“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”, frase de Paulo Freire, acuñada por María Jesús Campos (26), educadora de párvulos y Máster en Neurociencias y necesidades educativas específicas.

Por Valentina Ortiz

La estimulación -durante los primeros años del niño- es fundamental, el cerebro es más plástico y por ende la enseñanza que se entrega asegura que exista un cambio de conducta y una estructura, función y composición de neuronas.

La influencia que ejerce el ambiente en los primeros años en el desarrollo del cerebro es perdurable, pues no sólo afecta al número de células cerebrales y conexiones entre las mismas, sino que también la forma en que éstas se afirman o cablean. La educadora explica que por ejemplo “el estrés, en la primera infancia, puede afectar la función cerebral, el aprendizaje y la memoria en forma negativa y permanente, ya sea en dificultades cognitivas, conductuales o emocionales”.

Aquí es donde cobra suma importancia la correcta elección de un jardín o sala cuna para el pequeño, “primero se debe conocer el proyecto educativo de éste y sobre todo se debe preocupar que sea un lugar seguro y amistoso, ya que los niños desarrollarán habilidades sociales, mentales y motoras que no siempre se adquieren en la casa”, aconseja María Jesús.

La profesional cuenta que “muchos padres piensan que los niños van al jardín a jugar, pero detrás de cada actividad que las educadoras preparan hay un objetivo pensado en cada etapa del desarrollo, por eso es importante conocer la metodología de trabajo de la institución, el programa de estudio y lo más importante que éste se adecue a la familia, los cuales son el primer agente educador del niño”.

Un buen lugar para nuestros hijos será aquel que cuente con personal preparado, la infraestructura necesaria y un proyecto educativo acorde a la realidad familiar, para que los padres puedan colaborar con el proceso educativo de sus hijos.

Ahora bien, en cuanto a metodologías, va a depender del método que la institución desee implementar. Sin embargo, “no existen metodologías buenas o malas, todo depende de cómo éstas se apliquen”, asegura la profesional.

El rol de los padres

Claudia Hernández e hijasClaudia Hernández (37), periodista y madre de tres niñas: Amelia (9), Maite (5) y Aurora (4), decidió que sus pequeñas recibieran una educación Montessoriana en la primera infancia. Actualmente, las tres están en un colegio con metodología tradicional, pero su madre reconoce la importante base que obtuvieron sus hijas para desenvolverse en la actualidad.

Cuando Amelia tenía 3 meses,Claudia la envió al jardín porque tenía que volver a trabajar tras la licencia. Primero fue al jardín del Sanatorio Alemán, pero cuando éste cerró surgió la posibilidad de un jardín Montessori. “Llegué allá por las parvularias jóvenes, me gustó la metodología, los materiales didácticos y la distribución del jardín. Era lo que yo buscaba, con cultura y gusto por el medio ambiente”, relata Claudia.

Amelia ingresó a los 8 meses a este jardín y la experiencia fue muy positiva, todo le generaba curiosidad y la dejaban explorar, eso hizo que de apoco consiguiera grandes logros en su desarrollo motriz y en el autocontrol, además de aprender a autodisciplinarse gracias al ejercicio del yoga.

 

Cuando Amelia tenía cuatro años, nació Maite y como familia se trasladaron a vivir a San Pedro de la Paz, por lo que decidieron cambiarlas de jardín, pero siempre con metodología Montessori. Maite ingresó a los 8 meses y un año después Aurora, quien recién el año pasado lo dejó para entrar a un colegio tradicional.

“El Montessori es un estilo de vida que uno en la casa debe reforzar, pero la base de esto es el respeto por el niño y el respeto de él por todo lo que lo rodea. Un niño que es guiado de esa manera, tiene la libertad de enfrentarse con respeto a la vida”, sostiene la periodista.

Claudia, hija de profesores, también estudió Pedagogía y un Magister en Gestión directiva escolar, por eso es muy crítica con la educación tradicional “todavía hay profesores que más que tener niños quieren tener muebles, que no hablen, que no se muevan, cuando son niños y es inherente a ellos moverse”, asegura la profesional. Es importante que las educadoras traten a los niños como personas, que los dejen tomar decisiones porque ellos también tienen opinión.

“La educación pública tiene pocos recursos y poco tiempo, pero en el preescolar hay mucho por hacer y aprender. El kínder obligatorio y el acceso a prekinder son muy buenas medidas, pero faltan otras iniciativas como la estimulación a la lectura de los niños pequeños, la música y el arte”, agrega Claudia.

Prepararlos para la vida

El año 1990 se inicia en San Pedro de la Paz, uno de los establecimientos educacionales más antiguos que cuenta con metodología Montessori, el jardín Azucarcandia. Su sostenedora, Claudia Quiroz, nos contó sobre el proyecto educativo que desarrollan.

“En este sistema, el menor tiene un espacio para moverse de manera autónoma, donde puede elegir que quiere aprender dentro de lo que la educadora ha preparado. El objetivo principal es fortalecer su autoestima, para que vaya poco a poco autoconstruyendo su personalidad y autoconociéndose”, cuenta.

La sostenedora nos relata que“acá los niños tienen la oportunidad de aprender de otra manera, por eso contamos con huerta, invernadero, gallinas, conejos y otros animales, para que los pequeños estén siempre en contacto con la naturaleza”.

Las tías sirven como fuente de información y experiencia, estimulando el aprendizaje de los párvulos y guiándolos, otorgando el máximo de herramientas para que el menor desarrolle sus virtudes en un ambiente grato, donde es el protagonista de su aprendizaje.

Actualmente, el jardín cuenta con tres casas: en Huertos Familiares, en Lomas de San Andrés y en Pedro de Valdivia, atendiendo a pequeños de dos a seis años.

Claudia Quiroz junto a sus pequeños del jardín Azucarcandía