Desde el Valle de Itata: «Pipeño. Una Memoria que porfía».

El realizador Marcelo Gotelli nos comentó detalles del registro documental que rescata lo mejor del vino pipeño Valle del Itata. El documental se presentará próximamente en otras regiones.

Un documental que surgió de la investigación que realizaron la guionista y antropóloga de la ONG Cetsur, Paula Mariángel, la guionista Marcela Bahamonde y la fotógrafa María Victoria Hernández, siendo la base teórica el foto-libro que editaron en 2016 “Viñas y Toneles del Itata. Patrimonio, Memoria e identidad en la producción del vino pipeño», el que dio vida a la producción del registro.

Del realizador audiovisual independiente, Marcelo Gotelli, «Pipeño. Una Memoria que porfía», muestra a este popular producto del Valle de Itata, como un vino legendario y ancestral, que es elaborado por sus habitantes en forma artesanal desde siempre, cuyo valor histórico no es solo la producción del mosto y la conservación de sus técnicas, sino que también contribuye a la riqueza cultural del entorno, a través del rescate de saberes, formas de hacer, tradiciones, identidad y memoria.

La finalidad del registro, es poner en valor esta tradición productiva, como parte del patrimonio vitivinícola que ha estado oculto y que da cuenta de una práctica cultural en resistencia, aún viva. “El carácter artesanal del pipeño implica que no hay automatización y cada viticultor elabora el vino con su propio sello, haciendo que ningún pipeño sea igual a otro”, comentaron.

Gotelli, creador también del documental ganador del “Arara de Ouro”, máximo galardón del Festival Internacional Tour Film Brasil, por el documental “Saberes y Sabores del Itata”, que hizo junto a las mismas profesionales; asegura que fue el Valle el que llegó a él. “ONG Cetsur lleva varios años trabajando en ese territorio, llegando a publicar un libro llamado “Viñas y Toneles del Itata” hace un par de años. Es entonces cuando sus autoras entregan la base visual y de investigación para dar el siguiente paso; un documental, es recién aquí cuando entro yo, como realizador y director del proyecto”, explica.

Durante el proyecto, y como ya eran un equipo que tenía cercanía, supieron muy bien llegar a buen puerto con un tiempo y financiamiento acotado, señala Gotelli. “El volver a trabajar nuevamente en este valle claramente era estimulante y el desafío de tomar un texto y darle vida es una tarea no menor, pues la palabra escrita debe transformarse en ritmo, aroma, musicalidad, debes saber atrapar al espectador narrando ese texto con la herramienta audiovisual que en muchas ocasiones se distancia del texto narrativo”, dijo el profesional que lleva 26 años dedicados a trabajar en creación y dirección en formatos de ficción, documental, televisión, comercial y experimental.

¿Por qué el Valle del Itata o el material en que basó el trabajo, llamó su atención? 

El equipo humano y el valle fueron los primeros gatillantes para embarcarme en esta realización, luego, la investigación en si está cargada de historias, hitos y personajes que te van generando curiosidad y asombro. Por ejemplo, en el siglo pasado tanto ricos y pobres tomaban pipeño, es posterior a la llegada de técnicas francesas de elaboración que los hacendados se apropian de la historia vitivinícola, relegando al pipeño a ser vino para “el pueblo”, llegando incluso a olvidar que es un patrimonio centenario, forjado en este valle… hoy tanto se habla de que somos un país vinero, pero ¿cuál es nuestro pasado viñatero? ¿Qué oficios siguen resistiendo aún en este territorio? ¿Cuál es la situación actual post-terremoto 2010 de los viñateros que sufrieron la destrucción total de sus bodegas?


¿Qué fue lo que más lo impactó del valle como creador?

Como creador en el valle impacta todo. Recuerdo que las primeras visitas con cámara fueron a mediados de agosto, cuando las parras desnudas, luego de ser podadas, se retuercen armoniosas por las laderas y planicies, parte de esa impresión está representada en el documental en una secuencia donde las parras son verdaderos ejércitos de samuráis invadiendo el paisaje, la imagen es casi surrealista. Luego, pasadas ya algunas grabaciones y entrevistas, te vas impregnando del coraje y el espíritu en resistencia que tienen las y los viñateros, quienes en todo momento apoyaron con mucha disposición lo que estábamos haciendo, eso también hace crecer el respeto y admiración hacia quienes estas retratando.

El documental, deja claro que el pipeño es el vino más antiguo de Chile, realizado con parras añosas, algunas de ellas existentes desde la época de la llegada de los jesuitas españoles a la zona, hace más de 500 años. “Me impacta el pipeño, pero ese que no está bautizado, ese que no tiene químicos, ese que, como lo describe uno de los entrevistados; saca chispas al tomarlo con una empanada de mariscos o en un buen asado”, comentó el realizador.

«Pipeño. Una Memoria que porfía», se presentó durante el mes de octubre en Coelemu, Quirihue, Tomé y Concepción, y cuenta las historias de los testigos activos del mundo campesino-popular del valle, en donde la vida cotidiana giraba alrededor de un territorio y de un quehacer, configurando así una memoria colectiva, ya que, según relata el propio documental, en cada casa había una bodega donde se hacía vino pipeño.

También el próximo martes 11 de diciembre se presentará en la Biblioteca Nacional de Santiago a las 18:30, donde se realizará un conversatorio sobre el tema, además en enero se exhibirá en Valparaíso y existen posibilidades de exhibir el próximo año en Matucana100 y en la Casa de la Cultura de La Reina.

Una de las curiosidades que se podrán conocer en el documental, es que el nombre de este popular vino se debe a la vasija en el que tradicionalmente era transportado. “Este saber-hacer del pipeño se basa en la experiencia, en una organización que considera las etapas que establece el ciclo agrario de la producción y cosecha de la uva y otros cultivos, marcado por el sentido de comunidad, cooperación e intercambio, situación que incidía en la vida social y cultural de sus habitantes”, finalizaron.