Gonzalo Urrea
Un amante de la estética y la fotografía

Tiene cuatro hijas y al menos dos de ellas poseen también esa parte artística que él desarrolló desde pequeño gracias a su padre. El cirujano dentista dedicado a la estética también en su profesión, nos cuenta de su vida, sus inicios y por qué decidió seguir el camino de la odontología profesionalmente, dejando el oficio de la luz como una afición que hoy en día, también le permite cumplir metas y sueños.

Por Virginia Torres M.

Nos costó un poco reunirnos, una cirugía dental de urgencia impidió la primera cita. Luego de varios llamados acordamos juntarnos muy temprano en la misma revista. A las 9:10 en punto lo vi llegar. Alto, imponente y de gran simpatía, el cirujano dentista y fotógrafo, Gonzalo Urrea Correa, tiene 30 años de experiencia profesional, pero también toda una vida dedicada a la fotografía.
Fue su padre quien inculcó en él su gusto por lo artístico, Luis Alberto Urrea García, quien siempre poseyó grandes habilidades para la pintura, además de un gran interés por entregar a su hijo una base sólida para desarrollar sus habilidades.
Permanentemente ligado al arte de la luz y la oscuridad, como un aficionado que se las juega por su pasión, alguna vez tuvo un gran sueño que cumplirá este año en Nueva York, cuando inaugure su exposición “The Figure and Unknown Places”, en una de las galerías más prestigiosas de la Gran Manzana, donde se podrán ver parte de sus trabajos más destacados.
Hoy en día gusta de los viajes y del Golf, deporte que practica de forma amateur también junto a su esposa, Claudia Klattenhoff, quien en compañía de sus cuatro hijas, son sus mejores aliadas.

El inicio de su afición

¿Cómo nace tu gusto por la fotografía?

“Mi padre tenía un gran talento artístico, pintaba muy bien y él fue quien me inició en el tema de la fotografía, en esos años, muchísimos años atrás, cuando aún era un adolescente. Claro que con el tiempo de alguna manera lo dejé, principalmente cuando empezó a llegar la fotografía digital, porque yo era mucho más purista, me gustaba el tema análogo, pero siempre seguí sintiendo un interés e inquietud importante por la fotografía gracias a mi padre, hasta que lo retomé”.

¿Cuál fue tu primera cámara fotográfica o la primera que recuerdas?

“La primera cámara que tuve me la regaló mi papá, fue una Kodak Instamatic, pero algo me ocurrió. Yo hacía teatro en el colegio, estudiaba en el Saint John’s y cuando tenía unos 15 años fuimos a una gira a Punta Arenas, donde se presentarían todos los grupos de los colegios del país. Estábamos en el segundo o tercer día de viaje, y nos llevaron de paseo a Puerto Natales, para cruzar el Estrecho de Magallanes en transbordador. Yo encontré hermoso el paisaje y sin pensarlo me fui hacia la popa del barco a tomar unas fotografías de cómo se iba, de alguna manera, alejando de Punta Arenas, de la ciudad. No me colgué la cámara y en un descuido esta se me cayó al estrecho (…) me quería morir, perdí todo, lloré, fue espantoso, además que en ese tiempo la fotografía análoga te permitía hacer solo 36 tomas, por lo que ver las fotos reveladas era muy emocionante, era tan distinto a hoy, pero la verdad así fue mi inicio en esto y hasta el día de hoy recuerdo cuando la vi cayendo por la borda”.

Entre risas y aún un poco de nostalgia por la pérdida de esta primera herramienta que le permitió inmortalizar tantos momentos, Gonzalo recuerda también que su padre poseía una Minolta, marca japonesa que ya ni siquiera existe en el mercado, pero de la que todavía atesorara buenos instantes, pues hace alusión a aquella época, en que juntarse a ver las fotografías de paseos o viajes era toda una tradición, ya perdida en estos días.

¿Cuáles han sido las temáticas que han marcado tu carrera como fotógrafo?

“Me interesa mucho rescatar cosas y paisajes de la Región, por ejemplo, el año 2002 edité un libro que se llama Rastros del Bío Bío, fue un trabajo súper bonito, una tremenda experiencia y además lo vendí completo, los compraron distintas empresas, porque realmente era un hermoso regalo y muy buena iniciativa”.

Hoy en día tiene nuevos proyectos, que sin duda expresan su gran pasión por este oficio, el que le permite disfrutar junto a su familia y ser un nexo entre el público y los parajes que inmortaliza en sus salidas y viajes.

¿Tienes algún proyecto reciente?

“Estoy con la idea de llevar a cabo otro libro, pero esta vez estoy mucho más abocado al blanco y negro, con altos contraste, realmente me gusta mucho esta etapa, y en ese sentido realicé tres colecciones que hoy puedes apreciar en las paredes del Hotel Radisson, las que me gustaría mucho llevar a una publicación”.

Una gran sorpresa

¿Hay algún sueño que te gustaría cumplir como fotógrafo?

“Siempre tuve el sueño de participar en alguna exposición en Nueva York. Hace meses atrás postulé subiendo mi obra a la plataforma de Agora Gallery, una galería de gran prestigio que ya tiene 25 años de existencia, ubicada en el barrio de Chelsea. Fui elegido e inauguraré este año el próximo 12 de julio”.

La emoción denota en su rostro un sueño de tantos años hecho realidad, gracias al que sus trabajos podrán ser vistos por miles de personas, incluso a través de la plataforma web del espacio de arte, donde ya se encuentran disponibles a través de www.agora-gallery.com

¿Cómo se tomó la noticia?

“Estoy tremendamente feliz porque esto es un gran logro en mi carrera. La exposición se llama ‘The Figure and Unknown Places’ y tuvo una muy buena recepción de parte de ellos, con quienes nunca había existido contacto antes. Además, cuando la directora de la galería me preguntó qué precio pondríamos a las fotos, yo la verdad no sabía qué responder porque siempre las he regalado a los amigos o la familia (…) Finalmente ellos las tasaron, y fue bastante bueno porque yo no quería tirarme ni muy bajo ni muy alto, y no sabía cómo hacerlo, ya que esto es algo totalmente nuevo para mí”.

¿Qué trabajos realizaste para construir la muestra?

Elegí fotos de varias temáticas, algunas de mi serie ‘Waters’, otras de las colecciones que hice y que están en el Radisson, también fotografías que tomé durante un viaje a Croacia el año pasado, y así ellos fueron eligiendo las fotografías que de alguna manera sintieron que podían tener mayor profundidad para exponerlas. Por otra parte, no había un concepto claro sobre qué postular, porque sólo pedían una serie bajo temáticas de mi interés”.

¿Esperabas realmente poder exponer en Nueva York?

“Cuando uno no tiene ningún tipo de expectativa parece que todo saliera mejor, me avisaron en diciembre del año pasado que estaba seleccionado en algo a lo que postulé como cualquier artista del mundo y así se fue construyendo el tema y ha sido muy gratificante, además orgulloso de esta faceta artística que he logrado a través de los años”.

Pese al tiempo que lleva dedicado a la fotografía, y a los logros obtenidos, no lo ve como una carrera paralela, porque su objetivo es satisfacer ese instinto de artista que ha forjado durante décadas. “La verdad es que lo hago para el alma, es una afición muy entretenida, amena y bonita, que me sirve para desarrollar también mi sentido estético, lo que ayuda mucho a mi labor en odontología estética, convirtiéndose en un complemento para mi carrera”, asegura conforme.

La mirada de un fotógrafo

¿Cuál es la forma en que desarrollas tu trabajo en fotografía?

“Siempre ando con mi máquina fotográfica para todos lados y me gusta mucho captar instantes. Hay una fotografía que se denomina street photography o fotografía callejera, que es una corriente bastante grande en el mundo. Dentro de ella hay una artista que fue descubierta hace bien poco llamada Vivian Maier, que iba tomando fotografías de cualquier cosa que le pareciera interesante, una persona que esté con pena, o quizás que esté alimentando a una paloma, cosas muy instantáneas y espontáneas, esa fotografía es muy rápida y me gusta mucho”.

Por eso, en sus trabajos Gonzalo combina aspectos del paisaje, el retrato y la fotografía de la calle, para crear imágenes ricas, que exponen diversos aspectos de la condición humana.

Al detenerse en la figura de Vivian Maier (1926-2009), el artista recuerda con mucha simpatía una anécdota que le habría ocurrido a la fotógrafa. “Un día salió sin su cámara y justo visualizó una toma preciosa. Entonces una de sus exposiciones partía con un papel en blanco enmarcado junto a una reseña que decía: esto es una paloma en la plaza de Venecia junto a una pareja de enamorados, y terminaba abajo con la frase: no tenía mi cámara en ese momento, pero juro que la tomé; y así fue, mentalmente hizo como si su cabeza fuese una cámara, hizo clic y no pudo olvidarla nunca”, cuenta admirado.

Así, por estos días uno de sus principales objetivos es aprovechar al máximo su viaje a Nueva York para hacer fotografía callejera. “Me gustaría mucho hacer una muestra sobre esa ciudad y su vida cotidiana, la que pudiera ser interesante para la gente de Concepción”, confidencia.

La afición y la familia

¿Cómo compatibilizas este hobby con la vida familiar?

“Tomo muchas fotografías a mis hijas, a mi grupo familiar, que finalmente son mis modelos, con quienes siempre estoy tratando de hacer algún juego de luz o algo. Normalmente disfrutamos mucho de esto, incluso hace algunas semanas hicimos un viaje, un safari fotográfico por la costa hacia Cobquecura, y realmente cuando quieres tomar buenas fotografías, bien pensadas y elaboradas, uno tiene que llevar trípode, modificadores de luz y así un tremendo equipo, pero ellas, mis hijas y mujer, se transforman en mis asistentes y les encanta”.

¿Hay alguna serie especial que estés realizado en esos viajes?

“Si, estoy trabajando en la serie que comenté llamada ‘Waters’, que son fotografías de larga exposición donde se logran unos efectos maravillosos con el agua, incluso tridimensionales. He logrado escenas sumamente fuertes, con mucha energía, con un movimiento completamente vivo y quedan maravillosas. Me gusta y me libera mucho poder hacer esto con mi familia”.

¿Hay alguna aficionada entre tus hijas?

“La verdad sí, Rosario de ocho años se ha mostrado muy entusiasmada y ya quiere que le regale una cámara, anda en la búsqueda y tiene el ojo. Pero también está la mayor, Dominga, que estudia Diseño Industrial en la Universidad del Bío Bío, ella es muy artista y tiene un cuento creativo importante. La Paloma en cambio es más científica, estudia enfermería”.

El cuadro familiar lo completan su hija Rafaela de cinco años, su mujer, Claudia Klattenhoff, y su pequeña nieta Lorenza de apenas tres, quienes lo han convertido en el regalón y único hombre de la casa, comenta entre risas.

Más recuerdos de juventud

La pérdida de su máquina Kodak en las profundidades del Estrecho de Magallanes, no fue la única anécdota que tuvo Gonzalo durante su juventud con una cámara fotográfica. Otro episodio similar habría marcado un viaje realizado con sus amigos.

“Durante la gira de estudios antes de salir del colegio viajamos a Inglaterra, donde adquirí una máquina analógica Olympus OM-10, era muy muy buena cámara. Al verano siguiente, luego del primer año de universidad fuimos a Machu Picchu, donde nos robaron a todos y otra vez perdí mi cámara y todo el material, apenas rescaté unos cuatro o cinco rollos – dice con tristeza- luego de eso compré mi primera Nikon, marca con la que trabajo hasta el día de hoy”.

En la conversación deja entrever que uno de sus máximos placeres es poder mirar por el ocular, enfocar y concentrarse en el encuadre y composición de la toma. “Mirar por una pantalla para mi significa menos concentración, en cambio el ocular me permite aislarme del mundo y concentrar mi ojo en este pequeño formato donde realmente puedo observar y lograr un buen resultado”.

Veo que gran parte de tu vida ha girado en torno a la fotografía, entonces ¿cómo llegaste a estudiar Odontología?

“Lo encontré interesante e igual me quería dedicar a la cirugía estética porque me resulta fácil, de alguna forma poder desarrollarme también artísticamente me ha ayudado, porque mi profesión tiene conceptos estéticos súper importantes. Hoy la gente exige mucho más desde ese punto de vista, buscan también tener una bonita sonrisa, que sea armónica y equilibrada”.

¿Pero por qué o en qué momento te decidiste por esta carrera?

“Con un gran amigo del colegio, Carlos Otero, estábamos pensando qué estudiar, él me comentó que su abuelo era dentista y luego de conversar un rato nos decidimos por Odontología, fue algo súper natural y no muy pensado, pero estoy agradecido de haber hecho esa elección”.

El futuro

¿Tienes algún nuevo sueño que te gustaría cumplir luego de exponer en Nueva York?

Cuando niño siempre le decía a mamá que quería ser fotógrafo del National Geographic, y existía ese típico prejuicio de las mamás, ‘no, fotógrafo no, te vas a morir de hambre’, por eso quizás no me dediqué a esto, pero cuando estuve becado en Bélgica me metí en el Foto Club, donde hay una escuela muy fuerte sobre el tema, me concentré y estudié un poco más lo que me ayudó mucho. Aún me gustaría trabajar en fotografía editorial, tratar de comunicar algo a través de las imágenes, trabajo que realizan los grandes fotógrafos del mundo y yo lo encuentro muy interesante”.

Gonzalo llega al final de esta entrevista revelando otra de sus ilusiones. “Me gustaría mucho empezar a trabajar desde ya en Nueva York para exponer en Londres algún día, porque también hay un cuento muy interesante en esa ciudad, pero por el momento lo más importante es la familia, juntarnos, fotografiarnos, que se sientan parte de esta afición le da mucho más sentido”.