Héctor Riquelme: un penquista de buena cepa

Un ciudadano del mundo pero con una residencia fija, así ha sido la trayectoria del sommelier penquista que, gracias a su conocimiento, posicionó el nombre de la Región y del país en los concursos más importantes en materias de vino. Hoy tras recorrer gran parte del mundo se encuentra cumpliendo una promesa matrimonial: volver al punto de partida, su tierra natal. A continuación, detallaremos el largo camino que debió cruzar Héctor Riquelme para instalar su propio restaurant, uno con sabor y aroma local, el 1550.

Por Daniela Salgado Parra

Era 1975 y en las radios se escuchaba la canción “Yo sólo quiero” de Roberto Carlos. Ese mismo año, específicamente el 29 de junio, en el Sanatorio Alemán nació quien al igual que el cantautor brasileño, tendría una importante cantidad de amigos. Bajo el seno de una familia numerosa, Héctor Riquelme, es el segundo de tres hermanos, Paula y Bernardo. A éstos se les suma una larga lista de primos con los que compartió gran parte de su niñez y que le dejó recuerdos incalculables.

Hijo de trabajadores de la industria de acero y de la compañía de electricidad, desde sus primeros años, se caracterizó por ser busquilla y explorador. Su paseo favorito era acompañar a sus padres a las ferias libres y a la Vega Monumental, o sino recorrer el campo, observar, oler, palpar lo que le ofrecía el entorno. “Uno jamás volverá a tener el banco aromático de cuando medía un metro de altura. Por eso yo les digo a mis alumnos que deben conocer los lugares, porque es la única forma de distinguir entre un jazmín y una rosa”.

Toda su enseñanza escolar, desde Kínder a Cuarto Medio, la cursó en el Instituto de Humanidades. De hecho, este año celebró con sus compañeros los 25 años de su egreso. Cuando llegó el momento de decidir si continuar por la senda humanista o científica, optó por inscribirse en la carrera de Derecho, luego de tres años la abandonó e ingresó a estudiar Administración Hotelera en INACAP. Esa decisión le ha permitido alcanzar uno a uno sus sueños.

Las oportunidades se presentaron y supo tomarlas. Hizo la práctica profesional en el Hotel Crown Plaza de cinco estrellas en Santiago. Ahí comenzó reemplazando a un bartender, luego lo ofrecieron ser supervisor de banquete con sólo 22 años. “Era muy joven y tenía a cargo a mucha gente y debía atender a un público que esperaba un servicio de alta gama, donde tú eres el nexo entre los guerrilleros de batalla (empleados) y los clientes”.

Es así como vivió en Santiago, hasta que en el 99’ los pasajes lo volvieron a traer de vuelta a tierras penquistas. En un corto periodo hizo clases en el mismo instituto donde partió su travesía en el rubro vinícola, pero las ganas de seguir aprendiendo lo incitaron a subirse a un vuelo con dirección a España para tomar clases formales de vino.

Y así siguió desplazándose entre Chile y el extranjero, trabajó en los cruceros donde recuerda que en la carta sólo había dos vinos nacionales, se desempeñó en el área de Relaciones Públicas de viñas locales, entró a la escuela de Sommeliers y en 2003 lo convocaron a la apertura del Ritz Carlton en Santiago.

En medio de esa algarabía, se casó con María Lila Rodríguez y nació Sofía Paz y Diego. Los niños venían con la marraqueta bajo el brazo ya que en 2005 se presentó por primera vez en el concurso de Mejor Sommelier en Chile y lo ganó. Dos años más tarde, fue semifinalista del concurso mundial de la misma categoría en Grecia. Al mismo tiempo, se unió a la confección de la guía de vinos que realizaba el periodista Patricio Tapia desde 1999.

Ya con un nombre reconocido internacionalmente, dejó de ser participante para convertirse en jurado de Decanter World Awards de la revista con el mismo nombre y que es una de las más prestigiosas del mundo del vino. Esta faceta ha continuado, es más, los primeros días de diciembre, las hará de presidente en el 1er Concurso de Catadores que se realizará en Concepción.

Pero lo que hoy mantiene su mente ocupada, es uno de sus más importantes proyectos personales: el restaurant 1550, donde quiere devolver lo aprendido y aprovechar al máximo las condiciones y auge que está experimentando el Gran Concepción.

La niñez y los sentidos

Toda su infancia la vivió en Concepción. Caminaba a diario desde su casa al colegio, rutina que le desarrollo un alto sentido de observación y de calma. Siempre rodeado de amigos, muchos de los cuales ha mantenido a lo largo de su vida. Las discusiones y el debate, era algo que lo motivaba desde muy temprana edad, por lo que el Instituto de Humanidades se convirtió en el escenario idóneo para potenciar sus capacidades retoricas y discursivas.

¿Qué es lo que más destacas de tu niñez?

Que mis padres me permitieron explorar, lo que después se transformó en uno de los pilares de mi trayectoria. Quizás ese es el primer llamado que le haría a los padres o a quienes críen, que a los niños no hay que darle libertinaje sino libertad. Aprovechar al máximo lo genuino de la infancia que se pierde tan fácil en la adultez con las trabas sociales y con las dificultades de la vida en general.

¿Replicas ese tipo de crianza con tus hijos?

Lo intento. Ahora es muy distinto porque los padres vivimos con temor. Nos han hecho llenarnos de rejas, de seguridad, de cámaras y eso te lleva a cambiar de perspectiva, te vuelves más protector pero, a pesar de lo anterior, me gusta mucho que Sofía y Diego se relacionen con el entorno.

Antes de regresar a Concepción, siempre en la época de vacaciones se iban al campo. Ahí yo veía que entregaba a dos capitalinos y me regresaban a pequeños animales salvajes. Eso para mí era fantástico, porque interactuaban con sus primos y familia, tal como lo hacía yo a su edad.

Búsqueda profesional

Tal como le pasa a muchos jóvenes que ingresan a la Educación Superior, Héctor Riquelme, se dio cuenta in situ que la abogacía no era lo suyo. Con 17 años y motivado por el gusto del debate de ideas, no lo pensó dos veces y se inscribió en la Facultad de Derecho, a pesar de que el bichito de la agronomía siempre anduvo dando vueltas.

¿Hubo un hecho en particular con el cuál te diste cuenta que Derecho no era lo tuyo?

(Entre risas) Las notas fueron un muy buen reflejo, pero sobre todo me asustó el no continuar lo que siempre había hecho con mis padre, y que hoy replico con mis hijos, que es viajar. Así que de pronto llegó el momento de tomar la decisión y hacer un cambio en mi vida.

Cuando ingresé a estudiar Hotelería descubrí que los ritmos de estudio eran muy diferentes y los buenos resultados se empezaron a dar de forma inmediata, lo que también tranquilizó a mis padres. Tenía continuidad con las notas y me fui encariñando con el oficio.

La pasión por los vinos

La buena mesa, el buen vino y los viajes eran parte de la tradición familiar. En una de esas tantas vacaciones, visitó por primera vez una viña. Lo que experimentó fue de tal magnitud que, sin poder avecinar, se convirtió en un paradero constante en la ruta de su carrera.

¿A qué edad conociste la primera viña y qué te sorprendió de ella?

Tenía 8 años y en compañía de un primo de Antofagasta, viajamos a Mendoza. Recuerdo que me impactó la vida subterránea, la luz tenue y los aromas que envuelven una viñera. Cosa que hasta el día de hoy me sigue fascinando.

Pero no sólo eso llamó la atención de Héctor, el servicio otorgado al otro lado de la cordillera lo deslumbró y a temprana edad se percató que en esa materia, el país vecino nos daba clases de atención al cliente.

“No recuerdo si mi mamá o mi papá pidió permiso para pasar al baño de una pizzería. Mientras yo esperaba en la barra, el dueño del local me preguntó si quería algo, le respondí tímidamente agua y me abrió una botella. Todo esto gratis y pensé: chuta, esto en Chile no pasa”.

¿Cómo fueron tus primeras experiencias laborales?

Cuando partí, el hecho de hablar inglés me permitió salir al salón. Antes mi trabajo era repasar las copas y, claro, uno se cuestionaba: estudie para esto. Pero era lo que había que hacer y en ese puesto uno tenía que ser el mejor, y así lo hice. Surgieron nuevas oportunidades en respuesta a mi buen desempeño y nunca más volví a cumplir esa función.

¿Cuánto te marcó el haber participado en la apertura del Ritz Carlton en Santiago?

Hay que aclarar que no fui el primer seleccionado sino Eugenio García – elegido como 1er Sommelier en Chile en 2003 –, yo estuve en la terna. Él tenía otros proyectos así que me llamaron, y luego de eso vinieron los títulos, los concursos y más viajes.

El aceptar esta propuesta, lo posicionó como el primero en ocupar el cargo de sommelier en un hotel cinco estrellas en Chile y se reencontró con los vinos nacionales.

A pesar de recibir esos galardones, Riquelme, no es de ostentarlos. De hecho en su sala para talleres de degustación en el restaurant 1550, no hay ningún título colgado en la pared. Lo que sí mantiene siempre a mano es una agenda donde ha ido anotando los mejores vinos que ha probado.


¿Cuál es la etapa del concurso que más te gustó?

La etapa más compleja es la escrita, ahí se requiere estudiar muchísimo. Pero lo que me seduce y maravilla es la degustación. El hecho de estar frente a una copa y desconocer su contenido e ir descubriéndolo a través de los aromas, el sabor, el color y a través de esos elementos ser capaz de establecer el productor, año y país. La etapa a ciegas es espectacular.

Su talento para la degustación ya le había abierto puertas en 2004, cuando comenzó a trabajar con el periodista Patricio Tapia, en la confección de guías de vino. En muy poco tiempo logró catar 1.500 vinos en Chile, o sea, de 80 a 90 diariamente. A medida que avanzaban, también lo hacía el prestigio. “Abrimos Uruguay, Argentina, China y Brasil. En éste último obtuvimos el primer éxito”.

En el país carioca, Riquelme y Tapia, eran verdaderos rockstar que debían firmar autógrafos. A pesar de esto, se niega a definir a su labor como una profesión, a su juicio, creer lo contrario es “olvidar la esencia para querer demostrar un estatus”.

Fue el nacimiento de sus hijos lo que lo llevó a ponerle freno al rubro hotelero. Su amigo y maestro, como cariñosamente lo define, Héctor Vergara, le ofreció trabajar juntos en el rubro del vino. Esta nueva fuente laboral tenía un horario que le permitía disfrutar en familia algo que había dejado relegado y de lo cual espera “no me pase la factura”.

De acuerdo a sus viajes, ¿cómo está posicionado el vino chileno en el extranjero?

Hay mucho mito entorno al vino nacional. Chile sí es conocido, pero está asociado a lo bueno, bonito y barato, o sea, somos vino de supermercado no de grandes restaurantes. Aunque eso ha ido cambiando. Siendo bien sincero, cabernet sauvignon se produce en todas partes del mundo pero la cepa carignan es muy escasa y acá se produce en viñas antiguas. Eso le da un valor agregado importantísimo.

A pesar de que en el país se puede degustar la influencia marítima de los Andes o del Valle Central, aún hay un reto pendiente y es “que los chilenos seamos embajadores de nuestros vinos, los conozcamos y los bebamos con responsabilidad. Hace falta que los productores miren el cliente interno y entiendan que éste es muy diferente a los de antes del terremoto, por ejemplo”.

Aterrizaje a Concepción

La familia Riquelme Rodríguez, podrían estar en cualquier parte del mundo. En Sao Paulo siempre hay un puesto de trabajo disponible. De no ser ahí, estaba la opción de vivir en España o Italia ya que María Lila y sus hijos tienen residencia comunitaria, pero la temperatura penquista, los mariscos de Coliumo y las tardes en familia eran una oferta difícil de rechazar.

¿Qué te instó a volver?

Peter Richard, un master wine inglés, me dijo que cuando hablaba de Conce me brillaban los ojos y me preguntó: ¿cuándo vas a poner el foco en tu Región? Creo que inconscientemente, siempre me quedaron sus palabras dando vuelta. Además estaba la promesa que le hice a mi mujer cuando nos casamos, de que en algún momento volveríamos.

En ningún caso, dentro de sus proyectos, estaba que sus hijos vivieran la adolescencia en Santiago. La decisión no fue fácil, sobre todo para ellos, ya que debieron dejar a sus amigos y el colegio, pero la estadía en la capital ya había caducado y era tiempo de volver al comienzo.

Con bombos y petacas se instalaron, hace tres años, nuevamente en Concepción, las viejas rutinas de antaño, los paseos a los parques y las caminatas de reflexión son parte de las actividades heredadas a sus hijos. Mientras ellos, se abrían a un nuevo círculo de amigos, su padre se reunía con un grupo de profesionales para afinar los detalles de lo que sería uno de sus proyectos más ambiciosos. Su propio restaurant.

1550

En Los Mañíos 1621 de San Pedro de la Paz, está ubicado el restaurant – wine bar 1550. Desde su ingreso, el edificio de dos ambientes, está decorado con temática penquista. En la planta baja, las lámparas del salón fueron confeccionadas por artesanas de Antuco y cuenta con un mural hecho por Fernando Cartes, y que grafica el desarrollo e identidad regional. El segundo piso, por su parte, cuenta con salas especiales para la realización de talleres de cocina y de degustación, dictados por Felipe Macera y Héctor Riquelme, respectivamente.

Cuenta con una carta de vinos de 120 etiquetas, donde la columna vertebral es el Sur del  Maule e Itata, Biobío. Además cuenta con unos de 2.300 metros de altura correspondientes al Valle del Elqui y otros tantos argentinos; 12 personas son las encargadas de la atención al cliente y tiene  capacidad para 70 comensales. Eso sí, las reservas se deben hacer con anticipación porque el restaurant se llena.

¿Cómo nació la idea de 1550?

Hace un año (junio) Felipe Macera me invitó a un taller, específicamente a una de sus cenas. En esa reunión, conversamos y ambos entendíamos que el vino y la cocina iban de la mano.  Entonces partió esta idea y para que no quedara sólo en eso, empecé a buscar a quienes pudieran aportar la parte administrativa. Así fue como se unió al equipo Barry Cruces y Claudia Rojas, el matrimonio también es dueño de Rosa Amelia y tienen un alto conocimiento en negocios.

Y así, en menos de un año, ya estaban afinando los últimos detalles para su inauguración. De eso ya ha pasado un mes y la respuesta del público ha sido impresionante. “Uno está todo el día subiendo y bajando las escaleras. Es un trabajo arduo pero no hay nada más satisfactorio que escuchar el ruido, las risas, el choque de las copas o que vengan con la disposición para dejarse sorprender”.

¿Te gustaría expandirte?

Lo primero es afirmarnos bien, mantenernos y ganar la confianza del público. Luego se verá a dónde nos lleva el destino. Lo que está claro es que jamás he hecho las cosas en chico. Esto es un trabajo paso a paso, sin apurar el caballo pero si partimos en la Región porque no sacar la riqueza de acá al exterior.

Riquelme rechaza la idea de que el restaurant llegó a rescatar una cultura gastronómica perdida o algo semejante. Tampoco pretenden ser la mejor apertura del año, como ya ha quedado plasmado, las categorías y los títulos no son los suyo. Lo que sí, para él, es fundamental demostrar que Concepción es una ciudad pujante y que tiene todas las condiciones para ser protagonista en lo que a cultura se refiere.