“El último pez” cierra el Ciclo de Invierno del Festival de Teatro del Biobío.

Más de 600 personas se dieron cita en el Ciclo de Invierno, organizado por el Festival de Teatro del Biobío en Los Ángeles, Arauco, Lota, Nacimiento y Concepción. Cinco historias de mar, provenientes de distintos puntos del país, se presentaron durante todo julio en la Región.

“El último pez”, de la compañía teatral Marote, será el montaje encargado de poner fin al segundo ciclo invernal de este encuentro, que cumplirá 10 años de vida en noviembre. Las presentaciones del fin de semana se realizarán en el Centro Cultural de Arauco a las 19:30 el sábado 27 y el domingo 28 de julio a las 18:00 en el Teatro Biobío, ambas con entrada liberada.

Se trata de una obra de teatro de marionetas, que aborda la problemática marítima-medioambiental que se ha desatado producto de la pesca indiscriminada, y la instalación de salmoneras. Situada en un contexto ficticio en el que solo quedan peces en cautiverio, rescatan elementos de la mitología chilota, entrecruzando dos relatos: el de Lilén, una niña chilota que se revela contra esta realidad, y el del último pez libre que queda en el mar.

Esta es la primera obra de Marote, y nace porque una de sus directoras, Catalina Bize, ya llevaba varios años investigando y experimentando en distintas técnicas del teatro de marionetas, una de ellas es la híbrida o “marote”, que es el tipo de marioneta que utilizan en esta producción. “La idea es que hay algo inorgánico que cobra vida, eso nos resulta muy atractivo. La animación de un muñeco es un acto de dar vida constantemente y produce una suerte de hipnosis con el espectador, que se entrega al juego en el que un objeto pasa a ser un ser vivo, es como estar en un estado de sorpresa y ocurre algo muy mágico (…)”, comentaron.

Para la compañía, este lenguaje les abre muchas posibilidades escénicas, “al crearse un mundo particular por estos “seres” distintos a los actores, lo cual resulta muy interesante y ayuda a la concentración, y, en consecuencia, a la comprensión de la obra”, explicó Catalina

¿Qué mensaje nos deja este montaje y a quién va dirigido?

Son dos temas centrales: La importancia de la valoración de las nuevas generaciones y la relación del ser humano con la naturaleza. La primera idea se tradujo en realizar teatro para esa generación y sus familias, por lo mismo creímos que era importante que el motor de esta historia fuese una niña; sentimos que es necesario empoderarlos como agentes de cambio. Lo segundo tiene que ver, con que debemos entender que somos parte de la naturaleza y no estamos ajenos a ella, debemos cuidarla. En este sentido, nos pareció fundamental buscar el origen de lo que llamamos “problemática ambiental” y comprender que la génesis de esto es el vínculo mercantil que hemos establecido como sociedad con la naturaleza. La concebimos como un objeto posible de comercializar y no como algo vivo de los que somos parte.

¿Qué esperan del público penquista?

¡Queremos que les guste! Como compañía ya hemos estado en varios lugares de Chile y siempre la obra ha sido bien recibida. Es muy bonito escuchar el feedback de los espectadores. Nuestro anhelo transversal siempre es que las personas vivan un momento mágico y que eso se traduzca en un diálogo intergeneracional, que los adultos y los niños conversen posteriormente y reflexionen respecto a las temáticas que propone la obra, que resulte inquietante y motivante para ellos. Creemos además que el FTB ya tiene un público consolidado, la cartelera siempre es muy variada y de muy buena calidad, por lo mismo, además de estar muy contentos con ser parte del Festival, nos motiva tener esta exigencia.

Luego de “El último pez”, ¿qué se viene para Marote?

Con la creación de “El último pez” encontramos una sincronía como Compañía en términos de lenguaje, inquietudes y también en términos humanos, así es que empezamos a pensar en nuestra segunda obra. Estamos en una etapa muy inicial, pero con muchas ganas de empezar a investigar, profundizar en las ideas y adentrarnos en nuestra próxima creación. Tenemos eso sí, algunas certezas. Primero, que continuaremos investigando en el teatro de objetos y en el teatro familiar, aunque esta vez dirigido a niños un poco más grandes que el público objetivo de “El último pez”.