Cristian Salgado

Un apasionado del arte

Desde pequeño descubrió que tenía una motricidad especial en las manos y con los años buscó la forma de darle sentido a ese don. Pensó en arquitectura y diseño gráfico hasta que las tijeras llegaron a sus dedos y terminó por convencerse de seguir la tradición familiar. Junto a su esposa y hermano, concretó la idea de Hair Cris y, con ello, se posicionó junto a su hermana, que también trabaja en el salón, en la tercera generación en dedicarse al oficio de la peluquería.

Por Daniela Salgado Parra

Ni la tarde de lluvia en pleno verano en Concepción, hizo que en Haircris – ubicada en Aníbal Pinto 195 – hubiera menos afluencia de clientes y es que el respeto por las horas agendadas es a prueba de viento y marea, así que la atención está más que garantizada. Como un reloj, Cristian Salgado estuvo disponible a la hora acordada y es que el tiempo estaba delimitado, a las 15.00 horas debía retomar sus labores cotidianas.

Dicen que el blanco representa la pureza y justamente al ingresar al segundo piso de salón, la sensación de limpieza es la dominante. Punto aparte, es la sensación de privacidad que se genera gracias los amplios espacios y la dicotomía de verse hasta el más mínimo detalle en cada una de las paredes a causa de los numerosos y grandes espejos.

Cristian, de 30 años, es nacido y criado en Concepción, primero vivió en Camilo Henríquez y luego en Villa Cap, Barrio Norte. Es el hijo de Alfredo Salgado (destacado peluquero) y Débora Aravena. Es el segundo hijo entre la unión de ambos, donde el mayor es Juan Mauricio Coloma y la menor, Francisca Salgado. Para él, ser el hijo del medio fue lo mejor porque “tienes el soporte del primero y en cada paso que das sabes que él estará ahí. Fui muy afortunado”.

Desde muy joven mostró una personalidad muy de artista. Se caracterizaba por ser reflexivo, introspectivo, perfeccionista y tener una mayor sensibilidad, situación que se torno difícil de manejar durante la adolescencia, etapa en la que pasó por depresiones y experimentó altos niveles de frustración. Sin lugar a dudas, la separación de sus padres marcó un punto de inflexión, aunque afirmó que “ellos siempre se preocuparon de cubrir las carencias emocionales. Siempre estuvieron presentes”.

El gusto por la pintura fue uno de sus primeros talentos, aun cuando su afán por el dibujo le trajo algunos problemas y es que en aquella época lo artístico no podía correr por el mismo riel de lo académico, por lo que comprendió forzadamente que había que priorizar entre una alternativa u otra.

En plena adolescencia y en la búsqueda de identidad, el power metal fue su principal aliado. El agobio propio que provoca esa etapa de la vida, encontró paradójicamente su calmante al ritmo de la banda finlandesa Stratovarius, específicamente en la canción “speed of light”. Al mismo tiempo, el skate le permitía liberar energía y entregarle momentos que recuerda hasta el día de hoy.

Otro de los momentos complejos lo vivió a los 15 años, cuando le detectaron un tumor cancerígeno. “Desde conocer la noticia y todo lo que viene después, la radiación, la resonancia magnética, todas esas cosas se juntan y hacen que uno madure y aterrice bruscamente. Ahora lo pienso y agradezco a Dios porque esas experiencias me formaron y me hicieron  convertirme en lo que soy hoy”.

En medio de ese proceso y en respuesta al deseo inagotable de realizar cosas nuevas, creó  junto con su hermano y compañeros de colegio, la banda Triada Medieval. Durante esos cinco años de existencia, incrementó su virtuosismo en la guitarra, cosa que abandonó en la medida que asumió nuevas responsabilidades.

Cris, como le dicen cariñosamente sus cercanos, supo desde pequeño que el don que tenía en sus manos, le serviría para establecerse de adulto. La búsqueda por encontrar la segunda parte, que era la profesión u oficio ad hoc a su talento natural, no dejó de estar exenta de inequívocos. Mientras muchos en 3ero medio planificaban qué harían el fin de semana, el estilista barajaba opciones de posibles carreras. Primero pensó en arquitectura, hasta que descubrió que todo era computacional, luego revisó las mallas curriculares de diseño gráfico y tampoco quedó convencido y tras darle vueltas, decidió comentarle a su padre que quería probar en el rubro de tradición familiar.

De la mano de esa decisión, había una actividad que realizaba con sus padres y que quería retomar. Fue a los 20 años cuando volvió a la iglesia cristiana y con ello, terminaron todas sus inestabilidades. Actualmente participa junto a su mujer, María José, activamente de una congregación y afirma que uno de los momentos más preciados fue viajar a Israel y conocer Jerusalén, en dos oportunidades.

Esa formación, le ha permitido afrontar con entereza un mundo frívolo como la estética y jamás perder el rumbo de hacia dónde quiere ir ni de cómo llegó ahí.

Es así como hace dos años, decidió junto a su esposa (administradora) y su hermano, Juan Mauricio (encargado de finanzas y comunicaciones) independizarse con su propia peluquería y barbería: Haircris.

Infancia

Con pocos pero buenos amigos, Cristian afianzó a temprana edad lazos con los vecinos del condominio. La música y el skate fueron sus compañeros de ruta, pero guiado en el camino por su hermano mayor. Fue justamente él, quien siempre lo protegió y al primero a quien admiró.

¿Cómo fue tu niñez?

Mi infancia fue buena. Creo que cuando uno comienza a conocer otras realidades se da cuenta que independiente de todo lo ocurrido fui un afortunado, porque tuve a mi padres conmigo. Independiente de que esa relación se quebró cuando tenía cerca de 10 años, ellos igual se preocuparon de darnos cariño y de cubrir todas esas necesidades emocionales que tiene cualquier niño a esa edad, entonces no fue tan tormentoso. Tampoco es que estuvo ajena de conflictos, pero no fue una infancia conflictiva.

¿Entonces no sentiste la ausencia de uno de ellos?

Gracias a Dios no, porque estuvieron presentes en cada momento en que los necesité. Obviamente el trabajo en una peluquería es demandante y mi padre se pasaba la mayor parte del día fuera de la casa y llegaba en la noche, así que lo veía poco. Como es lo lógico cuando se separaron eso fue peor, pero duró hasta que uno fue creciendo y comenzó a independizarse, entonces ya no era tan necesaria la figura constante de los padres, así que no fue tan complicado. Es como parte de.

¿Dónde estudiaste la enseñanza básica y media?

Primero estudié en el Colegio Metodista hasta 4to básico y luego que decidieran dejarme repitiendo por inmadurez, me matricularon en el Colegio Creación.

¿Cómo fue eso?

Por las mismas habilidades artísticas, yo iba al colegio a dibujar. Las clases pasaban y mi única actividad era hacer bocetos en mis cuadernos y una psicóloga del colegio les advirtió a mis padres que me estaba quedando atrás en comparación a mis compañeros, así que decidieron reprobarme para quedar nivelado.

Ese hecho marcó a Cristian, quien describió haberse dado cuenta que lo que hacía le había traído consecuencias. Si bien siguió dibujando se enfocó en los estudios.

¿Eras de tener varios o pocos amigos?

Todos mis amigos eran del condominio donde vivía (7), ahí formé un lazo de amistades que mantengo hasta el día de hoy, si bien no nos vemos mucho, cada vez que lo hacemos o nos encontramos nos damos un abrazo fraterno como muestra del cariño que nos tenemos.

Según aseguró ese nexo tan sólido hizo que al ingresar al Colegio Creación no sintiera la necesidad de pertenecer a un grupo o sentirse acogido por los nuevos compañeros, aunque “eso no quita que tuviera más afinidad con algunos, pero lo cierto es que no veo ni tengo contacto con nadie de allá”.

Más allá de ese cerrado grupo que formó en la niñez, no se considera una persona amistosa. Es más, dice que se ha dado cuenta con el tiempo que, quizás, no es tan empático. Pero lo que sí afirma con certeza es que es retraído y pasa gran parte del tiempo viendo que puede mejorar, sin percatarse que eso puede pasar a llevar las relaciones con sus más cercanos. Punto aparte es el perfeccionismo, esa cualidad “se repite en las personas que tienen habilidades artísticas porque son más flemáticos y melancólicos”.

¿Qué recuerdos tienes de esas tardes en el condominio?

Era puro andar en skate, esperábamos ansiosos la hora de salir para reunirnos. Recuerdo que con cajones, maderas, fierros y cosas así confeccionábamos nuestras ramplas y estructuras para poder andar. En ese tiempo, uno no comía sino más bien tragaba para poder subirse a la tabla.

Junto con lo anterior, la música también cumplió un rol determinante. La generación de Cris, disfrutaba en los ’90 al ritmo del aggro metal, con bandas como: Papa Roach, Korn y Limp Bizkit. Luego de eso, pasó por una laguna musical que confluyó con varios periodos de depresión, hasta que llegó a sus oídos el power metal. “Me gustó la mezcla de la música clásica con el heavy metal, esas melodías me cautivaron y no paré de escuchar ese estilo”.

El alto nivel de los exponentes, lo incitaron a aprender a tocar guitarra y es que a su juicio, en general, el heavy metal demanda mucha virtuosidad en cada uno de los instrumentos, así que fue una temporada para aprender y crecer en ese sentido.

¿Fue en esa época que nació la idea de crear una banda?

Sí, justamente fue en ese tiempo donde surgió la idea de hacer una banda con mi hermano y alguno compañeros del colegio y después por casualidades de la vida se incorporaron nuevos integrantes que no pertenecían a ninguno de nuestros círculos cercanos.

¿Por cuánto tiempo tocaron?

Fueron cinco años, pero luego las responsabilidades hicieron que todos tomáramos caminos diferentes. Cambiaron los intereses.

Más que hermano mi mejor amigo

Siempre se dice que a diferencia de los amigos, la familia no se elige así que no queda más que resignarse. En el caso de Cristian, él encontró en su hermano mayor, una persona digna  de admiración, lealtad y comprensión.

Juan Manuel, ha formado parte importante de tu vida, ¿qué lo hace tan especial?

Mi hermano es tres años mayor y siempre se preocupó mucho por nosotros. Alfredo que es mi padre y no de él, le inculcó mucho el cuidado de sus hermanos menores, siempre se lo decía, aunque eso no implicaba darle responsabilidades que no le correspondían o suplir la imagen paterna. No, en ningún caso.

Él desde muy joven desarrollo una especie de instinto paternal, quizás tiene que ver con que tiene más hermanos, no sé, pero fue muy maduro y tomaba buenas decisiones.

En la actualidad, ¿mantienen esa relación afiatada?

Sí. Mi hermano debe ser mi mejor amigo, en mis tiempos libres lo llamo, si tengo alguna idea que quiero desarrollar es al primero que le pregunto, obviamente con mi señora igual, pero con él hay temas que puedo tocar, porque no puedo estar hablándole todo el día de trabajo a mi esposa.

Cada vez que le surge una idea para el negocio, se la comenta, ambos la analizan, le dan una que otra vuelta, hasta llegar al resultado más optimo. Pero no queda sólo ahí, ambos están tan embarcados en el proyecto de Haircris, que están pendientes de lo que pasa afuera, las nuevas tendencias y metodologías.

“Él siempre se tomó bien que yo siguiera sus pasos, es más siempre me incluía. Típico que de joven te vistes de una determinada forma y si mi hermano de vestía de hiphopero yo lo seguía. Además como no teníamos tanta diferencia de edad, compartíamos varios intereses. Es súper especial nuestro vínculo”, afirmó sonriente.

La pintura: el método de relajación

¿Recuerdas el primer cuadro que pintaste?

Cuando era pequeño y mis papás estaban juntos íbamos a la iglesia cristiana y había un cantante que se llamaba Marcos Witt. Tuve la oportunidad de conocerlo y vi que a mis papás les gustaba así que quise pintarlo. Iba en tercero básico y participe en un concurso y lo pinté. No recuerdo si gané pero sí lo contento que estaban ellos.

Los padres chochos de la obra que había creado su hijo, lo enmarcaron y mostraron a todos aquellos que visitaban la casa. Ese orgullo y emoción que le trasmitieron, valió más que cualquier premio o distinción. De hecho ese fue el empujoncito para continuar pintando.

Su propia peluquería es el reflejo de ello, donde las paredes están adornadas con sus obras.

Luego de adulto decidiste estudiar arte, ¿cómo fue eso?

Tomé clases por 3 meses con Marcia Clark, una pintora destacada de la zona. Ella tenía su taller en Pedro de Valdivia y ahí me enseñó lo básico para construir una obra, desde los bocetos, las primeras pinceladas hasta tener la obra terminada. Me entregó las directrices y luego me lancé solo con acrílico.

Me gusta esa pintura porque me relaja, no me hace olvidar los problemas pero ayuda. Lo hago cada vez que puedo.

Manos aptas para la peluquería

Toda su vida estuvo en medio de salones de peluquería. Primero fue su abuela (madre de Alfredo Salgado), luego su padre y tíos, y finalmente él. En total, tres generaciones dedicadas al mismo rubro. Por eso, habla con propiedad de causa de lo demandante y de los esfuerzos que implica dedicarse al oficio.

¿Cuándo empezó a gustaste la peluquería?

La verdad es que nunca me pasó que mirara a mi papá y pensara: yo quiero ser peluquero. De hecho, quería ser arquitecto porque lo veía como el canal para desarrollar mi arte con las manos. Esa era la concepción del tema, de ahí partió todo. Lo que pasó después, es que mi di cuenta que ese pensamiento estaba mal construido porque en la arquitectura no se ocupan las manos sino el computador, todo se presenta de manera digital, entonces se me fue abajo la idea.

Al no encontrar algo que se ajustara a lo que quería, me cuestioné cómo podía encausar esa motricidad, ese don que tenía, porque siempre tuve claro que iba a ganar las lucas haciendo algo con mis manos. Tras pensarlo mucho, le dije a mi papá que quería probar en la peluquería y ver qué pasa, él dice que se asustó mucho porque fue en una época difícil, pero la experiencia fue tan buena que desde ahí no me separé más de eso.

Me fui a Santiago, a los 19 años, a Training Center de Wella, que es una marca alemana que tenía centros de estudios en Chile. Ahí nos recibieron por varios meses y me enseñaron todo lo básico de colorimetría y luego me viene a Concepción a ponerlo en práctica.

En su estadía en la región Metropolitana, tuvo un tutor con el que se sentía muy identificado. Esto, porque al igual que él, era joven, tenía mucha energía y era innovador. Con el tiempo y gracias a todo lo aprendido, se convirtió en uno de sus referentes.

Volviste a la región a trabajar con tu padre, ¿era complicado para ti el hecho que los compararan?

Para nada. Trabaje cerca de 10 años en Villuco, Chiguayante y siempre fui ‘el hijo del Alfredo’. Eso nunca fue tema.

¿Cuándo surgió la idea de independizarte?

Esto nació porque quería explorar otras cosas. Al trabajar con mi papá estaba supeditado a una cadena de peluquería que tenía, por lógica, seguir un estándar de servicios. Entonces yo quería experimentar con otros conceptos. Acá por ejemplo, tengo arte, vienen a tocar música en vivo. Si bien son pequeñas cosas, marcan la diferencia.

¿Cuál es el sello de Haircris?

Lo que nosotros queríamos demostrar era que nos gusta mucho el arte en general, con gente joven, llena de nuevas ideas y vanguardistas. Acá se sentirán en un espacio que está limpio, tranquilo, con una estética definida y donde cada uno de los profesionales tiene su propia identidad.

Lo anterior es porque comprenden que la gente no sólo va a cortarse el pelo sino a vivir una experiencia. Por eso, dice que le preocupa mucho que se atienda a la hora, que los trabajadores no metan ruido, que no canten o que alteren la tranquilidad del cliente. Esa clase de cosas, que parecen ser las mínimas, es la que “no vemos en otras peluquerías, donde los conflictos internos y rivalidades se trasmiten al exterior”. Y justamente esos detalles son los que la gente valora y que reafirman que van por el camino correcto, cuando les manifiestan los satisfechos que quedaron con la atención.


¿Cómo logras compatibilizar trabajar con tu esposa?

Se puede perfectamente, sobre todo porque ninguno tiene un temperamento explosivo. En mi caso, me considero una persona tranquila, que no le gusta generar conflictos.

Cristian y María José se conocen desde que fueron compañeros en 1ero medio en el Colegio Creación, tras salir de 4to se dieron cuenta que la relación de amistad se estaba tornando cada vez más cercana y así se pusieron a pololear. Actualmente, llevan cuatro años de casados y comparten, además, la misma fe.

¿Por qué decidir volver a Concepción y no quedarse en Santiago?

En Santiago pueden estar las lucas pero acá está la familia. Entonces es ahí donde pesan las prioridades, en el caso nuestro la felicidad está en estar cerca a nuestros seres queridos.

Ahora es cierto, que las marcas te pescan más cuando estás en Santiago, de hecho me ha tocado presenciar el hecho de que a personajes, que han tenido un crecimiento muchísimo más inferior que nosotros, les han dado su apoyo, en cambio, en nuestro caso recién nos están pescando y es sólo por el hecho de ser de región.

Pero no sólo eso, también admite que Concepción fue una buena ciudad para partir porque “cuando son todos negros, ser amarillo resalta mucho más”. A lo que se refiere, es que “en Santiago hay muchas peluquerías buenas y con trayectoria, por lo que de haber nacido allá hubiéramos sido una más”. Realidad opuesta es la que experimentaron en tierras penquistas, donde una idea explosiva como Haircris creció como la espuma.

Proyecciones

El cierre del 2017 llegó con un par de buenas noticias profesionales. La primera es que comenzó a formar parte de Haute Ciffure Françoise, que es una organización de peluqueros destacados a nivel nacional y la segunda, es que lo nombraron embajador de la zona sur de la marca inglesa, Tigi.

A su vez, para el 18 de enero está programada el relanzamiento de la marca Haircris, con una visión más rupturista y vanguardista.