La batalla no está perdida

“El Museo Stom ha sido el amor de mi vida”

La quijotesca lucha de Tomás Stom dio una señal de alarma cuando anunció los problemas económicos que enfrentaba para mantener su museo. Luego de 30 años, cerraría las puertas de un espacio que recibe cerca de siete mil personas cada año y alberga diez mil piezas históricas aproximadamente, entre las que se encuentran cámaras fotográficas, tocadiscos, vitrolas, cerámica de Lota, platería y textiles mapuches, carruajes y la colección de óptica más grande de América. Sin embargo, en su batalla pareciera no estar solo, él asegura que existen las intenciones por parte de las instituciones para mantener el Museo Stom. “No es definitivo que se cierre por completo, pero si por algún motivo no conseguimos financiamiento, habrá que ver las colecciones, entregarlas a otros museos, porque yo no puedo seguir manteniéndolo”.

Por Cristina González G. | Fotografías: Francisco Méndez R.

Se podrían pasar horas, volver varias veces y aun así pareciera que no se recorrió la totalidad del Museo Stom. Cada pieza tiene una historia y un relato de cómo fue obtenida. Tomás recorre las instalaciones con una anécdota por contar en cada uno de los objetos que albergan las salas. “Yo me quedo siempre hasta las doce de la noche restaurando piezas. El museo tiene diez mil piezas, de las cuales habrá diez donadas, todo el resto fue comprado por mí. Recorrí Chile de punta a punta, de Arica a Punta Arenas”.

Óptico, reportero gráfico y con especializaciones en museografía, a sus 78 años, Tomás Stom, evaluó seguir adelante con lo que considera su mayor amor. Uno que tenía un costo mensual de tres millones de pesos, “yo este museo lo mantengo de mi bolsillo. Es totalmente ilógico que una institución cultural y de educación esté pagando contribuciones, financiando el personal, la mantención. Y, además, también hay que conservar los objetos, el mismo galpón ya está en mal estado”.

Objetos con historia

Durante nuestra visita, Tomás estaba ad portas de viajar a Santiago a la inauguración de la exposición América, tierra de jinetes, del Centro Cultural La Moneda, que estará disponible hasta marzo del 2019. Él facilitó parte de su colección para la muestra, lo que ya ha hecho anteriormente y le ha dado la oportunidad al Museo Stom de viajar al extranjero. Sus colecciones se han presentado en Suecia, México y Argentina, además de otras partes de Chile.

¿Cuándo comenzó a coleccionar?

Cuando era niño, coleccionaba cajetillas de fósforos, de cigarrillos, así como todo el mundo. Mis hermanas reunían cartas de menú de restoranes, hoteles, servilletas especiales.

Mi mamá me regaló una colección de estampillas valiosísima que había heredado, yo encontré que aquí estaban perdidas y se las regalé a mi hermana, ella a una sobrina; están en Santiago, bien conservadas. Para mí un objeto con historia es una pena que se deteriore, yo siempre me quedo hasta tarde trabajando, restaurando piezas, hay amigos que me dicen: ‘Tomás, tengo una vitrola que está mala’, y yo les respondo que me la traigan, yo la reparo. Generalmente no cobro nada, porque salvar un objeto que tiene años, para mí es importante.

¿Usted consideraría dividir las colecciones del Museo Stom?

Es preferible. Para exponer, por ejemplo, las colecciones de pinturas y dibujos que poseo, necesitaríamos 1.200 metros cuadrados. Podría haber un museo solamente de pinturas, otro de óptica, cerámica de Lota, da para mucho.

El ideal sería que aquí mismo se construyera un gran museo. La parcela en la que está ubicado, pertenece a la Fundación Museo Tomás Stom Arévalo, donde yo doné casi diez mil metros cuadrados, y la idea sería tener un museo de algunas colecciones en buenas condiciones, porque tenemos los objetos muy amontonados. Lo que pasa, es que aquí se colocaron objetos sin un estudio, a pesar de que yo hice cursos de museografía, pero la falta de tiempo obligó a amontonar cosas, lo cual no es un método de exhibición, sino que se debe colocar el objeto en un bonito pedestal, con su historia, quién lo hizo, de qué época es, de qué material está hecho, a qué cultura pertenece, ese es el ideal.

Ya no sigue en pie la decisión de cerrar a fin de mes.

El museo se cerrará para realizar una mantención durante el mes de diciembre. Se va a realizar un catastro de las piezas y ahí vamos viendo, pero se debe hacer una mantención a los postes de madera, a la estructura del museo, si no se refuerza y desinfectamos, se va a caer.

¿Es muy complicado en Chile tener una colección o un museo privado, sin el apoyo estatal?

Es casi imposible, es mucho dinero. El único ejemplo que habría es el museo de Carlos Cardoen en Santa Cruz, pero él tiene hoteles, otros negocios. Es distinto, los demás museos particulares son en campos, lugares que por no ser urbanos, no pagan contribuciones. La mantención es mínima, la que igualmente los dueños realizan con mucho esfuerzo.

Situación financiera

¿Qué significó económicamente para usted, mantener el Museo Stom?

Todo lo he ido adquiriendo pagando de mi bolsillo. Para mantener este museo, tuve que vender propiedades, lo que se convirtió en una locura, en fanatismo. Yo vendí tres propiedades en Chiguayante, un local en Santiago, otro en Concepción; ‘me estoy preocupando, no puedo seguir vendiendo para mantener el museo’, dije yo.

Ahora, el alcalde de Chiguayante está muy interesado, tiene ganas de que hagamos algo, me prometió su apoyo y un aporte de quince millones de pesos anuales durante tres años. El Consejo de la Cultura también ofreció apoyarnos, estamos en ese trámite, de conseguir financiamiento. Además, hay que hacer un catastro de las piezas, lo que no es tan sencillo, hay que ver la historia, la factura, los detalles detrás de cada objeto. Entonces, es complicado.

¿Y qué significó para su vida, emocionalmente?

Mantener el museo ha sido, para mí, el amor de mi vida. Y, como todo amor, tiene sus cosas buenas y malas. Yo he estado casado cuatro veces, tengo muy buena relación con ellas, dos están trabajando conmigo y entre ellas son amigas, pero uno dice: ‘Tomás, tú los fines de semana no estabas en la casa, con tus hijos, sino que partías a comprar un carruaje, por ejemplo’. Imagínate que te digan que hay un carruaje en Cañete; bueno, hay que ir a Cañete, ubicar dónde está el carruaje. Al final llegas a Cañete, preguntas y siempre hay alguien en los campos que te dice, ‘este fundo es de tal familia, pero ellos no llegan hasta febrero, cuando son las vacaciones’. Vuelvo en febrero, voy en un fin de semana, que es cuando la gente se encuentra en sus casas, al final de dos o tres viajes, y preguntarles por el carruaje, los encuentro y dicen: ‘Hablé con mi familia, pero tenemos que reunirnos todos, para ver si hay un acuerdo de vender’. A veces, luego de cuatro idas y venidas, deciden que no lo quieren vender, sino que desean guardarlo como recuerdo familiar. Si lo venden, comienza el regateo y hay que ver cómo llevárselo, conseguir un camión, embalarlo, la gente para subirlo y bajarlo. Al final, si costaba cuatro millones de pesos, termina en cinco. E imagínate que estamos hablando de que aquí hay doce carruajes.

Yo estoy tan mal de dinero, que no quisiera comprar nada. Sin embargo, hace un mes, pensando que esto se iba a cerrar y todo, compré una pieza, que me costó doscientos mil pesos, pero era tan importante la pieza y no quería que se perdiera.

Apreciar antes de perder

¿Cómo fue el apoyo de la comunidad, luego de que se diera a conocer la situación del Museo Stom?

Para mí fue increíble, el apoyo fue tremendo, inimaginable. Chile es un país que tiene pocos museos; si tú lo piensas, ¿dónde está el museo textil de Tomé?, ¿dónde está el museo con la historia del vidrio en Lirquén? No mostramos nuestra historia, siendo que todavía hay gente viva que mantiene el recuerdo y la experiencia de trabajar o vivir alrededor de determinadas industrias o fábricas, entonces es una pena que no tengamos más museos.

¿Cuáles son sus expectativas ahora con el Museo Stom?

Yo creo que el Ministerio de Cultura y la Municipalidad de Chiguayante no van a permitir la desaparición del Museo Stom. Están las intenciones y van a realizar cualquier esfuerzo para que esto perdure, aquí o dividido en otros museos.

El Museo Stom no lo va a querer dejar morir nadie, la gente sabe que esto es importante, cuando tú vas a perder las cosas es cuando las aprecias. Nos damos cuenta de que aquí está nuestro pasado, muestra cómo estamos en el presente y qué proyección tenemos hacia el futuro, es importante eso.