lejos de esto”.

Esta realidad la describe Pamela, quien comenta que es difícil sentirse protegida y por lo mismo no seguirá por la vía legal, “no voy a denunciarlo, lo he hecho 2 veces y no queda en nada. No saco nada, un papel no garantiza mi vida”.

Estos actos se ven reflejados en cifras que entregó la Fiscalía de Chile, donde en la región del Biobío hubo, en el 2016, 11.356 delitos de violencia intrafamiliar, de los cuales el 48,60% son lesiones, el 38,83% son amenazas y cerca del 9% maltrato habitual.

¿Por qué yo?

La pregunta que se realizan constantemente las víctimas de agresión es por qué ellas, y cómo enfrentar esta situación, aunque muchas se sienten menoscabadas por este tipo de vejaciones e incluso hay otras que no tienen claridad de lo qué están viviendo.

Incluso desde el Sernameg comentan que las víctimas se demoran 7 años en realizar una denuncia. “El primer fenómeno que tenemos con nuestras usuarias es que ellas cuando visualizan que esto es violencia, se sienten súper mal, algunas experimentan vergüenza e incredulidad, para que luego puedan reparar el daño. Tenemos mujeres que tienen la autoestima baja”, cuenta la abogada de esta institución en el Biobío.

Las cifras avalan esta situación, durante el 2016, el Sernameg atendió a más de 5.622 mujeres, pero muchas de ellas no denuncian, de esa cifra tan sólo 1.060 casos están judicializados en la Región.

La psicóloga del Cosam Concepción, Renata Marchant, explica qué ocurre con las personas que son víctimas de este tipo de abusos, “existe una serie de consecuencias, que experimenta la mujer que es víctima de violencia, y son de diverso tipo, a nivel individual la disminución de su autoestima, sentimientos de inferioridad, indecisión e inseguridad, miedo; estrés, ansiedad, entre otros. A nivel relacional, se puede ir desarrollando incomunicación y aislamiento de la familia, amigos, compañeros, etc…, en contraposición a la relación de pareja donde se va generando una mayor dependencia hacia el victimario”.

Estos síntomas los visualizaron en Antonia, su madre relata que dejó de juntarse con sus amigas y algunas tampoco querían estar con ella porque consideraban a Andrés tóxico. “Dejó de participar en las cosas de familia, siendo que éramos súper achoclonados. Empezó a aislarse. Las juntas que tenían eran con los amigos de él. La Antonia tenía más patas (personalidad), se convencía de algo y no se bajaba con nadie, tenía mucha personalidad y defendía sus puntos. Se anuló absolutamente”.

Igualmente, su hermana Rosario destaca que una vez la defendió a pesar de todo lo que estaba viviendo. “Recuerdo que un día estábamos los 3 y Andrés me ofreció una droga, me dijo: cuñadita mandémonos algo y yo le dije que no me gustaban esas weas y la Antonia le dijo, conmigo haz la wea que queraí pero con la Rosario ni cagando. La Anto siempre fue mi defensora y súper protectora. Esa fue la primera vez que pese a lo disminuida que estaba, se puso súper parada”.

Así también ocurre con Pamela quien nos relata que muchas veces se ha desconocido, que su personalidad ha cambiado desde que es víctima de estas agresiones, “Yo cambié mi forma de ser. Era muy alegre, llegaba a un lugar a puro molestar, salía harto. Pero dejé de hacer eso porque a él no le gustaban mis amigos. Me puse muy soberbia, se nota mucho cuando no estoy con él porque vuelvo a ser la Pamela de antes. Tuve hasta colon irritable e incluso sufro de alopecia (pérdida del cabello) por los nervios. Una vez inclusive le pegué a mi mamá, me puso irritable con tanta pregunta que me hacía y la tironeé del pelo”.

La especialista en Terapia Familiar y parejas describe características de aquellas personas que pueden ser víctimas de estas situaciones, “existen factores de riesgo y características personales, que pueden llevar a una persona a ser víctima. Contrario a lo que se piensa, las víctimas de esto no son siempre dependientes económicamente de sus parejas, ni de reducida formación académica o de bajo nivel socioeconómico. Todas las personas tenemos la posibilidad de vernos involucradas en situaciones de violencia, depende de variables del contexto y también de nuestra historia de vida”.

Señala además, “la violencia se produce en parejas de cualquier clase social, en todas las culturas y en cualquier grupo de etario. Esto es un marco de referencia fundamental, ya que se tiende a estigmatizar y encasillar a quien sufre, olvidando que este es un tema de toda la comunidad y en el cual deberíamos estar involucrados todos/as, no esperar que esto ocurra a alguien cercano para tomar el peso que tiene”.

La profesional nos describe un perfil del agresor, el que no tiene relación con clase social, estudios o religión. “De la revisión de múltiples autores se pueden observar puntos comunes que permiten postular una serie de indicadores que se manifiestan en un hombre que ejerce violencia: excesivamente celoso, posesivo, dominante, irritables cuando se les ponen límites, no controla sus impulsos, puede presentar abuso de bebidas alcohólicas u otras drogas (no en todos los casos), culpa a otros de sus problemas, experimenta cambios bruscos de humor; comete actos de violencia y rompe objetos cuando se enoja. Cree en el sometimiento de la mujer al hombre, tiene antecedentes de maltrato a otras mujeres; exhibe un alto grado de dependencia hacia la mujer y pobre desarrollo de su autoestima”.

Los describe como sujetos seductores y con capacidad de persuasión, “es en el ambiente familiar donde se muestran violentos y agresivos. Justifican la violencia, la minimizan y no la consideran un problema, presentan una visión tradicional sobre los roles de género y muestran actitudes sexistas, además de creer y validar todos los estereotipos sobre la mujer”, puntualiza.

Una de las interrogantes que surgen tras hablar con las víctimas es cómo se pueden evitar este tipo de conductas o qué hacer en el caso de conocer alguna situación cercana, alguna hermana, amiga o conocida que esté sufriendo este tipo de violencia. Según la psicóloga, la información es trascendental, que la población tenga conocimientos sobre esto es relevante, y además estar conscientes de ciertas señales. “Estar alerta a los indicios tanto físicos como cambios a nivel comportamental, que usualmente son encubiertos y justificados por la víctima pero que son indicadores de que algo no está bien y llaman la atención del entorno. Ello puede dar pie a una conversación, que si manejamos adecuadamente podría ser el inicio de un proceso de cambio y problematización de la violencia”.

“Entregar contención emocional, es decir, escuchar sin juzgar, desde el afecto e intentando comprender, lo cual no es tarea fácil ya que las emociones y la desesperación por ayudar, juegan en contra y tiñen nuestro actuar haciendo difícil mantener la tranquilidad. Si se logra generar una relación de confianza, puede que la mujer decida develar la situación que la aqueja y que acceda a recibir un tratamiento especializado”, describe la profesional.

La madre de Antonia cuenta, emocionada hasta las lágrimas, que hizo de todo para enfrentar esta penosa situación, “fue 1 año y medio tremendamente largo, no dormí. Esperando que me dijeran algo malo. Cuando le compraron el depto a Andrés supe que iba a pasar algo malo. La castigué, premié y acogí, traté que él pensara que yo no tenía nada en su contra para que estuviese en la casa. Hice de todo, era una preocupación constante. ¡Hice todo! ¡Todo lo que estuvo en mis manos! Andaba detrás de psicólogos y psiquiatras”.

Futuro

La experta del Sedec, Mauna Cuminao, manifiesta que es necesario concientizar y desnormalizar (que no sea una conducta normal) la violencia para disminuir estas dolorosas cifras, “creo y tengo la certeza que la única forma de salir de la violencia, es tener una mirada de género y visibilizar el simbolismo en el que estamos insertas. De desnormalizar la violencia, de tener claro que lo hegemónico no puede ser mi formación, que mi accionar día a día debe ser con lentes de género. Y esto sólo se logra a través de la educación”.

En este mismo sentido, la psicóloga, Renata Marchant, indica “vuelvo a recalcar la necesidad de educar. Desde la etapa escolar es necesario implantar el tema como parte de la educación de todos y todas. Problematizar la violencia e ir cambiando el concepto de que es algo “normal” e ir generando nuevas formas de relación donde prime el respeto por la persona, deslegitimando el uso de la violencia como un medio válido de relacionarse con la pareja”.

Por mientras, los familiares de Antonia con apoyo de distintas organizaciones como Ni Una Menos, seguirán marchando y dando entrevistas para conseguir la aprobación de este proyecto, el que finalmente le dará una sanción a estos comportamientos anómalos en el pololeo y para aquellos que realizan un acoso sicológico extremo, el que provoca en ocasiones el suicidio de la víctima.

Fotografías “Ni una menos” por Esteban Ignacio