Francisca Peró, directora del Teatro Regional Biobío:

“Yo vine para quedarme”

Actriz, gestora cultural, fundadora del sindicato del GAM, huérfana a los 19 años y mamá soltera a los 26. Con esto en currículo, Francisca Peró, Directora del Teatro Regional del Biobío, se describe a sí misma como “una mujer fuerte”.

Por Camila Mellado

La entrevista es en el Teatro Regional, lugar al que entramos con casco y luego de firmar una nómina de invitados. “Solo podemos mostrar el hall y los camarines, lo demás no está listo”, explica Francisca Peró cuando ingresamos a su oficina. En medio de un camarín amarillo con espejos, la Directora del Teatro Regional tiene su escritorio, con figuritas talladas, papeles y post-its sobre él. Afuera hay mesones con planos, documentos, cables y computadores, y desde allí se escucha como el resto del equipo conversa animadamente. Hombres y mujeres con casco se nos cruzan en todas direcciones mientras nos adentramos en el teatro, y sonríen saludándonos  a nosotros  y por supuesto a Francisca, que parece conocerlos a todos. El bullicio, el ritmo y el ruido, adelantan el futuro de este edificio, destinado a albergar el espacio cultural más importante de la región.

Cuando nos quedamos a solas, comienza la entrevista entre taladros y ruidos estridentes, que no son más que los sonidos de parto del gigante que nacerá en marzo en Concepción.

Ciudad y Teatro

¿Cómo fue tu proceso para llegar a este cargo?

De formación yo soy Bachiller en Humanidades y actriz de la Universidad Católica (PUC). Me dediqué a la docencia y a la actuación y desde hace ocho años que estoy inmersa en el mundo de la gestión. Estuve trabajando en el GAM por siete años, y postulé a este cargo luego de haber pasado un tiempo en Concepción, haciendo cursos para el Consejo de la Cultura en noviembre de 2016. Debo haber estado seis días acá o algo así y me pareció bien fascinante la ciudad, no había venido hace muchos años y me acuerdo haberle comentado a mi novio en ese entonces “me gustó tanto Concepción, me gustaría vivir acá”. Salir de Santiago, era algo que nunca me había planteado, porque uno tiende a pensar que en la gestión cultural está todo más centralizado y es difícil moverse. Justo me comentaron de este teatro que se estaba construyendo, pero no fue más que una anécdota y después a fines de diciembre aparece publicado que buscaban Director Ejecutivo. Me sentí muy identificada con el perfil, así que postule y quedé. El 28 de febrero de 2017 ya estaba instalada acá para empezar a trabajar.

¿Y cómo ha sido este año en esta nueva ciudad?

Bien. A mí por suerte me encanta el clima, me encanta la lluvia. Dicen que me tocó un invierno más lluvioso que los anteriores, aunque no tanto como solía ser históricamente, así que estoy súper adaptada al clima de la ciudad.

Y en cuanto al desafío laboral, es como partir un proyecto, no te digo que casi de cero, porque acá en el teatro ha trabajado un montón de gente; desde los artistas de la ciudad hasta las autoridades, hay un trabajo previo enorme. Pero sí, me toca formar el equipo que parte desde cero, tirar las líneas de programación, los planes de gestión, planes estratégicos, planes objetivos, etc. Laboralmente ha sido un desafío en el que he aprendido mucho como profesional, y ya estamos en una etapa en que todo ese trabajo se empieza a sentir y a tomar forma. ¡Ya estamos en el teatro! Estuvimos un año en una oficina provisoria con cuatro personas, yo partí sola los primeros dos meses con el apoyo del Directorio y del Consejo de la Cultura, pero como equipo de gestión era la única. Hicimos el proceso de selección del Jefe Técnico y después entró la Jefa de Administración y Finanzas y la Periodista. Y con ese equipo de cuatro personas trabajamos hasta hace un mes. Y ahora ya estamos creciendo, están entrando los técnicos, el Jefe de Comunicación y Marketing, programación y audiencias, etc. Vamos a empezar a crecer exponencialmente hasta los inicios de marzo, que es cuando estaremos listos para abrir.

Y ¿qué expectativas tienes para el teatro?

Yo espero que el teatro sea un espacio vivo. Y con esto me refiero no solamente a que haya programación artística de calidad y que el público llene las salas, si no que sea un espacio de encuentro ciudadano que conecte a los habitantes con las artes. Que sea un lugar que los jóvenes también puedan captar y vivir. Vamos a tener una cafetería, un restaurant, una tienda, vamos a tener un hall muy espacioso. Espero que sea un aporte al desarrollo de las personas.

A mí me apasiona mucho el teatro y las artes escénicas, porque son de los pocos momentos que todavía nos quedan de encuentro con el otro, son artes vivas. Es maravilloso el cine sin duda, son maravillosas las artes visuales. Pero las artes escénicas, el contacto con un músico, el contacto con un actor o con un bailarín, es una expresión que está ahí en vivo para el público.

En el espacio de las artes escénicas, tú entras en silencio a observar lo que otro ser humano te está entregando. Lo que se produce ahí es magia, independiente de si te gusta o no te gusta la obra, pero emotivamente ocurre algo y eso para mí es sagrado y tiene que llegar a la mayor cantidad de gente posible.

Este no es un espacio elitista, acá va a haber todo tipo de espectáculos, con líneas editoriales específicas por supuesto: este es un espacio para el teatro, la danza y la música y a esas disciplinas nos vamos a acoger. Vamos a tener entradas con precios asequibles para distintos públicos, algunas veces vamos a tener actividades gratuitas, pero hay que agregar también que el acceso al arte y su democratización, no tienen que ver necesariamente con la gratuidad, también tiene que ver con que haya la posibilidad de pagar una entrada que no sea tan cara, por ejemplo.

¿Y para los artistas?

Es para los artistas y para que ellos se encuentren con pares nacionales e internacionales, y con el público también. Este tiene que ser un foco de desarrollo para la región, que parte hoy, pero que tiene que ser mirado en perspectiva en 10, 20, o 30 años plazo. Los teatros se desarrollan en el tiempo, no todo ocurre los primeros años, pero es fundamental que en cosas que pueden parecer detalles, como decidir por ejemplo la programación artística y que ésta sea de calidad, se busque innovar, provocar, que haya contenidos clásicos. Todas esas líneas de trabajo son fundamentales para proyectar el teatro en el tiempo, porque en definitiva es cómo se ve desde afuera del país, y cómo mirarán a la región.

Vocación, liderazgo y lucha

Hablemos de tu relación con el teatro, se nota que sientes mucho cariño por él. ¿Cuándo comienzas a relacionarte de esta manera con las artes escénicas?

Empiezo en el colegio, a los 16 años, que fue cuando tomé un taller de teatro. No estaba muy clara de lo que quería hacer en realidad, me gustaba la psicología, la psiquiatría o la ingeniería. Y entré al mundo del teatro porque siempre me gustó hacer actividades extraprogramáticas. Me metí al taller de actuación y ahí no dejé nunca más de hacerlo. Sabía que quería estudiar en la Católica o en la Chile, siempre fui muy tradicional en eso de la formación, soy un poquito obstinada, porque también sabía que me quería ir a estudiar fuera de Chile y para eso necesitaba validación de título. No me fue fácil, había que dar una prueba especial y no quedé la primera vez, entonces mi mamá me convenció de meterme a bachillerato, yo creo que con cierta esperanza de que yo desistiera. Luego mi vida en lo personal se puso muy difícil, porque murieron mis padres y quedé huérfana a los 19 años. En ese momento terminé bachillerato e ingresé a estudiar teatro.

Fueron cuatro años súper intensos, porque es una carrera que trabaja mucho con las emociones. Es un poco como la arquitectura; de repente en el proceso de formación, el profesor te rompe la maqueta en la que trabajaste tanto. Acá pasa lo mismo: “tu personaje, ¡está horrible tu personaje!” Es una carrera dura. En tercer año postulé a intercambio, un proceso bastante competitivo, pero yo era matea así que me fui a estudiar teatro a la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA) y fue una súper experiencia, pero ¡me fui 10 días después de que se cayeran las Torres Gemelas!

Había postulado un año antes, entonces ya me había ganado el cupo que era súper difícil, se cayeron las Torres Gemelas, y yo en vez de pensar en la tragedia dije “¡no!, no me voy a poder ir”. Me fui igual. Creo que lo pude hacer por mi situación, ya tenía 20 años, me mandaba sola, ya era mayor de edad y mis papás no estaban vivos, mis tías y mi familia trataron de convencerme que no me fuera, pero yo me fui igual. Tengo familia en Estados Unidos, entonces no estaba sola. Estudié allá nueve meses, hice parte de mi tercer año y luego volví a Chile a terminar.

Me titulé y empecé a trabajar en teatro, me pasé a la docencia rápidamente haciendo ayudantías de voz, de canto y garzoneaba, lo típico que haces cuando eres más joven. Igual hice unos cuentos chilenos para la televisión, hice comerciales. Me empecé a meter un poco en el medio, pero quedé embarazada y mi vida dio un giro. Tomé decisiones profesionales que tenían más que ver con mantener a mi hijo.

Fue una etapa difícil, era huérfana, mamá soltera y claro, el objetivo era parar la olla. Igual me ayudó mi familia, yo vivía con mi hermana y eso contribuyo favorablemente en la primera etapa de crianza, pero tenía que generar recursos y en ese momento no pude hacerlo a través del teatro. Hay gente que lo logra, pero toma tiempo. Ahora lo miro con distancia y para ingresar al medio actoral tienes que pasar un par de años peleándola y ver si te resulta o no.

En eso estuve cinco años, trabajando en un montón de cosas, vendí cuentas corrientes en un banco, me metí en un negocio que armé con un alemán y del que aprendí un montón sobre gestión comercial, y muchas habilidades que tengo incorporadas, más allá de lo artístico. Pero llegó un momento en que dije: ya, esto que aprendí tengo que incorporarlo en lo mío, en cualquier cadena productiva de la industria artística, así sea haciendo planillas excel, pero enfocada en las artes. Me tiré a la piscina, renuncié a todas las pegas que tenía y me metí a trabajar en Santiago a Mil, ahí hice muchas redes, ya que muchas personas que estaban trabajando en el festival de teatro, también lo hacían en el GAM, entonces lancé mi currículo y entré. Ahí aprendí todo, fue como mi master en gestión cultural.

Tu dirigencia el en GAM fue muy fuerte, fuiste partícipe de procesos importantes no solo para el Centro Cultural Gabriela Mistral, si no para la cultura a nivel nacional, ¿cómo fue esa experiencia?

Muy interesante, porque fue bastante integral. Y fue difícil también. Lo que más rescato es aprender a ser participativo y no estar sentadito en la casa comentando en Facebook. Creo que los problemas y desafíos se tienen que resolver de manera activa, vinculada y organizada. Yo creo en el derecho colectivo. Si bien me tocaron crisis, siempre nuestra postura fue conversar, resolver, por varios años estuvimos así y a veces eso no resulta y hay que ir un poco más al choque. Uno cumple un rol como dirigente que es representar el pensar y el sentir de un colectivo. Lo positivo fue que se armó un grupo de trabajo generoso, de compañerismo, y quizás eso no existía antes en el GAM. Hubo un espacio de lucha que fue duro y fue un desafío enorme. También obedece a un proceso de profesionalización de la gestión cultural en esa época, en entender que en un teatro lo que se ve es la programación artística, pero dentro hay normativas, legislación, seguridad del trabajador, y un montón de cosas que tienen que ver con cualquier industria, y que el equipo directivo y de jefatura tiene que observar y cuidar.

Y, ¿cuánto impacto tuvo para ti la visibilización que tuviste en ese momento, al ser un proceso que no se había visto antes, de esa forma en el mundo de la cultura?, ¿qué impacto tuvo eso en tu formación como profesional?

A pesar de que yo tuve que enfrentar un conflicto con la dirección de esa época, ambas partes fuimos súper decentes. Hubo pelea, sí, pero siempre supimos y nos avisamos cada paso que íbamos a dar. No hubo nunca un golpe por la espalda o un cuchillazo. Fue duro, me tocó enfrentar a la Directora Ejecutiva, ella tuvo que defender lo que tenía que defender, hubo mesas de trabajo, fuimos a una mediación.

En cuanto a la experiencia, me hizo aprender muchos detalles de cómo se mueve un teatro, a manejar conflictos y a liderar, porque un dirigente sindical es un líder que tiene que contener un montón de aprensiones, problemas. No siempre todo es pelea, uno lleva también al empleador otros temas. Es  delicado porque tienes que ser lo suficientemente razonable y aguerrido, ya que si te desequilibras en eso, te conviertes en un intransigente, o te conviertes en un vendido, entonces ese equilibrio es súper difícil de manejar.

Yo espero que todo lo que aprendí lo pueda poner en práctica, entiendo otras complejidades ahora que estoy acá, uno empieza a ampliar la mirada, pero todo lo que es la corrupción o las faltas a la ética que hay en Chile, muchas veces no son ilegales, pero no por ello son correctas. Esa es la mirada que teníamos como sindicato. A todos se les pagaba el sueldo, no había ilegalidades en ese sentido, pero ¿cómo distribuimos las bandas salariales?, ¿replicamos el modelo de desigualdad de Chile? Yo no creo que todas las personas tengan que ganar lo mismo, no me refiero a eso, pero hay brechas y eso fue lo que pasó en el GAM, que había una relación de 33 a 1, en donde el sueldo máximo era 33 veces el más bajo, y eso comenzó a generar problemas, que no eran en contra de las personas, pero lamentablemente son éstas quienes representan  la lucha. Acá nosotros estamos tratando de replicar el 10 a 1, como en los países más desarrollados, no sabemos si nos va a resultar, pero estamos intentando. Yo creo que el liderazgo tiene que ir por ahí.

Familia, vida y conciencia de muerte

Hablemos un poco de tu familia, ¿cómo era tu relación con tus papás?, ¿cómo fue perderlos?

Mis papás estaban separados, yo soy la menor de tres hermanos, pero ellos se llevaban bastante bien. Yo era súper regalona de mi mamá, vivía con ella, era muy apegada, entonces fue súper duro. Ella tenía 56 años cuando murió atropellada en un accidente, en esa época yo solo tenía 18. Mi papá murió un año después, estaba enfermo, tuvo un Alzheimer prematuro, entonces su muerte fue un poco menos violenta, pero fue heavy porque a los 19 años me quedé huérfana. Igual estaba criada, estaba en la universidad al menos.

Yo creo que entre los 19 años y hasta que fui mamá, a los 26, fueron años súper duros mirándolos en perspectiva. Aprendí positivamente de esa experiencia, me fue forjando. Yo soy una mujer súper fuerte. También te endurece un poco. El nacimiento de mi hijo yo creo que fue fundamental, a pesar de que fue una situación difícil porque yo estaba sola, yo creo que él llegó a mi vida para eso, para transformarme y llenarme de amor, me dio cierta sabiduría también, de apreciar la vida. Yo vivo con conciencia de muerte y no desde el miedo, si no que desde el desprender. No soy aprensiva con mi hijo, yo pensé que lo iba a ser, es súper duro, pero yo asumo que si a él le va a pasar algo, yo no lo puedo controlar. Él es independiente, es cero mamón, es cariñoso, es regalón, pero no es… yo con mi mamá era terrible. Yo creo que siempre supe que no la iba a tener para siempre, entonces era mamona, me pasaba a su cama hasta grande. Era súper, súper regalona.

Y ¿cómo era tu mamá?

Ella era muy alta. Profesional, siempre trabajó. Mis papás vivieron en Alemania unos años, mi mamá trabajaba allá y después volvieron a Chile.

Cuando tenía 5 años murió mi hermana mayor, a los 21 años, a mí se me murió literalmente la mitad de la familia, entonces mi infancia está marcada por la tragedia. Ahora quedamos mis tres hermanas, mis tías por parte de mamá, que son fundamentales, y mis primos, tengo ahí un entorno.

Son todas cosas duras, hay gente que me ha dado puñaladas por la espalda, hay gente que ha inventado rumores, como que yo le quiero dar trabajo a mi marido en algún proyecto, ha habido mucho de eso, pero yo soy súper Rocky para mis cosas. Yo doy la pelea, yo resisto.

También me he terapiado, he ido al psicólogo. Creo en eso, creo que la salud mental es importante y hay una especie de prejuicio, como si uno fuera puro cuerpo y en ese sentido las artes también aportan en la sanación. Desde los griegos, la catarsis, la anagnórisis, que son conceptos que vienen de la sanación a través de las artes, entonces para mi es fundamental. Yo tengo que estar toda mi vida vinculada con las artes y en eso creo y eso quiero que ocurra en el teatro, porque se mejora tu vida, y no desde la entretención y la risa necesariamente, si no desde llevarte a lo profundo, al lado oscuro también. Uno tiene que transitar por el lado oscuro y saber que puedes salir de ahí. Y volver a entrar, y volver a salir.

También hago las cosas con miedo. Me fui a Estados Unidos con susto, se habían caído las Torres Gemelas, pero me fui igual. Y tampoco fue tan divertido allá, porque el norteamericano es sesgado, es medio racista.

Asumiste este cargo siendo una mujer joven en una ciudad donde estamos acostumbrados a ver hombres en estos roles, ¿cómo crees que va a impactar esto en la cultura y en el resto de las mujeres?, ¿Qué tan difícil es esto para ti?

Me veo más joven de lo que soy. Tengo 39 años, obviamente lo soy, pero no tanto.

Hay machismo en Chile, sí, mucho. Obviamente que está el “esta niñita, ¿de dónde viene?, ¿qué ha hecho?”, pero ahí yo tengo paciencia. Eso se demuestra con el trabajo. Si no se dan cuenta, no se dan cuenta no más, es un poco lo que decía respecto a mi hijo, hay cosas que uno no puede controlar, y yo creo que no hay que perder energía en intentar controlarlas. No significa que no me haya producido angustia, ansiedad y preocupación, porque sí, tengo mi lado neurótico, pero lo dejo de lado porque yo sé lo que significa este buque. Es primera vez que me toca dirigirlo, porque antes lo trabajé dentro de un equipo y había otra directora en el GAM, pero observé.

Hay hartas mujeres en Chile en la gestión cultural. Está Lilian Quezada acá en el Teatro de la Universidad de Concepción, en el GAM la directora de programación es Pamela López, está Carmen Gloria Larenas en el Teatro del Lago, Carmen Romero en Santiago a Mil. Para mí esas mujeres son ejemplos. No he sentido que se me hayan cerrado las puertas de nada por ser mujer, pero sí creo que en el trato, en la ejecución del rol si hay machismo. De hecho en la terna para este cargo éramos tres mujeres, me llamó la atención. Yo creo que en ese sentido, al menos en el ámbito cultural, en mi experiencia, no es machista. Es en el cotidiano donde aparece “esta niñita” o donde de repente te encuentras con hombres que te dicen: “ya, ¿pero tú sabes que vas a tener que calcular cuánto cuesta la luz al mes?” Eso lo hago en mi casa. Hay mucho mansplaining. Hay muchas cosas que administrativamente te ponen trabas o te miran con desconfianza por ser mujer y verse joven.

¿Esperas quedarte en el cargo?

No desarmas tu casa ni sacas a tu hijo de su colegio, ni te sigue tu marido para venir un año. Tengo mi marido, un hombre cero machista, un tipo iluminado, que me siguió en esto y eso se da poco, en Chile y en varios países. Él me siguió, él tuvo que hacer una renuncia a sus cosas. Igual viaja a Santiago, es cineasta y eso está mucho más activo allá. Ahora quiere desarrollarse acá y lo está logrando, pero hay una renuncia súper importante. Y mi hijo, él también ha sido un niño súper generoso. Al principio le costó, se estuvo resistiendo como un mes a la idea, pero ya está súper adaptado, incluso me gustaría que él terminara su colegio acá.  Él ha sido un motor súper importante en momentos difíciles. Así que respondiendo a tu pregunta, sí, claro, yo vine para quedarme.