Desde 2016 realizan actividades en la Región

Fashion Revolution: la labor de concientizar sobre la industria de la moda

El movimiento internacional apela a la transparencia, a que los consumidores conozcan cómo, dónde y en qué condiciones se confeccionan las prendas, y que las ganancias sean justas para todos los que participan en la cadena de suministro.

Por Daniela Salgado P.

El 23 de abril de 2013 fue un día negro para la moda, el derrumbe de la fábrica textil Rana Plaza, ubicada en las afuera de Dhaka –Bangladesh– dejó 1.134 muertos, en su mayoría mujeres, y más de 2.000 heridos, situación que mostró deforma cruenta la peor cara de la industria.

El edificio de ocho pisos albergaba a cerca de 5.000 trabajadores que cosían para cinco contratistas locales que eran los encargados de abastecer a reconocidas marcas internacionales. Un día antes de la tragedia, los propios empleados alertaron que la estructura crujía; sin embargo, su pedido de auxilio jamás fue escuchado.

El colapso de la estructura obligó a la industria, incluidas las autoridades, mejorar las instalaciones y las condiciones de trabajo. Por primera vez, el mundo puso sus ojos sobre la llamada mano de obra, la represión en contra de la actividad sindicatos y la importancia de transparentar el proceso de las producciones textiles.

Fashion Revolution

Un día después del colapso, nació Fashion Revolution, movimiento internacional que busca reconstruir los vínculos en la cadena de suministros de la industria. Esto, porque tienen la convicción de que la moda debe valorar a la gente, ser amigable con el medio ambiente y garantizar ganancias equitativas en el proceso productivo.

Tres años más tarde, en 2016, comienzan a trabajar en Concepción. Su misión es difundir, informar y crear consciencia sobre la realidad de las personas que están detrás de la confección de cada prensa. Sumado ello, promueven la producción nacional, su manufactura y la materia prima.

“Buscamos conectar los vínculos rotos de la industria de la moda para hacerla más transparente, segura, limpia y justa, para todos los que participan en la cadena de suministro. Saber cómo fueron confeccionadas las prendas, qué materiales se usaron y las condiciones laborales de sus trabajadores y trabajadoras”, señaló Camila González Bello, coordinadora regional de Fashion Revolution Chile.

Ese último punto no es menor, ya que cerca de 75 millones de personas (80% mujeres) trabajan directamente en la industria textil. Estos, muchas veces, no cuentan con condiciones mínimas para cumplir su labor, son víctimas de abusos y explotación, y reciben a cambio salarios míseros

Es por eso que desde el movimiento invitan a consumidores, marcas y tiendas a sumarse al cambio a favor de trabajos dignos; salarios justo y equitativo; favorecer el sindicalismo; respetar la cultura y patrimonio de cada pueblo; derribar estereotipos y abrazar la diversidad; cuidar el medio ambiente y no sobreexplotar los recursos; y respetar el derecho de los consumidores a conocer dónde, cómo y en qué condiciones se confeccionan las prendas.


A cuidar el planeta

El medio ambiente es uno de los puntos importantes que impulsa la iniciativa internacional.

La industria textil es la segunda más contaminante del mundo a causa del uso del poliéster, fibra sintética que ocupa en su proceso de elaboración 70 mil barriles de petróleo al año. Material que tarde de descomponerse 200 años.

También está el rayón, viscosa o lycocelltencel– que es fabricada en base a celulosa, lo que significa talar 70 millones de árboles al año.

El algodón tampoco queda fuera, ya es que requiere de altas concentraciones de plaguicidas, afectando por consiguiente a la tierra y el agua.

El uso indiscriminado de este último elemento es otro de los ítems que preocupan. Por ejemplo, para fabricar un jeans se requieren de 10 mil litros de agua y 2.500 para una camiseta.

Solo este rubro ocupa al año 93 mil millones metros cúbicos de agua, volumen suficiente para abastecer a cinco millones de personas, de acuerdo a datos de la UNCTAD.

Dichos datos, entregados por BBC, se agudizan teniendo en cuenta la sobreproducción de prendas, las que al no ser vendidas muchas veces terminan quemadas. Así era el caso de la compañía británica Burberry, la que incineró en los últimos cinco años US$ 116,7 millones en ropa, accesorios y perfumes. Todo lo anterior para mantener la “exclusividad” de sus productos.

La cultura de lo desechable

Si antes había dos grandes temporadas de moda al año; hoy, las marcas ofrecen cambios constantes de colecciones, lo que fomenta el desecho temprano de las prendas. Las firmas más exclusivas llegan a cambiar cada dos semanas las vitrinas de sus tiendas. A esa modalidad se le conoce como “moda rápida”.

“Le hace creer a la gente que tiene necesidades que son tal, entre ellas está el hecho de comprar ropa indiscriminadamente, prendas que muchas veces son utilizadas solo cinco veces y que producen grandes porcentajes de emisiones de carbono”, explicó González.

Lo anterior implica reducir el tiempo de producción y de entrega de los productos. Esa carrera contra el tiempo propicia las prácticas medioambientales irresponsables y el recorte de los costos.

Lo que reciben los consumidores, en tanto, son prendas de poca calidad. Esto, sumado a los bajos precios, da como resultado ciclos de vida cortos, pese a que los tejidos podrían durar décadas.

Por eso, es “importante que la gente conozca en qué consiste la moda rápida, las consecuencias que tiene a nivel social, que tiene que ver con la precariedad de los trabajadores y trabajadoras, y las efectos ambientales”, recalcó González.


Moda circular

Lograr que las cadenas de los ciclos productivos se conecten entre sí, es la gran misión que tiene por delante la industria textil, en pequeña y gran escala.

Pasar de un sistema lineal, donde se fabrica, consume y desecha; a uno circular, donde se parte con la extracción de la materia prima, se sigue con la producción, el consumo, reciclaje o reutilización, para retomar al proceso de extracción.

Para que lo anterior sea efectivo se requiere de la unión de las antiguas técnicas con las nuevas tecnologías, además del compromiso de las marcas para reemplazar los materiales contaminantes por unos de origen sostenible, que simplifique el reciclaje.

Esta nueva forma de trabajo es transversalmente opuesta e incompatible con la moda rápida.

En ese contexto surgió el término slow fashion que es un modelo ecológicamente amigable, que transparente el proceso de fabricación y se ajusta a la calidad.

“Hay que volver a los procesos orgánicos que tiene el diseñar, desde lo manual al proceso creativo, donde se respete el ciclo de vida natural de los materiales. Por eso, lo que plantea el sistema circular es replantearnos todos los puntos de la cadena que tiene un objeto”, indicó Camila.

Cuando el reciclaje no es la mejor opción

Algunas multitiendas han impulsado campañas de reciclaje que evocan al antiguo sistema de trueques.

El destino de esas prendas es Europa, donde son seleccionadas, separadas y procesadas. Algunas, de acuerdo a su estado y calidad.

De acuerdo a los datos de Fashion Revolution, solo el 1% se puede reutilizar para textil, lo demás se dona, se transforma en relleno o se incinera.

Algo similar pasa con el calzado, producto que es usado para generar energía, lo que es mucho más contaminante.

“Son incentivos perversos porque invitan a traer tu ropa para comprar otra de la misma calidad. Además, muchas veces la ropa llega en este tipo de campañas no se puede reciclar por el material del que están hechas. Por ejemplo, algunas son la mezcla de fibra natural con sintéticas, lo que significa que no se pueden separar, así que no pueden ser recicladas”, explicó Camila González.

Otro punto en lo que son críticos, es respecto a los descuentos que ofrecen las tiendas para deshacerse de la sobreproducción.

Ambas técnicas de persuasión son, a juicio de la coordinadora regional, un greenwashing.

Lo que sí es efectivo y se recomienda es el intercambio real de ropa, donde la prenda que ya no ocupas se la das a un amigo o cercano para que así continúe circulando y no termine en vertederos.

También invitan a embellecer el clóset, reparar el vestuario, transformarla y darle una nueva vida.


La moda sustentable llegó para quedarse

Desde 2016 que Concepción viene desarrollando actividades para conmemorar a las víctimas del colapso de Rana Plaza.

Este año, Fashion Revolution llevó a cabo una programación más amplia que las versiones anteriores.

La primera jornada se vivió el martes 23 de abril con el lanzamiento oficial de la actividad. En la instancia se inauguró la muestra visual Hidrófita, de Kudreno Diseño Textil; y contó con la participación de Florerito de Mesa y Nadrán.

Las actividades siguieron el 25 de abril con la realización del taller Upcycling: polerón crop diy, dictado por Cota, de Bazar Ventura.

Siguiendo con los talleres, el jueves 26 fue el turno del Anticapitalismo y calzones, por parte de Panchi, de Humana Interior.

El viernes, fue el turno de Bórdalo Tú. Taller a cargo de Romi Niña Mala.
El sábado 27 de abril, fue la jornada de la charla y conversatorio sobre la Introducción al mundo de la moda sustentable. En la instancia, además, se presentaron alternativas sustentables para los consumidores y productores.

“Cerramos con un evento en Casa Salud donde hubo un desfile no desfile con marcas de diseños locales y diseñadores independientes. Prendas que fueron modeladas por personas con distintas tallas, no estandarizadas”, recordó Camila González.

La manufactura sostenible se toma el Biobío

La Región se ha puesto a la altura de las exigencias medioambientales, en los últimos años tanto los diseñadores como la población han mostrado un gran interés por transparentar cómo se realizan las prendas y optar con materiales de calidad.

La oferta es variada y la demanda va al alza.

“Hay mucha gente haciendo manufactura, también contamos con un importante número de tiendas de segunda mano que rompieron con los paradigmas de las tiendas de ropa americana, donde la ropa está bien seleccionada, planchada y presentada amigablemente para el público”, detalló.

Por eso, es “importante que se conozca a los creadores, para que puedan enfocarse 100% a su labor y se convierta en su ocupación oficial”, cerró.