El estado del arte circense en Concepción

Cuerpo en movimiento

Manteniendo una historia de décadas, con profundas raíces en el espectáculo artístico itinerante, el circo ha sido atracción, exhibición y gala. Si bien su abanico de disciplinas es amplio, uno ha llamado fuertemente la atención desde algunos años en nuestra ciudad: la tela acrobática. Conversamos con exponentes de esta disciplina, para conocer cómo y dónde se práctica.

Por Cristina González G | Fotografías Francisco Méndez R.

¿Cuántas veces nos atrajeron las maravillas del circo? Dejando de lado la exhibición de animales, punto negro en el atractivo visual que generan las disciplinas artísticas circenses, más de alguna vez nos ha encandilado la espectacularidad de sus funciones y teatralidad de los números preparados.

Aunque con un origen itinerante -¿quién no soñó -aspiraciones alimentadas por el cine y la literatura- con la aventura de abandonar toda rutina y responsabilidad partiendo a conocer el mundo a través del circo?-, en la actualidad existen circos estables que han debido innovar en sus presentaciones enfatizando esfuerzos en las disciplinas artísticas.

Y es que estas acepciones artísticas han congregado el interés de muchas personas que se atreven a practicar algunas de las especialidades circenses, como acrobacia, mímica, magia, malabarismo, entre otros. Sin embargo, durante los últimos años en Concepción, se ha presenciado un fuerte movimiento marcado por la actuación y representación en el aire: la tela acrobática.

Movimiento Tela Chile

Común es ver la práctica de tela acrobática en sectores como la Universidad de Concepción y el Parque Ecuador. Asimismo, agrupaciones ven a esta disciplina mucho más allá de un pasatiempo: el trabajo constante, método y enseñanza son fundamentales para vencer miedos y fluir lentamente con el cuerpo a través de la tela.

Y es que son pequeños, pero grandes pasos los que hay que dar: vencer el miedo a la altura, a la seguridad de mantener siempre los pies sobre la tierra. Aquí es todo lo contrario, ves el mundo desde otra perspectiva: cabeza abajo. Conquistados estos temores, la práctica conlleva a movimientos más pensados, ganar fuerza, elasticidad y destreza, buscando la espectacularidad.

Una de estas agrupaciones es Movimiento Tela Chile conformada el 2016 de manera estable. Ellos entrenan tres o cuatro veces a la semana, asegura Michael Williams, representante y presidente de la agrupación.

Michael comenta que anteriormente a realizar los ejercicios aéreos, los alumnos ejecutan una rutina de calentamiento, abdominales, flexiones, etc., terminado este circuito, se procede a subir a la tela, “la condición física es fundamental, en el caso nuestro por ejemplo, hay mucha gente que nunca se había subido a la tela, ni realizado ejercicio. Chicos que les ha costado subirse y han pasado meses, pero después creyendo y convencidos, se han subido a ella. Yo creo que esa es una de las funciones que uno cumple, animarlos a que pueden realizar este tipo de cosas”.

Practicando desde varios años, Michael llegó a esta disciplina a través de otras vías circenses, “por ahí en el año 2001 o 2002… en realidad todo parte en el Colegio Salesiano de Concepción, allí un grupo de chicos empezó con el tema del malabarismo y se generó todo este movimiento. De ahí en Penco, comenzaron a practicar tela, trapecio, por distintas convenciones. Yo por mi parte practicaba batucada y a través de ella llegué con unos amigos al malabarismo y después a la tela”, recuerda. Además, asegura que entre prácticas en el Parque Ecuador, soñaba que todo se diera de manera más concreta, “desde una perspectiva más profunda y con el correr del tiempo se fue dando”.

En estos momentos, Movimiento Tela Chile, se encuentra gestionado proyectos y practicando en el Liceo Técnico Femenino y Gimnasio Carlos Condell, ubicado en Bulnes #1650, “aparte tenemos otros lugares donde también estamos generando cosas, la idea es que los chicos puedan realizar de manera mucho más profunda todo esto, aprendan, crezcan. El mundo del circo es muy amplio y bonito, hay mucho ejercicio, variedad y disciplina también, entonces es necesario dedicarle harto tiempo”, asegura Michael Williams.

Telarbol

El centro cultural y deportivo, Telarbol, es referente indiscutido en la práctica de tela acrobática. Ellos cumplieron ocho años en el medio y actualmente realizan clases en el Liceo Juan Martínez de Rozas, su punto de encuentro hace seis años.

Destacan sus inicios en el mismo Parque Ecuador, donde una tarde de viernes y al finalizar una clase al aire libre, Karina Ravanal y Arturo Roa comentan sus primeros pasos en este mundo, “Arturo entrenaba y empezó hacer clases sólo los veranos, como durante el año no se podía por las lluvias. Después encontramos distintos espacios hasta que llegamos al liceo. La agrupación comienza con Arturo principalmente, él comenzó todo y casi inició a la mayoría en tela”, comenta Karina, quien junto a su marido Arturo, y un tercer socio, Mauricio Morales, conforman Telarbol.

Equipo de a tres, Mauricio en trapecio, Arturo en tela acrobática y Karina en lira, son quienes imparten los talleres y se preocupan de la seguridad y disciplina de estas prácticas. En esta última especialidad, Telarbol es una de las pocas organizaciones que la imparte, quizás la única, “la lira es un aro de metal que se trabaja un poco similar al trapecio, pero eso es mucho trabajo de elongación, es más femenino, por los movimientos, postura y trucos, que no son tan fuertes, se fluye más dentro del aparato a diferencia de la tela acrobática que son caídas y movimientos más fuertes”, sentencia Karina.

En cuanto a la existencia de un circuito circense en Concepción, tanto Arturo como Karina opinan que a través de los años la práctica, por lo menos de la tela acrobática, ha crecido constantemente, “las personas se lo toman más en serio… antes era más como juntarse por el ratito, conversar mucho y subir sin preparación, pero ahora se está haciendo algo más en serio”, comenta Karina. Por otro lado, la profesionalización de la disciplina es aún un camino por recorrer, “acá en Concepción no existen lugares aptos para hacer trabajo aéreo, entonces lo más difícil es encontrar un espacio apropiado, afirma Arturo Roa. Karina es enfática, “nos conseguimos espacios dentro de los mismos establecimientos educacionales, con los directores, ellos son los que apoyan. Si vamos a la Municipalidad no prestan los espacios, no hay un apoyo desde el alcalde, desde la parte cultural”.

Son ocho años autogestionados con un serio trabajo para impartir clases y conocimiento, donde la seguridad es uno de los pilares fundamentales, “yo llevo doce años practicando tela y hace ocho años empezamos con las clases, pero hace unos seis años más o menos comenzó una moda fuerte, como que todos se compraban una tela y la colgaban en el árbol, pero el problema es que instalan las telas y no les ponen seguridad, no trabajan con colchonetas, no realizan un calentamiento previo o un entrenamiento más adecuado”, explica Arturo. Y Karina agrega, “se lanzaban muy a lo loco y a nosotros eso nos preocupaba”. Preparando cada clase de manera consciente, Telarbol propone que el movimiento circense comience a profesionalizarse, “como un deporte más”, acota Karina.

Aeroyoga

Opción que otorga concentración y relajo, el aeroyoga es una práctica que mantiene fuertes influencias de la tela acrobática. Vania Hermosilla desarrolla clases en Antükuyen, centro de terapias integrativas ubicado en pleno centro de Concepción.

Vania comenzó con la práctica del aeroyoga en 2014, formándose intensivamente en Buenos Aires, no sin antes estar imbuida en el mundo del yoga, “cuando comencé la formación no pensé que iba a hacer clases, solamente la tomé para conocer más del mundo del yoga, como para meterme de lleno, aprender más y me gustó tanto que quise compartir esto, porque igual las formaciones de yoga son como un retiro, te transforman un poco, estás haciendo algo que corporal y mentalmente te exige mucho, y llega un punto que quieres abandonar, estás exigida totalmente, no estás pendiente de nada más. Es como un retiro espiritual y fue tan lindo cómo me transformó que dije: ‘Lo voy a compartir con los demás’ y el año pasado empecé a hacer clases”, relata Vania.

El aeroyoga se define como una práctica artística que tiene distintas influencias de variados tipos de yoga, tela acrobática, gimnasia artística, pilates, danza, entre otros, “me gusta porque es bien dinámico. Yo igual me dedico al arte visual y me encanta el potencial artístico que tiene el aeroyoga, entonces es una mezcla de cosas que a mí al menos, me cautiva”.

Y es que al igual que en las experiencias anteriores, la práctica con telas, permite mantener una sensación de volar y tener una perspectiva distinta, “puedes ver las cosas desde otro punto de vista, como una está de cabeza, ves todo distinto y tienes la sensación de volar, de soltar, de entregarte un poco, porque con la tela tienes que dejarte llevar, y eso es una de las cosas que más me gustan, sentir que dejas el control, hay algo que lo toma y tú estás ahí soltando”, afirma Vania Hermosilla.

El aeroyoga es ideal para perder miedos, conocer y confiar, “uno no lo conoce al principio, se ve como una hamaca, un columpio donde una no se atreve a darse la vuelta en él. Entonces, hay que ir de a poquito y ya después pierdes el miedo, puede contribuir a perder vértigo”, finaliza Vania.

Atreverse a soltar el cuerpo, manenerlo en movimiento, perder temores, ver las cosas cabeza abajo y pies arriba, es uno de los desafíos que propone la tela acrobática, una acepción del arte circense que ya tiene algunos años practicándose en Concepción con autogestión, tesón y esfuerzo, un entrenamiento que tiene un largo camino por recorrer.