Fernando Quiroga Dubournais

“Soy un agradecido de la vida”

 Este penquista por adopción de 62 años -nació en Antofagasta, pero desde los 3 años que ha hecho su vida en Concepción- asumió recientemente como vicerrector de la Universidad San Sebastián, acarreando tras de sí una destacada carrera en el área de la kinesiología, profesión que con el tiempo fue complementando a través de distintos perfeccionamientos y postítulos relacionados con educación y dirección de personas. Un camino, más allá de lo académico e institucional, que ha estado marcado por el esfuerzo y la constante búsqueda de nuevos conocimientos. Un sello que ha tratado de transmitir en los distintos cargos que ha ocupado en la USS. De esto y mucho más en las siguientes líneas.

Por Mauricio Maldonado Quilodrán

Si hay algo que caracteriza a la Universidad San Sebastián es su privilegiado y bello entorno. Tras una breve pasarela por parte de la conocida Laguna Las Tres Pascualas, cristalinas aguas en que algunos cisnes se pasean indiferentes ante el transitar de los estudiantes, uno a uno entre los frondosos árboles van emergiendo los diferentes edificios que constituyen el extenso campus. El primero de éstos, macizo y similar a un gran espejo será el punto de encuentro con Fernando Quiroga Dubournais. Puntualmente, el quinto piso cobija lo que es su nueva oficina como vicerrector.

Ahí, con una suave música clásica de fondo, y luego de un cordial apretón de manos, uno a uno van aflorando los recuerdos de distintas épocas. Días dorados de los años ochenta y noventa cuando comenzaba su trayecto como kinesiólogo, un camino que inició en el servicio público en el Hospital Regional de Concepción. Centro asistencial en el cual conoció a su esposa. “Se me cruzó en un pasillo del hospital, lo cual ocurrió el año 1991. Pololeamos muy poco, pues ya en el 92 estábamos casados”, cuenta brevemente esbozando una sonrisa. Producto de esta unión nacieron Felipe y Sofía, estudiantes de Medicina y Arquitectura, respectivamente.

Originario de la ciudad de Antofagasta, nació el 29 de enero de 1956, y con tan sólo 3 años se traslada a Concepción producto del trabajo de su padre. “Él era médico del Ejército, por lo cual nos trasladamos aquí cuando era pequeño. De tal manera que soy penquista, toda mi vida la he realizado aquí”.

¿Cómo definiría su infancia?

Mi infancia la viví en Concepción con una familia maravillosa. Tengo dos hermanos espectaculares, quizás con el legado más grande que nos dio nuestro padre que es la hermandad. Fue una infancia feliz y normal de una familia de clase media. Mi padre era un médico hipocrático, por lo que fui hijo de ‘médico pobre’. Y esta formación fue buena, ya que ciertamente fuimos un poco ‘hijos del rigor’, es decir, en que teníamos que vender cosas, teníamos que trabajar para financiarnos las vacaciones, y vacaciones no como las de hoy en día sino más bien ir a acampar en algún campo en Chillán, ir a Pucón, pero en carpa. Como gira de estudio y gran evento fuimos en bus a Bariloche. Eran otros tiempos, pero muy riquísimos en formación valórica y en cultura.

¿Considera que su padre fue su gran influencia, su modelo a seguir?

Con mi padre tuve una cercanía enorme, su intelecto me influenció en el sentido de que aprendí mucho de él, me hizo pensar en el ser humano, en la reflexión humanista, en el punto de vista de lo que es el mundo, de la preocupación por los demás. Que es lo que quise transmitir en la Facultad de Ciencias de la Salud. Aquí no formamos profesionales para estar detrás de un mostrador, más bien vamos a enfrentar a un paciente y si viene hacia nosotros es porque se comprometió su salud, se enfermó, sufre y siente algún dolor, el deber nuestro es escucharlo, mirarlo a la cara, atenderlo, preocuparnos de él. Formamos personas, eso lo aprendí de mi padre. Él fue ese tipo de médico, toda mi admiración, respeto y amistad hacia él. Mi padre fue mi gran amigo.

Perfeccionamiento constante

Educado en el Colegio Metodista y luego en el Colegio Concepción, su formación profesional la hizo en la Universidad de Concepción, donde egresó como kinesiólogo, para después trabajar durante dos décadas en el Hospital Regional penquista y llegar finalmente a la USS. “En el servicio público, el mejor regalo son los propios pacientes. A ellos les expreso  toda mi gratitud. Renuncié al hospital luego de 20 años, llegando a la Universidad San Sebastián en 1999, a cargo del proyecto de la carrera de kinesiología, que fue aprobada en primera instancia por el Consejo Superior de Educación y el rector de la época, Guido Meller, me ofreció el cargo de director de la carrera”.

Posterior a esto ocurrió la expansión, por el sur y en Santiago, de la USS, por lo que Quiroga es nombrado director de escuela, y ya en el 2007 pasó a ser decano de la Facultad de Ciencias de la Salud. Puesto que ocupó hasta el pasado 1 de marzo, día en que partió en su cargo como vicerrector de la sede penquista, y fundacional, de la USS.

¿Tuvo que ver su padre en el hecho que eligiera el camino de la salud como profesión?

Obviamente. Yo lo acompañaba a los domicilios y al hospital, de tal manera que fue una experiencia muy enriquecedora para mí. Además, en casi toda mi familia hay médicos.

¿Y por qué la kinesiología, puntualmente, siendo que el área de la salud es tan amplia?

En ese tiempo estaba en boga todo lo que tenía que ver con la rehabilitación. Pensé, y fue acertado, que podía hacer más en el ámbito de la rehabilitación y de la recuperación de patologías de distintas disciplinas de la medicina, creía que podía entregar más ahí, y no me equivoqué.

La kinesiología es muy rica en sus áreas ya que la mayor parte de las disciplinas médicas tienen que recurrir, necesariamente, al kinesiólogo. Ni hablar en el tema musculoesquelético, rehabilitación cardiorrespiratoria, en obesidad, en deporte, ginecología, obstetricia, neurociencia, estamos en todo. Y esa riqueza de la amplitud de las subespecialidades en kinesiología es muy interesante. Yo me recibí en la época en que los kinesiólogos éramos generalistas, hoy en día no.

En la actualidad no se entiende que un kinesiólogo, a lo menos, tenga un diplomado para especializarse en alguna disciplina, también existe el Departamento de Especialidades Kinésicas del Colegio de Kinesiólogos de Chile, organismo que reconoce a los kinesiólogos tal como ocurre con medicina, contribuyendo a que nuestra presencia sea mucho más relevante.

¿Por qué se quiso quedar en Concepción a estudiar?

Por un lado, fue por un tema económico, trasladarse a Santiago era algo impensable para nosotros en aquella época, muy costoso. Y por otro lado, cuando entré a la Universidad de Concepción es una universidad de prestigio, en ningún momento pensar en estudiar en otra ciudad, siempre fue acá.

Creo que fue muy acertado, la UdeC entrega una formación muy relevante, y ha sido formadora de destacados profesionales que se han repartido a lo largo y ancho de todo el país. Igual que la USS, que con 28 años, 29 que cumpliremos este 2018, tenemos más de mil egresados que hemos entregado al país, solo en Concepcion, profesionales de altas competencias y que son nuestro orgullo como institución, son la mejor expresión de nuestro prestigio institucional.

Y ya como profesional ¿tuvo la oportunidad de hacer clases en la USS?

Sí. Hice clases en kinesiología y después, cuando fui nombrado como decano también. Viajaba de forma regular a Puerto Montt, Osorno, Valdivia y Santiago, por lo que con el tiempo fue algo incompatible. Sin embargo, el año pasado tomé el curso de liderazgo, clases transversales de formación integral, lo que resultó bastante provechoso, ya que tuve a alumnos de todas las carreras.

¿Le gusta esa experiencia de estar más de cerca con los alumnos?

Creo que si hay algo que rejuvenece es el contacto con los estudiantes. Y no sólo eso, creo que el aporte que realizan junto a su vitalidad son factores muy enriquecedores. No hay cosa más maravillosa que cuando el discípulo supera al maestro, ese es el mundo y para allá es que quiero que vayan las cosas. Siempre les he dicho a los estudiantes ‘los quiero ver dando cátedras en congresos, publicando artículos, quiero que sean mejor de lo que yo he sido’, ese es el camino.

¿Qué encuentra que fue lo más difícil o complejo de enfrentar dentro de su formación profesional?

En la actualidad, las herramientas como Internet, redes sociales, y otras variables, hacen que el conocimiento se duplique cada vez en menos tiempo: la vorágine de la globalización me hace pensar en que me gustaría haber vivido en un tiempo como el de ahora.

Realicé una pasantía en el año 84 -de cuatro meses- en rehabilitación cardíaca en la Universidad de Loma Linda en California, específicamente, en su hospital, y lo hice por cuenta propia, o sea, permiso sin goce de remuneración, tuve que vender mi auto que tanto me había costado comprar, por el afán de perfeccionarme y de mejorar mi experiencia profesional. Hoy en día existen muchas becas y posibilidades de financiamiento, el mundo está abierto. En nuestra generación, era más difícil poder optar por un perfeccionamiento oportuno.

Trascender

Me imagino que la experiencia de su pasantía lo marcó para siempre

Absolutamente, me marcó y además significó algo que en el momento no imaginé que repercutiría hasta la actualidad, ya que con el kinesiólogo jefe de ese servicio, un holandés norteamericano, Julius Dewald, logramos una amistad inseparable que se mantiene hasta el día de hoy.

Actualmente él es decano de la Facultad de Ciencias del Movimiento Humano de la Universidad de Northwestern de Chicago, y yo, hasta hace un mes, era decano de la Facultad de las Ciencias de la Salud en la USS. Gracias a esto hicimos un convenio y hoy en día tenemos dos estudiantes nuestros cursando pasantías en Chicago y siete estudiantes de doctorado en kinesiología han cursado pasantías con nosotros; también, hemos realizado intercambios científicos con destacados profesores, realizando conferencias acá y estamos viendo la posibilidad de realizar intercambios de investigadores. Es increíble la repercusión que tuvo ese viaje en los años posteriores.

Soy un agradecido de la vida, por supuesto que me la juego y soy un apasionado de las cosas que hago. Lo que yo quiero e intento hacer, es trascender. El 52% de nuestros estudiantes corresponden a la primera generación universitaria en sus familias y con el egreso de ese profesional no solo estamos cambiando la vida del estudiante, sino que también la de su familia. Esto es la mayor satisfacción y que es posible hacer realidad en la Universidad San Sebastián y en consecuencia, somos una universidad con vocación de servicio público.

Y como un apasionado de la vida ¿cuáles son sus principales hobbys? ¿Algún deporte?

Me gusta mucho la música clásica, Beethoven, Mozart, Paganini por mencionar algunos. A mi padre lo acompañaba a las temporadas sinfónicas de la Orquesta UdeC, de terno y corbata. Es una música que me fascina y emociona. Y por lo demás, me retrotrae a la vida con él. Son melodías muy especiales para mí. Y por otro lado, también me gusta la música de mi época como estudiante, de los años ochenta, la de mi generación.

También fui deportista en un momento. Estuve en la selección de atletismo de la UdeC, sin mayores éxitos, era sólo uno más del equipo, pero me servía para realizar ejercicio; también fui esquiador, y como no tenía dinero para ir de manera regular a esquiar a una pista, fui patrulla esquí. Igual por vocación, pero me significaba refugio gratis, andarivel gratis, y también, obviamente, esquiar. Me las arreglaba para hacer lo que yo quería.

¿Y dónde hacía eso?

En Los Ángeles y Farellones, en Santiago. Siempre me gustó mucho el esquí, la montaña, lo encontraba algo maravilloso. Igual jugaba tenis y fútbol, por lo menos tres partidos a la semana, pero toda esa actividad fue tan intensa que me causé daños en las rodillas y no pude seguir. Pero sí, el deporte fue todo un tema para mí cuando joven. Otra cosa fue, y sigue siendo, los trenes eléctricos, mi padre tenía uno y como hermano mayor me adueñé, con el tiempo me armé uno propio como pasatiempo, pero ahora no me queda mucho tiempo por todo el trabajo, ya llegará la jubilación.

¿Algún libro?

Prácticamente, leo cosas de mi área y disciplina. Leo de educación, por supuesto. Pero hoy en día estoy más en la contingencia, de lo que ofrece el periodismo, de las noticias del día, de cómo sigue la reforma educacional igual me interesa mucho lo que pasa en salud. Es un mundo –académico- que nos obliga mucho a leer sobre lo que está pasando hoy en día y esto absorbe casi todo mi tiempo, por lo mismo no tengo mucho espacio para sentarme a leer un libro.

Proyecciones

Conciente de estar al frente de una gran responsabilidad -dirigir la sede fundacional y estar en el sitial de grandes hombres que ocuparon el mismo cargo de vicerrector como Alfonso Rivas, Javier Vera y Sergio Castro- Fernando Quiroga se siente absolutamente preparado para llevar adelante esta tarea. Preparación que sin querer, más por el afán de siempre aprender cosas nuevas y ganar experiencia dentro del área académica institucional, fue adquiriendo con el tiempo. “Hace unos años atrás hice un MBA en Dirección General de Empresas, justamente para tener y mejorar mi horizonte en el ámbito de la gestión y liderazgo desde el punto de vista empresarial, de dirigir a muchas personas, estudiantes, personal administrativo, académico, de distintas partes. Quería mejorar mis conocimientos y experiencia en este sentido, de ahí mi motivación por continuar estudiando”.

Conocimientos y expertise que no se agotan ahí. “Adicionalmente a esto e involucrado en el ámbito de la enseñanza superior, hice dos diplomados en educación. Tengo que saber de qué estamos hablando. Este cambio de switch fue muy beneficioso y provechoso para mí. Uno, ciertamente, sabe como empieza en este camino, pero no como va a terminar. Estoy totalmente vinculado a la gestión y administración en la esfera de la educación superior. Algo que me tiene muy contento y realizado como persona”.

¿Qué es lo que proyecta para la USS estando usted en la vicerrectoría?

Lo que quiero de esta sede es que tenga un liderazgo en la institución, en la universidad, y además enriquecer cada día más el proyecto educativo institucional que está centrado en el alumno, en su educación y preocupación por ellos; son lo principal en estos muros, en las aulas. Y en el extramuro, apoyar y ser un eslabón más en la Región para mejorarla. Para ser un aporte a la ciudad de Concepción.

Estoy convencido de que cuando hablamos de una ciudad universitaria, creo que es sólo el título, pues hacemos poco para que sea así, no estamos articulados. Me encantaría ver y que nosotros seamos parte de esto, en que las universidades realmente nos unamos y que seamos un aporte a todo el Bío Bío, a su crecimiento, a su descentralización. Perfectamente podemos solucionar nuestros problemas acá. Esa es la idea, de cómo nos constituimos como una pieza más en este aporte a Concepción y a la Región en general.

¿Ese sería el gran desafío en su gestión?

Ese es el desafío interno. Obviamente, un sueño, es tener el 100% de las carreras de la sede acreditadas. Hoy en día tenemos a un 87% de los estudiantes cursando carreras acreditadas. Recibo una sede en una universidad madura, con un grado de estabilidad y de fortalecimiento en educación superior. Con una acreditación institucional de 5 años en tres áreas, y en donde ya nos hemos planteado comenzar a trabajar en un plan de mejora para reacreditarnos en 5 años más, pero en más áreas, como en investigación y posgrado, por ejemplo. Queremos, definitivamente, pasar a ser una universidad de mayor complejidad. Por lo tanto, esa es una aspiración en el ámbito institucional, como sede, que todas las carreras de aquí tengan ese respaldo.

Y lo otro es que, lo menciono al principio, la sede tenga una presencia institucional muy potente. Queremos trabajar y potenciar la investigación y el posgrado. Avanzar mucho en el programa Advance (obtención de un segundo título), el cual estamos lanzando con éxito y del que hemos tenido siempre una excelente recepción. En la internacionalización, tenemos proyectos Fondecyt ganados, como también proyectos de colaboración externa donde tendremos muchos profesionales y científicos de otros países visitando nuestra sede.

¿Cómo se ha vivido en la USS el proceso de cambio que plantea la Reforma a la Educación Superior, la que establece, entre otras cosas, la gratuidad?

Nuestro sentimiento, hoy en día, respecto a esto es preocupación, obviamente. Espero que llegue la moderación, que llegue una reflexión profunda y real de qué es lo mejor como educación superior para el país. Sobre todo cuando tú ves ejemplos, como la USS, en donde la educación es buena. Es más, somos una de las mejores universidades privadas del país y lo digo con absoluta conciencia y seguridad. Ahora, cuando se tienen buenas experiencias ¿por qué destruirlas? Miramos esto con profunda preocupación, sobre todo por nuestros estudiantes, que tienen tantos derechos como los alumnos de las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores.

En lo puntual ¿cómo proyecta entonces que será este 2018?

Con grandes expectativas. Confiados en que estamos haciendo bien las cosas, por lo que no deberíamos tener inconvenientes en este escenario -Reforma Educacional- que se viene por delante. Tenemos estudiantes comprometidos con su universidad, por eso nunca hemos tenido un paro, ya que detrás de cada alumno hay mucho esfuerzo, tanto social como económico como para comprometerlo en un paro. Y tampoco hay razones para hacerlos.

Siempre les digo a nuestros estudiantes ‘amigos, desde que entran a la universidad, los sueños de ustedes, a partir de aquí en adelante, también son los sueños de todos nosotros, y vamos juntos a luchar por ellos’. Con ese criterio y espíritu no podemos tener problemas. Aquí entregamos educación de excelencia y todo lo necesario para que tengan el mejor desempeño posible.

No tenemos razones para contaminarnos con los problemas externos, esa es la verdad. Pero sí miramos con expectativa todo por lo que somos, y lo único que quiero y veo a cargo de esta sede, es hacer bien las cosas. No solamente en el ámbito interno sino también externo, queremos contribuir a la ciudad y a toda la Región; alcanzar esta premisa implica aportar a la sociedad con profesionales competentes, personas integras y con valores humanistas y cristianos.

Espero que el país nos acompañe con una Reforma Educacional que respete nuestra idea y esencia como universidad privada.