Delicadez, hermosura y elegancia fueron atributos que destacaron en esta belleza femenina de los años 50, quien al casarse con el Príncipe Rainiero se convirtió en material indiscutido de la prenda rosa y en el mejor modelo a seguir por las jovencitas de la época.

Por Carolina Yacoman / Ilustración: Josefa Galindo.

Y en nuestras destacadas de Velvet, en esta edición es el turno de la distinguida Grace Kelly (1929-1982). Diva del séptimo arte, recordada por sus películas y también por su intenso paso por el Principado de Mónaco, trono desde donde encandiló con su belleza a los habitantes del imperio.unnamed56

Tuvo una vida intensa, expuesta y finalmente marcada por la tragedia. Algunos dicen que su tiempo de princesa fue un cuento de hadas, otros en cambio aseguran que sus años en el palacio fueron un tormento para su alma libre y bohemia, periodo que guardó en silencio una fuerte depresión, una constante adicción a la bebida y una carrera que se vio frustrada por la vida en Palacio.

Grace nació en una familia de origen irlandés y tradicional en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos, que no miró con buenos ojos su temprana vocación por la actuación. Sin embargo, esto no fue impedimento para que se marchara a Nueva York a hacer carrera como modelo mientras paralelamente estudiaba en la Academia Nacional de Arte Dramático.

Su llamativa belleza y carisma le abrieron rápidamente las puertas del éxito y en poco tiempo ya debutaba en Broadway con su primera obra «El padre». De allí a Hollywood solo fue un salto.

El cine la estaba esperando con el debut en un pequeño papel en la película «Catorce horas», y tras su estreno fue llamada para protagonizar su primer filme. Luego llegaría «Mogambo», cinta por que fue nominada al Oscar como Mejor Actriz de Reparto. Pese a no ganar ese año, finalmente obtuvo el codiciado galardón con «La angustia de vivir», esta vez como Mejor Actriz Principal.

Musa de películas de Alfred Hitchcock, fue rodando el filme «Atrapa a un ladrón» que se grabó justamente en Mónaco donde conoció al Príncipe Rainiero, quien se habría encandilado con la rubia y la visitó durante los meses de rodaje.  Rápidamente el coqueteo pasó a un romance más serio que se mantuvo entre cortas visitas a Estados Unidos.

Atrás quedaba su vida nocturna y los variados romances que se le atribuyeron con compañeros de reparto -por lo general hombres mayores y casados con los que compartía roles en sus películas y hasta con el propio John Fitzerald Kennedy, por ese entonces senador. Grace había «sentado» cabeza y solo tenía ojos para su nuevo amor.

Dicho noviazgo la alejó de la pantalla grande para convertirla en princesa. Sin embargo, las películas y la vida a la que estaba acostumbrada no eran compatibles con su nuevo título.

Pese a ello se casó en 1956, acontecimiento que fue catalogado como la boda del siglo ya sea por su celebración como también por el comentado vestido de novia -de la diseñadora Helen Rose-,  pieza que aún es recordada e imitada por millones de mujeres de todo el mundo.

De sus años dorados como actriz sólo quedaban los filmes, pues su nuevo rol social estaba muy lejos de su vida pasada. No obstante, su matrimonio con el Príncipe Rainiero parecía color de rosa, vinculo del cual nacieron tres tres hijos: Carolina, Alberto y Estefanía.

El estilo y glamour hollywoodiense brotaban por todos los rincones del palacio, espacio al que Grace le entregó aquella elegancia y sofisticación propias de una diva como ella.

Grace fue sin duda otro gran ícono de la moda. Basta recordar la famosa cartera «Kelly», de Hermes, que se diseñó en su honor y hasta el día de hoy es uno de los modelos más requeridos por las féminas.

Y cuando todo parecía ir bien, un terrible accidente automovilístico conmocionó al pequeño Principado. El parte oficial habló de un infarto mientras conducía su auto junto a Estefanía (por ese entonces se rumoreó que era esta última quien manejaba el vehículo), episodio que a los 52 años apagó para siempre la luz de Grace convirtiéndola en toda una leyenda.

Actualmente su cuerpo descansa en la Catedral de San Nicolás junto a los restos de su amado esposo, quien nunca superó su ausencia temprana. Y entre los pasillos del palacio los recuerdos de una última etapa asociada al alcohol, amenazan con oscurecer los destellos de esta rubia actriz que se robó el corazón de Mónaco y del mundo entero.

De allí hasta hoy, las numerosas biografías y entrevistas a supuestos amigos y cercanos a la princesa y actriz dan cuenta de una vida caótica y desconocida para muchos, donde se describen tanto las penas como amarguras de esta norteamericana que se habría sentido atrapada entre las lujosas paredes de Mónaco, buscando en adicciones y amantes, su brillante pasado por las calles de Hollywood.