Consumo de alcohol en adolescentes
La normalización del uso de una droga lícita

Los factores son variados pero el consumo desmedido entre jóvenes es un hecho en la sociedad actual. La normalización del consumo de bebidas alcohólicas y las malas relaciones a nivel familiar o social, pueden ser un detonante que podría desencadenar graves problemas en la vida de los jóvenes.

Por Virgina Torres M.

En una sociedad donde la ingesta de alcohol está normalizada a tal punto, que la edad promedio de iniciación en su consumo es a los 13 años, según cifras de Senda; y el país se sitúa en el primer lugar latinoamericano según la Organización Mundial de la Salud, con un consumo per cápita de 9,6 litros de alcohol puro; no es raro que muchos adolescentes se inicien a temprana edad, lo que puede tener consecuencias graves en desmedro de un normal desarrollo cognitivo y social.

Una muestra efectiva de 6.549 alumnos, que representaron en 2015 a 100.137 estudiantes de 8º Básico a 4º Medio de colegios municipales, particulares subvencionados y particulares pagados de la Región del Biobío; en el Décimo Primer Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar de Chile, realizado por el Observatorio Chileno de Drogas de Senda, mostró que un 76,6% de ellos consumía alcohol; y pese a que la cifra obtenida es inferior a la que se presentó en el mismo estudio en 2013, que alcanzó un 79,3%, la diferencia no es estadísticamente significativa, indica el estudio.

Respecto al sexo de los encuestados, en 2015 la muestra comprendió a 3.261 hombres y 3.267 mujeres. En cuanto a la distribución de la muestra efectiva por cursos, señala que se levantaron 2.859 casos entre 8º Básico a 1º Medio, y 3.690 entre 2º y 4º Medio. Mientras que las comunas sondeadas en esta versión del estudio, fueron Concepción, Coronel, Chiguayante, Lota, Penco, San Pedro de La Paz, Talcahuano, Tomé, Hualpén, Cañete, Curanilahue, Los Ángeles, Chillán y San Carlos.


Confusión y consumo

En Concepción, Astrid Hecker, psicóloga con años de experiencia en la materia, comenta que las consecuencias del consumo a temprana edad, se traducen de frentón en un mal desarrollo del cerebro por muerte de neuronas, lo que asegura puede llevar, a desórdenes mentales como psicosis, depresión, ansiedad, crisis de pánico u otros similares.

Pero eso es solo una parte de las consecuencias que podrían existir, pues la profesional suma también la posibilidad de “una disminución de las funciones cognitivas, lo que se puede ver reflejado en fracaso escolar, ya que afecta la concentración, la memoria, la habilidad de resolver problemas, etc. De hecho, en personas menores de 18 años el riesgo de desarrollar una depresión por consumo de alcohol es mayor, así como también la posibilidad de generar una adicción es alrededor de cinco veces mayor que en los que no consumen”.

Las habilidades sociales también podrían mermar, desarrollando ante el consumo excesivo de alcohol, conductas antisociales. “También hay una mayor exposición a iniciar actividad sexual temprana y el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, así como también embarazos no deseados, entre otras cosas”, aseguró la psicóloga.

Investigando sobre el tema, y gracias a Astrid, tuve la oportunidad de hablar con una joven de 19 años que hoy en día pasa la mayor parte del mes en la Comunidad Terapéutica Crem en Santiago, hasta donde llegó hace casi dos meses desde Concepción, luego de decidir por sí sola dejar el alcohol.

Quisimos respetar su opción de no publicar su nombre, pero sí accedió a contarnos un poco de cómo se inició en el consumo a la corta edad de 14 años. “Estaba en 2º Medio y la verdad yo tenía muchos problemas depresivos, me habían pasado muchas cosas malas a la edad que tenía y en el colegio me hacían bullying, por eso siempre tendí a juntarme con gente mucho mayor que yo, personas que conocí en la calle y me enseñaban actitudes de la calle, entonces empecé a consumir alcohol y no paré hasta ahora”.

El fuerte relato provoca que nuestra joven entrevistada se agite y suspire al recordar aquellos momentos en que vio a muchos de sus amigos en el piso. “Era algo que constantemente me daba vuelta, porque a medida que pasaba el tiempo tuve más y más amigos que tomaban igual o más que yo, los veía mal, entonces me empecé a preguntar cuál era el sentido de todo eso (…)”, recuerda.


¿Pero qué lleva realmente a una adolescente a pasar de ser una “bebedora social” a una persona con problemas de alcoholismo? Al respecto, Astrid reflexiona sobre la transversalidad del consumo de alcohol entre adolescentes, sin importar la clase social a la que pertenecen. “El tema pasa por la seguridad que ellos tienen en sí mismos, porque cuando tú estás seguro de quién eres y dónde perteneces, puedes decir no, sin importar que seas catalogado de mala onda o que te digan ¿cómo no vas a tomar?; cuando tú no tienes sentido de pertenencia claro y no tienes comunicación con tu familia, entonces es más fácil decir sí para ser aceptado o incluido”.

Por eso, pese a que nuestra entrevistada pertenecía a una familia bien constituida, el grave bullying vivido durante su paso por el colegio y su acercamiento a la calle, provocó que su situación familiar se fuera deteriorando cada vez más. “Era difícil porque peleaba mucho con mi mamá y bueno, vengo de una familia evangélica, entonces mi papá lo que hacía era hablarme de Dios y decirme que mi cuerpo era un templo, que no tenía que dañarlo y yo no le hacía caso, porque no le veía sentido a lo que me estaba diciendo. Me la pasaba sola en la casa, tampoco pescaba mucho a mi hermano menor, y ahora a él ya no le importa”.

Sin embargo, reconoce que, dentro de todo, en lo que más la afectó el consumo de alcohol fue en su rendimiento académico. “Yo creo que en eso me afectó mucho más, empecé a bajar muchos las notas, además me di cuenta que cuando era más chica era súper activa, me iba bien en el colegio y luego los estados anímicos decayeron, porque no tenía ganas de nada, estaba depresiva”, recuerda.

Precaución de antemano

Categórica respecto a este tema, es la encargada del programa de Alcohol en Senda Biobío, Marcela Tapia Córdoba, quien hace hincapié en la poca conciencia social respecto a que el alcohol es una droga. “Siempre lo mantenemos aparte y eso le da una connotación distinta. Es una droga lícita pero es droga al fin, y muchas veces, cuando conversamos con los papás o con cualquier persona, nos damos cuenta que lo tenemos muy bien aceptado, incluso en situaciones que no debería estar presente el alcohol, porque vamos construyendo una realidad y conductas que van imitando los más pequeños, nosotros como servicio, a través de las cifras que se han ido generando, nos hemos enfocado bastante a fortalecer el rol parental,  pero no solo pensando en que son los papás los llamados a generar prevención, sino que también todos los adultos significativos”, explica.

En ese sentido, Hecker asegura que especialmente, entre estudiantes menores de edad, hay una serie de factores familiares o a veces una predisposición biológica, que podría afectar más a unos que a otros, “muchas veces de un grupo en que diez de ellos parten consumiendo, no necesariamente todos tendrán el mismo problema, quizás, de consumo excesivo, entonces hay factores sociales y otras veces también hay chicos que sufren de trastorno bipolar por razones genéticas, y en ese caso, hay que decir que el  80% de los bipolares tienden al consumo de alguna droga”, afirma.

Es justamente ese trastorno el que es difícil de evaluar, pues muchas veces para los adolescentes el tema pasa por la confusión propia de su edad y en ese caso, es necesario realizar un diagnóstico diferencial. Por otra parte, la profesional asegura que los casos son comunes en familias disgregadas, con poca comunicación, lo que los hace sentir realmente solos, “entonces el grupo de amigos pasa a ser como la familia y la aceptación de ese grupo es súper importante, el trago es parte de esa aprobación, ahí está y esa es la puerta de entrada al consumo”.


Coinciden con este relato, en Senda, donde ponen énfasis en que la edad de inicio de consumo de alcohol en nuestro país se sitúa en promedio a los 13 años. “Es decir que hay niños más pequeños que podrían estar consumiendo, y muchas veces lo hacen para probar, porque dentro del grupo de amigos se están dando a conocer nuevas cosas, y por presión del grupo de pares probablemente lo hagan. El tema es que, con el alcohol a diferencia de otras drogas, se presenta mayor dificultad para poder identificar el problema, porque cuando la persona consume, por ejemplo, cocaína, todos están pendientes, por lo tanto, cuando ya existe un problema con el alcohol a nivel de tu organismo, o nivel social con tu entorno, ahí recién hablamos de un consumo problemático, el tema es cuándo piensas movilizarte para pedir ayuda (…)”.

Más joven más daño

Astrid Hecker, llama también a tener en cuenta que los adolescentes se emborrachan con menos alcohol que un adulto. “Esto pasa por un tema biológico y evidentemente les causa un daño peor, porque el desarrollo cerebral está en pleno proceso y ahí hay un tema también. Cuando hay un adolescente con este problema, primero debe haber voluntad de su parte para cambiar, porque en general a la gente con este tema les cuesta tomar conciencia de que tienen un problema y en general, los llevan los papás, les preguntas por qué estás acá y dicen mis papás me trajeron, por eso debe haber un trabajo de concientización en donde la labor del psicólogo es hacer que el paciente tome conciencia de que tiene un problema”.

Luego de esto, es necesario evaluar la situación familiar, los amigos, etc., ya que, según la psicóloga, al sacarlos del consumo el vacío interno puede ser enorme. “El alcohol pasa a ser el agua y el alimento, algo súper vital, cuando tú les quitas eso es como si les arrebataras el sentido de sus vidas, hay que trabajar eso también y llenar ese vacío que dejó el alcohol, ya que ese chico o chica, llegó a eso porque algo está pasando (…)”.

Sin embargo, ambas profesionales sienten que el alcohol es está socialmente aceptado y casi normalizado, “si te pasas de copas nadie te dice nada, es normal, pero si tú te alcoholizas todos los fines de semana ya tienes un problema con el alcohol, y así es difícil que la persona se dé cuenta”, señala Hecker.

A nivel internacional, existen diversas formas de definir el consumo de alcohol y sus niveles de riesgo, lo que al parecer en Chile presenta sus propias características en relación a la cantidad que se consume por cada trago en una noche. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud ha definido la unidad de bebida estándar, que equivale a 10 gramos de alcohol puro por vaso, pero en Chile, según la Encuesta Nacional de Salud 2010, el gramaje promedio de alcohol por trago, de acuerdo a las costumbres de consumo en el país, equivale a 15,5 grs. por trago, es decir, nuestra medida estándar casi duplicaría el límite recomendado por la OMS.


Asimismo, según el documento “El Consumo de Alcohol en Chile: Situación Epidemiológica”, trabajado por Senda y el Ministerio de Salud, uno de los efectos de esta diferencia, es que la estimación de bebedores que presentan consumo de riesgo o dependencia en Chile pudiera estar sub representada, dadas las diferencias entre la medida estándar OMS y la chilena. “Si piensas que te sirven un trago de tres cuartos de vaso con una bebida chica, está todo dispuesto para que tu consumas más, ya que los formatos del alcohol, la disponibilidad, acceso y marketing, están hechos para eso y los adultos somos súper responsables en ese sentido”, reflexiona Marcela.

Consciencia en los adultos

Para Astrid, una buena forma de tomar conciencia a nivel social y hacer que desde pequeños los niños estén conscientes en torno al tema, es que tanto familias como centros educativos, les den a conocer a los niños las consecuencias negativas del consumo de alcohol ya en la preadolescencia, “por otro lado, es bueno fortalecer un desarrollo emocional saludable, para eso es muy importante que exista el diálogo en la familia, que  conozcan a los amigos y que sean recibidos en el hogar, que se fortalezcan los aspectos positivos de los niños y niñas y poner límites claros sin llegar al autoritarismo”.

¿Qué hace que un adolescente se deje influenciar negativamente más por sus pares que por la familia? para Astrid la respuesta es clara. “Es indiscutible la influencia de los pares durante la adolescencia, pero el nivel de efectividad que pueden tener está directamente relacionado con el tipo de relaciones familiares que él o la adolescente tenga. El riesgo de ser influenciado negativamente se reduce si proviene de una familia donde existe un diálogo fluido, donde se destacan las cualidades positivas, en donde hay un clima de aceptación, respeto y cariño, pero además hay límites claros, en resumen, hay un ambiente en donde pueden desarrollar un sentido de pertenencia claro”.

Por el contrario, en familias disgregadas, donde hay poca comunicación, no hay límites claros (los adolescentes hacen lo que quieren y cuando quieren) o hay un autoritarismo en el trato (se privilegia el cumplimiento de reglas más que la aceptación y el cariño), el riesgo de ser influenciado negativamente por los pares es mucho mayor, sostiene la profesional, ya que, si no encuentra un sentido de pertenencia, aceptación y amor en la familia, lo va a encontrar afuera, con los amigos.

Por eso, Marcela hace hincapié en que Senda posee diversos programas orientados diferenciadamente para estudiantes desde Prebásica a 4º Medio, que trabajan el consumo de sustancias en general y están disponibles para las comunidades escolares. “Lo óptimo es que los colegios puedan implementarlos desde el comienzo de la vida escolar, porque la normalización del consumo nos lleva a cometer muchos errores, por ejemplo, cuando a un niño le pasas un vaso lo primero que le enseñar es a ‘hacer salud’, o cuando un niño toma un vaso con alcohol le decimos que no, que es para cuando sea grande (…) o sea lo estás predisponiendo al consumo”, explica.


Una salida voluntaria

Hoy en día, nuestra joven amiga ve el alcohol como una pésima práctica. “Creo que moderadamente está bien consumirlo mientras seas mayor de edad, pero realmente yo usaba el alcohol para escapar de la realidad y un día dije no quiero más y decidí internarme en un centro para rehabilitación”.

Así pasa hoy sus días desde hace ya un mes y medio, pero cree firmemente en que una vez recuperada, volverá a ser la persona que siempre fue. “No niego que me dan ganas de consumir y ha sido difícil, pero estoy pensando en mi familia, en quienes me quieren, también pienso en mi salud, porque el alcohol conlleva mucho daño físico, por eso voy a seguir mi tratamiento y estoy segura que saldré adelante”, finalizó.

Por eso, si necesitas ayuda o tiene algún familiar que la requiera, puedes llamar al teléfono 1412, habilitado por Senda para atender dudas o derivar atención en alguna de sus oficinas.