Un impasse de repercusiones planetarias

Guerra Fría Tecnológica entre China y EE.UU: Un conflicto que está lejos de acabar

La arremetida de Donald Trump contra la empresa china Huawei, de incluirla dentro de una “Lista negra” y considerarla una amenaza contra la seguridad de la nación, provocando así el bloqueo de Google de otorgarle las actualizaciones de su sistema operativo Android, es sólo una demostración de una disputa que va mucho más allá de este caso puntual. El liderar la tecnología 5G se alza como la razón de fondo de toda esta polémica, la que lejos de concluir repercutiría en otras industrias tecnológicas y de otros rubros, generando un efecto dominó afectando también por ende a nuestra economía.

Por Mauricio Maldonado Q.

En uno de los momentos claves de la historia del siglo XX, el 22 de octubre de 1962, el presidente John F. Kennedy, aparecía en televisión dando un ultimátum a los rusos. Exigía la retirada de los misiles de Cuba y amenazaba con una nueva invasión de la isla de cerca de 90 mil soldados norteamericanos. En el punto más álgido de la Guerra Fría, la llamada “Crisis de los misiles”, el dirigente de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, ya contaba con submarinos nucleares en la zona y parecía enfrentarse al dilema del enfrentamiento o rendirse, lo que equivaldría a una humillación mayor. Finalmente, seis días después las tensiones entre ambos países baja, tras una serie de reuniones y acuerdos, se desmantelan dichos misiles y no ocurre ningún tipo de invasión.

Un tenso recuerdo que refleja, en cierta medida, lo ocurrido hace unas semanas cuando el gobierno del presidente Donald Trump emitió una recomendación para que las empresas estadounidenses dejaran de hacer negocios con Huawei, teniendo como motivo el considerarla como una empresa de espionaje al servicio del gobierno chino. Una especie de lista negra de entidades -que incluye a personas y empresas- que la Casa Blanca considera un riesgo para la seguridad nacional, siendo la primera en acatar dicha “recomendación” Google, que ya no otorgará actualizaciones de su sistema operativo Android a los móviles y tablets Huawei. Lo mismo hizo Microsoft con su sistema operativo Windows y los computadores Huawei.

Aunque todo esto obedecería, razón principal y de fondo del veto, debilitar a Huawei, ya que actualmente es la compañía que está liderando el cambio a la tecnología 5G, un Internet inalámbrico que va a revolucionar el planeta. “5G es una tecnología que, una vez implementada, permitirá velocidades de acceso 10 o incluso 20 veces mayor que la actual tecnología 4G para dispositivos móviles, permitirá conectar todo a la red. Prácticamente, todo nuestro estilo de vida será subido a la nube (o a la niebla, como se le está llamando hoy). Imaginen el valor que tendrá dicha información en la toma de decisiones (BIGDATA, Machine Learning). Estrategias de mercadeo más eficientes, entrega de servicios, tendencias, comportamiento social, etc. Desde mi perspectiva, EE.UU solo quiere actores nacionales y empresas norteamericanas liderando este mercado. Y Huawei se ha convertido en un serio competidor”, comenta César Arévalo, docente de Ingeniería en Conectividad y Redes de Duoc UC sede Concepción.

Palabras a las que el profesional añade que “estamos ad portas de una revolución tecnológica tremenda. Realidades solo vistas en películas de ciencia ficción están a punto de concretarse. La capacidad de conectividad se está volviendo más que un lujo, una necesidad, un derecho, y quien domine esta tecnología no solo contará con un gran capital financiero, sino que con el control de un activo de inmenso valor: la información”.

Esta arremetida, más que ser considerada una Guerra Fría Tecnológica, es una guerra abierta y declarada, a la que el docente apunta “ya se están tomando medidas directas y duras en contra de una economía considerada como ‘emergente’. Huawei pasó de ser un fabricante de tecnologías opcionales y verdaderas imitaciones, a posicionarse como uno de los desarrolladores y fabricantes más importantes a nivel mundial. Destronó a Apple en la venta de equipos móviles y ahora va tras de Samsung. Cabe preguntarse por qué una nación promovedora de economías de libre mercado y la libre competencia, en pleno siglo XXI, aplique un bloqueo comercial a una empresa extranjera, trayendo como consecuencia que no solo el sistema operativo sea restringido, sino que en un futuro no muy lejano, aplicaciones y servicios como redes sociales y mensajería instantánea también sean prohibidas para usuarios de estos equipos. Esto dejó de ser ‘Guerra Fría’ hace ya algún tiempo, ahora nos queda esperar la reacción de la empresa China ante estas medidas”.

Javier Martínez, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Ucsc y voz especializada en el área de la tecnológica digital, opina por la misma línea, ya que toda esta problemática generada por Estados Unidos tiende a cubrir lo que realmente les interesa a ellos: llevar la batuta de la tecnología 5G. Un anuncio que vino, prácticamente, de la mano de una prórroga de 90 días para poner en orden las cosas, o sea, se anunció una tregua de tres meses en que el Departamento de Comercio norteamericano aprobó una licencia temporal para el fabricante chino hasta el 19 agosto, para que pueda mantener las redes y proporcionar actualizaciones de software a los terminales existentes. Lo cual para el docente es una estrategia que se repetirá hasta más no poder, quedando todo a fin de cuentas en nada, ya que los más perjudicados serían los norteamericanos. “Considerando que el mercado de móviles en Estados Unidos, Huawei es un competidor marginal, el problema real ahí es el 5G. Esto es una amenaza más bien desde el punto de vista político y ahora recién se están dando cuenta de todo lo que implica esa movida. De ahí que tras el anuncio, Trump ofreciera una prórroga y lo más probable es que después se replique lo mismo y al final no se llegue a ningún lado”.

El experto señala que este es un error para nada menor por parte de Trump, quien piensa que “Estados Unidos puede manejar el mercado de la misma forma como lo hacía en la década de los 60’, el problema es que estos últimos 20 a 30 años se ha producido una transferencia tecnológica potente desde, justamente, USA a China, ya que es en este último país donde se encuentran la mayoría de las fábricas. Este traspaso de conocimientos e información implica que a la vez se empoderó a la industria asiática, en este caso la electrónica. Antiguamente la gente solía decir que lo chino era malo, sin embargo, sucede que ahora todo lo que tiene marca estadounidense está hecho en China. Por ejemplo, Apple, Lenovo. En ese proceso de décadas, los chinos han aprendido e investigado más de lo que los gringos les han pasado”.

Ante tal ofensiva, se esperaba una cierta reacción como contraparte de la empresa china, pero no se produjo una mayor alteración en sus faenas, es más: el propio Ren Zhengfei, fundador y CEO de Huawei a nivel mundial, salió al paso y declaró en medios chinos que “nuestra relación tan cercana a las compañías estadounidenses es el resultado de varias décadas de esfuerzo por ambos lados. Mientras que estas compañías -proveedoras de microchip– obtengan la aprobación de Washington, nosotros les continuaremos comprando en grandes cantidades. Puede darse el caso de que no obtengan la aprobación rápidamente. Tenemos formas para sobrellevar este periodo de transición. Y una vez que la aprobación sea un hecho continuaremos en nuestro comercio regular con estas compañías estadounidenses y trabajaremos juntos para construir una sociedad de información para la humanidad. No queremos trabajar solos”.

Algo que el propio Martínez también señala y recalca, “como usuarios hay que esperar un poco, todavía quedan varios días de la prorroga extendida por USA, por lo tanto, no se toman las medidas anunciadas, Huawei ha dicho que seguirán desarrollando sus productos. No veo el por qué tanta agitación por esto. Todo el mundo se ha alterado con la noticia, pero Huawei está muy tranquila como empresa, no se han prendido luces de alarma y creo que es lo más saludable”.

Para el profesional de Duoc UC, más allá de Huawei y el 5G, esta problemática va más allá y que dentro del mediano y corto plazo afectará a otras empresas dedicadas a la tecnología. “El tema serán los servicios a los que muchos de nosotros estamos acostumbrados, como Gmail, Youtube, Drive, etc. Ante este punto, la verdad, solo dependemos de cómo reaccionarán las empresas norteamericanas o los desarrolladores”. Aunque igual matiza, en lo puntual a Huawei, que tampoco hay que alarmarse mucho, ya que como usuarios nos veremos más beneficiados que afectados. “Creo que por el lado del Sistema Operativo, Huawei ya estaba preparado hace rato. Además, el núcleo de Android es libre, por lo que podemos confiar en que sea cual sea este nuevo SO, será compatible. Es una situación que durará poco tiempo, pero ante lo cual podemos sacar provecho de obtener equipos de gama media alta a precios más convenientes”.

Efecto en cadena

Pese a que ya lanzada la piedra por parte del presidente Trump, este mismo intentó días después y aparte de hablar de la prórroga, poner paños fríos a la situación declarando que la guerra comercial no se extenderá por mucho tiempo, los analistas económicos y expertos internacionales creen -y temen- todo lo contrario. Es más, y como un ejemplo fuera del espectro tecnológico, es lo que acontece con la industria de las zapatillas deportivas, ya que es un sector que se encarecerá con nuevos aranceles cuando el 75% del consumo de Estados Unidos en este rubro está fabricado en China, pese a que Vietnam ha ganado terreno en este negocio.

Llevado a cifras, Nike ha perdido un 7 % en los últimos meses, mientras otra firma deportiva -Foot Locker- ha perdido hasta un 25 %, especialmente, luego del estallido de la situación con Huawei. En este mismo sentido, un grupo de más de 170 compañías, incluidas las multinacionales Nike y Adidas, ya reclamaron a Trump que elimine el calzado deportivo de la lista de productos chinos cuyas importaciones al país podrían verse afectadas por aranceles del 25 %.

“Desde que comenzó esta especie de guerra fría en China y EE.UU, el mundo político y económico ha estado expectante frente a los efectos que podría provocar las sanciones que ha impuesto EE.UU a China. Lo que puede ocurrir, tanto por el lado de productos chinos como los americanos son que el aumento de aranceles para los proveedores, haría que aumenten los costos que afectan a los precios finales de los productos que se comercializan en Latinoamérica. Tal vez lo positivo sería para las empresas locales que podrían reposicionarse en el mercado. Si esto se da, en el tiempo se verán más claros los efectos. De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya advirtió que el conflicto entre ambos países puede colocar en aprietos la recuperación del crecimiento económico global para este año. En concreto, mayor riesgo, dólar más caro”, comenta Vladimir González, docente de Ingeniería en Administración también de Duoc UC sede Concepción.

Palabras a las que el especialista profundiza que “en semanas anteriores se ha registrado una caída en varias bolsas de la región, así como en un debilitamiento de monedas latinoamericanas frente al dólar. La tentación de comprar dólares aumenta. La guerra -comercial- como factor generador de incertidumbre para la economía global acaba salpicando muy fuertemente a la región, sobre todo, en países más vulnerables. Otro aspecto es que puedan hacer los precios de las materias primas, como por ejemplo, la baja que había experimentado el precio del cobre, esto reduce las ganancias exportadoras, por tanto, puede disminuir el desvío de las colocaciones en el país asiático”.

Para el economista y magíster en negocios y administración, Ariel Yévenes Subiabre, es totalmente posible que esta lucha de gigantes tenga una repercusión en nuestra economía, que si bien es pequeña, es totalmente influenciable y fluctuante ante cualquier conflicto foráneo. “Solo considerando a los principales actores de esta coyuntura, importancia y peso en la economía mundial, EE.UU y China, es bastante difícil suponer que inestabilidades económicas que se registren entre ambas naciones no van a registrar efectos de orden global en la economía. Ante este escenario, la economía chilena representa un tamaño inmensamente pequeño respecto de la economía global, y en segundo lugar, posee un carácter abierto y muy extrovertido. Ambos factores, vuelven a nuestro país muy dependiente de los flujos internacionales, por lo que entonces se nos produce desde inicio una mezcla compleja de vaivenes e incertidumbre internacional de dos principales economías del orbe, que naturalmente tornan más complejo el devenir de nuestra economía, reduciéndose expectativas de crecimiento, entre otros factores. Lo anterior ya se evidencia en precios de comoditties a la baja, afectando en especial en el corto plazo los ingresos nacionales vía cobre, pero también, sistémicamente, todo el ritmo de crecimiento”.

Una opinión que se condice con lo planteado por González, quien expresa que sí podría desencadenar una crisis económica en nuestro país y que no sólo se remitiría al rubro de la tecnología. “Está claro que sí, ya que nuestra economía es muy sensible a los movimientos coyunturales internacionales, sobre todo como productor de materias primas. Abre una situación bastante delicada para el actual Gobierno chileno, quien por una parte señala que buscará posicionarse desde una “decisión autónoma”, pero resultando claro que la centralidad estratégica que cumple Latinoamérica, en la proyección política y económica de diversas potencias, exigirá de posiciones cada vez más claras y categóricas en su política de alianzas”.

En relación al bullado caso de Huawei, Yévenes comenta que si bien puede ser beneficioso para esta empresa asiática, representa un arma de doble filo, ya que repercutiría en el futuro próximo en otras empresas tecnológicas y también por ende en el mercado en su totalidad. “Tal vez, con lo acontecido con Huawei, estemos asistiendo al nacimiento germinal de nuevos incentivos para que el mercado chino, y sus empresas tecnológicas vinculables, se decidan a emprender un proceso que le lleven a generar sistemas operativos propios, que luego compitan a escala global. Aquí, considerando el sólo tamaño de su economía, le permite amortiguar costos de gran escala, que a la larga le pueden permitir posicionarse en nuevas líneas de productos y servicios tecnológicos a nivel global. A la larga, la mayor variedad y reducciones de costo, podría luego propiciar que emerjan nuevos productos y servicios, a menores costos derivados de la mayor competencia. Sin embargo, lo preocupante de estos procesos es que pueden llevar a una creciente fragmentación tecnológica a escala global, con las principales economías del orbe, especialmente, las más avanzadas en términos tecnológicos, a levantar estándares propios y muy específicos, que a la larga vuelven ineficientes a los mercados y reducen el potencial de beneficios por eficiencia que pueden otorgar las nuevas tecnologías”.

Así, y coincidiendo con una mirada de este conflicto a modo más macro, el propio Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) e incluso los servicios económicos de la ONU, coinciden en que la guerra comercial entre las dos economías más importantes del orbe, va a perjudicar a los consumidores, a las empresas, y a la larga, al crecimiento económico a nivel global. Tensión que no desaparecerá una vez superado el impasse con Huawei, sino más bien será parte del ambiente y “armonía” del panorama mundial. “Ahora mismo la tensión no es solo comercial, se extiende a muchos otros sectores, el área marítima, la tecnología, la ideología… Aunque lleguen a un acuerdo comercial, la tensión va a continuar, hemos llegado a ese punto”, concluye en medios digitales europeos Alice Ekman, directora de investigación sobre China del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).