Estudió leyes en la Universidad de Concepción y entró inmediatamente al Poder Judicial. Fue ministra de la Corte de Apelaciones de nuestra ciudad, siendo su presidenta en el 2003. Recibió varios premios en virtud de su trabajo, pero nunca quiso postularse a la Corte Suprema por sus fuertes objeciones al sistema.

 

Por Cristina González. Fotografías: Estudio Cartel

Aunque está jubilada no le alcanza el día para todo lo que desea hacer. A esta activa abogada chileno – italiana, le encanta leer y viajar. Recorrió gran parte de Asia, África, Europa, viviendo durante un año en una base naval de California, Estados Unidos, debido al trabajo de su marido como médico de la Armada de Chile.foto-10ESTASSI

Con cuatro hijos y nueve nietos, Irma compatibilizó su carrera profesional con la vida familiar. Fue complejo, pero supo balancear los dos aspectos. “Lo más difícil era que en ese tiempo los maridos no eran tan cooperadores como ahora. Había que atender la casa, preocuparse de los niños y de su educación. Pero yo creo que me fue bastante bien. Era pesado, pero valía la pena. Que mis hijos hayan terminado sus estudios y tengan una familia bien constituida es sinónimo de haber cumplido” asegura.

Labor anónima

Esta ex jueza de menores, ex profesora de derecho de varias universidades de la región y pionera en materia de adopciones internacionales en el país;es sumamente critica del sistema de postulaciones en el Poder Judicial, “que tú tengas que recurrir a políticos para que te apoyen y lograr así un cargo, yo lo hallo espantoso.  Tal nombramiento debería ser en base a méritos”sentencia.

De su paso por el Juzgado de Menores, Irma apreció el contacto directo con los niños. Sin embargo su labor judicial fue conocida por la Corte Suprema cuando, al ejercer el cargo de fiscal, hizo uso del recurso de casación en contra de los fallos dictados por la Corte de Apelaciones.

Se dedicó fuertemente a la adopción internacional. Antes de 1965, las leyes contemplaban que el niño adoptado tenía las características de un hijo extramatrimonial reconocido por el progenitor. Sin embargo, los extranjeros mantenían una situación inversa donde el infante se incorporaba como hijo legítimo de la familia. A raíz de esta situación, Irma comenzó a generar lazos con el Centro de Adopción Sueco, el cual le fue recomendado por el Instituto Interamericano del Niño ya que garantizaba el seguimiento del recién adoptado y su familia en el extranjero.

Por dicha razón, relata con especial emoción algunos de los casos que trató, historias fuertes y que desmedran el ánimo. “Un hecho que destaco es el de una niñita que estaba en Chiguayante con su madre en una pieza miserable calentada por un brasero. En un momento dado la mujer sale al patio, instante en que la bebé de año y medio cae sobre el fuego; quedó sin nariz, con un hoyo de boca, sus parpados sin poder cerrarlos y sus manitos eran dos pinzas. Que tremendo, después de salir del hospital la madre me decía ‘yo no la quiero, no me sirve ni para mendigar´. Fue horrible tratar de ubicarle un hogar a esta menor, no había solución ni medios estéticos o de cirugía para operarla,estamos hablando de unos veinticinco a treinta años atrás”.

Decidida a encontrarle un hogar, se contacta con la ONG Terre des Hommes. El servicio internacional logró que un matrimonio suizo adoptara a la pequeña. “Ellos ya habían recibido a dos niños retardados mentales y la acogieron. La gran ventaja es que (ella) tenía derecho a atención gratis de salud. Cuando terminé mi labor en el Juzgado de Menores, esta pequeña ya podía cerrar sus ojos, tenía nariz y un esbozo de boca. Iba acompañada al colegio por sus dos hermanos que la defendían. Eso no se habría podido lograr en Chile” concluye.

Trabajar para y por los niños

Al llegar al Juzgado de Menores se encontró con que carecía de la infraestructura necesaria para su trabajo: una casa de tránsito, hogares de protección y rehabilitación. Para lograr este objetivo funda el Centro de Amigas del Juzgado de Menores.

Para realizar estas obras sociales tuvo la ayuda de Fernando Álvarez, ex compañero de universidad y quien fuera Intendente entre 1970 y 1973. Él le facilitó la casa Price de Talcahuano;lugar, donde, con la ayuda de la comunidad se creó el Hogar de Menores de Tupahueacogiendo a veinte niñas.
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A raíz de los buenos resultados que obtuvo la casa de menores en Talcahuano y otra construida en Chillancito,en un sitio donado por la Armada de Chile más el apoyo del  gobierno de la época, Irma comenzó las gestiones para edificar un hogar de rehabilitación en Punta de Parra, que contó con talleres de mecánica, carpintería, fotografía y otros.

Sin embargo, cuando finaliza la construcción del hogar, SENAME rechaza la obligación de administrarlo, “me dan el dato que había una congregación de los terciarios capuchinos que estaba en San Juan, Argentina, y ellos trabajaban en este tipo de proyectos. Los contactamos y les encantó, ellos felices. Lo empezaron a llevar tan bien, que fue el mejor hogar de rehabilitación de Chile” enfatiza.

Trabajando ya en la Corte, Irma se enteró que el Ministerio de Justicia, del cual depende SENAME, había cedido a Gendarmería el hogar de Punta de Parra para que allí funcionara el Centro de Educación y Trabajo.“Casi me morí.Cuando vino de visita el ministro de Justicia a la inauguración, le hice saber el malestar que nos había causado echar los niños a la calle en circunstancias que la cárcel El Manzano tenía terreno suficiente para ese y muchos otros centros” recuerda.

A lo largo de su carrera, ¿este fue elepisodio que más le marcó?

Claro. Al final sí, porque estaba tan contenta con el resultado obtenido con los niños. No era el éxito mío, sino el de los capuchinos.

Antes de la reforma judicial ¿Había una relación más cercana con los niños y sus familias en el Juzgado de Menores?

Anteriormente se generaba un vínculo más próximo. Nosotros por ejemplo, a las nueve de la mañana partíamos con audiencias, con gente que tenía problemas y pasaba a hablar con el juez. Había un contacto con la comunidad que no existe ahora. Muchas veces no eran casos para material judicial, incluso habían algunos que debían derivarse al hospital. Era el hecho que tú atendías a la gente, que la escuchabas. Sentían a la justicia más cercana.

Madre y abogada.

Elegir una carrera que apasione, ese es el consejo que Irma Bavestrello da a sus pares. La ex jueza considera indispensable seguir estudiando de forma constante, ya que al trabajar en algo que a uno le agrade, se logra obtener el cien por ciento del éxito.

Con una carrera profesional tan ajetreada ¿fue complicado abrirse paso en su trabajo y ala vez hacerse cargo de su familia?

No fue una situación compleja y nunca tuve una dificultad en mi carrera por el hecho de ser mujer. Recuerdo una reunión en Argentina con distintas juezas.Comenzaron a hablar de los conflictos y violencia de género; la primera pregunta que hicieron fue si nos había costado en nuestra profesión ser mujer, lo que para mí jamás fue un problema.

Y en ese sentido ¿cuál cree usted que es el rol de la mujer en la sociedad actualmente?

Considero que hemos visto un cambio positivo, puesto que antaño la mujer se dedicaba a las labores del hogar siendo el hombre quien aportaba con el sustento. A mí me tocó vivir una época de transición, ya que aparte de trabajar tenía que encargarme de las labores del hogar. Ahora es común ver que la mujer trabaje y lógicamente de una forma muy sabia, se comparten las tareas del hogar. Eso me encanta de los jóvenes.

¿Encuentra que actualmente hay una diferencia en la crianza de los hijos?

Ahora me da gusto ver a mis hijos como cooperan en su rol de padres, cambiando a la guagua, dándole la mamadera, levantándose en la noche. Todas tareas realizadas anteriormente por la mujer, debido a que era la costumbre y la formación de la época.  Por eso destaco el sistema de colaboración que tienen los jóvenes de hoy.