Alma imparable

Karen Blau, la potencia de una mujer de mar

La empresaria, surfista y creadora penquista, nos contó sobre su vida, proyectos, la importancia de su pilar familiar, y los grandes costos del éxito que la rodea, el mismo que la he llevado a convertirse en una destacada exponente del surf local y embajadora de importantes marcas, con gran éxito en el mundo de la moda.

Por Virginia Torres M. / Fotografías: Francisco Méndez R.

Esta amante del mar sintió siempre una conexión especial con las olas. La marea le entrega una sensación de tranquilidad única, que desde niña le llamó la atención. Fue su mamá quien buscó conectarla en ese sentido, con esa onda surf que hasta ese momento parecía no interesarle tanto. “Ella era la que me trataba de imponer esta moda, desde muy niña. Recuerdo que tenía unos ocho años y ya me hablaba de la marca Roxy, me llevaba a una tienda acá en Conce y me mostraba las poleras, yo en realidad no estaba muy convencida, hasta que un día me dijo mira, y había un cartel gigante con unas surfistas en la playa, y fue eso lo primero que llamó mi atención, el mar que reflejaba esa imagen (…)”.

Ingeniera comercial, diseñadora y surfista, Karen Blau ha demostrado que se puede tener éxito si te lo propones, pues su facilidad para los negocios mezclada con el gran talento que posee como diseñadora, ha motivado a grandes marcas a tenerla entre sus creadoras e influencers, una de ellas es Maui and Sons. Por otra parte, sus imparables ganas y ahínco por lograr siempre nuevas metas, la han llevado a ser una triunfadora, ya a los 27 años.

El surf, el mar

En Chile, el surf es un deporte que se ha desarrollado masivamente durante la última década, y si bien nunca se imaginó surfeando, fue en un viaje a Maitencillo en el que tuvo la primera oportunidad de acercarse a este deporte. “Fue increíble, todos se paseaban con tablas, trajes, había escuelitas, la verdad no lo podía creer, todo lo que había visto tan lejano estaba ahí, tan cerca”, recuerda.

¿Desde siempre eras buena para meterte al mar?

No, si bien me gustaba, yo no era de nadar en el mar o tirarme piqueros, lo hacía pero con harto respeto, entonces cuando vi todo esto me dije “tengo que estar ahí” y me puse a buscar entre unas cinco escuelas que habían, hoy seguro hay mucho más, busqué al mejor profesor, el que tuviera más experiencia o más años en esto, porque obviamente estaba lleno de minos, de pelusones que querían hacerte clases, pero cuando les preguntabas no llevaban ni un año (…).

En aquel tiempo estaba pasando por un mal periodo emocional, por eso encontrarse con la posibilidad de practicar surf, le ayudó a ponerse nuevos desafíos que le permitieron superar esa etapa. “Había pasado por un periodo de crisis de pánico y había sido súper heavy, entonces vi como una prueba poder meterme al mar, porque piensa que en ese momento uno no sabe nada, cuando te metes, si te revuelcas, no sabes cómo es, o si la tabla vuela, qué va a pasar, entonces fue un desafío y un gran sacrificio, porque tenía muchos temores y angustias, pero los pude superar y fue muy gratificante”, recuerda.

Karen buscó entre las posibilidades hasta dar con un argentino que tenía cerca de 14 años de carrera. “Lo importante de esto es cómo te desenvuelves en el mar y él seguro me iba ayudar con eso, cuando entramos al agua le pedí que por favor nunca me dejara sola, me dijo que me relajara y recuerdo textual cuando dijo “si con el traje flotás”, y yo quedé mucho más tranquila. Hasta que me soltó y me pegué el primer revolcón de mi vida y al salir a flote me dijo “¿viste, te pasó algo?, ahora vamos a tratar de correr una ola”… me paré en la tabla a la primera, y ¿sabes qué?, tengo congelado ese momento en mi cabeza, de ahí nunca más me detuve, seguí siempre con clases, porque hay que estar siempre preparándose, tienes que controlar el miedo, nunca dejar que te supere, es heavy y tiene su proceso.

¿Cómo te sientes hoy después de cinco años practicando surf?

Siempre he sido súper humilde con todo lo que tengo y hago, y creo que estoy en una etapa en la que recién estoy diciendo “yo valgo esto, yo puedo hacerlo”, porque siempre he sido súper positiva, aunque tiendo a aminorarme cuando alguien me tira muchas flores y creo que eso se ha dado porque me ha tocado enfrentarme como mucho bullying en el colegio y con cierta mala onda durante estos años. Sin embargo, eso no me impide reconocer que para el surf tengo una habilidad y me resulta aprender más rápido que al común de la gente. Y, bueno, como tengo eso de que cuando quiero hacer algo lo consigo, no existe un no por respuesta para mí y siento que todo se puede en esta vida, creo que he me superado muy rápido, y ya a los cuatro meses de empezar a practicar estaba surfeando como alguien que lleva tres o cuatro años haciéndolo. Me siento bien con eso.

¿Cómo describes esa relación que has desarrollado con el mar?

Siento que el mar es un lugar que te limpia, es un tremendo alivio mental, liberas las malas ondas, la sal te limpia y te recargas de energía, porque es muy distinto que vayas a meterte al agua, todo rápido, sin agradecer nada… si no te conectas no sirve, me ha pasado que he estado dos semanas seguidas en la playa y te juro que han sido mis mejores momentos.

Pasados cinco años desde esa primera aventura, camino que ha recorrido junto a su pololo Matías, quien partió surfeando cuando no existían escuelas en Chile y ha sido clave durante esta etapa. “Recuerdo estando en el mar que me decía ‘ven acá, ¡tú puedes!”, y yo con harto susto, pero insistía, enojado chapoteaba y me decía ‘¡nada hasta acá!’ cuando llegaba me preguntaba si estaba bien y me alentaba a tomar la ola, ‘vas a tomar la mejor ola’, así me demostró que en verdad no iba a pasar nada, él sabía mi nivel, y te juro que el avance fue muy rápido”, dice orgullosa.

El diseño y su marca 

Pero su faceta deportiva es solo una de las aristas que Karen Blau ha desarrollado en su vida, pues el diseño de vestuario y su marca Caledonia Swinwear, le han permitido mezclar su amor por el surf, la moda y los negocios.

¿Cómo has vivido la experiencia creativa en el mundo de la moda?

Siento que es un mundo súper competitivo y es bien penca en realidad, cosa que en el surf también se da mucho, envidia y mala onda (…). Pero en verdad yo soy bien de energías y a veces realmente te cansas de estar acá y darte cuenta de que la gente realmente es así. Me abruma mucho la estupidez, que se genere tanta competencia, porque creo que en el mundo de la moda ojalá pudiéramos mostrar nuestros diseños y diseñadores, ojalá nos apoyemos, porque Chile es enano, pero afuera el mercado es gigante.

En ese sentido, ¿cómo sientes que es el chileno?

El modo de competencia del chileno, es de copia y de poca creatividad, es súper heavy en ese sentido. Pero estoy tranquila, porque en todo lo que he hecho me he sacado la cresta. Y, claro, pueden decir, pero mira tú vida social, sin darse cuenta que es una pantalla necesaria para lo que hago. Siempre trato de mostrar mis diseños de forma muy profesional, pero eso me significa también mucho esfuerzo, no es fácil ni gratis.

¿Qué te provoca esto? Vivir en un país que sientes que no avanza…

No sé, es que tengo tantas cosas encontradas en mí, aún no tengo claro para dónde voy, qué haré, en este momento me siento así, con muchas dudas y no lo tengo claro… Ahora estoy en la parada de decir ¿qué hago?…

Sentada con una calculadora haciendo sumas o jugando al negocio con su hermano, así se recuerda a los cuatro años, momento en ya dejaba huella su interés por los negocios. Su madre, también empresaria, le heredó esa facilidad comercial, y ha sido su apoyo constante, desde que a los 17 años empezó a realizar sus primeros emprendimientos.

Por otra parte, asegura que ese lado artístico que se le da tan bien, viene de parte de su padre, el conocido pintor chileno Jorge Blau Astraín. “Es totalmente un hippie y creo que de él heredé ese lado creativo”

Asegura que le ha ido súper bien con su marca Caledonia Swinwear y que en paralelo trabaja fuertemente en su línea de diseño de ropa, la que llama simplemente Karen Blau. “Hace algún tiempo me hice un Instagram llamado @seasoul_kblau, donde empecé a subir todos mis diseños y me fue demasiado bien, empezaron a llegar muchos mensajes y a sumar seguidores, y fue como ¡qué bien! Un día me preguntaron por un diseño y le dije “te lo puedo hacer a medida”, o sea ¿quién hace a medida?, y a la gente le gustó mucho”.

Dije, los colores los voy a teñir, como trabajo fibras naturales, algodón, lino… si revisas ese Instagram, ya a principios de 2017 tengo algunas publicaciones de prendas con lino, porque en 2016 ya estaba pensando en trabajarlo, porque eso es lo otro que tengo y es súper heavy, y puede que pienses que estoy loca, pero en serio que siempre me adelanto a la moda…

¿Cómo es eso?

Por ejemplo, se me ocurrió hacer una línea bordada bien ochentera y al tiempo se puso de moda todo lo bordado, entonces le comenté a mi mamá “estoy cachando que tengo este don” – ríe-, después te juro que pensé, apuesto que va a venir todo lo vaquero y así fue. Desde junio pasado trabajé para Mossa Zapateros en una colección en la que aposté por hacer botines, les dije “vamos hacer botines, botines que se usen todo el año”, les pedí que confiaran y realicé todo el contenido de la línea y los diseños, además incluí el estilo vaquero, me dieron la libertad y hoy podemos ver que es lo que está de moda.

¿Qué es lo que más te gusta de tu faceta de diseñadora?

Me encanta el diseño, porque es algo que también me sirve para potenciar el resto y a veces siento que lo necesito… siempre le digo a mi mamá que debieran contratarme como ampolleta -ríe-, pero la verdad es que es difícil canalizar todo, cada proceso. Ha sido un gran esfuerzo desde el principio, incluso porque yo confecciono en Perú, donde tengo que viajar constantemente.

¿Qué es lo que ha sido fundamental durante este camino emprendedor?

La familia. Sin duda, mi familia que ha estado ahí siempre, mi mamá Jeanette Osorio en la parte comercial, mi hermano Jorge Sebastián, que es publicista, en el diseño gráfico, la pareja de mi mamá que es casi como mi papá, me ayuda en toda la parte tributaria y la página web. Incluso todos han tenido que ir aprendiendo cosas nuevas para sacar adelante este proyecto. Por eso, soy una convencida de que cuando algo realmente te gusta tienes que darle con todo, porque al final todo lo aprendes en el camino y hay que atreverse.

Muy crítica de la realidad que vivimos frente a las redes sociales, Karen Blau no comparte la sobreexposición que hoy en día viven algunas figuras. “Siento que la gente está muy cegada, no perciben la esencia y para ellos es súper importante ver el rol y la vida de otro, no siento que sea un aporte ver a alguien haciendo ejercicio en un gimnasio o en un casting, yo no podría (…) y eso es lo que me molesta un poco de las redes sociales hoy en día. Muchas veces empresarios me dijeron “oye si tú no tienes necesidad, por qué no eres you tuber”,  pero no, no me interesa ese formato. Sí, me gustaría mostrar todo el proceso de mi trabajo, que es una pega tremenda. Todo el proceso creativo depende de tu ingenio, requiere definir prototipos, elegirlos, después elegir las telas, viajar, desarrollar el contenido, definir qué es lo que quieres transmitir, es decir, algo que sea un aporte, algo que motive y mueva a la gente”, explica.

La playa y el futuro

Uno de sus momentos favoritos de la vida, es cuando viaja a playa La Sirena en Curanipe junto a su pareja. Es justamente en la casa de Matías, donde se reúnen a descansar, hacer música y disfrutar simplemente de esta playa, que se ha convertido en su favorita.

Por ahora, espera seguir potenciando sus marcas Karen Blau y Caledonia Swinwear, trabajar sus diseños siempre con un punto de innovación, usando telas con diferentes propiedades y de manera sustentable, inspirada también en la moda australiana, una de sus tendencias favoritas.