En los años 80, varios niños penquistas tenían un rito: esperar que sus padres le entregaran el suplemento infantil “La Ronda de los Sapos”, que diario El Sur publicaba cada domingo. Durante más de 20 años, distintas generaciones disfrutaron de los cuentos, los dibujos y los juegos que contenía el tabloide y, aunque hoy no existe, es parte de la memoria colectiva de muchos habitantes de Concepción.

Uno de ellos es Claudio Aguilera Álvarez, periodista radicado en Santiago, y uno de los socios fundadores de Plop! Galería, el principal punto de encuentro en nuestro país de la ilustración, gráfica e historietas.

Invitado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el gestor cultural pisó nuevamente tierras penquistas para realizar una charla en la Universidad Santo Tomás sobre la historia de la ilustración en Chile, y compartir sus impresiones sobre el desarrollo de este quehacer en la actualidad.

¿Cómo describirías la ilustración chilena?

Yo creo que a través de su característica principal: la diversidad. Cuando recorremos la historia de la ilustración chilena, vemos que hay distintas formas de hacerla y también distintos soportes. Y tiene que ver también con la identidad chilena, porque nosotros tenemos una identidad diversa conformada de distintas maneras. En este sentido, la presencia extranjera también es importante, pues ha habido ilustradores italianos, alemanes y españoles que hicieron una gran contribución, al igual que grandes diseñadores. Por otro lado, los chilenos hemos mirado durante toda nuestra historia a Europa, entonces yo creo que nuestra ilustración tiene que ver también con eso: una mezcla entre lo propio y lo extranjero, que caracteriza nuestra identidad, y que se plasma en diversos espacios que van encontrando los ilustradores.

¿Cuáles serían los hitos clave de la historia de la ilustración en nuestro país?

El inicio del siglo XX marca el comienzo de la ilustración moderna en Chile, sobre todo en las primeras dos décadas marcadas por el fuerte surgimiento de la prensa, las publicaciones de la revista “Zig-Zag”, la revista “El Peneca” y los primeros trabajos editoriales de la Nueva Novela, con portadas de ilustraciones de Huelén. Además, hay un trabajo importante de afiches hasta los años 40 con Camilo Mori. Entre los años 40 y 50, las guerras mundiales impiden que llegue material extranjero a Chile, aumentando la producción nacional. Zig-Zag empieza a producir muchos libros y revistas, lo que permite que haya muchos ilustradores, como Pepo, que crea el personaje de Condorito, y Hernán del Solar, que ilustra y escribe cuentos para niños. En esta época de esplendor de la ilustración se destaca también Coke, Elena Poirier y Mario Silva Ossa (Coré), que ilustró el famoso Silabario Hispanoamericano.

Hacia finales de los años 60, el surgimiento de la revista Mampato y el trabajo del historietista, Themo Lobos, es clave para entender la nueva ilustración contemporánea; se crean revistas como La Chiva, donde Hervi y Pepo ilustraban humor para adultos. Y después, a propósito de la ideologización de la sociedad chilena como idea del cambio social, nace la editorial Quimantú, que crea mini-libros ilustrados, la revista “Cabros Chicos” y la colección Cuncuna. En la década de los 80, se produce una pausa en el desarrollo de la ilustración y ésta sólo se aprecia en algunos suplementos, como los del diario La Tercera, o en algunos libros. Ya en el 2000, la fundación del Colectivo Siete Rayas, marca el inicio de la ilustración contemporánea chilena, que actualmente ha tenido mucha efervescencia con autores como Paloma Valdivia, Alberto Montt y Francisco Javier Olea, entre otros.

EL “BOOM”

¿Qué caracteriza a la ilustración en la actualidad?

La gran característica de la ilustración contemporánea es que, aparte de la diversidad, los ilustradores son autores, hay un pensamiento, hay una obra que proponer. No es sólo un acompañamiento del texto, sino también es una relectura de éste y un claro ejemplo de ello es el “libro-álbum”, que crea una historia en conjunto entre texto e imagen. Hoy los ilustradores han ganado un espacio propio como creadores autónomos de sus propios libros, con una forma especial de decir qué piensan.

¿Y en tendencias?

Hay una vuelta a la manufactura, o sea, a dibujar, a pintar manualmente, pese a estar insertos en la era digital. Hay mucha experimentación y está surgiendo fuerte una ilustración más adulta, ya no se asocia solamente a niños, sino que a cualquier tipo de historia con temáticas diversas, donde no hay temas tabú, y es porque cada vez más los ilustradores están tomando temas de reflexión de la vida real. Y, paralelo a ello, están cada día más conscientes de generar un estilo propio.

¿La sociedad actual está valorando más la ilustración como arte?

En Plop! Galería nos damos cuenta que hay cada vez más interés en conocer el trabajo de ilustradores y además adquirir sus obras. La gente antes prefería comprar una pintura o un afiche de 40 mil pesos y hoy muchos prefieren invertir ese dinero en el trabajo de un joven ilustrador e instalarlo en el living de su casa. Por otro lado, los Fondos de Cultura están apoyando cada vez más a libros ilustrados, las editoriales están cada vez más interesadas en publicar proyectos que nacen en páginas web, se están abriendo carreras de ilustración en distintos lugares, y los diarios y revistas están interesados en contar con ilustradores.

PENQUISTAS ILUSTRADOS

¿Cómo ves el desarrollo de la ilustración en la zona?

Las herramientas de Internet permiten que los ilustradores puedan trabajar desde cualquier parte. Un ejemplo de ello es el trabajo de Claudio Romo, que creó su propia editorial y está publicando desde Concepción hacia el mundo. Otros ilustradores destacados de la zona son Freddy Agurto, Alan Robinson, que han creado escenas importantes para la ilustración. Es importante destacar que la autogestión y el trabajo independiente implican mucho esfuerzo y energía, y eso también caracteriza a los ilustradores penquistas, al crear sus propios espacios para ilustrar.

¿Qué falta para que la ilustración sea más que un “boom”?

Hay varios desafíos: generar más espacios y soportes donde mostrar ilustraciones; vincularse a otras áreas creativas, como el videojuego o la animación; profesionalizar este oficio y, particularmente, salir al mundo. El ejemplo de Gabriel Rodríguez, un gran ilustrador e historietista chileno que recientemente ganó el premio Eisner en Estados Unidos, habla de que es posible trabajar afuera del país, donde hay un mercado muy amplio.

Claudio, ¿qué mensaje envías a quienes recién empiezan a hacer ilustraciones en Concepción?

El mensaje es valorar lo propio, tratar de hacer cosas con las herramientas que se tengan, y también vincularse con espacios. Hay que atreverse a hacer gestión y no esperar a que llegue algo, porque acá hay talento de sobra y hoy es el mejor momento para hacer cosas.