La segunda vida de la moda

Las razones son muchas y van desde el cuidado por el medio ambiente hasta el gusto por lo clásico. Lo cierto es que en plena era digital, hemos tenido un nuevo avance de la ropa de la segunda mano y en esta oportunidad traen la artillería.

Por Camila Mellado Vargas

Algunos dicen que el nuevo auge de la ropa de segunda mano se convirtió en un fenómeno a nivel mundial, luego que la diseñadora británica de ropa de lujo Stella McCartney lanzara su proyecto digital The Real Real (www.therealreal.com), sitio web en la que podemos encontrar artículos de marcas tan prestigiosas como Louis Vuitton, Chanel, Saint Laurent, Gucci y Prada, con significativos descuentos. El eslogan de la empresa, que vende desde joyas hasta vestidos de alta costura, es “Una compañía de lujo sustentable”.

Y es que la idea de la Fast Fashion y el daño que produce al medio ambiente, ha calado hondo en la industria de la moda. Este tipo de estrategia comercial, relativamente nueva, se basa en la producción en serie y a bajo costo de grandes cantidades de ropa. Se trata de prendas hechas para el descarte, que duran una temporada y luego dejan de usarse y que generalmente se inspiran en los diseños vistos en grandes pasarelas o estilos personales de líderes de opinión. Grandes exponentes de este tipo de comercio son Zara y H&M, que con presencia en decenas de países, suelen ser los favoritos por los clientes al momento de recrear estilos de alta costura.

Sin embargo, uno de los problemas principales de la Fast Fashion es el tiempo de vida de cada prenda. Se calcula que en promedio se utilizan 5 veces antes de ser eliminadas. Esto produce montañas de desechos, además de un costo increíble en agua y recursos, que posicionan a la industria de la moda en el segundo lugar de las que más agua utiliza a nivel mundial.

Larga vida a la ropa de culto

Una de las soluciones más sencillas y con más asidero en el público, es la de la reutilización, sobre todo de la ropa de culto o vintage, esa clase de ropa que nunca pasa de moda, que está hecha para durar generaciones porque está construida con buenos materiales y en muchos casos, además representa valores estéticos impermutables.

La serie de Netflix, Girl Boss representa esta nueva tendencia, que ha arribado en nuestra Región hace unos años. Girl Boss relata la historia personal de Sophia Amoruso, la creadora de la tienda digital Nasty Gal (www.nastygal.com), en la que se venden artículos de moda para mujeres jóvenes, con alto énfasis en la curatoría de marca, la adaptación de prendas clásicas y la recuperación desde tiendas de segunda mano.

Similar modo de trabajo siguen algunas de las tiendas digitales con más éxito en Concepción, las que presentan sus productos con imágenes atractivas y fuerte contenido estético. Esta es la propuesta de Ñusta Textil, que con provocadoras imágenes en Instagram han logrado llamar la atención de los usuarios. “La idea surge para dar una propuesta alternativa al consumo masivo, con prendas que te permitan salir de los estereotipos establecidos”, explica Carolina Sandoval, su fundadora, quien además afirma no comprar en el retail hace más de 5 años.

Para Laura Desórdenes, diseñadora de moda penquista, la ropa de segunda mano es un punto importante para la sostenibilidad. “Parte de tener una vida sustentable es no consumir nada que venga del retail y nada de lo que yo no sepa como estuvo hecho, a no ser que sea algo que se esté reutilizando” explica. Esto además de que las prendas que son reutilizadas, suelen estar hechas de mejores materiales que los que se encuentran en las tiendas de cadena. “El material con el que se fabrican las cosas ahora tiene un tiempo de duración entre 5 y 8 lavados, lo que es nada, son dos meses”, afirma Carolina.

La propuesta es, claramente, una nueva forma de consumo, que implica también un cambio de vida. “Para mí el Slow Fashion o moda sustentable, es un estilo de vida consciente, en el que uno adopta cierta tendencia en todas las áreas de su vida, no solamente en la moda”, declara Leslie Zambrano, dueña de Amada. “Uno es consciente no solamente con lo que está vistiendo, sino también en el medio ambiente y también con la explotación de los trabajadores”, afirma.

Estilos personales

Otra de las claves de las nuevas tiendas virtuales, son las propuestas estéticas personalizadas, que se levantan como fuente de prendas exclusivas y originales.

Carolina de Ñusta, realiza los sets fotográficos de sus colecciones con amigas y amigos, con los que trabaja a través de canje con la idea de validar un modelo de autogestión. “Siempre trato de tener mujeres con cuerpos reales, es decir bajitas, altas, con rollos y el requisito es no tener pudor de tu cuerpo, no son modelos profesionales por lo que es interesante ver la dinámica que se da”.

Laura, también apuesta por la inclusión de todos los cuerpos y tallas en su marca, la que diferencia de las demás en el énfasis que da a la calidad del material y la utilidad de las prendas: “uno trabaja el diseño sostenible con esta idea de ocupar materiales que va encontrando en distintas partes. Tengo hartas cosas que son retazos, pedazos de tela que quedan”, además de esto busca que los productos se adapten a los territorios y a las necesidades de quienes los usan. En ese sentido define su estilo como utilitario y cómodo.

“Yo lo que trato de generar con mi tienda es comunidad”, dice en tanto Leslie, “lo que uno viste también es una plataforma, es un código no verbal en el que podemos transmitir quienes somos, a donde vamos y qué queremos”. En ese sentido la creadora de Amada se reconoce como coleccionista y si bien ofrece ropa de los 70 y los 90, busca para sí misma ropa de los años 20 hasta los ‘40, épocas de las que tiene prendas clásicas, a través de las que estudia las marcas y la evolución de las tendencias.

Constanza Isla, dueña de la marca Isla Bonita, pone el punto en la actualidad de las prendas, “me gusta vender ropa que sea de la temporada y que esté a la moda. De hecho, hay una frase muy conocida de las niñas que están en esto: “vendo ropa de este siglo”. Me preocupo de que sea ropa que todavía se esté usando. Además, al igual que Carolina y Laura, practica el customizado de prendas, o “enchulado”, sobre todo con las que considera especiales o particularmente bonitas.

Este tipo de técnica, que muchas veces incluye el corte y ajuste de la ropa o el bordado a mano de detalles que agregan textura y diseño, no es nueva en la moda de segunda mano y es una de las claves del negocio de la franquicia de Nasty Gal en Estados Unidos, contrario a la opinión de puristas que creen que las prendas deben permanecer fieles a su diseño original. En Chile, la marca de moda reutilizada Vintage, con tiendas en la Región Metropolitana y Valparaíso, tiene su propia línea de ropa customizada, “Lovemade”, que incluye prendas clásicas, como chaquetas de mezclilla o jeans de tiro alto, cortados al estilo contemporáneo y decorados con telas y detalles.

Referentes de estilo

Cada una de las chicas reconoce tener distintos referentes que influencian sus líneas de trabajo. Mientras Constanza tiene una relación directa con Estados Unidos, al que viaja periódicamente por relaciones familiares, y de donde trae accesorios y ropa que vende en su tienda, Carolina intenta atrapar parte del colorido de Latinoamérica en la marca, intentando relacionar de esta manera a Concepción con Ecuador, país en el que nació. “Amo esta ciudad por todo lo versátil que es en la escena musical y cultural, pero es muy apagada y fome la propuesta en vestuario”, explica la estudiante de sicología, “siempre el negro, es cosa de que te pares en Barros Arana un día como hoy y mires a la gente, nadie ocupa el color. Para mí los colores son vitales, puede ser parte de mi cultura andina, pero también va por el tema de decir aquí estoy yo”.


Laura reconoce en tanto influencias múltiples, “los referentes y estilos van mutando mucho a través del tiempo”, explica, “desde que comencé con la marca he ido encontrándome conmigo misma, relacionándome con el entorno y aprendiendo de las cosas que he visto al viajar”. Sin embargo, a la hora de citar, destaca por sobre todo el diseño latinoamericano, aunque se reconoce seguidora de editoriales en Japón, Francia y España. En su caso, además, los diseños se ven influenciados por su trabajo como ilustradora y artista visual.

Aún así, el énfasis siempre está en la búsqueda de representar la identidad personal, “yo creo que uno tiene que ser uno mismo y comunicar lo que uno es a través de lo que viste” reflexiona Leslie, “yo tengo un estilo atrevido e imponente. El otro día el señor del taxi nos preguntó a mí y unos amigos si íbamos disfrazados, nosotros ya estamos acostumbrados, nos conocemos y ya no tenemos miedo de innovar o de jugar con los colores o las texturas. Nos da lo mismo lo que diga la gente, yo soy feliz con lo que hago”.

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Fotografías: Natalia Villalobos y  Estudio DI&OS