Katherine Wollermann:
un ave fénix que encontró su felicidad en el mar

Una chiguayantina de corazón, que se rebeló contra las miradas de compasión y decidió demostrar que la discapacidad sólo está en la cabeza y no en las limitaciones del cuerpo. La perseverancia e ímpetu la hicieron merecedora de la primera medalla de bronce en el canotaje, al mismo tiempo que compatibilizaba sus estudios de Terapia Ocupacional en la Universidad Santo Tomás. Las 8 horas de entrenamiento diario tiene un objetivo claro: representar al país en Tokio 2020.

Por: Daniela Salgado Parra

Era 1992 y los hits anglo de Guns N’ Roses, Michael Jackson y George Michael se peleaban por alcanzar el top ten de los ranking musicales. Ese mismo año, específicamente el 12 de agosto, Margot Zapata daba otra lucha, comenzar el trabajo de parto que traería al mundo a la segunda de sus hijos: Katherine Wollermann.

Bajo el signo de Leo, nació en la clínica del Sanatorio Alemán, la aficionada por la literatura motivacional, el boxeo y las actividades al aire libre. Según ella, es en esos espacios donde encuentra un suministro de energía, así que puede pasar horas contemplando las bondades del entorno.

Desde niña se caracterizó por vislumbrarse con las cosas sencillas de la vida. Su pasamiento favorito era pasar la tarde con los amigos y sus abuelos. Sus travesuras le valieron más de un reto, cosa que ahora recuerda con alegría y nostalgia.

En la adolescencia práctico diferentes deportes, donde su hobby favorito era el atletismo y las clases de danza árabe. Con respecto a los estudios se califica como una alumna normal, no sobresalía del resto ni era la última de la clase pero, por cierto, era una de las que contribuía para que las jornadas en las aulas fueran menos extensas y agotadoras.

Su dulce voz y un excelente sentido del humor, fueron factores que confluyeron al momento de encontrar amigos, así que durante años contó con una larga lista de ellos. Por una parte, estaban los de la infancia, le seguían los del colegio y más de grande, sumó a los de la educación superior, aunque afirma que fueron los primeros los que más la marcaron: “me provocó nostalgia recordarlos porque pasamos momentos increíbles”, afirmó.

Dicen que en las necesidades se ven a los verdaderos amigos y, justamente, luego que en 2012 quedara tetrapléjica a causa de una negligencia médica, perdió el contacto con muchos de ellos, pero se quedaron cuatro a los que no se cansa de agradecer.

A los 19 años, debió enfrentar la prueba más dura, una negligencia médica la dejaría en una silla de ruedas de por vida. Pero lejos de frustrarse o darse por vencida y tras probar con varios deportes, descubrió que el canotaje estaba diseñado para ella y con él no sólo quedaría dentro de un podio sino que contribuiría a cambiar la mirada de la discapacidad.

Entre sus logros está ser la primera chilena en ganar una medalla de bronce representando al país en su disciplina. Reveló que “al principio ni nos miraban en las competencias” pero gracias a su desempeño, la muletilla del “po”, tan característica del penquista, está dando la vuelta el mundo, con una cara y una voz inconfundible.

Katherine, afirmó estar casada con el canotaje y que “si debo morir quiero que sea en el agua, haciendo lo que más me hace feliz”.

Una niñez en medio de la naturaleza

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Me llena de emoción recordar mi infancia y no porque no lo haya hecho nunca, sin embargo no es algo que se haga todos los días o por lo menos no con tanta profundidad.

“Esa etapa de mi vida, la atesoro con gran cariño porque era una niña muy feliz que disfrutaba con los pequeños detalles de la vida. Recuerdo que jugaba mucho con mis abuelos y los viajes al cerro con mis primos. Me encantaba jugar a la pelota y comía moras por montones. También estaban los viajes en familia a la playa y a mi abuelita de fondo retándome por alguna travesura que había hecho”, detalló entre risas.

¿Eras de tener varios amigos?

Tenía varios pero luego de quedar en silla de ruedas mi círculo se redujo bastante. Ahí me di cuenta de las personas que realmente eran amigos, en cambio hay otros que pasan por tu vida pero son circunstanciales, pero no juzgo la decisión que tomaron ya que cada uno toma sus determinaciones en base a lo que cree está mejor.

¿Y qué relación tienes con los que sí se quedaron?

Son cuatro los que mantengo de aquella época. Con mi amiga de Kinder siempre nos vemos, al igual que con la de segundo básico y de la enseñanza media. Ellos han estado en los mejores y peores momentos de mi vida, así que saben lo importante que son para mí y que siempre estaré para ellos.

¿En qué Colegio estudiaste y cómo fue ese periodo?

Estudié en la Congregación Inmaculada de la madre Paulina, ubicado en Chiguayante, de 2do básico a 4to medio. Éste quedaba a sólo dos cuadras de mi casa y donde destaco los buenos profesores, además de que fue ahí donde hice mis verdaderas amistades.

¿Qué es lo que más te gusta de la Región?

Me gusta todo lo relacionado con mi deporte, o sea, las lagunas y el contacto con la naturaleza. Ahora una de las características del penquista es el acento, lo que a su vez, me ha valido para diferenciarme del resto, sobre todo cuando voy a competencias fuera del país. Los brasileños, por ejemplo, siempre me molestan por el po’ y por los modismos, así que les tengo que estar explicando nuestros dichos. Eso es chistoso.

¿Y Chiguayante?

Antes Chiguayante era la ciudad dormitorio, así le decían, porque no tenía mucha actividad, pero luego que la nueva administración asumirá el municipio, las cosas han cambiado notoriamente. Ahora se les da más énfasis al deporte y la cultura, y se abren los espacios públicos con actividades dirigidas a grandes y chicos. La comuna dejó de dormir para estar constantemente despierta.

El alcalde ha realizado varias ceremonias para conmemorarte, ¿qué significa eso para ti?

Es súper lindo porque es el lugar donde nací y me crié, así que todos me conocen y lo otro, porque uno trata de aportar en cambiar la mirada con la que se les ve a los discapacitados, como si no pudiéramos hacer todas las cosas y eso no es así. Entonces, al final queda una enseñanza que si yo pude, ellos también pueden hacerlo.


Un cambio de vida

En 2012, Katherine, llegó al Hospital Regional por un cuadro de tos y fiebre. El propósito de ella, era que le inyectaran penicilina benzatina para volver a su casa y seguir los planes de ingresar a la educación superior. Pero lejos de eso, tras pasar siete meses internada, abandonó el recinto hospitalario con trastorno psiquiátrico y tetrapléjica.

¿Recuerdas cómo ocurrió eso?

Pensé que podía ser un resfrío y que me enviarían a la casa, pero me dejaron hospitalizada por una posible tuberculosis, cosa que no era. Al poco tiempo me dio una infección urinaria y gastrocolitis que significó una deshidratación profunda y así se fueron desarrollando otras que se generaron intrahospitalariamente. Fue en febrero cuando las cosas comenzaron a tomar otro rumbo.

Un mes pasó para que los pies de Katherine, comenzaran a hormiguear y posteriormente a sufrir de calambres, hasta que un día los dejó de sentir. El impacto por lo que estaba viviendo le produjo un infarto y fue derivada por 25 días a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Al no saber qué ocurría con ella, le realizaron una serie de exámenes y análisis. Entre la lista está: dos funciones lumbares, biopsia de medula, de 12 a 15 resonancias –de columna, cabeza, entre otras–, pulmonares porque me estaba desangrando por dentro y nadie sabía el origen de ésta. Además, por su descendencia alemana, le hicieron pruebas para descartar alguna enfermedad arrastrada genéticamente.

“Llegaban médicos de todos lados y lo único que encontraron fue que en una resonancia se mostraba una siringomielia en la medula y que en ese momento nadie tomó en cuenta, porque lo único que sabían era que mi cuerpo me estaba atacando y no me defendía por el  exceso de glóbulos”.

¿Por qué decidiste volver a someterte a esos dolorosos exámenes, pero en Santiago?

Yo salí con silla de ruedas del hospital y con trastorno psiquiátrico. Me traté con nueve psicólogos y cuatro psiquiatras, empastillada hasta por debajo de la lengua. Y mi mamá me dijo que no podía ser que no tuviera un diagnostico, así que juntamos dineros, 2 millones de pesos, y nos fuimos a Santiago a la clínica de la Pontificia Universidad Católica. Ahí me volvieron a hacer los exámenes, más un par de otros nuevos y me evaluó una comisión de 10 médicos.

Recuerdo que llegamos a Santiago un lunes y el viernes me dieron el diagnostico.

¿Cómo te dieron la noticia del diagnóstico?

Nos sentamos y nos rodeaban los médicos y me dijeron: te tenemos dos noticias, una buena y una mala. La buena es que tienes Mielitis Transversal Cervical Infecciosa Aguda, inmediatamente pregunté en qué consistía eso. Jamás había escuchado algo similar y me respondieron que era una enfermedad que le daba a una de un millón. Con respecto a la mala, ya era evidente, no volvería a caminar.

La verdad es que a esas alturas ya no sentía nada porque llevaba mucho tiempo en silla de ruedas así que estaba un poco asumido, pero era importante para nosotras saber qué había ocurrido.

¿En qué van las acciones legales que tomaste contra el Hospital Regional por negligencia?

Estamos en un juicio, que nos informaron podría durar ocho años y recién llevo tres, así que aún hay harto camino por recorrer.

Entre la compensación que solicita Katherine, esta cobertura de salud para así mejorar su calidad de vida a través de los años. Además, su objetivo es marcar precedente para que nunca más ocurra algo semejante, porque “si me hubieran dado UCI corticoides, serían menores mis secuelas. Eso no fue el error de un médico sino de todo el equipo de neurocirugía, o sea, 12 profesionales”, recalcó.

¿Qué fue lo primero que hiciste luego de saber el diagnostico?

Nosotras, con mi mamá, salimos a las 11 de la mañana de la clínica. Ésta está cerca del cerro San Cristóbal, así que le pedí a mi mamá que me llevara caminando. Pasamos por la Torre Entel, recorrimos toda la Alameda, casi llegando a Patronato y ninguna hablo, hasta que nos dieron las 6 de la tarde y le dije: mamá tenemos que comer.

Esas horas de silencio, fueron el momento más intimo que madre e hija han vivido, porque sin darse cuenta, respetaron el momento de la otra y se dieron el tiempo de procesar todo lo que les había ocurrido en menos de un año. Ambas centradas en sus propios recuerdos pero más unidas que nunca.

De ahí nos fuimos a comer y mi mamá me dijo: bueno hija, ya tenemos un diagnostico y la vida sigue, no se va a acabar porque estés en silla de ruedas así que hay que darle no más. Le respondí que estaba tranquila pero que necesitaría un tiempo, como un luto.

Tal como se lo advirtió a su madre, Margot, Katherine pasó encerrada en la casa, donde su única salida era ir a la Teletón. De acuerdo a lo que contó, no quería que la vieran porque sentía que la miraban con lastima, pena y compasión y eso no ocurría antes.

Ser un aporte en la Teletón

¿Cómo llegaste al Instituto de San Pedro de la Paz?

Mi mamá hizo todos los papeles para que ingresara a la Teletón y me aceptaron altiro. Ahí lo primero que hice fue rehabilitación y vi otras realidades que eran más graves que las mías y eso fue tranquilizante.

En ese tiempo, los amigos y su madre cumplieron un rol fundamental, convirtiéndose en el principal apoyo para la canotista, porque en general la familia tendió a sobreprotegerla, creyéndola más frágil, cosa que en vez de ayudarla la hacía sentir incomoda y diferente. Es más, el hermano mayor, Adolfo, recién hace dos años pudo tomar la silla de ruedas. “Le costaba mucho verme así. Para él fue difícil”, aseguró Katherine.

De joven querías estudiar medicina pero luego optaste por la carrera de Terapia Ocupacional, ¿a qué se debió ese cambio?

Cuando cursaba la enseñanza media, me gustaba la idea de ayudar a otros a través de la salud, pero me fui decepcionando. Luego, cuando estaba en la Teletón me mostraron las terapias y me hacían hacer ejercicios que parecían tan simples, como abrochar botones de diferentes tamaños, lo cual yo no podía hacer porque tengo hemiparesia en una mano, entonces recuerdo que insistía hasta lograrlo en cambio otros lo dejaban, de daban por vencidos.

Esa carencia me hizo reflexionar que si yo estudiaba Terapia Ocupacional, no me podrían decir: ¡oye, yo no puedo!, porque tendrían como ejemplo que yo sí pude. Para mí, esa es una forma de esperanzar al otro y que tenga más oportunidades.

Las piernas que le devolvió el canotaje

Cuando ingresó a Teletón pasó por varios deportes hasta que encontró uno que la llenaba: el canotaje. ¿Cómo se desarrollo ese amor? y ¿por qué ese y no otro?

El profe de la Teletón hacia varios talleres y fui a todos los que me decían. Al poco tiempo, un par de meses, fui a una olimpiada en Santiago que incluía todas las disciplinas, así que me inscribí en todas las competencias y saqué mis primeras medallas de oro.

Los buenos resultados hicieron que la llamaran de los clubes para invitarla a hacer deporte en sus instalaciones y de nuevo volvió a probar en todos los existentes, incluyendo el velerismo y el canotaje. Dice que el primero no le gustó porque “el timonel es el que te lleva y tú sólo tienes que ir maniobrando la vela, entonces no era muy independiente. En cambio el canotaje, era la autonomía misma porque si no te mueves, nadie lo hará. Eso era para mí un desafío”.

Tengo entendido que uno de tus médicos se negaba a que te dedicases a ese deporte, ¿eso no te hizo cuestionar?

Ah sí, Raúl. Insistí porque no había nada en la vida que me hiciera más feliz. Me pasa que cuando engancho el remo siento que voy caminando, que avanzo. Yo siempre digo que si el planeta fuera de agua no habría discapacidad porque estaríamos todos arriba de un bote y nadie se percataría del otro.


¿Cómo surgió la idea de competir profesionalmente?

Empecé el mismo año, llevaba 3 meses remando y me dijeron: hay un sudamericano en Viña del Mar y me preparé. Pasé de entrenar una vez a la semana a ir 3 veces, hasta que llegó la fecha del campeonato, en diciembre de 2013, y me fui a probar porque esa era mi idea. No llevaba mucho tiempo entrenando así que era, más que nada, ir a aprender.

Las únicas indicaciones que le dieron fue que tenía que alinearse en la pista, salir una vez que exclamaran ¡go!, remar derecho y llegar a la meta. Recuerdo que salí y escuchaba; Kathy, Kathy, pero no entendía nada. Miré a ambos lados e iba sola por lo que pensé que me había perdido, pero no. Había ganado.

Ese triunfo no fue sólo el comienzo de una carrera  deportiva profesional sino una oportunidad para lucir su potencial. Esa presentación le sirvió para ir al mundial de Alemania y sacar el 6to lugar.

¿Hay algún campeonato que te haya marcado más?

El clasificatorio de Alemania para los Juegos Paralímpicos en Río de Janeiro 2016, porque no tenía por donde ya que en Italia salí octava, pero en Alemania se abrieron cuatro cupos más y sabíamos que era un preolímpico, entonces yo me propuse quedar entre las 4 para llegar por merito al torneo, cosa que logré.

Otro es la medalla de bronce alcanzada en el campeonato de la República Checa. Eso es especial porque es primera vez que la disciplina consigue estar en el podio y con mayor razón porque represento a los discapacitados y con eso le demostramos a la sociedad que estamos para cosas grandes y que sólo falta que ellos cambien su percepción hacia nosotros.

¿Cómo es la relación entre los que practican la disciplina?

Fuera del agua es cálida y afectuosa. El canotaje es el único deporte que mezcla los paralímpicos y olímpicos, entonces andamos y competimos con los convencionales. Somos bien unidos, a veces hay barreras que no podemos hacer nosotros y ellos nos ayudan. Es bonita la relación. Es sana.

¿Hay mayor afinidad con algunos países?

Sí. Los de Brasil y Argentina, me vienen a visitar. Y en el caso de los canadienses, polacos y rusos, ellos nos empezaron a saludar cuando ganamos la medalla. Y es que lo ingleses y los rusos son potencias mundiales en lo que es el canotaje, entonces al principio cuando íbamos no nos conocía nadie y más encima éramos solo tres, el entrenador, mi mamá y yo, sin equipo médico y andábamos perdidos como divagando. Entonces luego de lograr un cetro nos echaron el ojo y se acercaron a saludar al entrenador. Como ves, de a poco nos hemos ido ganado un nombre en el extranjero.

 ¿Cómo ha resultado compatibilizar los estudios con los entrenamientos y campeonatos?

Eso es como lo más difícil porque estudio un año y congelo un semestre y así estoy porque la carga académica es alta y las universidades no están preparadas para recibir a deportistas de alto rendimiento. Muchas veces creen que por ser discapacitado, si haces deporte es de hobby y no profesionalmente. Hay profesores que entienden y ceden pero hay otros que no.

“Yo tengo beca 100% pero me complican los horarios, porque entreno de 8 a 6 horas y los estudios son en la mañana”. A eso se le suma, las horas de traslado, ya que entrena en San Pedro de la Paz, luego debe ir a la Universidad, al gimnasio y a la mutual que queda en Talcahuano.

¿Es difícil ser deportista en Chile?

Siento que en los últimos años las cosas han ido mejorando. En mi caso, yo no partí con un bote cero kilómetros ni remos 100% óptimos. Mis inicios fueron con un bote escuela de los años 60, o sea, te habló de una lancha de madera. Entonces para mí, el que quiere puede y el que se lo propone, lo logra. La perseverancia, es la mejor característica que debe tener un deportista, el problema está, en general, en la gente que no es capaz de ver más allá, ver otras opciones.

¿Cuáles son tus expectativas para Tokio 2020?

A diferencia de los otros deportes, el mío depende de diferentes factores atmosféricos. Entonces no te puedo decir, a Tokio 2020 voy a ir a sacar oro, porque de aquí allá pueden pasar muchas cosas, como que el clima cambie, que la densidad de la laguna sea distinta. Sólo sé que en cada competencia doy lo mejor de mí y eso se ve reflejado en el momento.