Amante de su trabajo, amigo de sus amigos; un hombre sociable, enfocado en su núcleo familiar y con un claro enfoque hacia la naturaleza y el mundo exterior; son todas características que definen a la perfección a este psiquiatra penquista, quien debido a su profesionalismo en el área de la salud mental se ha ganado un espacio importante en nuestra ciudad.

Arturo nos cuenta que su vocación de servicio parte desde muy pequeño, exactamente a los 8 años. “Primero quería ser bombero por todo lo que implicaba tal tarea; después de eso nació mi amor por la medicina, aunque en algún minuto de la vida se me pasó por la cabeza ser agrónomo” sostiene.

Tal gusto por la agricultura  se genera durante su infancia y adolescencia, episodio en que pasaba largas temporadas en el campo, (lugar donde vivía la familia de su madre). “Nos íbamos en diciembre y nos regresábamos en marzo, periodo en que tenía contacto cercano con la naturaleza y con todo lo que implica el trabajo frutícola.

¿Por qué razón optaste por la medicina?

Por mi interés hacía la biología, el funcionamiento de nuestro organismo, y la clara ayuda hacía los demás. A ello hay que sumar mi gusto por las temáticas relacionadas a la salud, más mi adicción a la lectura.

Una vez que accedí a la carrera, precisamente en el tercer año me definí por la clínica. Razón por la que hice voluntariado por cerca de 5 años, pues me gustaba estar ahí, tener turnos de noche, ayudar a los enfermos y aprender en la práctica; que es donde realmente uno adquiere el verdadero conocimiento.

¿Qué decisión respecto a tu carrera fue la más sobresaliente?

Creo que una de las más cruciales fue en cuarto año. Momento  que decidí ser general de zona y así tener mayor contacto con los enfermos. Si bien, al titularme tuve la opción de postular a becas,  no lo hice, y opté por irme a vivir durante 5 años a Choshuenco, un pueblo de 6 mil 500 habitantes ubicado cerca del lago Pirihueico.

¿A qué se debe tal determinación un tanto drástica?

Porque quería estar en contacto con la naturaleza y crecer como profesional. Era todo un desafío atreverse por algo así, debido a la poca conexión existente y a la amplitud del radio que debía cubrir como profesional.

Cada 6 días hacía turnos en Panguipulli, pues debía hacerme cargo de todos los enfermos del lugar. No obstante, gracias a la ayuda y perseverancia logré muchas cosas lindas en la comuna, como por ejemplo: ser uno de los primeros consultorios acreditados por Fonasa y conseguir un mayor equipamiento en pos de los pacientes.

¿Consideras que fue un cambio complejo?

Al principio un poco, pero los deseos de ayudar y aprender fueron mayores. Asimismo, siempre tuve un gran vínculo con el campo y la naturaleza. En esa oportunidad vivía en una casa frente al lago Panguipulli, tenía mi hija mayor y con mi pareja de ese entonces nos apoyábamos en todo. Razón por la que miro al pasado y siento un tremendo orgullo por las decisiones tomadas.

¿En qué contexto nace la idea de ser psiquiatra?

Estando en el sur me tocó hacer de todo, fue así que me acerqué mucho a pacientes ligados a la salud mental y reconozco que tal relación me gustó bastante. Asimismo, siempre tuve contacto directo con el doctor Pedro Rioseco; uno de los 8 maestros de la psiquiatría chilena. Yo me formé a su imagen y semejanza, transformándose así en mi mayor referente.

¿Cuál es el lugar que ocupa la familia en tu vida?

Para mí la familia es el núcleo más importante. Con mis hermanos nos hablamos a diario, ya sea por teléfono, whatsapp o en persona; vínculo que se debe a la crianza y valores entregados por mis padres. Algo muy similar es lo que hago con mis 6 hijos y mi pareja actual.

¿Cómo logras compatibilizar tu vida familiar con el trabajo?

Durante la semana es un poco complicado, porque el trabajo demanda la mayor parte de mi tiempo;  pero aún así, todos los días voy a dejar a los niños al colegio. Además, durante la semana trato de almorzar a diario en casa. Sin embargo, el sábado y domingo existe una dedicación exclusiva a mi familia; por ende, no hago turnos, ni atiendo pacientes de forma particular, pues creo que uno debe buscar el equilibrio y para mí es ese hoy.

¿Cuáles han sido tus grandes logros profesionales?

Mi estadía en Choshuenco.  Todo lo que se logró conseguir en ese lugar es algo que me ha reconfortado al máximo;  iniciativa que junto con llenarme de orgullo, me hizo crecer de una manera absoluta como médico.

¿Y los mayores obstáculos?

Yo creo que las barreras surgen de uno mismo y para mí la primera de ellas fue el entusiasmo. Al principio partí con ese ímpetu generado por mi personalidad un tanto inquieta. Frenesí que de no estar bien ordenado te lleva a trasgredir normas, como por ejemplo: ayudar al resto y descuidar tu propia salud.

Tal situación te limita, de lo contrario, se pueden generar conflictos con terceros que debido a desconocer tus métodos de trabajo, cuestionan dicha labor profesional.

El más grande anhelo de Arturo, ¿cuál sería?

Cuando cumplí 20 años encontraba que lo vivido hasta ese minuto era maravilloso; a los 30 fue lo mismo y ahora que tengo 43 considero que tengo la vida que quiero. Sin embargo, creo que siempre se puede mejorar en pequeños detalles, como por ejemplo: disminuir un poco la cuota de estrés, dejar ciertas obligaciones de lado y disfrutar más de aquello que tanto gusta.

Laboralmente, ¿en qué estás en la actualidad?

Aparte de la atención a pacientes en mi consulta, volví a dar cátedras en la Universidad San Sebastián. Regresé a tener contacto con alumnos, y creo que los jóvenes de hoy, además de ser críticos y cuestionadores al sistema, son personas que aportan mucho. Razón por la que debo estar siempre atento y preparado para responder cualquier inquietud que surja  en clases.

¿Tus proyectos a futuro?

Mi mayor reto es mejorar mis aptitudes como docente. Para ello deseo hacer algún diplomado o magister que me entregue las herramientas para educar de una manera óptima. Además, seguir atendiendo pacientes tal como lo estoy haciendo hasta este minuto.

¿Y en el plano personal?

Que mis hijos se eduquen y tengan un buen futuro. Mi meta es que ellos lo pasen bien en la vida y que disfruten cada momento. Actualmente veo a mis 6 hijos felices, hecho que se debe al trabajo que hemos realizado como padres.