Ligada a la política y a la moda, su vestido negro con collar de perlas, sus chaquetas Chanel y los sombreros, son parte de la historia de una de las mujeres fuertes de Estados Unidos.

Por Carolina Yacoman / Ilustración: Josefa Galindo.

Jacqueline «Kennedy» u «Onassis», dependiendo del año y matrimonio con que la asociemos, no necesitaría de esos apellidos para brillar sola. Jackie Lee Bouvier es una estrella en sí misma. Me encanta la idea de abordarla en estas líneas, pues su personalidad y elegancia es algo que, personalmente, me inspira hasta hoy.

Neoyorkina de nacimiento, este año se cumplen 20 años de su muerte. Una vida marcada por la tragedia y la política, pero donde dejó un intenso recuerdo incluso por su agraciado gusto por la moda. ¿Quién no tiene el típico traje negro corte clásico que tanto popularizó o se acuerda de sus chaquetas Chanel y su comentado traje rosa de la misma casa de modas francesa? Eso en lo mundano, porque también hablar de ella hace que se nos venga a la cabeza ese fatídico día de 1963, cuando sostenía arriba de un auto el cuerpo de su asesinado esposo, el Presidente John F. Kennedy.

Pero conozcamos algo de su infancia y juventud. Hija de un corredor de  bolsa de Wall Street, tuvo tres hermanos y desde pequeña desarrolló el amor por su actividad favorita hasta sus últimos días, montar a caballo. Su clase y estilo siempre la distinguieron del montón, siendo destacada tempranamente en una columna de prensa como la «debutante del año», en su fiesta de sociedad.

Con estudios universitarios en Grenoble y Sorbonne en Paris, y en Smith College en Massachusetts, se graduó en 1951 de Bachelor of Arts en Literatura francesa, en la Universidad de George Washington. Un detalle de la época fue su viaje post graduación, que coincidió con el egreso de su hermana de la secundaria, con quien compartió un viaje por Europa, y tras cual plasmó el único libro autobiográfico (incluyó sus dibujos), «One special summer».

A su regreso, se desempeñJK2ó en el prestigioso The Washington Times-Herald como fotógrafa. Un año más tarde, conocería -por intermedio de un periodista amigo en común-  al entonces candidato al Senado, y con quien se casó en septiembre de 1952.

La boda fue catalogada como un gran evento, con más de 1.200 invitados y una producción gastronómica y decorativa de lujo. Nacía así la que se convertiría en la pareja favorita de los norteamericanos.

Entre sus pesares, la pareja debió sortear un complicado estado de salud de John y dos abortos. En 1957 llegó Caroline y en 1960 John John. Un segundo hijo (Patrick) nació prematuramente y murió apenas dos días después.

Pero la carrera de su  marido seguía en ascenso, quien tras vencer a Nixon, se convierte en el Presidente de Estados Unidos y ella por supuesto, en la flamante Primera Dama con escasos 31 años, que la sitúan como la más joven en ostentar ese cargo en la historia de su país. Dicen que nunca le gustó el nombre de su cargo, pero nadie desconoce que sí se vio altamente motivada por la buena vida. Rápidamente la atención mundial se centra en ella por sus bellos trajes de diseñadores franceses, elección que incluso le valió la molestia de sus pares de USA, quienes criticaron su «deslealtad». De ahí a convertirse en un ícono de la moda y las tendencias femeninas, fue sólo cosa de meses.

Jackie y John, eran amantes del arte y del buen gusto. Redecoraron la Casa Blanca, lideraban una nutrida agenda cultural y se codearon con músicos y artistas de la época, dando un giro en el modo de gobernar. Tal vez fue este acercamiento al mundo de las luces lo que entrelazó la vida de su esposo con la actriz Marilyn Monroe, de quien se le atribuye una tormentosa relación extra marital.

Pero esta vida tan intensa fue corta. Jackie estaba sentada al lado del Presidente cuando éste recibió el disparo que lo mató el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas.

Esa imagen recorrió el mundo y también su resiliencia en todo el proceso posterior. Admirada y querida por los norteamericanos y más allá de sus fronteras, su figura se enaltece. También se le ligan amores con Marlon Brando, Paul Newman, Warren Beatty, Gregory Peck y Frank Sinatra en sus años de soledad (mención aparte las biografías que la unen a Bob y Ted Kennedy). Pero no fue hasta cinco años más tarde, que contrajo matrimonio con el armador y magnate griego, Aristóteles Onassis. Para muchos, cobraba sentido su frase «La primera vez te casas por amor, la segunda por dinero y la tercera por compasión».

Conocida fue su mala relación con la hija de Aristóteles y el poco tiempo juntos que se podía apreciar a la pareja. Jackie ocupaba entonces su vida en viajes y compras, y no pasaron muchos años para que su marido le pidiera el divorcio. Pero el destino dijo otra cosa, y enviudó antes de terminar los trámites legales de separación, dejándola con una suculenta herencia.

Sus últimos años, los pasó acompañada de un empresario de diamantes. Y en 1994  se le diagnosticó un linfoma en estado muy avanzado, que terminó con su vida a los 64 años de edad. Murió en su departamento de la Quinta Avenida de Nueva York muy en su estilo, y aunque su cuerpo descansa junto a su primer esposo, su recuerdo sigue vivo en la memoria de millones de mujeres y hombres de todo el mundo.