La mente creativa detrás de Chanel

Karl Lagerfeld: los misterios de un ícono

Con una personalidad irreverente, que durante años desató tanto admiración como críticas, la vida del showman jamás pasó inadvertida, siendo este un motivo más que suficiente para que su muerte tampoco lo hiciera. Por eso, cuando se confirmó su deceso, la industria entera volcó su atención a la partida de un emblema de la moda, que se mantuvo vigente hasta sus últimos días. 85 años de estilo, que solo ahora se pueden afirmar con seguridad, pues su edad fue siempre una incógnita más en la extensa lista de curiosidades que rodean su imagen.

Por Gabriela Bustos P.

Aunque se mantuvo siempre en reserva, ya es de conocimiento público que Karl padecía cáncer de páncreas, y fue ésta enfermedad la que gatilló su muerte el pasado 19 de febrero, en el Hospital Americano Neuilly-sur-Seine de París.

Si bien la fulminante noticia soprendió a todos, fue aún más traumática para quienes compartían labores con el diseñador, y aseguran haber estado trabajando con él hasta un par de semanas previas a su lamentable desenlace. Pero más allá de ser reacciones usuales, la incredulidad y shock que causó la noticia, no son más que el reflejo de una personalidad excéntrica, capaz de dar que hablar hasta la posterioridad de su último día.

¿Qué sabemos de Karl Lagerfeld?

El modisto nació en Hamburgo en 1933. Por simple que parezca este dato, la verdad es que hay una serie de polémicas en torno a él, pues durante gran parte de su vida, Karl aseguró haber nacido en 1938. Su afán por quitarse esos cinco años de edad, solo se vio truncado cuando los medios comenzaron a sospechar que era falso. Fue entonces cuando hace alrededor de diez años reconoció que había un error, y que en verdad había llegado al mundo en 1935; una nueva mentira que se extendería como un misterio hasta el día de su muerte, en que definitivamente se ratificó que, tal como versaba la publicación de su familia tras su nacimiento, este había acontecido en 1933.

Su padre, Otto Lagerfeld era dueño de una compañía de leche evaporada, y su madre, Elisabeth Bahlmann, una excomerciante de lencería, que desde pequeño le inculcó un particular modo de ver la vida, fuertemente marcado por la importancia que atribuía a la estética.

Cuando tenía 12 años, el pequeño Karl se trasladó a Francia para continuar allí sus estudios, y cuando tenía 16 se decidió a trabajar. En ese entonces lo hizo como asistente de Pierre Balmain, su primer contacto con el mundo de la moda, que desataría su talento y en años posteriores lo llevaría hasta niveles, en ese entonces, impensados.

Pero si de ir dando pasos acertados se trata, el káiser, como se le conoce mundialmente, sí que tuvo buen ojo. Lo consiguió cuando comenzó a trabajar como director creativo de Chloé, y tras ello, a colaborar con Fendi, prestigiosa marca en la que trabajó hasta sus últimos días. Sin embargo, fue en 1983 cuando dio su mayor salto, debutando en una de las casas de moda más prestigiosas a nivel mundial: Chanel.


El héroe de Chanel

Tras la muerte de Coco, la insigne marca comenzó a ir en caída, pues no había forma de volver a consolidarla sin la astucia, prestancia y experiencia inigualable de la ídola. Por eso, cuando los dueños le propusieron a Karl Lagerfeld interferir, no le importó lo grande que era el desafío, y con la mayor de las convicciones lo tomó. Al ser consultado por aquella decisión, muchas veces declaró: “Me atrajo la idea de resucitar algo que estaba muerto” ¡Y vaya que lo consiguió! El resultado queda de manifiesto en el reposicionamiento de Chanel, casa para la que continuó realizando campañas publicitarias y fotografías.

Sin duda una vasta experiencia, que lo conduciría a la creación de su propia marca en 1984. ‘Karl Lagerfeld’, es la materialización de una vida de talento y trabajo apasionado, que pone en marcha todo aquello que le motiva, como el diseño, la fotografía, la edición, ilustración y una serie de ramas que definieron su ferviente interés por la cultura. “Todo influye de alguna manera”, solía decir el astro, revelando que su secreto estaba en mirar todo, olvidarlo, y luego rehacerlo a su estilo.

Y si de observar se trata, hay un elemento que no se puede dejar pasar: sus gafas de sol. A muchos llamó la atención que este accesorio lo acompañase siempre, tan incondicionalmente como su cabello recogido en una cola tirante. La explicación es un tanto confusa, porque si bien reconoció que las utilizaba porque prefería mirar a ser mirado, hubo un evento que gatilló su indispensabilidad.

Según declaró el káiser, todo parece haber comenzado una noche en un club, en la que compartía con una amiga. De pronto, se acercó un celoso ex novio de la chica, que le arrojó líquido a la mujer, y dejó caer el vaso de vidrio sobre el rostro de Karl. Afortunadamente, el diseñador andaba con lentes, producto de su ligera miopía, y con ellos evitó que este altercado dañara sus ojos. Fue en esa ocasión en la que declara haber comprendido el valor de su vista, y a la vez, la seguridad que proporcionaban las gafas, que, desde entonces, lo acompañaron por 51 años, tanto en eventos diurnos como nocturnos.

Un temperamento polémico

Pero si de rasgos notorios se trata, hay muchos que escapan a lo estético, y están ligados directamente a su particular personalidad.

Para nadie es secreto que Lagerfeld fue siempre un hombre con opinión, y que además le gustaba dejarla de manifiesto, sin importar las repercusiones que podían tener dichos como: “las madres gordas que se sientan frente al televisor con sus bolsas de patatas fritas, son las que dicen que las modelos delgadas son feas… pero nadie quiere ver mujeres gordas”; o “en un mundo carnívoro, en el que se visten zapatos de piel e incluso prendas, la discusión sobre las pieles es infantil”; y en cuanto al atractivo “la vida no es un concurso de belleza, algunas (personas feas) son geniales. Lo que odio es la gente desagradable y fea. Lo peor son los hombres bajitos. Las mujeres pueden, pero en los hombres es imposible. Nunca se lo perdonarán en la vida. Serán malvados y querrán matarte”.

Fueron frases de esta calaña las que gatillaron que tras su deceso, hubiese tanto lamentos como celebraciones. Y es que de un modo respetuoso, no faltaron las personalidades, u organizaciones como PETA, que no dudaron en manifestar que más que despedir a un ídolo, se despedía a un ser misógino, cruel y superficial.

Una de las mayores señales de su obsesión con el peso, se dio en 2002, cuando tras seguir una estricta dieta, logró perder 36 kilos en 13 meses. ¿Para qué? «De repente me quise vestir diferente, usar prendas diseñadas por Hedi Slimane». El resultado, muy evidente, acompañó su look durante los últimos años, y lo llevó a criticar deliberadamente los que a su juicio, eran pesos excesivos. En este contexto fue que desató una de las más recordadas polémicas del último tiempo, cuando en 2012 declaró que la cantante Adele estaba “demasiado gorda”.


Su extravagante legado

Desde hace años se sabía que su muerte no dejaría indiferente a nadie en la industria. Lo que no estaba claro eran sus deseos más íntimos para ese momento, pues siempre mantuvo toda organización en reserva. Por eso causó sorpresa que sus deseos explícitos, fuesen que no hubiera ningún tipo de despedida u homenaje cuando partiera.

Sobre su testamento, existe absoluto hermetismo, pues jamás estuvieron claras sus relaciones, o al menos no el nivel de compromiso que sentía. Lo que sí fue evidente siempre, e incluso lo manifestó en reiteradas ocasiones, fue la importancia que atribuía a su gata Choupette, ícono en redes sociales, que por extraño que parezca, hoy puede ser su máxima heredera. Se presume que Karl dejó a sus ciudadores una innumerable riqueza, que aseguraría una vida lujosa para la gata. La actitud puede parecer extraña, pero aunque todo en su vida lo era, no debería causar tanta rareza, pues ese hombre muchas veces cruel y despiadado, sentía una fascinacion absoluta por su pequeña compañera; tanto así que en más de una ocasión reveló lo que significaba: “Choupette es el centro de mi mundo”.

De alguna manera, el astro de la moda supo cómo dar que hablar hasta el último de sus días, pudiendo ir incluso más allá de ellos. ¿Cuál fue su fórmula? “Hay que tener sentido del humor y ser algo irrespetuoso: eso es lo que necesitas para hacer que la leyenda sobreviva”, confesó hace un par de años, augurando lo que hoy es su mayor legado.

Última colección de Karl Lagerfeld para Fendi AW 2019-20