José Chandia Herrera

Rompiendo esquemas

Con tan sólo 31 años, este diseñador de ambientes y objetos de la Universidad del Desarrollo, ha tenido una exitosa carrera, fue elegido para realizar una Pasantía en Italia, y tiene su propia marca de bolsos y carteras, Santísima. Todo esto en menos de una década. Este creativo penquista ha luchado por lo que quiere y hace lo que le apasiona, ¿qué mejor?

Por Catalina Morgado C.

En su lugar de trabajo, en un día cualquiera, conversamos con el diseñador de la UDD, José Reinaldo Chandia Herrera, sagitario, de 31 años, quien nos contó de la sorprendente experiencia profesional que ha desarrollado en tan poco tiempo. A los 24 años ya estaba viviendo en el extranjero y especializándose para ser el mejor en una de sus grandes pasiones, el diseño.

Su participación en las Bienales de diseño, sus estudios en la Universidad Estatal de California, Long Beach, su pasantía en Italia y la creación de la marca de bolsos y carteras, Santísima, han sido los pilares de su carrera profesional, gracias a ello se siente con la capacidad y la entrega para dictar sus clases en la Universidad del Desarrollo, todo en post de la innovación.

Siempre en la continua búsqueda de algo nuevo y conjugándola con su pasión es que ha realizado diversas travesías en su vida, viajes a Costa Rica y vivir 1 año en Australia, lugar donde hizo de todo para solventarse y experimentar una verdadera aventura.

Este penquista con esfuerzo y valentía ha roto esquemas, buscando siempre la originalidad, y así entregar en todos sus trabajos más allá de lo que puede, sumergiéndose en un viaje hacia la creatividad.

José es el menor de 3 hermanos, el regalón y el concho de la familia Chandia Herrera. Natalia y María Luisa además de ser sus hermanas son sus amigas, e incluso una de ellas es su socia en Santísima. Recuerda con nostalgia su infancia, donde ellas eran sus cómplices, y de todo el apoyo incondicional que le han brindado siempre. “Y de hecho, cuando he estado viviendo fuera de Chile se nota la distancia y pa mí la familia es algo que me va hacer volver siempre”.

Su infancia la vivió en Chiguayante, en la casa que diseñó su papá José, quien, por un accidente laboral, obtuvo una jubilación anticipada y estaba en el hogar entreteniéndose arreglando una que otra cosa, “mi padre es muy autodidacta, tiene la capacidad de reinventarse y de crear, y creo que eso me lo traspasó a mí”.

Recuerda que jugaba mucho con sus hermanas, sobre todo en el patio de su casa, que después de conocerlo, me di cuenta de que es inmenso, lleno de árboles y con una increíble vista al rio Biobío.

Este bellísimo escenario fue el que albergó a José y sus hermanas, lugar al que llamaron el bosque encantado, “para mí es valioso el contacto con lo natural y esta cercanía con mi familia. Inventábamos los juegos, utilizábamos los recursos que había en la casa. Había un rincón donde los aromos botaban las semillas y salían unos chiquititos, parecían un bonsái, nosotros le llamábamos el bosque encantado, nos pasamos rollos increíbles en estos rincones. Yo lo asocio completamente a lo que hago ahora, de crear espacios y situaciones, hacer cosas físicas, y de cómo alterar el entorno”.

La creatividad es la cualidad que caracteriza a los Chandia Herrera, desde el patriarca hasta José, todos hacen de todo, siempre están cambiando los espacios.

El Jose como le dice su familia y amigos, estudió en la escuela José Hipólito Salas hasta octavo año. Recuerda que sus profesores lo querían porque era buen alumno y era destacado. Siempre hacía trabajos distintos y nadie se explicaba de dónde nacía tanta imaginación.

Además del diseño al Jose le gustaban los autos, le encantaba la estética de ellos, sobre todo de las marcas de lujo y se aprendió todos los modelos, los identificaba cuando iba caminando, ese era uno de sus hobbies de adolescente.

Otra de sus aficiones fue la escultura, no recuerda a ciencia cierta desde qué edad comenzó, pero tiene en su retina de cuando esculpía con todos los elementos que encontraba en su casa. “Si sobraban ladrillos de algún muro yo lo esculpía. No sé de dónde salió, esa relación que tengo con la creación que yo digo que es innata, es súper relacionada con mi papá, él siempre nos dio la libertad y siempre estuvo haciendo cosas. Le hacía souvenirs a mi mamá, llaves y algunos moais. Para mí era un desafío que esta cuestión quedara cada vez mejor”.

Su hermana mayor, Natalia, estudió Licenciatura en Artes en la Universidad de Concepción y eso lo incentivó y marcó aún más en el ámbito de la creación. “Estaba en octavo y el hecho de que ella estuviera estudiando esa carrera me generó una gran conexión con el mundo del arte, aprendí mucho. Cuando ella hizo su tesis, me acerqué y fuimos como partners en ese proceso. De alguna forma empecé a incorporarme en el mundo del arte o del diseño desde antes. Era obvio que iba a terminar estudiando arte, diseño o arquitectura y partí de esta última hasta desembocar en el diseño”.

Después de la escuela Hipólito cursó su enseñanza media en el liceo Enrique Molina, lugar donde generó amistades que perduran hasta el día de hoy. “Fue una bonita experiencia, recuerdo que todos teníamos mucho miedo porque nos habían hablado muchas cosas malas del colegio, pero no fue así, mi curso era muy bueno e hice
grandes amigos”.

Fue en ese lugar donde dio algunos pasos en otra de sus pasiones, la música. Estuvo en el coro de ese colegio y destacó por la tonalidad de su voz. Años después retomaría este viaje por el sonido.

El profesional

Apenas terminó el colegio, con 17 años, se decidió a estudiar Arquitectura en la Universidad del Bío-Bío, pero esta travesía duró poco más de 1 año, porque el Jose se dio cuenta de que no era la carrera de sus sueños, pero igualmente sacó provecho de todo lo aprendido.

“Cuando yo entré todavía había un poquito de vieja escuela en la UBB, y yo tenía una inquietud súper grande por modificar las cosas. La forma que yo tenía de plantearme era alterar la calidad de vida de las personas”.

Después de estudiar esa carrera, decidió desviarse de esta área y retomar una de sus pasiones de pequeño, el canto. Siempre le gustó, pero nunca imaginó que lo haría de forma profesional. Es así como ingresó al Conservatorio de Música Laurencia Contreras Lema de la UBB. “Estudié canto lírico. Tenía 2 horas de clase a la semana, 1 con el pianista donde practicabas y una clase teórica que era de composición. Tenías el tiempo completo para armarte tu propio programa de estudios, mientras tanto, buscaba ser parte de un coro para mantenerme practicando. En el transcurso me di cuenta de que debería haber empezado más joven, por lo menos a los 8 años, porque no me sentía tan preparado como los otros”.

En paralelo a esa época, la familia de José decidió aventurarse en un inesperado emprendimiento, un pub en el Barrio Estación. Querían construir un proyecto ambicioso en este sector clave de la bohemia penquista, así fue como se generó Depto 7. “Inventamos un concepto de vanguardia, de hacer una analogía con los bares clandestinos de Nueva York de los años 30, y situarlos en una zona muy urbana, donde había mucha vida nocturna, utilizando la arquitectura del lugar y potenciándola”.

Fue la primera vez donde el Jose se enfrentó al mundo profesional, tenía que invertir y tomar decisiones de negocio, aunque finalmente, su familia decidió venderlo porque no les gustó mucho el trabajo nocturno.

A raíz de esta experiencia, este profesional nos cuenta que cuando se decidió por estudiar Diseño, ya se sentía como una persona adulta.

¿Cómo llegaste a Diseño en la Universidad del Desarrollo?

Me comentaron sobre esa profesión y la universidad, y fui a una entrevista con la decana de la carrera y me gustó. Desde el primer año me la jugué y lo logré en los progresos que iba dando. ¡Estaba en una volada súper profesional! Me autoimponía desafíos, no entregaba lo que los profesores pedían, sino que lo que yo creía que a mi edad y a mi conocimiento tenía que dar.

Cuenta que en el segundo año hizo la mención en Interiorismo, “quería que mis compañeros y yo entregáramos algo más desafiante en los talleres”. Gracias a esta dedicación es que José logra participar de la Bienal de diseño organizada por la UDD. Tras esto, este diseñador generó un gran nexo con su casa de estudios y además lo considera como su primer logro como estudiante.

Gracias a la Bienal, aterriza en Chile, Marva Griffin, creadora del Salón Satélite de Milán, considerada la feria de diseño joven más importante del mundo, y con ello se genera un taller basado en cobre en la UDD sólo para alumnos de tercer año de Diseño. Es en esa instancia, donde José crea la silla Atacama, proyecto que lo lleva junto a unos compañeros a ese relevante Salón y es aquí cuando ocurre uno de los grandes pasos en su incipiente carrera.

“¡Mi participación es muy buena!, aparezco en revistas y distintos medios del mundo, lo que me permite enviar mi portafolio para el concurso de la pasantía en la empresa de marcas de lujo, Luxury Living Group. Eran apenas 3 cupos y ¡quedé seleccionado! -cuenta emocionado-, de alguna forma representé a América, había una diseñadora de Francia y otra de Corea del Sur. Este es el punto más relevante de mi carrera, recién estaba titulado cuando realicé la pasantía (2014)”.

Pese a que estaba muerto de miedo por el nivel de exigencia que significaba este nuevo paso, José fue a poner a prueba todos sus conocimientos, además estaba alentado por haber sido elegido de entre 750 exponentes de aquel Salón.

¿Qué aprendiste en el tiempo que estuviste en Italia?

Ellos (Luxury Living Group) lo que hacen básicamente es la línea home de distintas marcas de lujo como Fendi, Bentley, Bugatti, entre otras. Inicialmente (1975) eran tapiceros, por eso la experiencia que yo tuve era súper cercana al trabajo con los géneros. Nos enseñaban, primeramente, cómo funcionaban las telas, los cueros, cómo se producían, cómo se mezclaban cromáticamente, y sobre los distintos materiales. Estuve 3 meses sumergido en el concepto Made in Italy, que es básicamente la maestría llevada a la máxima expresión, conocí el trabajo de la madera, mosaico, vidrio Murano, cuero y la tapicería. Todo ese bagaje lo desemboqué en Santísima.

En esa oportunidad, a José le correspondió trabajar paralelamente con el departamento de desarrollo de prototipado, las ideas que ellos planteaban se utilizaban posteriormente para trabajos de esta empresa, “hay colecciones que surgieron después de que terminé mi pasantía y algunas de ellas tenían diseños míos, ¡es chistoso! Ellos invierten en ideas”.

A pesar de ser muy apegado a la familia, para el Jose no fue tan difícil vivir en Italia durante 3 meses, ya tenía experiencia en esto, en el 2010 estuvo en el extranjero por una beca de intercambio, lo que le ayudó a sus viajes posteriores.

“Recuerdo que tenía buenas notas y postulé a la Universidad Estatal de California, Long Beach. Hice un semestre en diseño de Interior. Fue súper enriquecedor, porque por un lado me validé como profesional afuera, y, asimismo, me ayudó a madurar. Fue un desafío supergrande. No lo pensé y ¡me tiré a los leones! Aprendí mucho y me validé como ciudadano del mundo”.

Tras su regreso de Italia, José continuó haciendo clases en la Universidad del Desarrollo, casa de estudios donde desde que se tituló le dieron un espacio para explayarse y compartir sus conocimientos. Pero este diseñador siempre estaba pensando en algo inédito, a raíz de eso, tomó sus maletas y emprendió una nueva aventura en su vida, una que lo llevó por caminos impensados. Se fue por 1 año a Australia con una visa Work and Holiday e hizo literalmente de todo.

“Hice clases de español, vendí productos en el mall, limpié casas como por 3 meses, y diseñé una mansión completa, ese fue el trabajo más grande que hice allá”.

¿Una mansión?

Me encontré en una reunión con una señora que recién se había comprado una casa, y empezamos a hablar de diseño. Le conté las cosas que había hecho, y me dijo: necesito un diseñador. Entonces, le mostré mi portafolio y todo mi trabajo de Italia. Emocionada me contestó, ¡qué maravilloso, me encantó!, ¡te contrato! Así fue como le diseñé la casa en uno de los condados más ricos de Queensland y pude aplicar todos mis conocimientos.

Tras esta notable experiencia, José decide volver a Chile para postular al programa Becas Chile, y así complementar el master que se había ganado en la Universidad de Monash en Australia, pero los tiempos de la ayuda estudiantil no coincidían con el ingreso al master, así que lo dejó stand by para el futuro.

Mientras estaba en Australia pensó muchas veces en emprender. En ese tiempo su hermana Natalia estaba en el negocio de las Tote bag, y José no dudo en unirse a este proyecto. Tenía ahorros de su vida en Oceanía y quería invertir y qué mejor que en carteras y bolsos innovadores.

¿Cómo parte el negocio de Santísima?

Yo tenía ganas de ser mi propio jefe, y de desarrollar el diseño en una perspectiva mucho más libre, y el proyecto que estaba llevando a cabo mi hermana me hizo sentido. Hicimos la visión y misión de la empresa, la idea era entregar un producto de calidad y Made in Concepción, y con esto posicionar a la ciudad en el mapa del diseño.

Hicimos varios experimentos con las telas, inventamos una tecnología, donde utilizamos un material que da soporte, impermeabiliza el bolso, y trabajamos sobre ello, aplicando materiales de alta calidad. Hicimos una búsqueda de telas hasta que llegamos a Crossville y Bellavista Oveja Tomé. Encontramos que era súper positivo vincularlas con nosotros, con esto la gente de afuera se entera de que hay un nodo textil de esta calidad y así potenciamos lo local.

¿Por qué Santísima?

Nos dimos cuenta de que hay una gran cantidad de católicos, y por lo mismo, quisimos aventurarnos por ese lado y nos enfocamos en una visión publicitaria. La marca tiene que ver con santificar a las mujeres por sus cualidades como persona, separar este concepto de religiosidad, de que la santa es la que no hace nada, esta es una mujer real, es a la que santifican por actos, por trabajar, esforzarse y dar amor.

José, ¿qué desafíos profesionales tienes en mente?

En Santísima el objetivo que tenemos es desarrollar la manufactura, queremos generar maestría acá. Hay un potencial tanto en el diseño textil como también en la costura. Me siento con una responsabilidad súper grande de dar trabajo, de hacer un aporte económico. No podemos subsistir siempre de recursos naturales, hay que empezar a complejizar esta economía, y ojalá evolucionar al diseño de servicios.

Otro desafío que tengo es poner la innovación como eje central del desarrollo de Concepción, y eso lo quiero trasmitir a través de los cursos que hago en la Universidad. Quiero empoderar a las nuevas generaciones de alumnos.

¿Cuál consideras tu mayor logro profesional?

Mi mayor logro es vivir haciendo lo que me apasiona, utilizando mi tiempo al 100% en lo que más me retribuye, porque para mí el trabajo es hacer lo mejor que tú sabes entregar.

José, ¿cómo ves el tema del emprendimiento en Conce?

Concepción está llena de oportunidades, porque está todo por hacer. Siento que esta ciudad tiene un trabajo base súper adelantado, es una capital cultural, industrial, que tiene gente, y una masa crítica súper grande, el problema no está en que no hay nada que hacer, hay que empezar a trabajar en cómo hacerlo, por eso es importante incorporar el diseño a las empresas. Aumentar la competitividad. Esta ciudad tiene todo el potencial para que cualquier persona emprenda.

¿Te consideras exitoso?

No sé si soy tan exitoso como feliz, porque creo que el éxito es algo que lo puede definir la gente externa, yo creo que es muy difícil que uno pueda referirse al éxito, por lo tanto, cuando me autorefiero puedo decir que, soy extremadamente feliz con lo que hago.