Feminismo en Concepción
La cara de un movimiento con mucha fuerza regional

Las mujeres de la zona no están indiferentes a la realidad del país, por eso estudiantes, académicas y profesionales locales, buscan también ser un aporte a la nueva ola feminista.Seis femicidios en el país en una sola semana de junio, uno de ellos el de Soraya Sepúlveda de 29 años en la Galería Caracol de Concepción, dan cuenta de la cruda realidad que millones de mujeres enfrentan cada día en Chile; justamente eso, la violencia de género y el acoso evidenciado en distintos contextos durante los últimos meses, se han convertido en una de las principales motivaciones para el movimiento feminista, que se ha hecho notar a través de diversas acciones pese a las críticas, logrando repercutir en la consciencia nacional y levantando un movimiento que por historia es emblemático.

Por Virginia Torres M

Si hablamos de cifras regionales, los datos que maneja la secretaría ministerial de la Mujer y la Equidad de Género del Biobío, señalan que en 2017 se perpetraron cinco femicidios efectivos y 14 intentos frustrados; mientras que, hasta el 15 de junio del presente año, se consumaron tres femicidios en la Región. En tanto en lo que va del 2018 en el país, se han registrado 17 muertes de mujeres en manos de hombres, cifra que llegó a un total de 44 en 2017.

Respecto a denuncias por violencia familiar, el estudio más reciente de la subsecretaría de Prevención del Delito del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, la cantidad de denuncias por parte de mujeres en la Región – medidas en tasas por cada 100 mil habitantes – alcanzan en promedio las 409 denuncias anuales, lo que considerando los más de dos millones de habitantes que tiene el Biobío, equivaldrían a más de ocho mil denuncias al año.

En el ámbito laboral, los reclamos globales por acoso sexual que maneja la seremi del Trabajo y Previsión Social del Biobío, indican que a nivel nacional se registraron 101 acusaciones de acoso sexual en el primer trimestre del año pasado, mientras que, en igual lapso en 2018, existen ya 135 reportes, los que equivalen a un 33% más que en 2017, aunque estas cifras no están diferenciadas por sexo.

Aun así, estos números no han dejado indiferente a la población femenina del país, quienes durante los últimos meses han manifestado su descontento a través de una serie de marchas, convenciones, tomas y reclamos, en todas las plataformas posibles.

Academia en tela de juicio

En 2017 se registró una de primeras denuncias mediáticas por acoso sexual en universidades de la zona. Fue el caso de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Concepción, donde estudiantes lograron reunir más de 18 testimonios en contra de cuatro académicos de periodismo, dos titulares del plantel. Esto gatilló un sumario interno y la reciente salida de uno de sus profesores emblemáticos, el reconocido escritor Tito Matamala, que se suma a la desvinculación de otro de los implicados en 2017, el académico Andrés Latini Lanata.

Igualmente graves, son las frases que han hecho circular en redes sociales alumnas de diversas carreras e instituciones de Concepción, entre las que se pueden encontrar expresiones como “las mujeres son como las leyes, nacieron para ser violadas” o “las mujeres son como objetos de comercio y las casadas ya están fuera del comercio”, que son solo algunas de las frases escuchadas de sus propios profesores o compañeros, acción con la que han buscado evidenciar la discriminación que muchas veces viven al interior de las aulas.

Por esto, a la fecha son al menos dos las universidades tradicionales de la ciudad que mantienen facultades en toma hace más de un mes, desde donde las estudiantes han manifestado su repudio a las situaciones de acoso y discriminación que viven tanto alumnas como docentes; motivos por lo que proponen, entre otras cosas, campañas de acompañamiento sicológico para las víctimas de acoso, inclusión de zonas de lactancia, eliminación de brechas salariales y de roles entre funcionarios y funcionarias; enseñar a docentes para que formen desde la igualdad y el respeto, evitando la educación sexista; y el reconocimiento de la identidad de género de las personas.

La UdeC fue una de las pioneras en avanzar en estas materias, al crear hace pocos meses la Dirección de Equidad de Género y Diversidad, que busca “el reconocimiento y respeto de las diferencias que debe imperar en las relaciones que se establecen dentro y fuera de la comunidad universitaria”. Entre sus funciones está el proponer una política de equidad con definiciones claras, mecanismos e instrumentos que contemplen un plan de prevención, sanción y reparación en el caso de acoso, violencia y discriminación al interior de la casa de estudios.

Otro caso significativo, es el de las Mujeres Autoconvocadas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, que luego de varias semanas en toma lograron que las autoridades universitarias aceptaran su petitorio, retomando así sus actividades.

Respecto a esto, en conversación con un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho, comentaron que muchas veces los casos de acoso son comentados y conocidos entre las alumnas, pero que el miedo a represalias posteriores frena sus ánimos de denunciar. “Cuando esto se empezó a gestar y a tomar fuerza nos dimos cuenta que todas buscábamos lo mismo y la universidad completa necesitaba un protocolo para tratar estos temas, además el apoyo ha sido transversal entre alumnas de primer a último año”, comentaron.

En ese sentido, Rosa Peña Vallejos, directora del Instituto Superior de Ciencias de la Familia de la misma universidad, reconoce que es necesario corregir en el ámbito social lo relativo a las demandas que buscan disminuir las brechas de género entre hombres y mujeres. “En este contexto es fundamental que el movimiento pase de la fase de diagnóstico y grandes objetivos generales a un petitorio concreto y sobre todo posible, que se pueda concretar en un trabajo conjunto con las autoridades de la universidad”, situación que ya se está dando al interior de este plantel.

Mala recepción

Por este motivo, se han formado distintas agrupaciones que buscan apoyar y llevar al papel las peticiones que han surgido de un movimiento que a estas alturas parece necesario, pero que a la vez no logra generar empatía entre algunos grupos.

Eso, según la directora de la Clínica Psicológica de la Universidad Andrés Bello, María José Millán, se debe a que los intereses del movimiento se han manifestado de forma violenta. “Pienso que no hay un rechazo directo al trato equitativo de la mujer en la sociedad, pero cuando mostramos estos intereses de forma violenta, provoca respuestas con violencia, o que otras mujeres, con las que podríamos tener las mismas ideas, se nieguen y digan: “yo no soy feminista como ellas” o “no me representan”, quedándonos en una visión muy superficial del tema; por otra parte muchos hombres tienen conductas machistas y cuando se las muestran, como no tienen ese concepto de sí mismos, rechazan y justifican ciertos comportamientos”.

Para la profesional, esto tiene mucho que ver con que, desde niños, existen factores que determinan cómo debe ser el comportamiento o cuáles deben ser los intereses de un hombre y de una mujer, haciendo a priori una diferencia. “Desde una primera infancia se empiezan a marcar conductas y acciones que deberían cumplir un niño o una niña, ya sea con la ropa o con los juguetes que deberían usar, generando un funcionamiento anquilosado de la mujer o el hombre en la sociedad, por eso es importante modificar desde la base y también que las mismas mujeres sepan cómo ejercer el feminismo en su vida cotidiana”

En ese sentido, la seremi de la Mujer y la Equidad de Género del Biobío, Marissa Barro Queirolo, manifestó que es necesario un cambio cultural, aunque también asegura que este puede tomar años. “Nuestra sociedad debe pasar del Chile de siempre hacia una sociedad en que este tipo de conductas como el acoso sexual o cualquier tipo de violencia en contra de las mujeres, ya no sean aceptadas. Creemos que, en este sentido, la educación es un agente muy relevante y, por lo mismo, nos parece que los movimientos que han empujado desde ese ámbito miles de mujeres en nuestro país es un buen síntoma, ya que han logrado acelerar los cambios que se necesitan, poniendo sobre la mesa, temas que, de otra forma, tal vez no estaríamos conversando”.

Mujeres unidas

Hace pocas semanas se realizó el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Autoconvocadas en la Universidad del Bío Bío, donde se reunieron más de 500 personas representantes de todas las regiones, las que buscan crear su propia propuesta para presentar a las autoridades, en la que se considerarán temáticas de violencia, justicia, luchas territoriales y derechos reproductivos, entre otros temas.

Aun así, el Gobierno también ha anunciado puntos de cambio incluso a nivel Constitucional, con el fin de resguardar la igualdad de derechos, regular el acoso en universidades y promover la participación de mujeres en altos cargos, además de un proyecto para sancionar la violencia de género dentro del pololeo, entre otros puntos.

En dicho encuentro, también participó Carola Díaz, candidata a doctora en Química en la UdeC, y directora de la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), quien, junto a otras estudiantes de dicho nivel y académicas de la casa de estudios, han apoyado a las alumnas de pregrado en sus acciones, las que asegura responden al despertar de las nuevas generaciones que buscan defender sus derechos.

“Ante el contexto actual es imposible estar ajena a la serie de ultrajes y discriminación que sufren muchas solo por el hecho de ser mujeres, y ya que las estudiantes tuvieron el valor de hacer algo, a nosotras desde esta esfera no nos quedaba más que sumarnos, es la mínima solidaridad y empatía que podemos tener con el género, porque todas hemos pasado por situaciones similares y queremos decir basta. Es importante que nos demos cuenta que mientras no podamos inmiscuirnos en los quehaceres de la sociedad, es imposible seguir avanzando, sobre todo si la mitad de la población chilena está en un segundo plano”, recalcó la profesional.

Por otra parte, desde la visión académica, Valeria Frindt, profesora de Historia del Arte e Historia del Diseño en la UdeC y otras instituciones penquistas, asegura que, pese a la intención de participar, son pocas las mujeres que realmente se hacen parte del movimiento, pero aun así valora las instancias que se han dado hasta ahora. “Ha sido un movimiento muy enriquecedor y muy potente, sin duda ha marcado un hito, sobre todo con chicas que nunca se habían organizado, lo veo como algo muy necesario y no podría restarme, por mi historia familiar, porque tengo dos hijas y porque todas de alguna forma hemos pasado por situaciones desagradables solo por el hecho de ser mujeres”.

Sin embargo, ambas coinciden en que mientras no exista un cambio cultural, se hace necesario poner normas y fiscalizar que se cumplan, como ha pasado con el tema de instaurar posibles sanciones frente a los “piropos”.

Mejorar la institucionalidad

En ese sentido, también han nacido nuevas instancias de apoyo al movimiento, como es el caso de la Asociación de Abogadas Feministas de Chile (Abofem), que nace de la inquietud de tomar una postura frente al movimiento social e histórico que vive el país. “Decidimos organizarnos y unir fuerzas para formar una nueva asociación que tuviera participación a nivel nacional, reconociendo la lucha y el trabajo de todas las mujeres que nos han precedido, con la convicción de que construir la sociedad en que queremos vivir es responsabilidad de todas. Podemos decir que nuestra motivación a participar, respondió a un llamado espontáneo, que de cierta manera todas esperábamos, buscando crear un espacio dentro del mundo del derecho, en el que no se reproduzcan lógicas patriarcales que han tendido a invisibilizarnos históricamente”, explicaron.

De este modo, en Concepción un grupo de 30 abogadas, licenciadas en Ciencias Jurídicas y Sociales, y egresadas de la carrera de Derecho de diferentes casas de estudios, se han sumado a quienes persiguen la formación de un equipo descentralizado y especializado en distintas comisiones de trabajo. “Abofem reconoce la necesidad de la existencia de una asociación descentralizada, en que la que nosotras, las socias penquistas, nos identifiquemos, buscando tomar parte mediante el trabajo colectivo y en conjunto con Abofem de las distintas regiones a lo largo del país”.

Así, la labor de Abofem podría ser un recurso valioso dentro de una institucionalidad que muchas veces queda al debe en los casos de violencia de género o femicidio. Al respecto, la seremi Marissa Barro, reconoció que la realidad demuestra que el país no cuenta con una institucionalidad robusta que permita salvar vidas. “Aunque contribuyen, lo verdaderamente importante es entender que ninguna ley, ordenanza ni medida cautelar por sí sola es suficiente. Lo que se requiere es el cambio cultural hacia una sociedad que no acepta ni naturaliza ningún tipo de violencia contra las mujeres. Nuestro llamado es a hacer la denuncia de forma oportuna porque es la única forma de que las instituciones que tenemos que actuar para proteger a las víctimas nos enteremos y se activen las redes y circuitos relacionados con esta temática”, finalizó.