En febrero de este año la diseñadora e ilustradora Teresita Melo partió a recorrer Latinoamérica por seis meses. Durante este tiempo dibujó cada uno de los lugares que visitó y además aprendió a meditar, lo que cambió para siempre su perspectiva de la vida.

Por: Alejandra Jara

“Siento que mi historia siempre motivó mis ganas de viajar. Nací en Santiago, pero mis papás, ambos ingenieros forestales y amantes de la naturaleza, decidieron radicarse en el campo, en Chiloé. En mi familia, somos 4 hermanos, y a todos nos tocó vivir varios cambios de ciudad, sobre todo por el sur de Chile…”.

Así comienza su relato esta ilustradora de 27 años. Cuenta que su inquietud por conocer América Latina estuvo presente desde el colegio, a través de la literatura. Entonces, un día decidió renunciar a su trabajo, tomar su mochila y partir a Colombia para comenzar esta travesía por 6 países y -al menos- 50 ciudades y poblados.

“La mayor enseñanza que me quedó de estas experiencias fue sin duda el aprender a meditar y todo lo que ello conlleva. Mis antiguos intereses por publicar todo lo que dibujaba y conocía, desaparecieron por completo, y mi centro pasó a ser sentir el presente, sin tener la necesidad de verbalizarlo”, explica Teresita.

Y esto también contribuyó a que sus creaciones tuvieran otro sentido. En su bitácora plasmó experiencias relacionadas con lo lindo que es “lograr moverse de la cabeza al corazón”, agrega.

Salento

           2 El viaje de Teresita partió en Colombia. Aquí conoció Bogotá, Manizales, Salento, Medellín, Cartagena de Indias, Isla Barú, Minca, Santa Marta, el Parque Tayrona, Barranquilla, Cali, Pasto y Tulcán.

“Todos sabemos que la costa colombiana es espectacular, por lo que en este caso recomendaré un sitio ubicado en el interior: Salento. Se trata de un colorido pueblito situado en la zona cafetera”, comenta la joven. “Tiene unas puestas de sol espectaculares, una energía increíble y un paisaje verde que relaja”, agrega.

Para llegar a esta localidad se debe tomar un bus desde Bogotá a Manizales y luego otro hasta Salento, ya que no existe transporte directo desde las grandes ciudades. Ahí alojó en “The Plantation House”, una casona con forma de “L” emplazada en medio de una plantación de café orgánica. Teresita se sentaba en su escalera principal y no paraba de dibujar lo que veía a su alrededor.

“Aquí conocí a un grupo de seis amigos provenientes de distintos lugares del mundo, los que me acompañaron durante casi todo el viaje. Nos apodamos “the family”, recuerda.

Ayampe

Desde Ipiales (frontera con Ecuador), Teresita se trasladó a Ecuador. Otávalo, Quito, Mindo, Canoa, Bahía de Caráquez, Manta, Ayampe, el Parque Nacional Machalilla, Montañita, Guayaquil y Cuenca fueron los lugares que visitó.

En la playa de Canoa a Teresita le robaron la billetera, por lo que siguió su viaje hasta Ayampe con el dinero que le prestaron sus amigos. Hasta aquí llegó con el dato del hostal “Ecuador Retreats”, propiedad de un viejo músico norteamericano llamado Jerry, quien no habla español.

“Se trata de un espacio destinado a las personas que necesitan reencontrarse con sí mismas o superar algún dolor personal. Mi idea era trabajar dibujando mientras esperaba la plata que me enviarían desde Chile y además aprovecharía de vivir una experiencia diferente”, relata la diseñadora. Sabía también que sólo si lograba agradarle a Jerry podría quedarse.

Al llegar le explicó al dueño que podía pintar murales y ayudarlo con la jardinería. Él aceptó, lo que le permitió estar durante tres semanas en este hostal. “Aprendí mucho, conocí distintas historias de las personas que llegaban y pasaban la tarde en la playa”, explica.

Amazonas peruano

            El recorrido por Ecuador terminó en Cuenca y desde allí la diseñadora cruzó hasta Máncora, ciudad peruana. Desde esta localidad siguió el viaje por Chiclayo, Tarapoto y Pullalpa. Fue en este puerto donde compró la hamaca en la que durmió al interior del barco que la llevó hasta Iquitos. Antes de embarcar conoció a dos holandeses, un español y dos argentinos con quienes navegó durante tres días a través del Río Amazonas

Una vez en Iquitos a Teresita le ocurrió otra anécdota. “Cuando llegamos se subieron muchas personas al barco y me robaron mi celular. Cuando me di cuenta escuché a alguien que me dijo: ¡Yo sé quién lo tiene! Se trataba de un taxista y sin pensarlo me subí a su moto – taxi (es el medio de transporte popular de esta zona debido a las altas temperaturas) para seguir al ladrón y recuperarlo”.

La joven cuenta que llegaron hasta la casa del supuesto culpable pero no lo encontraron. Entonces se dirigió a la Policía y mientras realizaba la denuncia, el taxista volvió a gritar ¡Ahí va! Varios policías lo persiguieron y lograron recuperar el teléfono. “Cuando me acuerdo, me da risa. Yo arriba de la moto y persiguiendo al ladrón”, relata entusiasmada.

            Teresita se instaló en un hostal de la ciudad y desde ahí tomó distintos tours para recorrer las aldeas del Amazonas en bote. Una vez que finalizó su estadía de dos semanas siguió el viaje por Cuzco, Machu Picchu, Arequipa y Puno.

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La Isla del Sol

            Desde Puno llegó hasta Bolivia, bordeando el Lago Titicaca. Una vez ahí continuó hasta Copacabana, un pueblo lacustre marcado por las costumbres andinas. Desde acá se puede cruzar en barco a la Isla del Sol, un imponente monumento nacional y cultural que puede cruzarse caminando.

“Me quedé una noche y disfruté de hermosas puestas de sol. El agua es transparente y atrás se aprecia la Cordillera de los Andes. Recomiendo recorrer la parte norte de la isla donde existen vestigios del Imperio Inca, y la Piedra Sagrada, la que -según el mito- dio vida al Dios del Sol, padre de la civilización inca”, cuenta Teresita.

El viaje continuó rumbo a La Paz, y luego a las ciudades de Sucre y Tupiza, el Salar de Uyuni, el Parque Nacional Eduardo Avaroa y Villazón.

            Norte de Argentina

Una vez en Argentina, Teresita visitó Tilcara. Se trata de un pueblito que se caracteriza por tener paisajes muy coloridos y donde confluyen las culturas bolivianas y argentinas. Aquí viven muchos jóvenes provenientes de Buenos Aires o Córdova que quisieron escapar del estrés de la ciudad y optaron por refugiarse en esta localidad norteña.

El “Jardín Botánico de Altura” constituye uno de los sitios turísticos más destacados. En éste se estudian y cultivan las especies vegetales propias de los climas áridos, como los cactus.

En los alrededores de Tilcara puede visitarse el “Cerro de los 7 colores”, el que se alza en la localidad de Purmamarca, e impacta por su espectacular paisaje. Excursiones, caminatas, safaris fotográficos y cicletadas, pueden llevarse a cabo en este atractivo lugar. “No me imaginé que existía un lugar así en Argentina”, sostiene Teresita.

Y así terminó el recorrido por Latinoamérica. Desde la localidad trasandina de Salta cruzó hacia Calama y desde aquí se dirigió a San Pedro de Atacama. Luego continuó rumbo a Santiago y finalmente retornó a Concepción.

“Durante el último mes de mi viaje decidí crear un instagram (@andesviajaydibuja) con algunas ilustraciones que tenía en una pequeña libretita de viaje. No alcancé a subir muchas, pero me quedó el gustito y hoy continúo este proyecto a mayor escala”, explica la joven.