Un paseo por el sendero del mar

Entre Lirquén y Tomé: luz al final del túnel

Una de las rutas preferidas para conocer sobre las antiguas vías férreas y cómo se movilizaban otroramente los penquistas, es el centenario túnel que se emplaza entre las comunas de Lirquén y Tomé, más específicamente entre el Puerto de Lirquén y Playa Punta de Parra. De la antigua línea del tren no quedan ni rieles, ni huellas y hoy solamente se divisa un camino complicado de transitar, pero que vale la pena al llegar. Una ruta magnífica a pie o para andar en bicicleta en nuestra región.

Por Cristina González G. | Fotografías Maite Blanco V. | Ilustraciones Martín Ortega G.

Partamos por las indicaciones básicas para recorrer la antigua ruta ferroviaria de Penco-Lirquén-Tomé: partir temprano y llevar harto líquido. Primer error en nuestro recorrido. El segundo es que por desconocimiento quisimos realizar una ruta más larga y completa, comenzamos en la playa de Penco por la abandonada estación de ferrocarriles y seguimos por la línea del tren, un trayecto que demoraría bastante y, además, peligroso, ya que por esos rieles aún funcionan trenes de carga.

El segundo error desistimos de cometerlo y nos dirigimos directamente hasta el Puerto de Lirquén en micro, todas las indicaciones que pedimos nos daban a entender que era irrisorio nuestro cometido. Una indicación nos salió cara: terminamos comprando ceviche al paso que nos sirvió para seguir recorriendo.

Sin embargo, este primer error nos sirvió para conocer mayormente el contexto del viaje y lo fotográficamente -no socialmente- interesante del sector: es que las casas se encontraban sumamente pegadas a las líneas férreas. Ese factor, para los dos acompañantes de este viaje, una fotógrafa y audiovisual proveniente de Santiago y un ilustrador con algo de resaca, fueron tremendamente interesantes.

Después del paso por Penco, llegamos al Barrio Chino de Lirquén, donde nuevamente por indicaciones, nos guiamos hacia un mirador desde donde se podía apreciar el verdadero recorrido al túnel.

Así, partimos el recorrido conveniente, iniciando desde el Puerto de Lirquén hasta dónde llega la línea férrea aún utilizable y siguiendo los vestigios de las líneas del tren. Todas las indicaciones que pedimos en el camino, nos confirmaban que para llegar al túnel, debíamos caminar alrededor de una hora y media o dos, dependiendo de nuestro paso, y de que el recorrido dentro del túnel era de diez minutos.

Lo más adecuado es acompañarse con iluminación para cruzar el túnel. Capaz que el trayecto en la oscuridad no sea lo más propicio para alguien que sufre de claustrofobia; sí es perfecto, para quien desea superar sus miedos. Dentro del túnel se percibe la soledad, y es difícil atravesarlo sin una linterna, como no hay guía ni rieles, es complicado orientarse y hay que avanzar apoyándose en los muros.

Nuestro objetivo era llegar hacia el túnel para poder fotografiarlo y ser inspiración para ilustrar. No cruzamos el puente en su totalidad, pero finalmente el recorrido debería llegar hasta el sector de Punta de Parra. Sí conocimos una panorámica del puerto y la playa, donde sacamos varias fotografías. Por eso, lo mejor es llevar una cámara fotográfica y registrar el momento.

Historia férrea

Hace más de un siglo atrás, el túnel de Punta de Parra fue inaugurado y después de cien años su estructura sigue intacta. Antiguamente, el tren era el principal medio de transporte del país, conectando sectores rurales con ciudades y la capital de Chile.

Los últimos trenes que recorrieron la antigua línea férrea fueron en la década de 1980, aunque, como se había mencionado, hasta hoy el tramo entre Concepción y el Puerto de Lirquén es usado cotidianamente por trenes de carga.

La zona recorrida, Penco-Lirquén-Tomé, tuvo una fuerte prosperidad económica cuando el tren arribó, ya que sencillamente se podía ir hacia Concepción, Chillán o Santiago. Y también facilitó el transporte de pasajeros; por ejemplo, antes de 1890 cuando Penco se unió a Concepción por vía férrea, la población se trasladaba en carretas, por lo que la construcción de un ferrocarril fue tremendamente beneficioso para el desarrollo social de la comuna en el siguiente siglo. Desarrollo que estaría comandado por la compañía inglesa Duncan Fox.

Este crecimiento también afectaría positivamente a la gran bahía de Concepción y su industrialización, llegando el tren en 1916 hasta el puerto de Tomé, y desde ahí a Chillán. La industrialización había comenzado en 1843 con la Compañía Carbonífera de Lirquén, luego en 1886 con la Compañía Sudamericana de Azúcar (antecesora de CRAV), Fanaloza en 1898, Vidrios Planos en 1933 y el Puerto de Lirquén en 1955.

Un viaje por la historia. Interesante y excelente práctica para fotografiar y disfrutar al aire libre.