Feng Shui y la mala suerte

Es increíble cómo el entorno influye en nuestra vida y no tenemos conciencia de ello. Nunca se han preguntado por qué después de mudarse a una nueva vivienda o bien, de realizar cambios en el mobiliario o en los colores de la actual, comenzaron a exacerbarse los problemas.

Se sienten más cansados, les detectan una enfermedad, cambian su carácter, aumentan las discusiones en el matrimonio o con familiares, sus hijos bajan el rendimiento académico y la economía se complica; estos son algunos de los eventos o situaciones que finalmente se terminan asociando a la mala suerte o el estrés.

Hace muchos años, poco antes de conocer a mis Maestros de Feng Shui, cuando mis padres recién habían fallecido, me mudé a una hermosa casa; solo basto llegar a ella para que nuestra economía mejorara exponencialmente y mi salud comenzara a decaer con el pasar de los días. Me sentía deprimida, sin energía, subí mucho de peso; comencé con severas crisis de pánico, tuve ceguera temporal en un ojo, entre otras cosas.

Tras análisis y chequeos no se encontró nada, desde el punto de vista orgánico, por lo que todo se asoció a mi estado emocional por el duelo de mis padres, pero un par de años más tarde nos mudamos y mis problemas desaparecieron.

Fue ese episodio el que hizo que el Feng Shui llamara mi atención. Luego de adquirir el conocimiento, analicé esa vivienda y pude comprender que, si bien tenía una carta geomántica buena, los colores que yo había elegido para mi dormitorio y la posición de mi cama afectaban mi salud en particular.

Inmediatamente lo comenté con mis Maestros y ellos me dijeron: “recuerda siempre que en la vida hay 3 suertes: La suerte del cielo, que es nuestro destino y sobre ello no tenemos control; la suerte de la tierra, que es cómo nuestro entorno y nos afecta para bien o para mal, y aquí es donde podemos aplicar el Feng Shui para armonizarlo; y la suerte del hombre, que es el libre albedrío del ser humano”.

Desde entonces aplico esta herramienta oriental en mi vida, para rescatar el potencial positivo al máximo y aplacar los eventos negativos que tendré que vivir como aprendizaje. Por eso, para mí aplicar el Feng Shui es como vacunarse, no quiere decir que no te dará la gripe pero sabes bien que será más suave.