Francisco Toro Lessen, cineasta

En el laberinto del rodaje

Este chorero de 33 años, ha incursionado en el mundo audiovisual con múltiples obras que tienen relación con las raíces mapuches, pero no sólo es reconocido por eso, sino que también por ser el director del Festival BioBioCine que lleva 5 años de trayectoria y van por el sexto. Todo esto lo ha hecho conocido, además por su incansable y arduo trabajo por llevar al cine penquista a lo más alto. Ingenioso, amigo de sus amigos, y constantemente escribiendo guiones, así es la vida de este Pancho Toro, que no sólo es esto, sino que también profesor, músico y papá.

Por Catalina Morgado C.

 

Un piso simplemente fabuloso, lleno de luz y muchos posters, un ambiente de trabajo es en donde nos encontramos con Francisco Javier Toro Lessen, el comunicador audiovisual de Duoc, que es afamado en Concepción debido a su incesante trabajo por desarrollar el Festival BioBioCine, muestra donde cumple el rol de director.

Una carrera con múltiples producciones que tienen que ver con el pueblo mapuche, un continuo rescate de nuestras raíces es lo que ha realizado el Pancho -conocido así por todos- algunas de ellas han llegado a ser reconocidas en festivales, como We Pu Liwen que fue grabada el 2006 y que se convirtió en el inicio de la carrera de este cineasta chorero.

Francisco no ha descansado desde que terminó Comunicación Audiovisual, una realización tras otra y no sólo eso, sino que también creó, en conjunto con unos amigos, Imaginaria Audiovisual, donde llevan a cabo todas las locuras que se le ocurren a este grupo de jóvenes. Además de lo anterior, está constantemente creando nuevos guiones para su productora o para otros realizadores y es papá de Colomba de 5 años.

Uno de sus grandes anhelos es que Concepción sea reconocida como la capital cultural de Chile y que la industria del cine esté instalada acá, tierra de muchos creadores y donde según él hay un discurso que llama la atención.

El Pancho nació en Talcahuano, es chorero de esencia y corazón, y su infancia transcurre en esta ciudad puerto con una familia a la que él describe como clásica y típica de la época. Su papá, Juan, se dedicaba a la pesca y su mamá, Marialet, era ama de casa, y estaba constantemente preocupada de todo lo que hacía Francisco Javier. “Mi papá navegaba 5 meses y llegaba a la casa 5 días, y así después de a poco fue bajando el tiempo de trabajo, hasta que nació mi hermano. Creo que él no quiso que pasara lo mismo con Gonzalo que conmigo”.

Vivía en calle Latorre, en un lugar amplísimo, específicamente en el segundo piso de la casa de su abuela, cuya vivienda tenía forma de barco. En ese sitio, además, habitaba su abuela, su tío y los hermanos de su abuela.

“Era uno de esos barrios donde se hacía pan y le convidabas al vecino, y el de más allá hacía humitas y te compartía. El patio estaba lleno de árboles e incluso había un bote, crecí jugando arriba de ellos. También, había una laguna y construíamos y metíamos balsitas dentro de ella. Era un entorno supernatural y bonito”.

Recuerda que sus familiares lo asustaban con el castillo del diablo, que se encontraba a tan sólo unos pasos de la casa del Pancho. “Era superfamoso y se cayó pal terremoto, salía al portón a mirar y ahí estaba. De pendejo siempre te echaban miedo de que si te portabas mal te iban a llevar allí (sonríe)”.

De pequeño era bastante solitario, introvertido y vergonzoso, pero igualmente jugaba con algunos amigos del barrio, hacían magia y unos shows especiales, divertían a los más pequeños del sector.

Pancho estudió en la escuela México de Talcahuano y continuamente se destacó por ser un excelente alumno. De 1º a 8º año obtuvo el primer lugar y cuando se licenció de la educación básica, le entregaron el premio al mejor estudiante de todos los años. Era mateo y nunca se sacó una nota bajo 6.0, aunque esto cambiaría en la enseñanza media.

Era tan estudioso que se memoriza las materias, sobre todo Historia. Su mamá, apenas llegaba de la escuela le tomaba el cuaderno y le hacía recitar la materia. “Tenía memoria fotográfica de lo que decía el profe, y se las recitaba de memoria a mí madre. Los profesores quedaban impactados cuando empezaba las disertaciones en 5º básico, y yo decía todo de memoria, pero lo entendía y se me hacía fácil”.A los 7 años comenzó su viaje por la música, su madre lo inscribió en clases particulares de piano, era un primo de ella que le enseñó a leer partituras al Pancho. “Fue súper fácil porque era muy chico, me metí una clave en la cabeza, y fue un lenguaje que adquirí rápidamente. Después cualquier instrumento se me hizo sencillo, la batería y el saxo. Me enseñó un lenguaje musical y yo creo que eso es súper importante. Eso y otras cosas que pasaron me abrieron la cabeza para lo que hago hoy en día”.

Pancho rememora su infancia en el puerto, los domingos en familia y los cumpleaños, donde todos, el día anterior, se quedaban inflando globos y su mamá haciendo la torta, ¡siempre juntos!

Recuerda que su papá se compró un VHS, y cuando lo premiaban iban los días viernes a arrendar películas a la plaza de Talcahuano. Pancho se quedaba abstraído mirando las caratulas de las cintas y fantaseaba con las sinopsis que se escribían atrás, “generalmente me quedaba con la que tenía mayor duración, porque era más tiempo disfrutando la peli. El sábado las veía de nuevo porque en la tarde tenía que devolverlas, eso me marcó cuando chico. ¡Mis viejos no sabían lo que estaban haciendo conmigo!”.

¿Algún recuerdo que haya marcado tu infancia?

Me acuerdo del incendio en San Vicente, que fue cuando hubo un derrame de petróleo. Yo abrí la ventana en la mañana y el cielo estaba negro, no se veía nada, y todo el mundo corría, esa vez me acuerdo que no sabía lo que pasaba, y arrancamos con mi mamá y mi hermano. Nos vinimos a Conce a la casa de mi abuela.

Pancho se dio cuenta cuando nació su hermano Gonzalo, el cual padecía de asma y apnea, de la preocupación que tenían los padres por sus hijos, “antes de eso no lo percibía, era más pequeño, pero cuando veía a mi hermano enfermo y que mi mamá se desvelaba, me di cuenta de que las familias se dedicaban a los hijos”.

Cuando terminó la educación básica se fue a matricular al liceo Comercial Insuco, sólo para contradecir a su mamá. Fue una etapa de rebeldía, pero no se le hizo fácil porque aterrizó en las Matemáticas y no le fue tan bien. “Me gustaba la música y como que me fui por ese lado, tenía unos amigos deportistas y me puse a hacer deporte, comencé a ser bueno pal básquetbol, jugué en la selección del liceo y me empecé a acercar a la música individualmente”.

El liceo no fue una experiencia tan grata para Francisco, tuvo depresión y le cargaba el sistema dual que desarrollaba el Insuco, lo que significaba trabajar en una empresa, “lloraba en las mañanas cuando tenía que ir, me tocaba hacer cheques y remesas, porque estudié administración. Igualmente, aprendí cosas que me sirven en la actualidad”.

Después de esa tortura, se enteró por una prima que existía la carrera de Comunicación Audiovisual en el Instituto Profesional Duoc, que estaba en ese entonces en Barros con Angol. “No se cómo llegué a Comunicación Audiovisual, me vine a matricular. Había quedado en Tecnología Médica en la de Conce, hice preu, y estudié biología, estaba completamente perdido. Quería cumplir las expectativas de mis padres porque veía cómo se esforzaron por mí, pero también en el fondo quería hacer lo que quisiera en la vida, tenía puesto en la cabeza que debía ser bueno en algo. Cuando entré a estudiar me comprometí con mi mamá que iba a ser bueno, ¡el mejor!”.

Lo que le llamó la atención de la carrera fue que mezclaba música y sonido, lo que tenía total conexión con lo que al Pancho le gustaba hacer.

El cineasta

Los primeros años de la carrera se esforzó mucho, estudiaba bastante. Ya tenía un poco de experiencia en el mundo audiovisual porque su papá había comprado una cámara, y Pancho grababa todos los matrimonios de la familia e incluso los editaba, “Les podía poner música, esa fue una de las razones que me acercó a querer estudiar audiovisual. Inconscientemente”.

En el instituto se hizo amigo de Aldo Massona, era su partner y arrendaban películas juntos y además generaban muchas ideas.

¿Qué es lo que más te gustaba de la carrera?

Me gustó mucho el área de documental y estética. Pilar Navarro me hizo el ramo de estética de la audiovisual y por primera vez me acercaba al arte como un lenguaje y me encantó. Lenguaje plástico también me gustó. Empecé a tejer en mi cabeza las cosas, deambulaba entre la fotografía y producción. Nunca dirigí hasta último año.

En su cabeza se empezó a gestar la idea de realizar un documental con temática mapuche, el papá de su amigo Aldo tenía una cabaña en Cañete y empezaron a estudiar cómo hacer este rodaje.

“Estuvimos 1 año cachando con el Aldo qué queríamos hacer con la peli, porque la estábamos escribiendo juntos. Fuimos buscando gente y llegamos a una feria intercultural en Cañete, y conocimos al hombre pájaro mapuche. Vimos en el matinal a un personaje que hablaba de cultura mapuche y era Iván Ancaten, y me lo encontré cuando iba para la casa de Aldo en Los Lirios”.

Tras estos encuentros, los amigos se decidieron y grabaron We Pu Liwen, la terminaron y estrenaron el 2006. Tuvieron como personaje a Ancaten y al hombre pájaro, además de diversas entrevistas a mapuches urbanos. “Ese fue mi proyecto de título, y lo evaluaron con la nota mínima de aprobación, ¡casi reprobé! Igualmente, fue seleccionado en la competencia internacional de documentales de Valdivia como a las 3 semanas. ¡Eso me marcó! Es la competencia de documentales más importante y tenía tan sólo 21 años”. En ese momento partió su carrera como realizador y se dio cuenta de que eso es lo que realmente quería hacer.

Tras esto, buscó trabajo y encontró en la productora UAU de Luis Yáñez, aquí comenzó en el turno de noche, y conoció al camarógrafo Ramón Ávila, con el que posteriormente crearía una nueva apuesta. Después de estar un tiempo en otra productora, decidió finalmente emprender junto a Aldo, Claudio y Ramón en Imaginaría Audiovisual, todo esto en 2007.

 

¿Qué es lo que más te gusta hacer en la productora?

Dirijo, escribo y monto, pero esto último es algo que cada vez me gusta menos hacer. Lo hago y creo que lo hago bien, aunque creo que la escritura y la dirección son como mi fuerte.

En 2008 junto a sus amigos hicieron un viaje místico por la cordillera, aprovecharon la instancia para grabar el documental Wall Mapu Kimün. Y al año siguiente se aventuraron e hicieron la primera película de ficción, Könun Wenu. Tuvieron la suerte de obtener un fondo para realizarla y además ganarse el Work in Progress del festival de cine Viña del Mar. “Eso nos permitió estrenar la cinta en el cine Las Américas en Estados Unidos, y de ahí la peli se empezó a mostrar por muchos lados, siempre nos preguntaban, ¿ustedes son de Conce? La ciudad era famosa por el terremoto, y nos preguntaban que por qué no había festival acá”.

El Festival internacional de cine de Rengo fue el que gatilló en las mentes de Pancho y Ramón la idea de hacer su propia fiesta del séptimo arte en Concepción. “Ese mismo verano nos fuimos al festival de cine de Lebu, y estaba el Lalo Villalobos y Marcos de Aguirre. Ellos decidieron que querían terminar nuestra película (Könun Wenu). Se hicieron socios de la peli, y en ese proceso, les contamos que queríamos hacer el festival en Conce y se unieron al equipo y así nace BioBioCine”.


¿Por qué BioBioCine?

Queríamos potenciar la Región y la ciudad, y Biobío tenía que ver con la identidad que teníamos, además es una marca súper fuerte. Lo que teníamos claro era que queríamos hacerlo desde lo que sabíamos hacer y realizar un festival al que nosotros nos gustaría ir. Pero al mismo tiempo que tuviese que ver con la ciudad, donde la gente pudiese asistir. Lo hicimos bajo la identidad mapuche, porque generalmente es lo que hemos hecho todo el tiempo, ese conocimiento que teníamos lo traspasamos al festival, queríamos que fuera un evento con mucho cariño, como la ruca que abraza y te da calor.

¿Cuál es el objetivo de BioBio Lab?

Es una iniciativa para apoyar y formar proyectos que están en desarrollo, y así puedan llegar a buen fin. Además, tiene espacios como los conversatorios, que son parte de la formación. Mi idea es inculcar esa vocación formativa que se presenta en el Festival (BioBioCine) y así conseguir que crezca la industria en Concepción.

Entre todos esos proyectos, Pancho decide estudiar pedagogía en Lenguaje y Comunicación, en la Universidad San Sebastián, con el objeto de tener herramientas para acercarse al lenguaje. “Fue un acercamiento a las estructuras del lenguaje y entender de mejor forma el cine como tal. La pedagogía tiene que ver con todo, con la formación de audiencias, de acercar el conocimiento, las estrategias, no es una carrera aparte, es un complemento súper claro a lo que quería hacer”.

Además de ser estudiante de la USS, trabajaba en la productora, estaba realizando el primer año del festival e impartía clases en el Duoc, sumado a todo esto se encontraba desarrollando el documental Mapudungún, que tenía relación con la creación del lenguaje.

En el intertanto, Pancho se convirtió en papá de Colomba, quien en la actualidad es su partner, lo acompaña a las grabaciones, ven películas juntos y lo sigue en el BioBioCine, “somos medios amigos, es muy despierta y me enseña muchas cosas”.

Retomando tu carrera, ¿de dónde sacas inspiración para las producciones?

Escribo sobre las cosas que me pasan, y sobre eso trato de construir una historia, pero, por otro lado, la trama que hemos hecho no es sobre los mapuches, sino que son desde este pueblo. No creo en hacer las cosas sobre el otro, sino que, con el otro, es como el Festival, lo hacemos con la gente, con la ciudad y con los realizadores, lo hacemos todos juntos.

¿Alguna anécdota en estos años de grabación?

La primera vez que salimos a filmar Wall Mapu Kimün, fuimos a conocer, como de scout, con mochilas de como 30 kilos, llevábamos cerveza, comida, vino y ropa. Llegamos a la laguna el Barco, fueron 8 horas en bus, caminamos 7 horas por un camino empinado. Había un cordón montañoso donde al otro lado estaba Trapa Trapa, preguntamos a alguien y nos dijeron que en 1 día estábamos al otro lado, ¡estuvimos 5 días perdidos arriba en la cordillera!, dando vueltas, subiendo las montañas hasta arriba para poder mirar dónde había un camino, pasando por las cuevas del puma. Hasta que llegamos al lugar que había que llegar.

¿Qué opinión tienes del cine en Concepción?

Yo he hecho clases en Conce y en Santiago, de realización cinematográfica, en los mismos niveles, y observo, veo cómo salen, y creo que en Conce hay mucho más discurso que en otras partes, mucho más potente, los cabros tienen una visión distinta. Hasta que Concepción asuma que es la capital cultural de Chile y estén los fondos y las autoridades sean las correctas (culturales) no lo vamos a ser, aquí está todo para hacerlo, aquí debiese estar la industria, no en Santiago.

Pancho, ¿qué planes tienes para el futuro?

Empezar a organizar la versión VI que ya tiene fecha y preparar el rodaje de Kuriche. Asimismo, vamos a filmar un documental, y simultáneamente estoy trabajando en varios guiones, y preparando la película Cielo Tronador. Son hartos proyectos y además estoy apoyando un guion de una amiga.

¿De qué se trata Kuriche?

Es la historia de Nekul, un joven pehuenche que vive en el Alto Biobío junto a su familia. Tras la muerte de su padre, decide hacer un viaje a la ciudad a través del Río (viaje ancestral) pero se topa con la represa y tiene que continuar la travesía de otra forma, de la occidental (en bus). Finalmente, se transforma en luchador, en Talcahuano.

¿Eres feliz con lo que haces?

Trato de ser feliz y hago lo que me gusta y lucho por eso. Soy feliz de hacer feliz a las personas que me rodean, de enseñarle a mi hija que su papá hace lo que le gusta.Después de todo lo que has hecho, ¿te sientes exitoso?

Siento que estoy en el camino, lucho con eso siempre, de no irme del camino. No creo en el éxito como un fin, creo en sentirme cómodo y disfrutar de lo que hago todos los días. Siento que eso podría ser sinónimo de éxito. Me siento tranquilo porque estoy haciendo las cosas que tengo que hacer, y esa tranquilidad podría traducirse en ser exitoso. Además, trato de aportar con lo que me gusta.

Con todos los proyectos que tienes, se nota que te gusta estar ocupado

Sí, pero desearía un momento de paz. Me encantaría estar abrazado con las personas que quiero