Dr. Osvaldo Jury: un cirujano plástico cercano con sólida formación

A los 12 años debió abandonar la casa familiar en Arauco para comenzar los estudios en el Liceo Enrique Molina Garmendia, los buenos resultados y la experiencia adquirida, permitió que ingresara a la facultad de medicina de su querida Universidad de Concepción, desde ahí y gracias a las especializaciones conoció diferentes realidades, por eso, afirma con convicción que catalogar los tratamientos estéticos como algo superficial y frívolo forma parte del pasado, hoy hombres y mujeres llegan a su consulta en búsqueda de su bienestar y equilibrio global.

En el cuarto piso de la Torre Pedro de Valdivia del Sanatorio Alemán está la consulta del reconocido cirujano plástico, Jorge Osvaldo Jury Santibáñez. En la pared están sus títulos Universitarios que avalan todos sus conocimientos y destrezas que entrega a sus pacientes diariamente: Médico General, especialista en Cirugía, ambos cursados en la Universidad de Concepción; Especialidad de Cirugía Plástica y Reparadora de la Universidad de Chile y Dermatocosmiatría de la Universidad Católica de Chile. Pertenece a todas las sociedades científicas mundiales de cirugía plástica estética y es el vocero oficial Sur de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva.


Osvaldo Jury, como lo conocen sus amigos, es un médico que pasó gran parte de su carrera en universidades y hospitales importantes. Fue cirujano del Servicio de Cirugía  y de urgencias del Hospital Guillermo Grant Benavente de Concepción por más de 13 años, lugar que recuerda con especial cariño y admiración. Es allí donde pudo formar la rigurosidad médica y el sentido de juicio crítico porque en cada emergencia las decisiones eran vitales y se corría contra el tiempo.

Hijo de inmigrantes árabes libaneses, supo desde pequeño que con esfuerzo y perseverancia todo era posible. Fundamento que le valió para alcanzar uno a uno sus sueños y convertirse en uno de los médicos más destacados de su especialidad.

El ejemplo de su padre, al ser alcalde por 17 años consecutivos de Arauco, lo estimuló a seguir el camino del servicio público por largo tiempo, tema que debió dejar por no haber condiciones que le permitieran desarrollar su especialidad de cirugía estética, eligiendo trabajar los últimos 10 años en Clínica Sanatorio Alemán de Concepción y dejando atrás además  sus cirugías de la Clínica Alemana y Clínica Las Condes de Santiago. Con la madurez de un médico de 27 años de profesión, semeja su atención a lo que vio tempranamente en sus padres y tres hermanos en el familiar negocio de la ciudad Araucana, donde atendían con dedicación y cariño a sus clientes y que hoy él mismo entrega a sus pacientes y ayudándolos a recuperar a cada uno de ellos, la autoestima y seguridad a través de las cirugías estéticas o  reparadoras.

El menor de cuatro hermanos, es un enamorado incondicional de su esposa Elizabeth Salinas y de sus hijos, Catalina y Osvaldo, afirmando absolutamente  que “ellos son mi principal motor en la vida. Me alegra verlos felices, saber que son buenos, honestos y que tienen valores humanistas intransables. Esas condiciones, a mi juicio, son los valores más importantes que puedo desear.”.

Un mateo, que al igual que sus hermanos, debió dejar el núcleo familiar con sólo 12 años para cursar la enseñanza media en el Liceo de Hombres, Enrique Molina Garmendia, y continuado luego con sus vida profesional entre Concepción y Santiago, más innumerables estadías de perfeccionamiento y docencia en diversos lugares reconocidos en el mundo, que con el paso de los años, jamás ha dejado de realizar. Y es que no concibe que un médico al entregársele la responsabilidad de cuidar a sus pacientes, no cumpla con la educación médica continua al servicio de sus pacientes: “si no vas actualizando tus conocimientos, o careces de interés por traer a tu ciudad otras técnicas, tecnologías y aprender y nutrirse de otros, probablemente tu nivel profesional no será calificado”.

Una prueba de eso, es que acaba de terminar los estudios de dermocosmiatría en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se mezcla la dermatología con la cirugía plástica (se graduó como mejor alumno) y donde ya tiene proyectos para desarrollar en Concepción.

El nacido en Concepción, es en la actualidad un padre chocho de sus dos hijos, Catalina y Osvaldo, quienes decidieron dedicar su vida a la misma pasión de su padre y se encuentran estudiando medicina. La primera en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, y el segundo en la Universidad San Sebastián en Concepción. Si bien no se aventura a asegurar que serán sus sucesores en el área, reconoce en ellos las condiciones perfectas que mezcla las enseñanzas humanistas y cariño que les entrega su mamá Eli y la tenacidad del padre, creciendo ambos rodeados en forma muy natural de libros de cirugías plásticas, fotografías y congresos que les entrega un panorama más amplio de la Medicina de la que él tuvo.

En su consulta el profesional ha podido presenciar, los cambios que ha experimentado la sociedad penquista sobre el concepto de cirugía estética. Si en un comienzo las mujeres llegaban temerosas, pidiendo incluso secreto y máxima discreción sobre las intervenciones que se realizarían, hoy lo hacen empoderadas y acompañadas de sus parejas, donde éstos últimos aprovechan la instancia para preguntar si se pueden hacer uno que otro “arreglito”.

Con un enorme carisma y miles de anécdotas personales, el Dr. Jury no sólo se destaca por su calidad profesional sino por su cercanía con sus pacientes. “Vienen personas a la consulta solo para saludarme y que generalmente son pacientes que atendí en el ambiente público del Hospital Regional, habitualmente en la esfera oncológica de mamas. Eso me llena de profunda  y real satisfacción”, reconoció emocionado.


Niñez en Arauco

Los Jury llegaron a Chile, desde el Líbano, huyendo de la guerra del imperio turco –otomano  y tras desplazarse por distintas ciudades del territorio nacional, Luis Jury y Lucía Santibáñez, decidieron asentarse en Arauco, donde emprendieron un negocio de la clásica multitienda árabe.

El matrimonio, tenía tres hijos cuando en 1965 sumaron a un nuevo integrante. Se trató de Jorge Osvaldo Jury Santibáñez, quien nació en el Sanatorio Alemán, mismo lugar que años más tarde le abriría sus puertas para formar parte de su staff de médicos especialistas de cirugía plástica.

La niñez de Osvaldo Jury, como es conocido, pasó entre los paisajes y aires de Arauco, donde la presencia de sus hermanos, padres y abuelos fueron determinantes para forjar su personalidad. Estudió el ciclo básico en el colegio católico de Las Monjas Franciscanas, donde le entregaron varios principios de la vida. “En aquella época, era común y necesario continuar estudios  secundarios fuera de tu pueblo, así que tal como lo hicieron mis hermanos, emigré a Concepción a los 12 años para ingresar al reconocido Liceo Enrique Molina Garmendia.

¿Cómo fue ese proceso?

Fue bueno. Ahí conocí realidades socioculturales muy distintas a las que estaba acostumbrado en mi colegio primario y en mi hogar, ya que el Liceo era atractivamente  heterogéneo. Conocí y fui aprendiendo muchas cosas de las personas que venían de distintas regiones del país y que al igual que yo, debieron abandonar su hogar a temprana edad. De alguna forma eso marcó mi vida y me di cuenta que hay que tener determinación para lograr lo que deseas, irse de la casa era aceptar un sacrificio doloroso pero que a la larga te traería recompensas.

Pero no sólo eso, el Dr. Jury reconoce que eso le significó aceptar el desafío de la responsabilidad, autocrítica y auto control, porque “te vuelves súbitamente adulto y queda a tu criterio y libertad, lo que quieres hacer con tu vida, sin que nadie te controle. Entonces te ves decidiendo qué caminos seguirás y cómo tu futuro dependerá de esa decisión”, analizó. En esa etapa prevalecieron los valores entregados por sus padres y hermanos.

En el caso de la madre, Lucia Santibáñez, ella le entregó los principios del cariño, de la cercanía y del valor de saber escuchar y del inmenso amor incondicional que tuvo hacia su padre. Por su parte, su papá le trasmitió los deberes del trabajo, rigor, esfuerzo, determinación y honestidad al servicio de las personas independientes de su condición social.

¿Dónde se quedaban mientras estudiaban en Concepción?

Mis tres hermanos alcanzaron a estar en el régimen de internado, mi hermana en el Liceo de Niñas y mis hermanos en el de Hombres. Cuando tocó mi turno de salir de la casa de mis padres, éstos habían tomado la decisión de que viviéramos todos juntos en una casa. Primero fue un departamento y luego en nuestra casa propia. En ese momento aparece la imagen de mi querida Tía Normita, quien pasó a tomar el rol de mamá para nosotros.

Mientras Osvaldo se preparaba para ingresar a la Universidad, sus hermanos mayores ya se encontraban cursando estudios superiores. De hecho, Luis Carlos, estaba estudiando Construcción Civil; Brígida Lucía, Pedagogía en Español y Eduardo Mauricio, Derecho en la UdeC.

¿Qué significaba para tus padres tener a sus cuatro hijos en la Universidad?

Cuando conversábamos en la calidez de mi hogar , recuerdo que ellos siempre expresaban lo extremadamente dichosos que se sentían por lo que habían logrado como familia, especialmente en su condición de hijos de emigrantes libaneses a Chile y nosotros, a la vez, estábamos orgullosos del esfuerzo que hacían para solventar nuestras vidas y nuestras carreras. Mis padres fueron incansables y la tienda árabe, permanecía abierta de lunes a domingo; fueron admirables.

Evidentemente el bolsillo de la familia Jury Santibáñez, resentía el costo económico que le significaba que desde muy temprano, los cuatros hermanos estuvieran cursando algún estudio superior, pero el médico cirujano, recalcó que “para ser justo hay que decir que fuimos muy aventajados en comparación a otros compañeros que estuvieron siempre internos y de otros que tenían situaciones económicas más difíciles que las nuestras y que hoy en día son excelentes profesionales que sirven a su región. Ellos y sus familias merecen todo mi reconocimiento y les agradezco por haberme mostrado y enseñado que los sueños sí se cumplen si entregas tu mejor esfuerzo para ello.

Fue en 1982, cuando ingresó a estudiar medicina en la Universidad de Concepción, luego de obtener buenos resultados de la antigua Prueba de Aptitud Académica. “Esos años los recuerdo con nostalgia. Fueron bonitos, muy duros y exigentes, con alegrías y tristezas. Guardo muy buenos recuerdos de la UdeC y hoy dimensiono y valoro aún más a mi Universidad,  institución señera y tremendamente respetada en la región y en el país.

Los primeros pasos en la atención pública

¿Cómo recuerda su paso por el HGGB?

Egresé en el 89’ e ingresé a hacer mi especialidad de cirugía en la misma universidad y en el Hospital Regional entre el 92’ y 95’, pudiendo además desarrollarme en el servicio del área que había estudiado y en urgencias, donde terminé de plasmar las habilidades quirúrgicas.

Tras mantenerse durante 13 años en la sala de urgencias, terminó dirigiendo su turno y paralelamente comenzó a desarrollar la disciplina de la mastología, donde pudo conocer la realidad de las pacientes que pasan por una neoplasia mamaria y cómo las familias se ven involucradas y preocupadas por una enfermedad tan delicada.

¿Esa realidad lo llevó a inclinar su gusto por la cirugía plástica?

Pasa que en aquellos años se empieza a desarrollar fuertemente en el mundo, especialmente en Italia y EEUU, la necesidad de las mujeres  que habían tenido una cirugía mayor a causa de un cáncer de mama, entonces surgió con fuerza la posibilidad de realizar una cirugía plástica reparadora de reconstrucción mamaria. Entonces empecé a profundizar sobre el tema y me surgió una nueva inquietud: la cirugía plástica.

Esas ganas de aprender, lo llevaron a visitar varios países que estaban avanzados en el tema de la reconstrucción mamaria, entre los que se destaca Milán, Italia y Sao Paulo, Brasil. Fue así como luego de atender a miles de mujeres en el Hospital Regional decide un nuevo rumbo en su vida, ganando el cupo anual del país para formarse en Cirugía Plástica Estética y Reparadora, en la Universidad de Chile, que contribuyó a dar una gran solidez profesional en toda su formación de más de 12 años universitarios.

La familia, el verdadero motor

El Dr. Jury se casó con Elizabeth (Eli) en 1993, cuando él tenía 27 y ella 25 en la capilla de la Catedral de Concepción. Del matrimonio nació Catalina y Osvaldo, ambos son su máximo orgullo y su mujer, el gran amor de su vida. Según relató, la miró y de inmediato supo que era la persona con quien quería compartir su vida.

¿Cómo conoció a su esposa?

La conocí en su trabajo. Me pasó eso de que miras a alguien y dices, me gusta, aunque honestamente  sospecho que yo no le guste mucho al principio (entre risas), pero como tengo la determinación que me enseñó mi padre, logré conquistarla luego de varios intentos fallidos.

Fue un año, el que estuvieron juntos para luego cuando estaba finalizando su formación de cirugía, primera beca, le pidió matrimonio.

Consolidar la cirugía plástica

Una nueva etapa de formación lo tuvo de vuelta en Santiago por tres años, en esa época conoció muchas clínicas y hospitales de la capital, donde se movía entre el Barros Luco y la Clínica las Condes y la Alemana.

Al finalizar su especialización de cirugía plástica, aceptó  trabajar en la Clínica Las Condes y la Clínica Alemana de Santiago. La decisión fue compleja tanto del punto de vista profesional como personal porque cualquiera de ambas opciones significaba un importante cambio en lo laboral y profesional. Sin embargo la familia, puso en la balanza los pro y contra de aquello y primó su amor por la ciudad de Concepción y optaron por volver.

“En ese momento, opté por volver a mi hospital público (HGGB), pero las condiciones habían cambiado y las posibilidades para desarrollarme como cirujano plástico eran complejas”,  porque en ese momento las necesidades sanitarias del país no priorizaban mi especialidad.

 Y así es como el Dr. Jury determina unirse al staff de la Clínica Sanatorio Alemán.

La evolución de los pacientes penquistas

Durante su carrera, el especialista ha visto una evolución positiva sobre los prejuicios de la cirugía estética y en el aumento de la población que la busca para mejorar ciertos aspectos que les producen incomodidad.

¿Les ha costado derribar la idea que la cirugía estética es superficial y frívola?

Eso era algo que se creía antes, ahora se sabe que los pacientes que recurren a un cambio de autoimagen es porque necesitan solucionar un problema o incomodidad muy personal que se refleja en un cambio físico. El perfil del chileno en general es bastante tradicional y conservador, que ha pensado previamente lo que se desea hacer y lo ha conversado con su familia e hijos.

¿Cuánto ha aumentado el nivel de las consultas?

Ha habido un aumento progresivo de la frecuencia de consultas, de procedimientos y de cirugías, tanto en mujeres como en hombres. Recuerdo que primero venían las mujeres solas y pedían absoluta privacidad, que nadie supiera; segundo periodo (2010-2012) venían acompañadas con su marido, quienes expresaban no estar de acuerdo pero las acompañaban para conocer los riesgos y en los últimos tres a cinco años, veo gratamente que vienen los dos, muchas veces a sugerencia de su marido que desea ver a su señora plena, convirtiéndose en un apoyo importante, e incluso en algunos casos aprovechan de consultar por algo que desearían hacerse ellos mismos.

Para el profesional, ese es el ejemplo de un Chile más libre, independiente y desprejuiciado, donde las mujeres están más determinadas y dejó de ser una cosa para los privilegiados, ahora la cirugía estética se ha democratizado. “Ahora acuden a mi consulta incluso las hijas o maridos de mujeres que fueron anteriormente mis pacientes”.

¿Cuáles son las cirugías más consultadas?

Primero, la abdominoplastía; segundo, la lipoaspiración; la tercera, son las mamas (reducción o aumento) y cuarto, lo facial. Lo que está en auge son los procedimientos no invasivos, que tienen un muy buen resultado sabiendo seleccionar qué pacientes tendrán un beneficio con éstos. Uno de los problema sanitarios que estamos observando con frecuencia en Concepción, es que no existe control sobre los profesionales o personas que están aplicando sustancias ilegales potencialmente dañinas para la salud o con resultados deficientes de cirugías estéticas, a menudo con resultados negativos e irrecuperables, por no tener la certificación universitaria correspondiente y/o operar en lugares no acreditados para tal cirugía. Tenemos un tremendo desafío como país para legislar al respecto, especialmente cuando Chile se encuentra en evolución hacia una condición de desarrollo.

¿Qué medidas deben tomar los usuarios para evitar tomar una mala decisión en cirugía plástica o caer en manos inexpertas?

Nuestra Sociedad Chilena de Cirugía plástica, en conjunto con la Federación Iberolatinoamericana de Cirugía Plástica y las Sociedades mundiales que las agrupan, difunden constantemente y educan sobre la necesidad de una cirugía estética y procedimientos seguros a través del cumplimiento del triangulo de seguridad dorado: paciente muy bien informado, clínica acreditada para cirugías plásticas  y médicos con especialidad universitaria aprobada en cirugía plástica estética y reconstructiva.