La memoria arquitectónica de Concepción

Luis Darmendrail: “Creo que es fundamental conocer el lugar que habitamos…”

El profesional dedicado a salvaguardar y rescatar el acervo arquitectónico junto a la memoria histórica de Concepción, incluyendo también a quienes diseñaron y construyeron la ciudad, nos contó aquellos hechos que lo marcaron en su niñez y lo llevaron a observarla de una manera distinta, en un prisma que le ha dado grandes logros y que continúa sin fecha de término.

Por Virginia Torres M. | Fotográfias: Francisco Méndez R.

Corría el año 97′ en Concepción y al igual que otras antiguas construcciones, el histórico Cine Ducal era demolido ante la mirada de los penquistas que transitaban por el paseo peatonal. El hecho caló hondo en el arquitecto Luis Darmendrail, que en ese entonces tenía apenas 10 años y justo pasaba junto a su madre, Cristina Salvo, por Barros Arana a la altura del 770, donde hoy está Preunic.

Un acontecimiento que para cualquier niño de esa edad podría tener nula importancia pero que, para el destacado arquitecto, hoy de 31 años, fue el inicio de lo que podría ser uno de los proyectos más importantes de su vida.

Creador en 2004 del blog “Destrucción de la arquitectura histórica penquista”, que luego llamó “Arquitectura Histórica de Concepción” y que pasó a llamarse Historia Arquitectónica de Concepción en 2008; siempre sintió gran interés por las diferentes formas que apreciaba en la arquitectura local, como las curvas, arcos y altillos que veía cada vez que circulaba desde Barrio Norte hacia el centro en colectivo por calle Rengo, y llamaban poderosamente su atención.

Reconoce que nunca fue un niño común, siempre se sintió atraído hacia conversaciones más adultas, con altura de miras y con una gran sensibilidad por la historia de Concepción, donde ha conseguido grandes logros y un lugar dentro de la construcción del imaginario colectivo que los penquistas tienen de su ciudad.

¿Qué sentiste al ver que el Cine Ducal desaparecía?

La verdad es que para mí fue brutal, porque me causó conmoción que algo tan bonito ya no estuviera más, conocía su estructura y siempre me fijaba en sus curvas, sus ventanas circulares y ese acceso, también, curvo que tenía en el primer piso… y de repente lo estaban botando. Mi mamá además siempre me hablaba del cine, de las películas que vio y eso me marcó muchísimo, ¡cómo lo podían hacer desaparecer! (…).

La primera parte de su educación la realizó en el desaparecido colegio Pedro de Valdivia, que se ubicaba en calle Prat, una vieja casona que anteriormente, según lo que el mismo Darmendrail cuenta, albergaba a un retén de carabineros que cumplía funciones en aquel sector de pasado ferroviario. “A mis ojos de niño era un edificio muy grande, tenía una apariencia tipo castillo, y su diseño era muy antiguo (…) Todos esos recuerdos, esas imágenes, llenan mi memoria de niñez”.

El camino directo a la arquitectura

¿Sientes que desde ese momento ya se forjaba tu futuro profesional?

Esos años me influenciaron muchísimo, el hecho de estar al lado de la estación, de la línea del tren, incluso muchos de esos recuerdos los tengo desde muy pequeño, el tema es que la observación es algo que siempre he practicado, fijarme en los detalles, detenerme en ellos, por eso tengo recuerdos muy vívidos desde muy temprana edad.

¿Qué lugares o construcciones recuerdas del Concepción de aquellos años?

Siempre recuerdo cuando acompañaba a mi mamá al centro y me detenía a mirar las casas antiguas, porque en Rengo, por donde pasaba el colectivo, estaba lleno de ellas, te hablo del año 91 o 92 cuando tenía unos cinco años. Me encantaba ver esas casas con arcos, porque eran muy diferentes al lugar donde yo vivía que era Barrio Norte, la arquitectura del centro era totalmente distinta y también estaba el Cerro Amarillo que me encantaba, en realidad yo diría que todas esas vivencias e imágenes fueron una sumatoria sensacional que influyó mucho en mi vida.

Y pensando en lo que vino después, ¿hay algo más que sientas que te incentivó a cultivar este gusto por la historia y la arquitectura de la ciudad?

Siento que fueron varios factores, por ejemplo, mi familia siempre me potenció e incentivó a la lectura. Recuerdo que desde muy niño me leía todas las revistas del Pato Donald, porque aprendí a leer desde muy chico. También me devoraba La Gaceta de Diario El Sur, donde aparecían cosas del Concepción antiguo y eso me gustaba mucho; me acuerdo que en el año 2000 Concepción cumplió 450 años y publicó una serie de fotos de la ciudad en los años 20 o 30 y mi mamá me las compró todas, eso fue muy interesante, ahí fue cuando empecé a hacer el ejercicio de pensar dónde estaban esos lugares en Concepción… ahí fue que empecé a cuestionarme todo.

Cuando cursaba 5to año básico, por motivos que desconoce, se cerró el Colegio Pedro de Valdivia, el lugar que lo acogió e inspiró por tantos años, por eso tuvo que continuar sus estudios en el emblemático Colegio Brasil de Concepción, hasta donde llegó con bastante conocimiento, ideas claras y una forma muy particular de comunicarse con los adultos, a quienes llegaba con mayor facilidad que a sus pares. “No tuve una muy buena experiencia ahí, mis compañeros no eran muy agradables, pero hice muy buenas migas con los profesores, siento que nunca fui el típico alumno que salía a correr el patio, mi felicidad estaba en la biblioteca o hablando con los profesores de política, por ejemplo, tenía otros intereses y debo reconocer que el ser niño me hacía sentir un poco inútil porque no podía votar”, recuerda riendo.

También ahí, empezó a apreciar otras formas más sencillas de arquitectura. “Me gustó que fuera tan abstracto y después descubrí que ese edificio fue el primer colegio moderno de Concepción, construido el año 38. Tenía las esquinas curvas, escaleras sencillas y mucho vidrio, de a poco empecé a valorarlo”.

El legado de sus maestros

¿Hay alguna persona que recuerdes de forma especial en tus años en el Brasil?

Sin duda los profesores, cito directamente a la profesora Sara Saldías que hoy está retirada, ella fue la persona que me enseñó sobre literatura, con quien hicimos teatro y compartimos el interés por el arte, por lo estético, la recuerdo con mucho cariño. También hubo un profesor de arte que no recuerdo su nombre, era muy mayor y no sé si era realmente profesor de arte, pero sí sabía mucho de la historia de Concepción, fue el primero que me habló sobre el acontecer comercial de la ciudad en los años 40, de la desaparecida tienda Gath & Chaves, me marcó bastante la conversación con él.

Fue en el año 2004, en una salida en auto con su padre Francisco Darmendrail, cuando nuevamente volvió a experimentar ese sentimiento de tristeza e impotencia, mientras veía que una de sus construcciones favoritas, desde niño, estaba siendo derribada, se trataba de una de las edificaciones más antiguas que aún ocupaba la Universidad de Concepción en el centro de la ciudad.

“Era el edificio de la antigua Escuela de Periodismo en Barros Arana, entre Tucapel y Orompello, que fue su último uso porque ahí también estuvo la Lotería, la biblioteca, entre otros. Vi que una retroexcavadora se lo llevaba y de verdad fue terrible”.

“Ya en el año 97 Ripley lo había comprado para instalarse ahí con su tienda, por eso mi mamá me llevaba siempre, me gustaba mirar y tocar sus pilares, observar la entrada. El edificio había sido un castillo Art Déco y era muy bello, por eso cuando vi que esto ocurría le pedí permiso a mi papá para ir a la demolición a tomar fotos, me dejó, me llevó y esperó en el auto. Yo entré a la mala y con una webcam de apenas un pixel, que era lo que tenía en esos años, empecé a tomar fotografías, estuvimos toda una tarde, porque la cámara se llenaba y la íbamos a descargar a la casa y volvíamos. También saqué trozos del edificio hasta que el guardia me vio y me echó, me subí al auto y arrancamos, fue la primera vez que intercedí en algo, que estuve ahí (…)”, recuerda con nostalgia.

“A esa altura ya empecé a leer sobre patrimonio y además tuve un excelente profesor de arte en tercero medio, Yuri Figueroa, con quien empezamos a revisar distintos movimientos artísticos. Yo elegí el Art Déco, a partir de este edificio”.

Fue en ese momento, a los 16 años, que tomó la decisión de hacer algo, de crear un espacio para indagar y cuestionarse en torno a la memoria histórica y arquitectónica de Concepción.

Entonces, ¿qué fue lo que planeaste?

Me dije ¡ya! tengo estos cachureos y tengo las fotos ¿por qué no hago una página web?, entonces hice una en GeoCities que, claro, no era como las webs de hoy, pero era la única forma gratuita de hacer una página medianamente decente. Entonces decidí crear el sitio “Salva Patrimonio”, que mantuve hasta que llegué a la universidad y del que aún conservo algunos pantallazos que logre sacar antes del cierre del servidor.

Ya en la Universidad de Concepción, donde Darmendrail ingresó a la carrera de Arquitectura, su conexión con los académicos fue fundamental para su desarrollo personal y profesional.  “Creo que siempre tuve un foco, pero mi visión de la arquitectura era bastante ingenua en un principio, pero la fui elaborando gracias a que tuve muy buenos profesores como Roberto Guerrero, Pedro Orellana, Juan Pablo Bascur, Felipe Cabezas, Leonel Pérez y María Dolores Muñoz, todos ellos fueron personas que notaron mi sensibilidad, mis intereses y lo tradujeron también en las clases, eso fue superbueno para mí y siento además que estuve en un buen momento de la carrera, cuando había mucho arte, creación, pintura; hoy está todo muy tecnificado, ya no es lo mismo”.

Con las ideas claras

Al mismo tiempo decidió crear el blog llamado Concepción Histórico, debido a sus incesantes ganas de descubrir que había detrás de cada espacio, de cada construcción, de todo lo que involucraba la ciudad. “Decidí llamarlo así porque siento que la historia se cuenta desde los próceres, desde las guerras o batallas; lo que conocemos como la historia oficial y nos enseñan en el colegio, que claro, es válido, pero nunca se habla de la historia de Concepción desde su punto de vista urbano. Creo que es fundamental conocer el lugar que habitamos, quienes construyeron lo que conocemos hoy y esto tiene que ver con el patrimonio, con preservar lo que fuimos y qué dejamos a las nuevas generaciones”.

En un principio fue algo así como una página donde denunciaba demoliciones. “El chileno tiene mucho miedo de la crítica, pero yo decidí ser ‘superaguja’ porque creo que es importante, ya que hay puntos de confluencia, temas que nos afectan y que hay que discutir, cuestionarnos y decir adónde vamos, hacia donde va Concepción”. Luego de esto, quiso también darle nuevos ribetes a este espacio, con los que obtuvo excelentes resultados.

¿Cuál fue ese nuevo enfoque?

Me pareció súper importante ir más allá, entonces me metí en la vida y obra de los arquitectos, que para mí cumplieron un rol social, porque la arquitectura es definitivamente una construcción social, no es solo diseñar o proyectar, todo eso se sustenta en la cimentación y el valor que le damos como personas y profesionales, conllevando sensibilidad, aprender del usuario, de lo que vemos; y ahí vuelvo al principio, a la observación, que es fundamental y es lo que quise plasmar en la página.

El punto de inflexión para Historia Arquitectónica de Concepción, fue en 2011 cuando conoció al arquitecto de la Casa del Arte o el antiguo colegio Madres Domínicas, Osvaldo Cáceres. “Muy patudamente le escribí por Facebook que estaba a punto de iniciar mi tesis y que quería hablar con él, esto fue el puntapié inicial de una serie de registros que hasta el día de hoy hago con los grandes maestros de la arquitectura”.

En estos años, Darmendrail logró también materializar uno de sus tantos proyectos. “Hice, un libro llamado ‘Fragmentos de historia’, junto a los arquitectos Patricio Ortega, Patricio Zeiss, José Lagos e Ignacio Sáez, y la profesora de Historia Karina Ruiz, todos grandes amigos que han sido un enorme apoyo en múltiples aspectos.  Sacamos un tiraje de 50 libros, que es más bien un fanzine donde se recopilan las historias y comentarios que la gente hizo en las publicaciones de Facebook de Historia Arquitectónica de Concepción, porque insisto en que son las personas quienes le dan un nuevo valor a la arquitectura, porque no son solo edificios, sino historia, y como decía Octavio Paz: ‘La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones (…)’, y yo comparto mucho esa apreciación.

¿Cómo ha sido tu experiencia profesional formal y docente?

Hoy me dedico a la investigación de temas ligados a la historia y la memoria arquitectónica, y principalmente a la administración de la página, que es mi paño de lágrimas, el gran trabajo que tengo y que para mí representa el centro de todas las cosas que hago, justamente, en tiempos en que estamos perdiendo muchísimo la memoria y la arquitectura está cambiando radicalmente.

También hago clases en Arquitectura de la Universidad del Biobío y siento que los alumnos están ávidos de conocimiento, están razonando y me gusta ver que los chicos se interesan en la historia de su ciudad, hay un cambio y se nota.

Hoy por hoy, Luis a través de su página web, que hace ya varios años cuenta con dominio propio, y también gracias al fan page de Facebook que maneja con el mismo nombre, donde suma ya más de 15 mil seguidores; continuará construyendo una identidad en torno a la historia arquitectónica de la ciudad, valioso trabajo que también le permite ser, desde 2013, panelista del Matinal Nuestra Casa de Canal 9 Bío Bío TV, espacio que le ha dado la posibilidad continua de comentar sobre la memoria de Concepción, un ejercicio que a su juicio, todos deberíamos hacer como penquistas.