La historia del perfume: Aromas con personalidad

Pese a que hoy es un producto usado en la cotidianidad, el perfume es uno de los pocos complementos capaces de conservar el espíritu único con que fue creado, siempre fundado en dar seguridad, y dejar una huella en los demás. Pero, ¿tuvo siempre el mismo objetivo?

Por: Gabriela Bustos P.

Su nombre, que se desprende del latín “per” “fumare”, y significa “producir humo”, deja en evidencia el origen de las primeras sustancias en el rubro, obtenidas mediante la quema de productos que provocaban un aroma agradable tras la combustión. Para ese entonces en Oriente Medio, quemar mirra, casia o nardo y lucirlo, traía consigo de manera innata obediencia y respeto, siendo esto una prueba de que hace más de 8 mil años, la proyección de aromas agradables ya estaba ligada al lujo.

Aunque la literatura sitúa a los sumerios, en la antigua Mesopotamia, como los primeros en crear el perfume en base a aceites y alcohol de jazmín, madreselva, jacinto y lirio, quienes se llevan gran parte del crédito en su comercialización fueron los fenicios, que hace casi 4 mil años los transportaban de Oriente a Occidente por el Mediterráneo, amparados en su versatilidad. Sin embargo, para los entendidos en el tema, quienes tienen el crédito casi completo en el origen de esta sustancia, son los egipcios con su reconocido aporte a la industria cosmética, y en este caso puntual, a la utilización de “aguas de olor” para dar un toque de divinidad a sus liturgias. Pero si hay un pueblo que masificaría de lleno su uso, serían los griegos en el año 334 a.c. cuando tras la conquista de Alejandro Magno, fueron enaltecidos como un producto que incluso atribuía poderes a las mujeres que lo elaboraban.

Pero más allá de su significado, en temas estrictamente funcionales, fue en Grecia donde aparecen los primeros frascos para guardar fragancias; creación que cuan revelación, sería la que les permitió viajar de inmediato hacia otras latitudes como España y Roma, donde se instalaron con determinación los primeros perfumistas. Luego, y gracias a que el árabe Avicena descubrió la destilación de aceites de plantas, la conservación, el transporte y con ello el comercio de las sustancias aromáticas, se fue tornando mucho más simple, y para el año 1000 ya se mostraba como un símbolo de elegancia y estatus social.

Del anonimato a Hollywood

Si hay algo que no se puede negar, es que, en su época más moderna, los perfumes eran empleados con el único fin de disimular malos olores y falta de higiene. Pero con el pasar de los años esta idea fue evolucionando, y lo hizo a pasos agigantados en un país en particular, que se convertiría en un ícono de este rubro: Francia. ¿Cómo llegó a serlo? Todo apunta a que se consagró como tal en 1190, cuando el rey Felipe II concedió un estatuto y reconocimiento especial a los perfumistas, que pasaron de ser artesanos, a reconocidos profesionales a nivel mundial. A Paris le seguirían en Italia las ciudades de Venecia y Florencia; todas ellas reconocidas como capitales del perfume, aunque solo la primera sigue siéndolo por excelencia hasta el día de hoy.

Esta última categorización, daría paso a un episodio inolvidable de 1953, cuyo revuelo sería recordado hasta el día de hoy. Se trata de como la hermosa Audrey Hepburn, tras un encuentro casual, se convertiría en la primera estrella de Hollywood en ser ícono de un perfume del prestigioso Hubert Givenchy, con “L’Interdit”, una fragancia creada exclusivamente para ella, que hoy se reinventa con Rooney Mara como protagonista.


Íconos que trascienden

Pero más allá del gusto que pueda tener cada cual por acompañar sus días con una fragancia en particular, lo cierto es que detrás del simple acto de perfumarse, existe una industria que crece a pasos agigantados y se sustenta con el impacto que tenga cada creación en una audiencia, que, dicho sea de paso, dejó de ser solo un grupo selecto de elite. ¿Cómo se consigue dicho sello? Para lograrlo las grandes firmas apuestan por celebrities como rostros, e incluso dan paso a personalidades que cuentan con sus propias fragancias.

Te invitamos a conocer los perfumes más vendidos del último tiempo:

Chanel nº5: Cuando Coco Chanel buscaba plasmar toda su elegancia en una fragancia, se encontró con el perfumista Ernest Beaux, que en 1921 lo hizo realidad. Prueba de esta osadía fue la respuesta de Marilyn Monroe cuando le preguntaron que se ponía para dormir. “Chanel n°5”, dijo evidenciando el por qué la creación debe su éxito al cine, que la ha posicionado como el producto más solicitado en esta índole, con más de 10 millones de ventas al año.

Shalimar: Tras una visita al maravilloso e imponente Taj Mahal, Jacques Guerlain supo que debía homenajear la belleza de sus jardines y fuentes, con un frasco en el que guardaría una de sus máximas creaciones. Este aroma y su presentación, que en sus palabras es capaz de “dejar que los sentidos tomen el mando”, es capaz de mezclar a la perfección sus rasgos exóticos, con la clásica elegancia francesa.

Poison: Inspirado en la manzana prohibida de Eva, Christian Dior quiso apostar por la seducción al encerrar una esencia tan despampanante, que llegó a ser premiado como el mejor perfume femenino en los Fragance Foundation Awards. ¿El secreto? Una sorprendente mezcla de notas de cilantro, anís, ciruela, cedro y canela.

El listado de fragancias exquisitas es enorme, pero te invitamos a conocer los perfumes que siguen a los tres más vendidos, y que tal como ellos, no han hecho más que causar permanente furor: Opium, de Yves Saint Laurent, con un controversial y cuestionado nombre que recuerda las Guerras de Opio, en China. Joy de Jean Patou, con más de 10.600 flores en cada frasco, es uno de los ejemplares más caros que se comercializa. L’air du temps de Nina Ricci, con una esencia en la que destacan el clavel y la gardenia, ha sabido mantenerse en boga desde su creación en 1948. Euphoria de Calvin Klein, sin duda es el más claro ejemplo de ruptura moderna, que fue capaz de acabar con la idea clasista del antiguo y lujoso francés, para adentrarse en 2005 entre grupos más vanguardistas. Classique de Jean Paul Gaultier, es femenino por naturaleza, pues su presentación busca reproducir el cuerpo encorsetado de la mujer parisina. Angel de Thierry Mugler, tal como se aprecia en su forma de estrella, lo que busca es escapar a la figura terrenal, y mezclarla constantemente con una fantasía similar a la que provoca. Youth Dew de Estée Lauder, es arriesgado pero clásico por excelencia, siendo prueba de ello el que siga latente desde 1953, e incluso se la juegue por relanzamientos.