La cultura de la basura

Un océano de plásticos

En el ajetreo de la vida diaria no percibimos la destrucción que ocasionamos al planeta. Solamente en Concepción se generan ocho mil toneladas de basura al mes, las que se podrían reducir considerablemente cambiando y adoptando algunos hábitos, esenciales para disminuir nuestra huella por el mundo. Más aún, cuando el Gran Concepción es una zona costera, en la que gran parte de nuestros desechos y malas costumbres causan gravísimos daños.

Por Cristina González Gaete.

Las bolsas plásticas demoran cuatrocientos años en degradarse, ¿Nos habíamos fijado en cuantas de ellas eran envueltas nuestras compras? o ¿en qué empaque vienen los productos y alimentos? Promulgada la ley de prohibición de bolsas plásticas, la población chilena se enfrentó a evidenciar cuánto dependía de ellas, siendo esta sólo una de las tantas aristas de la basura que generamos diariamente. En promedio, un penquista produce un kilo de basura por día, mientras que mensualmente, se recogen entre 7.500 y 8.000 toneladas. “En esta cifra se incluyen la recolección de residuos domiciliarios, barrido de calles y ataque de micro basurales a la ciudad”, acota el director de Aseo y Ornato de la Municipalidad de Concepción, Jorge Silva. Y, desde la Dirección de Medio Ambiente, Jesús Yáñez, ingeniero ambiental, aporta otro dato alarmante; en total de todo lo que se recoge al año, a nivel domiciliario, el promedio fluctúa entre las 100 y 110 mil toneladas al año. Estos datos, cambiarían con la nueva ley de plástico, que comenzó a generar modificaciones desde su promulgación; la primera, preguntarse cuáles eran nuestros hábitos y conductas.

El cuestionamiento es simple, jóvenes empaquetadores de supermercados opinan que el comportamiento de los clientes transita entre la agresividad y la aceptación, “se molestan porque no podemos entregar más de dos bolsas, rara vez andan con las de género”, comenta Paulett Roa. Similar opinión comparte su compañero, Julio Barría, “es como extremista, hay personas que reaccionan muy bien, agradecen el cambio, y otras son muy agresivas, como si nosotros no quisiéramos darles bolsas”. El problema es que aún estamos en ciernes sobre el dilema medioambiental, es un cambio lento, pero que comienza a implantarse de a poco en la sociedad, “hay mucha gente que está sensibilizada sobre el tema. Hay un rango de edad entre unos 25 a 35 años que está más consciente, buscan información y reciclan en su casa, pero es un porcentaje bien mínimo”, expone Jesús Yáñez.

Contaminación marina

A principios de año, a través de una investigación realizada por la organización Científicos por la Basura, se dio a conocer el gran problema de las costas en nuestro país. Los residuos marinos antropogénicos, compuestos en su mayoría por plástico, vidrio, metales, papeles y colillas de cigarro, afectan a las playas de Chile; siendo las de Antofagasta e Iquique las más contaminadas. Mientras que Antofagasta, tiene 13 unidades de residuos marinos antropogénicos por metro cuadrado, Iquique 0,8. Y, si bien, la Región del Biobío no se encuentra dentro de las playas más contaminadas del país, la realidad no es ajena, todos los años toneladas de basura terminan en el océano, generando graves daños al ecosistema.

Uno de los residuos más comunes y que ha estado presente, solo desde la mitad del siglo XX en adelante, es el plástico; este, tiene gran incidencia en la fauna marina. Por ejemplo, según National Geographic, citando cifras proporcionadas por Greenpeace, en el mar Mediterráneo las cifras son alarmantes, un 69% de alimentos marinos está contaminado por microplásticos, partículas con una dimensión máxima inferior a cinco milímetros. Aunque en opinión del Dr. Mauricio Urbina, investigador del Departamento de Zoología de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción, el plástico es un excelente material, con propiedades que han ayudado al desarrollo de la humanidad, permitiendo grandes avances en medicina, aeronáutica, tecnología; exageramos en su uso, dándole una utilidad indiscriminada.

El plástico recién comenzó a ser fabricado en la década de 1950. Por eso, para Mauricio, hasta hace unos diez años atrás, no era un dilema latente, “nunca se escuchó que los océanos estaban llenos de plásticos. Ahora, gran parte de nuestro trabajo como científicos es tratar de determinar cuánto hay y abordar la magnitud del problema”. Toda la producción de este material, desde sus inicios, aún persiste en nuestros ecosistemas, siendo preocupante su presencia en la fauna marina, en especies como choritos, ostras, cangrejos, tortugas, aves y ballenas.

Mauricio explica que miles de toneladas de plásticos desechables llegan día a día a vertederos, donde; debido a la acción de los vientos, radiación solar y lluvia, además de los animales carroñeros, el plástico es fragmentado y transportado a ríos, lagos y finalmente a océanos. Allí, los livianos flotan, mientras que los pesados se hunden e integran a los sedimentos. Estos fragmentos pueden ser filtrados por moluscos y ser confundidos como alimentos por peces, langostas, cangrejos, aves, tortugas y cetáceos. Fauna marina, que puede ser alimentos de otros; y, así sucesivamente, llegando a nuestros platos.

Sin embargo, la solución a esta problemática puede comenzar desde el consumidor. “Hoy en día, estamos en una era de comprar y desechar”, opina María José García, directora ejecutiva de Fundación El Árbol, parte de la alianza internacional Basura Cero; “yo diría que una gran cantidad de personas compran cosas que son innecesarias o se resguardan en la comodidad”. En su opinión, si el mercado no entrega las posibilidades de disminuir nuestros residuos, tenemos que preocuparnos e idealmente separar, segregar, limpiar y reciclar. “La mitad de la basura domiciliaria es casi toda orgánica y eso lo puedes compostar en tu casa, como abono para tus plantas, reduciendo a la mitad lo que se va al relleno sanitario”. Lo que queda, aproximadamente el 40% de ellos son reciclables; papeles, cartones, botellas, vidrio y latas, “si tú te preocuparas de segregar tus residuos e ir cada dos semanas a un punto limpio a dejarlos, se puede hacer la diferencia”.

Lo más difícil de abordar, es la comodidad que genera nuestra cadena productiva, “se ha transformado en algo demasiado cómodo y amparado por nuestra legislación”, comenta Mauricio. Para él, la clave está en su uso, no en el abuso. Nos hemos mal acostumbrado a utilizar plástico desechable, cuando no es necesario.

Ser el factor de cambio

En 2014, Hualpén fue la primera comuna en la Región en implementar la eliminación de bolsas plásticas de forma progresiva. “Hoy evidenciamos un retiro de más 33 millones de bolsas al año, esto sólo considerando las grandes tiendas, sin incluir los almacenes. También hemos visto una disminución de residuos plásticos volátiles en las redes de aguas lluvias y alcantarillado, calles de la comuna, en árboles y ecosistemas, incluidas las riberas de la costa y del río”, comenta Katherine Torres, alcaldesa de Hualpén.

Y, en este proceso de reciclar, reutilizar y reducir el consumo de basura, varias personas dan el paso de llevar una vida más sustentable con el medioambiente. Camila Silva, creadora del blog “No me da lo mismo”, comenzó a principios de 2016 a reducir su basura conscientemente, “esta no es una campaña contra el plástico exclusivamente. Yo aún lo utilizo en muchas cosas, no me parece que sea el demonio, el cambio de mentalidad va hacia el concepto de desechable”, para ella, más que modificar un hábito, es un camino a reordenar qué y cómo se consume. En la misma dirección que Camila, se encuentra Francisca Amenábar, con el blog “Lo que más puedo”, organizando en contenedores sus residuos, “eso te obliga a revisar tus hábitos, lo que estás consumiendo y comprando”, siendo tan o más importante la sustentabilidad, preguntarse cómo se generaron esos productos y la cadena productiva detrás de ello.

Si bien el proceso puede comenzar en solitario, para Patricia Reina y Fernando Gómez de “Vivir sin plástico”, tomar la decisión fue mucho más fácil en pareja, “nos creó complicidad. Nos poníamos retos entre nosotros, por ejemplo, a ver quién generaba menos residuos en un mes. Íbamos en búsqueda de tiendas nuevas donde comprar, investigábamos recetas de productos de limpieza y de cosmética”. Y, aunque el plástico, es una de las tantas aristas de la huella que dejamos como seres humanos por el mundo, comenzar a cuestionarnos es el primer paso. El inicio de un camino para lograr una vida más sustentable para nuestro planeta.

Zero Waste

Una alternativa para comenzar a reciclar, es la que realizan Camila e Ignacio López, creadores de Zero Waste. “Lo que hacemos es explicar lo que se puede reciclar, entregamos un contenedor y un balde de 20 litros con bolsas compostables y vegetables, pasando una vez por semana a retirar sus residuos a domicilio”. Cuando se obtiene el abono, después de unos tres o cuatro meses, “se lo entregamos a ellos, como producto final”, explica Camila; devolviendo los desechos orgánicos a la tierra mediante el compost y lombricultura.

Sólo en septiembre de este año reciclaron 1.628 kilos, “todos los granitos suman”, acota Ignacio. Zero Waste, se encuentra en Concepción, San Pedro de la Paz, y otras comunas.

 

Comprar a granel

El propósito de disminuir la basura también está presente en el comercio. Ese es el caso de Color Local, negocio en el centro de Concepción, quienes comenzaron a fomentar la cultura de no crear mayores desechos de cualquier tipo y vender a granel, trabajando con una red de campesinos de la región, “la gente viene acá con su tupper o su bolsita de género”, comenta Macarena Zambrano, una de las dueñas de Color Local.

Macarena, en conjunto con Melissa Torres, tratan de reducir y reciclar todo lo posible, “evitamos el empaquetado. Tenemos muchos frascos de vidrio, el vinagre lo vendemos a chorro y usamos la pesa en tara”, explica Macarena. Tal como antaño.