Desigualdad salarial

¿Por qué las mujeres ganan menos?

Pese a que existe un potente empoderamiento femenino en el último tiempo, la verdad es que en términos estadísticos, la consigna “igual pago por igual trabajo”, sigue siendo una utopía, que desprende problemáticas transversales. ¿Sexismo? ¿Discriminación? Las teorías son muchas, pero tienen un resultado común: se gana menos, por el solo hecho de ser mujer.

Por Gabriela Bustos P.

“Una niña en Ruanda cree que no hay nada que ella no pueda hacer”, declaró para la serie Vox de Netflix, Valentine Rugwabiza, embajadora de Ruanda en la ONU. Para la líder, la clave está justamente allí. Crecer en una sociedad en que las mujeres no piensen constantemente que hay un tope hasta el cual pueden llegar, es lo que llevó a esta nación a construir la sociedad más igualitaria en estos términos, pese a sus altos índices de pobreza.

Para el caso de sus habitantes, la revelación nació como mecanismo de defensa ante el genocidio y la barbarie de la que eran víctimas hasta hace poco, cuando incluso se le negaban derechos básicos por su género. Pero, si contra todo pronóstico lo lograron, ¿qué sucede en el resto del mundo que no lo ha entendido? La principal premisa apunta a que el problema sigue abordándose desde la mujer, fortaleciendo el estereotipo de que incluso aquello, es únicamente su responsabilidad.

Penalizando la maternidad

Aunque pareciera que se ha avanzado a pasos agigantados, los factores condenatorios para el género femenino por parte del empresariado, existen desde tiempos remotos, y se mantienen ligados a cualidades tan íntimas, que pese a su naturalidad han sido satanizadas. El ejemplo más claro de esta persecución, es discriminar a las mujeres por una condición en especial: la maternidad.

Katherine Santos es una joven Ingeniera Comercial, que como muchas otras profesionales, compatibiliza a diario una serie de ocupaciones, entre las que se encuentran dos trabajos ligados al área del emprendimiento, estudios de un Magíster en Innovación, una activa vida deportiva, y una serie de panoramas que se desprenden de relaciones sociales con su pareja y amigos.

A sus 31 años, reconoce haber privilegiado su carrera profesional antes de otros aspectos como la maternidad, pues sabe que luego de ser madre, será dificil poder concretar ciertos anhelos. “Yo hago muchas cosas, que sé que con un bebé no podría continuar. Para un hombre es distinto, porque aunque esté la idea de una labor compartida, en la práctica no es así. Ellos pueden ser papás y seguir trabajando, e incluso estudiando. Las mujeres necesitamos organizarnos y hacer todo por parte. En mi caso, tengo claro que debo hacerlo antes de ser mamá. Debo terminar mi magíster, desarrollarme bien en mi pega, en lo posible ascender, y cuando ya tenga todo eso en orden, podré concretarlo”, cuenta dejando en evidencia la realidad que viven a diario muchas mujeres, que en su proyecto de vida, contrario a lo que ocurre a los hombres, no pueden improvisar.

Para corroborar lo que ella señala como hipótesis, basta con hacer un cálculo simple. En una semana, una madre que trabaja a tiempo completo como su pareja, dedica 9 horas semanales adicionales a las tareas maternales y del hogar. En un año, esa dedicación correspondería a tener durante 3 meses, un trabajo adicional a tiempo completo. ¿Se ha avanzado en equidad entonces? Pareciera ser que no, pues si bien resulta evidente que las oportunidades para la mujer han aumentado, éstas siguen teniendo la “voluntaria” obligación de arreglárselas para compatibilizarlas con el resto de labores que se espera de ellas.

Lo anterior lleva que muchas renuncien a la maternidad, o a su carrera profesional, o bien intenten sostener ambas trabajando a medio tiempo, como si esta decisión fuese normal. De hecho, es muy bajo el porcentaje ciudadano que cree que una mujer que es madre debiera laborar en jornada completa. Esto sin importarle a nadie, según señalan estadísticas del INE, cuando la mujer chilena tiene una jornada de dedicación menor en su trabajo, termina desarrollando más tareas por hora, y recibiendo por cada una de ellas un pago 32% menor al que recibía cuando trabajaba todo el día.

En el caso de Katherine, manifiesta no haber vivido hasta ahora en carne propia la brecha salarial, sin embargo, asegura haber notado otras diferenciaciones, que son en parte las que la han llevado a dedicarse con tanto ahínco a su desarrollo profesional. “He comprobado, de acuerdo a mi experiencia en el área de innovación y emprendimiento, que los cargos de jefatura por lo general son ocupados por hombres. De hecho mis colegas son hombres, mi jefe es hombre, el jefe de mi jefe es hombre, y así. Para mi resulta todo un desafío pensar en alcanzar una jefatura como Directora de Innovación, siendo mujer. Para ellos no es así, porque simplemente eso ya existe”, explica la Ingeniera Comercial.

¿Qué sucede en la Región del Biobío?

Cada vez que se habla de brechas, la actitud de los responsables suele ser justificatoria, siendo la respuesta por excelencia que los hombres tienden a trabajar en empleos mejor remunerados, porque sus aptitudes y exigencias son mayores. Pero, ¿es cierta esta respuesta? Estudios recientes, como el análisis realizado por el Observatorio del Trabajo de la Universidad del Bío Bío, demuestran que no.

Para dicho estudio se realizaron levantamientos estadísticos en la Región, que determinaron que para 2018, los porcentajes de fuerza laboral son 41% de las mujeres, versus el 59% ocupado por hombres. En términos educativos, técnicos, o universitarios en cambio, son las mujeres quienes lideran el nivel de formación con un 29%, mientras que solo 19,1% de los hombres encuestados lo posee.

Hasta ese punto, todo va bien. La diferencia abismal viene al poner atención en los ingresos, y demostrar que pese a tener un nivel de estudios superior, las mujeres reciben en promedio un sueldo 16,3% más bajo que los hombres. Por si fuera poco, esta brecha aumenta cuando el análisis se realiza por nivel educacional, pues si se considera la educación profesional completa, se obtiene que las mujeres ganan un 28% menos; diferencia que incrementa a medida que lo hace la especialización, enviando una lamentable señal a quienes ven una esperanza en el perfeccionamiento académico.

Para la socióloga Ingrid González, esta diferencia tiene que ver fundamentalmente con la valoración histórica y cultural de Chile al respecto. “Hay un fuerte machismo que tiende a ver el trabajo de las mujeres, en ocasiones, como algo más débil, y por ende, menos valorado. En base a eso surgen de inmediato brechas, que no solo se grafican en el ámbito salarial, sino que también en otras inequidades asociadas a los fueros maternales y a los roles sociales que se definen para cada género”, explica.

La opinión de la experta se ve claramente reflejada en las conclusiones del estudio de la Universidad del Bío Bío, que sugiere una latente discriminación social, pues escapa al nivel de formación, y por ende, no podría ser solucionada solo aumentándolo. En este ámbito, las esperanzas apuntan a la implementación de políticas públicas que velen por la igualdad de roles y salarios.

En cuanto a los sectores en los que se evidencia en mayor grado la discriminación, destaca la industria manufacturera, en la que un hombre en la Región puede llegar a ganar el doble que sus pares femeninos. Lo mismo sucede a nivel profesional en el área de la ingeniería y las ciencias sociales. En cuanto a oficiales, operarios, o mecánicos, la diferencia es un poco menor, aunque en ningún caso invierte los resultados. El único ámbito en que las diferencias se tornan menos apreciables, es el sector público, aunque la diferencia acá surge en el tipo de contrato, siendo para las mujeres especialmente dificil conseguir uno de tipo indefinido.

Si bien las cifras son claras, para la socióloga existe además una discriminación social fuertemente marcada, en la que son los propios pares quienes contribuyen con esta diferenciación. “En mi entorno no existen brechas salariales, pero sí percibo valoraciones sociales distintas entre los trabajos de hombres y mujeres, y lo que me parece más preocupante es que estas apreciaciones en desmedro del trabajo de la mujer, muchas veces vienen de sus mismas pares”, explica Ingrid, que desde hace años se dedica a la docencia universitaria.

Panorama actual

Según un estudio de la BBC, la desigualdad salarial por género en Chile, se sitúa en el puesto Nº 73, de 145 naciones involucradas. Y pese a que esta brecha disminuye cada año, lo hace a un ritmo tan lento, que se proyecta que la tan ansiada igualdad salarial, llegue recién en el año 2.133 para todo el mundo.

Tal como lo vislumbrara la especialista, si hay un responsable de esto en el caso puntual de América Latina, es el machismo, que muestra su lado más crudo en Brasil, donde se aprecian las diferencias más aterradoras; lamentablemente secundadas por Chile, y luego por Argentina. Coincidentemente estos tres países poseen los ingresos más altos según el Foro Económico Mundial para Latinoamérica.

Pero para sorprenderse no es necesario ir tan lejos. Basta con ver la realidad en Chile, donde las mujeres reciben un salario 31,7% menor al de los hombres, por realizar un trabajo exactamente igual. En términos más claros, si la remuneración de un hombre por una labor es $ 601.000, la mujer que se dedique a lo mismo, recibirá solo $ 410.000.

Si así ya es chocante, resulta descabellado pensar que el ídolo del fútbol masculino, Alexis Sánchez, gana 1.200 veces más que la destacada exponente del fútbol femenino, Christiane Endler.

Si bien no existen recetas para revertir esta cruda realidad, sí se puede observar el ejemplo de sociedades que lo han conseguido. ¿Qué tienen en común? Simplemente estar conscientes de que si se levanta una lucha por la igualdad, esta debe ser entendida, adoptada, y puesta en marcha de manera transversal, por todos quienes componen su sociedad. Actualmente, parece no haber otro camino.