Confianza, trayectoria y seguridad

Sebastián Torres, cirujano plástico: El cuerpo como un mosaico

Al hablar con el Dr. Torres, sus 35 cursos internacionales, 31 publicaciones científicas, 4 libros de medicina estética, los 28 cursos que ha dictado en el extranjero, y sus 11 años de experiencia, pasan a segundo plano, pues el protagonismo lo adquieren los innumerables comentarios y valoraciones positivas a su trabajo. Y es que sus potentes highlights, mezclados con su ferviente simpatía, no hacen sino comprobar por qué es una eminencia de la cirugía.

Por Gabriela Bustos P.

“Cuando se logra a través de la creatividad, desarrollar un método nuevo para cambiarle la vida a una persona, eso da mucha satisfacción. Lo más bonito es poder darle una sonrisa a alguien que tiene un problema real. Ese es el mejor premio que puedo tener”, es la frase de presentación que versa en su página web, y que, tras 30 minutos de conversación, es imposible poner en duda. Tanto su ameno saludo, como la pasión para referirse a cada caso, y su amabilidad absoluta para responder, dan cuenta de que la cercanía que buscan los pacientes cuando deciden someterse a una cirugía plástica, tiene nombre y apellido: Sebastián Torres.

¿Por qué esta especialidad y no otra?

Fue el destino. Cuando yo era pequeño quería estudiar Química y Farmacia como toda mi familia, entonces tenía un pequeño laboratorio, donde hacía muchos experimentos en mi casa. Tenía todo tipo de reactivos, porque como mis familiares trabajan en laboratorios, yo siempre les pedía materiales. A veces molestaba a mi mamá, a mi papá, a mis abuelos… tenía de todo lo que te puedas imaginar. Tubos de ensayo, probetas, mecheros, ácido cítrico, ácido sulfúrico, y una serie de cosas que tengo claro, un niño de siete años no debía tener.

¡Peligroso!

Justamente. En una oportunidad exploté mi habitación, porque estaba trabajando con pólvora. Mi tío también hizo una explosión una vez en su casa. Él se quemó y le tuvieron que hacer injertos de piel de chancho. Entonces lo que pasó es que en esa época a mi abuela le explotó una caldera de ácido sulfúrico cuando trabajaba. Por supuesto mis padres, que ya estaban preocupados por el accidente de mi tío, y ahora sumaban este de mi abuela, no lo pensaron dos veces y botaron mi laboratorio. Me dijeron claramente “tú no vas a estudiar esto, queda prohibido ser químico”. Lo recuerdo claramente, porque estamos hablando de algo que me apasionaba.

Luego tuve que acompañar a mi abuela a cirugías de reconstrucción faciales y me maravillé y reanimé con lo que vi. Ahí recuerdo que dije, bueno no puedo ser químico, entonces voy a ser cirujano. Eso lo decidí con siete años. Así partió esto.


Imagino que la decisión de irte de Chile también surgió con ese nivel de convicción.

Sí. Aunque a Italia me fui porque me enamoré. Para allá me fui detrás de una persona con la que pasé 17 años de mi vida. No me arrepiento, porque estar allá me permitió desarrollarme en muchos ámbitos, aunque siempre pensaré que Italia fue una bendición-maldición.

¿Qué fue lo mejor?

Que, al estar en el centro del mundo, te da muchas posibilidades. Yo iba todas las semanas a hacer un curso fuera. Me perfeccionaba en Paris, Londres, Austria, Bélgica, Filipinas, USA, etc. Los pasajes no eran tan prohibitivos, así que aproveché mucho el tiempo allá, e invertí en mi formación lo que más pude, porque si había algo que tenía claro siempre, eran mis deseos de estar en un nivel diferente.

Te iniciaste allá entonces, ¿no?

La verdad es que en todo lo que es plástica, me inicié en Brasil. Estudié acá, en la Universidad Católica, pero era imposible especializarme, porque lamentablemente, esta rama siempre ha estado llena de prejuicios. Yo notaba cómo les cargaba todo lo que era la estética, que casi siempre se ligaba con prejuicios homosexuales, o de lleno se te tildaba de superficial.

Eso me llevó a replantearme en un momento. Recuerdo que estuve muy ligado a la dermatología, pensando que esa podía ser mi especialidad. Pero no, no puedes ir contra tu vocación y yo tenía claro que la mía era la cirugía, así que busqué el modo. Acá la opción que encontré, fue partir estudiando todo lo que podía salir mal en un proceso. Por ejemplo, si te ponías rellenos faciales, ¿qué podía pasarle a tu cara? Lo estudié todo desde ese punto de vista. Incluso hice una publicación científica de los efectos adversos de los rellenos faciales. Fue la primera en el mundo, y la realicé en conjunto con un cirujano plástico alemán, que estaba en Beverly Hills. Así fue como entré a ese mundo, mientras acá en Chile no se sabía nada.

Y considerando que acá no había oportunidades, ¿dónde estudiaste?

Hice un curso en Brasil. Hablé con este médico y le dije que acá no tenía quién me enseñara, porque simplemente esto no se hacía. Él me recomendó irme a Brasil, a una Clínica Dermatológica donde una amiga suya experta, me enseñó. Recuerdo que, al término de la primera semana, le dije que necesitaba ponerlo en práctica, pero por supuesto me miró y supe que no me pasaría a sus pacientes. Como siempre me las he ingeniado, no tardé en encontrar el modo. Se sorprendió harto al ver que todas las funcionarias de la clínica, que eran alrededor de 150 personas, accedieron a atenderse conmigo. Así fue como llegué a Chile siendo un crack de las toxinas botulínicas y de relleno, porque acá no había nadie que las pusiera. Incluso hice el primer botox party de Latinoamérica.

Luego, imagino que vino Italia.

Sí. Me fui, y me di cuenta que allá era ilegal la toxina botulínica con fines estéticos, así que tuve que convertirme en el Pablo Escobar de la estética. La realidad era así, tenía muchos pacientes ¡demasiados!, pero no podía verlos en las clínicas, solo a domicilio. Y lo hacía por supuesto. A veces me ganaba 2 mil o hasta 3 mil euros por día. Y toda esa plata la invertí en mis manos. Fue un buen medio que hallé para desarrollarme como cirujano, que seguía siendo lo que más quería.

Yo veía todo el cuerpo como un mosaico. Pensaba ya, necesito hacer la nariz. Entonces me iba y tomaba el mejor curso de USA, o de Alemania, de Filipinas. Luego agarraba la oreja ¿Quiénes son los mejores en reconstrucción de oreja en el mundo? Y allá iba de nuevo. Para eso hay que tener demasiada pasión y lucas, yo por suerte lo tuve, porque como te comentaba, con la estética hacía la plata. Y bueno, la pasión claramente estaba.

Además, súper enriquecedor y entretenido viajar tanto.

Absolutamente. Incluso en Italia mi especialidad duró cinco años, de los que tres eran obligatorios ahí, y los otros dos podías girar en el mundo ¡Yo giré como trompo! Operaba en muchos países. Estuve en Colombia, Brasil, USA, Alemania, Francia, mucho tiempo en Barcelona. Mi motivación siempre fue ser uno de los mejores cirujanos del mundo, que no me miraran por encima del hombro, quería ser respetado en Europa.

Imagino entonces la satisfacción cuando fuiste nombrado el mejor cirujano joven de Europa.

Uf, sí. Tenía 32 años, y este congreso, que la Sociedad Europea de Cirugía Cráneo Facial hace cada dos años, me da ese premio por mi CV, mis cursos, y todo lo que había logrado. Además de la satisfacción, me abrió muchas posibilidades. De hecho, fue ahí cuando los españoles me llaman para que les haga un máster internacional con mis técnicas. Participaron personas de 17 países, y ahí sí que se me abrieron todas las puertas. Me empezaron a invitar a Moscú, a Estocolmo.

¿En ese momento planteabas tu carrera en un ámbito más académico?

Por una parte, sí, pero como algo temporal. Yo ya llevaba 10 años formando a colegas de manera gratuita. Pero fue con ese máster que me empezaron a fichar, notaron también que hablaba cinco idiomas y claramente fue un plus. Pero me gustaba, quería mostrar y enseñar lo que hacía. Empecé a publicar artículos y libros.

Para ese entonces, estaba enfocado en lo que era mínimamente invasivo. Luego me fui a vivir a Roma y es ahí donde mi carrera como cirujano se desarrolla bien.

Retomaste ese rumbo…

Claro, porque incluso empezaron a venir desde muchos otros países a operarse conmigo. Recuerdo que gané dos años seguidos la mejor satisfacción del usuario. Todo iba bien, pero en un momento sentí que Italia no me dejaba seguir avanzando a mi ritmo, que siempre fue precoz y acelerado.

¿Y por qué volviste a Chile?

Mira yo había cambiado de país. De hecho, me estaba yendo a trabajar a Dubai, cuando hablé con un amigo que es además mi abogado, y me aconsejó darle otra oportunidad a Chile. Yo llevaba mucho tiempo fuera, y estaba asumiendo que no iba a volver. Y eso que me encanta este país, pero el tema es que no echo raíces. Siempre me adapto a cualquier lugar, entonces no sabía si volver, pero por alguna razón lo hice.


¿Cuál fue el enfoque con que llegaste? ¿Seguiste con lo que venías haciendo?

No, acá hubo un cambio de chip. Me di cuenta que siempre había enfocado mi trabajo en mis colegas, en enseñar, en compartir lo que creaba. Y quise seguir compartiendo estos conocimientos, pero con mis pacientes. Lo que yo quiero es subir el nivel de conocimiento que el ciudadano común tiene sobre la estética.

Le enseño cosas simples, pero lamentablemente el nivel de ignorancia en torno a este tema acá es muy alto, y eso es peligroso. Cuando no sabes nada, te pueden vender cualquier cosa. Y pasa mucho, que como la gente no sabe lo que quiere, se apoya mucho en las opciones del cirujano. Y si este por ejemplo sabe solo una técnica, claramente la va a replicar sin cuestionamientos, y todos sus casos van a funcionar igual.

Imagino que a ti no te gusta eso.

Para nada, a lo que yo apunto es a personalizar, despertar inquietudes, analizar conjuntamente lo que les preocupa, ver múltiples alternativas, y en base a eso decidir cuál es la opción única para cada caso en particular. Esa es mi filosofía de trabajo.

Y es un trato que se agradece. Se nota en los comentarios y valoraciones positivas a tu trabajo, donde lo que más se destaca es tu cercanía con los pacientes, la confianza que les das.

Es que lo que yo hago, es lo que más me gusta hacer en la vida. No hay una cosa que me guste más que hacer mis cirugías. Entonces si yo soy un afortunado, y el universo me permitió desarrollar lo que más me gusta, y encima la gente me paga por eso ¿Cómo voy a tratarlos mal? ¿Por qué querer sentirme superior? No puede haber algo mejor para mí que ese trabajo con el paciente.

Lamentablemente lo contrario pasa con frecuencia.

Sí, y no solo en medicina. En todos lados hay gente que quizás nunca le ganó a nadie, pero ve una oportunidad de tener un poco de poder, y comienza a tratar mal a todos los demás. A mí me ayuda que vengo de un lugar en el que todos ganaban lo mismo, y la diferencia no la hacían las lucas.

Debe ser esa sencillez lo que más valoran los pacientes que te buscan.

Es un tema de confianza, necesitas a alguien que te entregue eso, porque a nadie le gusta decir, ‘me encuentro feo, gordo, se me cayeron las pechugas’. Entonces cuando tú te pones en una posición tan vulnerable, la otra persona tiene que ser receptiva y cálida, para que la ecuación funcione.

Comprendo y veo lo involucrado que estás. Pero qué pasa con la docencia, ¿la extrañas?

Mira, la docencia ocupó casi el 70% de mi tiempo por 10 años. Me daba grandes satisfacciones, pero necesitaba ser más balanceado. Eso me lo dio la madurez de los 40 años, saber que no puedo estar todo el tiempo enseñando. Lo que hago ahora es tratar de hacer menos cosas, pero mejor. Creo que ha sido una decisión muy acertada.

¿Y cómo ha respondido la gente en Chile? ¿Hay avances en cuanto a la concepción de la cirugía plástica?

Hoy en Chile la cirugía estética está despertando, porque todo el mundo tiene algo que no le gusta, pero sigue existiendo prejuicios sociales para que no puedas decirlo abiertamente, porque de inmediato te tildan de superficial. El pensamiento es ‘¿cómo me voy a operar este rollito si hay un niño muriendo de hambre en otro país?’ Pero oye, si tienes algo que no te gusta, y puedes resolverlo, ¿por qué no hacerlo? Si de hecho estamos acostumbrados a hacerlo con nuestras cosas. Entonces ¿por qué no querer cambiar o mejorar algo de tu cuerpo, que es lo más valioso que tienes, te convertiría en mala persona? Lamentablemente aún existen ese tipo de críticas, pero creo que cada año estamos más cerca de conectarnos con nuestras necesidades.

De hecho, si tú aprendes a quererte más y a ser más seguro, logras más cosas desde ese punto de vista. Muchos problemas son por luchas de ego, de inseguridad, de querer ser mejor, tener más poder. Pero si te respetas a ti mismo, te quieres, te sientes seguro, y te aprecias, todo el resto fluye.

En ese contexto, qué le dirías a quienes llevan años pensando operarse, pero aún no se deciden.

Sugeriría que se liberen, que se escuchen a sí mismos, que no tengan miedo. La publicidad en cirugía estética se hace en base al terrorismo, asustando a las personas, y eso es una tremenda mentira. La gente que se opera por estética, es gente que está bien, pero que quiere estar mejor. Por ende, todos los riesgos son mínimos. A las personas que están evaluándolo, les aconsejo que investiguen, que lean, que visiten a varios colegas, y tomen una decisión informados.

Retomando el tema de los prejuicios, generalmente pensamos que quiénes más se someten a estas cirugías son las mujeres. ¿Es así?

Sí, eso se mantiene. En Italia el promedio era 70% mujeres, 30% hombres. Acá yo creo que estamos al 80% y 20%, porque la mentalidad está más atrasada. A los hombres por lo general les da vergüenza, pero de a poco han comenzado a acercarse también. Es un cambio cultural que se tiene que dar, pero tengo fe de que esté sucediendo. Yo al menos intento aportar en que eso suceda. Lo hice por ejemplo cuando me sometí a un docu-reality, y mediante mi cuerpo busqué eso, acercar a la ciudadanía y que vieran que no hay nada malo en esto.

¿Cuál es la sensación después de cada cirugía?

Yo soy súper exigente con mis resultados. Por muchos años quedaba desconforme, pero ahora estoy llegando a un momento de madurez quirúrgica, donde siento que cada resultado es el mejor que he obtenido. Terminar un proceso, es como haber ido a un restaurant rico, es una sensación así la que me queda.

Y, por último, ¿qué proyecciones tienes para el futuro?

Pienso seguir en Chile, aunque manteniendo presencia fuera. Pero necesito decantar, tener un lugar al que pueda llamar casa. En Italia pasé mucho tiempo, pero no sentí que pertenecía ahí, por varios motivos. Acá quiero estabilizarme, desarrollarme más y ocupar el puesto que me merezco en la cirugía estética internacional.